CAPÍTULO
51
Una sombra se acercó en el bosque.
—Su Alteza —dijo Keiki, reconociéndola a ella en el
crepúsculo frío y desolado.
—Lo siento —dijo Youko.
—¿Qué pasó? Su palabra fue que saldría de la ciudad
más temprano que tarde —Keiki se abrió paso entre la maleza mientras subía la
pendiente. De repente se detuvo e hizo una mueca—. Usted tiene un mal olor
cerca suyo. Y no me refiero a usted personalmente.
—¿Lo puedes oler? Lo siento. Hankyo tuvo que ayudar
a las víctimas de la plaza.
Keiki suspiró. Hankyo había llegado a la posada,
dijo que iba a salir de la ciudad y luego volvería ahí. Keiki se echó hacia
atrás por el olor a sangre.
—Así que un youma apareció en la ciudad de
Hokkaku.
—Él la miró y descubrió que estaba con el ceño
fruncido hacia él. Una sonrisa irónica llegó a su cara.
—Yo estaba ayudando a las personas heridas. No me
mires así.
—Luego tendré mis conclusiones después de haber
sido informado con detalles.
Youko se sentó y volvió a sonreír con una sonrisa
irónica.
Habían tomado una posada en Hokkaku y permanecieron allí durante tres
días. Ahí también, Keiki, señaló el olor a muerte. Como no había ningún otro
pueblo cercano, tuvo que permanecer en Hokkaku. Youko paseaba por la ciudad
extraña. El duro trabajo de los ciudadanos reconstruyendo las paredes y todo
para satisfacer las necesidades egoístas de Gahou, señor de la provincia de Wa.
La mejor forma sería la construcción de paredes lo
más grandes posibles, al alcanzar los límites de la ciudad y luego construir la
pequeña ciudad y se la dejaba crecer en los últimos años. Construyéndola
correctamente, la gente vendría por la protección de ladrones y salteadores de
caminos. Pero la construcción de Gahou no era más grande y agregaba el resto
del dinero que recaudaba a los peajes.
La ciudad estaba densamente poblada, Gahou había
cerrado la mayoría de las poblaciones de Meikaku. Los impuestos eran tan
elevados en Meikaku que solo los ricos y poderosos podían darse el lujo de
vivir ahí. Las personas normales y el comercio habían sido expulsados, y la
ampliación de Hokkaku y Toukaku era en un grado alarmante. Con los viajeros y
sus pertenencias, las corrientes de refugiados, las ciudades eran pequeñas. Y
todo por culpa de Gahou y las malas paredes. Los campesinos que vivían en los
alrededores de Meikaku ni siquiera tenían tiempo para cultivar.
—Es por eso por lo que al menos cuatro de ellos
iban a ser ejecutados. Huyeron del trabajo forzado para seguir con sus cultivos.
Ellos son los que Hankyo ayudó por orden mía.
—Oh —murmuró Keiki.
Youko rio para sus adentros.
—Una muchacha le lanzó una piedra al verdugo. Yo la
ayudé a escapar también, pero los soldados llegaron a nosotras. Creo que mi
tipo de cabello se destaca, ¿no? Volver a Hokkaku parecía difícil, así que te
tuve que traer aquí. Siento los problemas.
Keiki dejó escapar un suspiro.
—Me gustaría que su Alteza actuara con más
prudencia.
—Mi error —Youko apoyó sus codos sobre sus
rodillas. Desde la ladera de la colina, Meikaku era visible a la distancia—. Yo
no sabía que la gente de Kei era ejecutada con la crucifixión.
—Tonterías.
—Ellos estaban siendo crucificados en la provincia
de Wa.
Keiki la miró, sin palabras.
—Hay un montón de cosas que ocurren en este reino
que usted y yo no sabemos nada.
Como un impuesto de treinta por ciento, incluso en
el Ducado Amarillo, castigos inhumanos, funcionarios corruptos como Gahou y
Shoukou. Dos meses después de su adhesión al trono, los Asistentes de la Tierra
se habían presentado en la corte. Gahou había sido sin duda uno de ellos y
Shoukou también.
