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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 3 de febrero de 2023

Dios del Mar en el Mar del Este, Extenso en el del Oeste - Parte VI Capítulo 25

 

PARTE VI

CAPÍTULO 25

 

 

 

No habiendo nada en particular para hacer, Rokuta pasó sus días paseando por los enormes jardines del palacio. Los cocineros que miraban desde la cocina -con una vista despejada hasta los dormitorios de Atsuyu- fruncieron el ceño ante su actitud indiferente. Pero él no podía sentarse, descansar y relajarse.

Dos meses habían pasado desde su secuestro.

Rokuta se preguntaba qué hacer al respecto. Todo esto había sido un error de principio a fin: Kouya convirtiéndose en su enemigo, Atsuyu tramando una revolución, y él ahí, como un prisionero, sin preocupaciones. Debía escapar del Palacio Provincial y llevar sus preocupaciones directamente al emperador y al Ejército Imperial, pero no había manera de que eso fuera a suceder.

Las tropas ya habían sido desplegadas alrededor de la periferia de Ganboku y se preparaban para enfrentar al enemigo. Anticipándose a una batalla decisiva en Ganboku, los guardias provinciales que estaban dispersos aquí y allá fueron replegados y estaban concentrados en una sola fuerza a los pies del palacio.

Observando lo que estaba pasando, Rokuta sintió que tenía que hacer algo. Al oeste de Ganboku, las hogueras del Ejército Imperial salpicaban las montañas con vistas al río Rokusui. La guerra era inevitable. En unos pocos días empezaría la lucha en serio.

Tenía que hacer algo. Pero simplemente no sabía qué. Se le acababa el tiempo. Si no actuaba pronto, no habría vuelta atrás.

  

 

En su celda, Rokuta masticaba con impaciencia sus uñas cuando Ribi se sentó frente a él, sosteniendo al niño en sus brazos.

—Taiho, ¿podría decirme qué es lo que lo preocupa?

—No es nada —murmuró Rokuta—. Son tonterías. Nada de qué preocuparse.

—Ahora que lo menciona, no parece demasiado preocupado con lo que sea.

—No, no vale la pena tanto esfuerzo. De todos modos, Atsuyu es un hombre muy querido. No he escuchado ni una sola cosa mala sobre él de nadie en el palacio. En cambio, si fuera Shouryuu, nadie se detendría.

Ribi suspiró y acarició al niño en la espalda.

—Sin embargo, el competente Atsuyu no puede, de ninguna manera, ser comparado con el emperador.

—Estás segura de conocer a Shouryuu. Pero Atsuyu es el tipo de hombre que hace las cosas. Desde que llegó aquí, no lo he visto sentarse a ver crecer la hierba.

—Taiho…

—Dicen que es audaz y decidido, que sabe cómo equilibrar la cabeza y el corazón. Es generoso y comprensivo. Shouryuu podría aprender una o dos cosas de él. Casi puedo creer que dejarle los asuntos de Estado a Atsuyu sería una mejora.

Ribi levantó las cejas y frunció el ceño. Enderezándose y medio levantándose de su asiento, dijo:

—Taiho, no puedes hablar en serio.

—Lo digo en serio.

—¿Por qué habla así? ¿No cree en el emperador que usted mismo eligió?

—Creer no tiene nada que ver con ello —Rokuta sonrió—. Él realmente es un idiota.

—El emperador no tiene un pelo de tonto. Creo que el papel de gobernante le viene bien. Es por eso por lo que lo he elegido para servirle.

—¡Ah, Ribi! ¿No me digas que tienes algo con él?

—¡Taiho!

Ahora ella parecía muy enojada. Rokuta reflexivamente se agachó un poco. Él sabía que se había pasado. Su inquietud estaba disminuyendo, por lo que ahora estaba buscando pelear con Ribi.

—Es muy triste. ¿Por qué menosprecia a su Alteza? ¿Por qué lo puso en el trono entonces?

