EPÍLOGO
—Cuando el rey suba al trono enjoyado, harás una reverencia y pondrás
tu cabeza sobre su pie. Así va la ceremonia —explicó el Ministro de
Observancia.
Taiki asintió.
—Entiendo.
El día de la coronación había llegado. El gran
evento tomaría lugar en el Alto Templo de la Gobernación en la ciudad capital
de Kouki, en la base de la montaña del mismo nombre.
La gran plaza frente al Alto Templo ya estaba llena
de gente que había venido a ver al rey; la ceremonia de coronación era una
oportunidad para que el nuevo rey fuera visto por su pueblo y también para que
las personas de otros reinos supieran que un rey había ascendido. Incluso en la
habitación donde esperaban, el ruido de la multitud era tan fuerte que era
claramente audible. El reino entero estaba celebrando la ascensión de su nuevo
rey y eso llenó el corazón de Taiki de alegría.
El día anterior, Taiki había salido del Palacio de
las Joyas Blancas por primera vez para ver a la ciudad construida debajo de él,
alrededor de la falda de la montaña. Dejando a Gyousou para que completara él
solo las preparaciones, el kirin había bajado con los hombres del
general que acababan de regresar de Houzan. Saludó a Keito, que había viajado
con ellos y vio a Risai y a Hien que habían venido a visitar Kouki con el
Gobernador de la provincia Jou y sus demás acompañantes.
Entonces con Gyousou y Risai, Taiki había paseado
por toda la provincia Zui. Estaba asombrado por la inalcanzable altura del
Monte Kouki, fascinado por las vistas en la ciudad y enamorado de las
maravillas de los manantiales de joyas que encontraba. Todo era nuevo para él,
pasó hora tras hora con sus ojos abiertos de par en par por la emoción.
—¿Pudiste dormir? —preguntó Gyousou la mañana
siguiente, mientras las cortesanas los ayudaban a vestirlos para la ceremonia.
—Sí, estaba tan cansado que me dormí apenas toqué
la cama.
—Eso está bien.
—No, no es así. No tuve tiempo de estudiar y olvidé
todo lo que tenía que decir.
Gyousou rio fuertemente.
—No te preocupes, solo yo podré escucharte.
—¿Oh? —Taiki escuchó el rugir de la multitud
afuera—. Me sorprendería que fueras capaz de escuchar cualquier cosa.
Gyousou se detuvo y escuchó por un momento antes de
reír.
—Entonces hiciste bien en no estudiar.
Incapaz de quedarse quieto, Taiki caminaba alrededor de la habitación
de espera, repasando los pasos que el Ministro de Observancia le había
enseñado, cuando una voz familiar lo interrumpió.
—Hola, chiquillo.
Taiki se volteó inmediatamente.
—¡El Taiho de En!
Enki sonrió ampliamente, apartando con las manos a
la cortesana que le hacía reverencias.
—Solo pasamos a visitar el vecindario.
Gyousou rio y le hizo una reverencia.
—No debiste.
—Gracias por venir, Taiho de En —dijo Taiki,
honestamente feliz por ver a su camarada kirin—. ¿Vino el Rey Eterno
contigo?
—Está divirtiéndose en el palco real. ¿Estás
nervioso?
—Un poco —admitió Taiki.
Enki entornó los ojos y rio.
—Eres tímido como un ratón, ¿no? Y apenas más
grande que uno.
Gyousou se volvió a reír.
—Kouri apenas tiene diez años.
Enki entrecerró los ojos para ver al chico.
—Kouri, sí. Quise decírtelo antes, ese es un buen
nombre. Es muy interesante.
Taiki se sonrojó.
—Es mi nombre real, eh, mi nombre de Hourai. O al
menos se le parece.
—No me digas.
—Tú… El Taiho de En nació también en Hourai, ¿no es
así? ¿Cuál era tu nombre allí?
—Rokuta. Sin apellido. No nací lo suficientemente
bien para eso.
Taiki se rascó el cuello. Había escuchado en la
escuela que, en el pasado, los plebeyos no tenían apellidos, eso querría decir
que el kirin de En había nacido hace mucho, mucho tiempo.
—¿Cuándo naciste?
Los ojos de Enki miraron el techo.
—Oh, unos quinientos años antes que tú.
Los banderines volaban por toda la capital, pero, aunque las
celebraciones eran sinceras, la coronación se llevó a cabo en un nivel de
austeridad que no se había visto en Tai desde hace más de un siglo. Esto fue
una vista esperanzadora para el pueblo después de tantos años de excesos. Sus
ojos se enfocaban en el trono enjoyado y al pequeño niño junto a él.
Aunque su pelo era de un extraño color, si estaba
allí entonces debía ser el kirin. En algún lugar de la multitud, un
arrugado anciano explicó que lo que veían era un kirin negro. Nadie
sabía qué significaba esto, pero por la rareza les hizo sentir orgullo por su
reino.
Desde la plataforma principal, Taiki miraba a la
multitud alegre. Ver a tantas personas locas de la emoción era algo temible,
pero el hecho de que pudiera verlas sin una pizca de culpabilidad en su
consciencia casi le rompía el corazón de alegría.
Después de que el Gran Ministro había circulado la
plataforma llevando a cabo los ritos necesarios con el acompañamiento de unas
cuentas docenas de músicos, Gyousou subió al altar. Un tormentoso estruendo se
escuchó de la plaza.
Con paso firme, Gyousou se acercó al trono y tomó
asiento. Taiki se arrodilló ante él.
Entonces, el joven kirin se arrodilló y se
inclinó muy bajo sin dificultades, pudiendo hacer lo que fue imposible hacer
ante el Rey de En, y tocó su frente con el pie de Gyousou. No podía creer lo
simple que era y lo maravilloso que se sentía hacerlo.
Tras él, la multitud estaba atestada frente al
templo, gritando como si fueran uno solo.
—¡El Rey Pacífico ha llegado!
Para el Reino Externo de Tai, una nueva dinastía
empezaba.
«Entonces, se
dice que en la primavera del año veintidós de Wa, en la Era de la Armonía, el
rey de Tai perdió el camino y murió. Y el rey cayó en la corte durante la
primera luna y fue enterrado en Souryou en la Montaña de las Alas Concedidas.
El Rey Pacífico había sido llamado por ciento veinticuatro años, pero el Rey
Arrogante sería su nombre póstumo por toda la eternidad.
Fue durante
esa misma luna que el canistel de Tai apareció en la Montaña del Ajenjo, pero
días después un gran shoku llegó a Gozan. El canistel de Tai fue
arrancado de su rama y se perdió. Así que cientos de dioses y mil Ancianos
empezaron una búsqueda que perduraría por diez años.
En la primera
luna del año treinta y dos, el kirin negro regresó finalmente a Houzan y las
banderas amarillas se izaron a través de todo su reino natal de Tai. En el
verano, Saku Gyousou pasó a través del Portón de la Virtud en el Mar Amarillo y
ascendió. Allí sobre Houzan, aceptó el pacto de Taiki, tomando su lugar entre
los dioses para ser conocido en adelante como el Rey Pacífico.
Entonces, Gyousou
cuyo apellido era Boku y nombre Sou y habiendo nacido en la ciudad de Garyou,
tomó el título de General de la Guardia de Palacio y Administrado de la
provincia de Zui. Recibió el Mandato del Cielo y subió al Trono Enjoyado. El
nuevo calendario fue llamado Kousi y marcó el comienzo de la Era de la Gran
Virtud y así, el reinado del Rey Virtuoso empezó».
—El Libro de las Virtudes de Tai.




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