—Todos ellos se arrodillaron a mis pies y me
reverenciaron, pero eso solo servía para ocultar su desprecio. ¡Qué estúpida
reina, que debe pensar todo!
—Su Alteza…
—Necesito funcionarios en que pueda confiar.
Ahora mismo, en verdad, necesitaba aliados. No se
le había ocurrido cuando tuvo que derrocar a la impostora. Eso era porque ella
tenía de su lado a En, el apoyo personal del rey de En y seis divisiones de su
ejército imperial, al mando de oficiales del Estado mayor impecablemente
disciplinados y generales. Youko no tuvo que pedirle a nadie de su alrededor.
Después de rescatar a Keiki de las garras de la impostora, los ministros y los
señores provinciales que habían conspirado, uno a uno fueron llamados al orden.
Estaba claro que ella ahora que se había hecho con la autoridad del trono y
gracias al poder de En.
—¿Qué clase de persona es Enho?
—¿Enho? —Keiki respondió con una expresión de
desconcierto—. Es un hombre que sabe mucho sobre cómo funcionan las cosas. Ha
enseñado a mucha gente.
—Tal vez debería invitarlo a la Corte Imperial.
Keiki no dijo ni sí ni no a su proposición.
—Cuando se trata de despertar a la burocracia a la
acción, en lugar de simplemente seguir su ejemplo, su Alteza debe de tomar sus
propias decisiones. Esa es la primera prioridad.
—Eso me propongo hacer.
Keiki suspiró.
—Hay personas en la corte que luchan por el poder.
Con el fin de arrastrar a una facción opositora, van tan lejos que hasta hacen
delitos y acusaciones.
Youko de repente levantó la cabeza.
—¿De quién estamos hablando?
Keiki no respondió.
—¿Qué estás ocultando?
—Nada. Si su Alteza no puede confirmar por sí
misma, es poco probable que lo crea. Eso es todo lo que tengo que decir sobre
el asunto. Yo solo pido que lo piense.
—¿Te refieres a Koukan? —El Marqués anterior de la
provincia de Baku. Ella lo había despedido, aunque Keiki había permanecido
tercamente opuesto. Keiki enarcó las cejas.
—No me refería a nadie en particular. Si Koukan es
el primer nombre que le viene a la mente, entonces tal vez su destino está
pesando en la mente de su Alteza.
Youko tomó suavemente aliento.
—Bueno, eso es lo que yo esperaría que un kirin
como tú dijera eso.
—Es la terquedad de mi señora que me lleva a tales
cosas.
Youko se puso de pie, sonriendo.
—Será mejor que nos demos prisa o las puertas van a
cerrarse. Vamos.
—¿A dónde?
Youko se sacudió la hierba seca y miró otra vez
hacia Meikaku.
—Yo entiendo las condiciones de Meikaku. Me
gustaría ir de nuevo a Kokei por medio de Takuhou. Tú no quieres estar mucho
tiempo lejos de Gyouten, ¿verdad?
Keiki asintió con la cabeza, mirándola con una
expresión de preocupación.
—¿Y su Alteza?
—Sí, lo sé. Volveré tan pronto como me sea posible.
Pero la única cosa que he aprendido viviendo en el mundo real es que no
entiendo nada en absoluto.
—Su Alteza.
Youko sonrió al ver el ceño fruncido de Keiki.
—Voy a regresar después de aprender todo lo que
respecta de dentro y fuera. No puedo creer que esté diciendo esto por mí misma,
pero no sé cuándo voy a volver a Gyouten. Eso es lo que he descubierto sin
saberlo.
—En efecto —dijo Keiki.
—Estoy bastante segura de que voy a saber por mí
misma cuando es suficiente. No me arrepiento. Bajando al mundo real para vivir
así es lo necesario.
—Sí.
—Así que, por favor, espera hasta que haya llegado
a una conclusión. No creo que vaya a tomar mucho tiempo.
Keiki no respondió, pero hizo una profunda
reverencia.

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