—No me preguntes. Pregúntale al Señor Dios Creador en vez de a mí.

—Taiho… —Ribi se enderezó de nuevo y dijo—: Cuando fui nombrada virreina, su Alteza se disculpó conmigo.

—¿Shouryuu lo hizo? Qué extraño.

—Dijo que los señores provinciales no le respondían a él. Y si trataba de limitar su autoridad, seguramente se levantarán contra él.

Ribi le había respondido al emperador:

—No importa. No se puede permitir que hagan lo que les plazca. Tendrá que despedirlos con el tiempo. Algunos lucharán, incluso se levantarán en armas. El robo del tesoro provincial es el menor de nuestros problemas. Debe estar en guardia para asegurarse de que no están formando ejércitos a sus espaldas.

Sus propias palabras no tardaron en llegar a hacerse realidad.

—Espero encontrar una fuerte resistencia al reorganizar a los señores provinciales. Para cortar tales impulsos de raíz, debes asegurarte de que sigan los decretos divinos y mantengan sus ejércitos dentro de los límites legales, para evitar que conspiren juntos, debemos tener a los gobernantes generales postrados.

—¿Está otorgándome una enorme responsabilidad?

Ribi se inclinó reverentemente, vencida por la gravedad de lo que se le pedía. Ella era un funcionario de menor rango en los tribunales penales, el equivalente a un Barón. Al ser bruscamente ascendida al puesto de vizconde, no podía dejar de hacerla sentir que se elevaba por encima de su posición.

Shouryuu negó con la cabeza.

—No me agradezcas todavía. Si los señores provinciales levantan la bandera de la insurrección, los virreyes se encontrarán en la primera línea. Indicarle a un virrey que establezca residencia en un palacio provincial podría llegar a ser una sentencia de muerte. El problema es que estoy jugando en este tablero de ajedrez con muy pocas piezas. No quiero pronunciar sentencias de muerte, pero no tengo a nadie más calificado que tú para ir.

Ribi se quedó inmóvil por un momento antes de enfrentarse al emperador, con una expresión inusualmente seria en su rostro.

—Estoy muy agradecida por que sea tan sincero conmigo. Cualesquiera que sean las probabilidades, no me gustaría hacer otra cosa.

—A decir verdad, estaba inseguro de si designarte a ti o a Shukou como el octavo virrey provincial. Pero ambos tienen sus puntos fuertes y débiles, y tú eres la persona más adecuada para el trabajo. Shukou no está mal tampoco, pero su temperamento saca lo mejor de él. Sin importa lo que esté sucediendo en el palacio provincial, debes quedarte callada, observar e informar. A menos que recibas instrucciones específicas, no te enredes en las exhortaciones de largo aliento. Me temo que eso es algo en lo que Shukou simplemente no tiene la paciencia de hacer.

—Sí.

—¿Vas a hacer esto por mí?

—Con mucho gusto acepto el cargo.

Shouryuu asintió.

Lo siento —lo oyó decir.

El bajo y tenso sonido de su voz quedó grabado para siempre en sus pensamientos.

—Huh —Rokuta respondió con indiferencia, con la mirada perdida en la distancia.

Ribi fijo:

—Esa fue la primera vez que lo he visto tan… serio. Sin embargo, él puede hacerse el tonto, pero no es irresponsable. Él piensa en aquellas cosas que merecen su atención, y actúa cuando la acción es verdaderamente necesaria. Simplemente no lo demuestra.

—Y tal vez estás tratando con mucho entusiasmo ver lo mejor de él —Rokuta sonrió—. Shukou y los otros llorarían al oírte hablar de tal manera. Te dirán que las personas más cercanas a él se desgastan recogiendo las piezas que él deja atrás. Se salta las reuniones del Consejo Privado, se dirige quién sabe dónde, cada palabra le entra por un oído y sale por otro mientras hace todo lo que él decidió hacer.

—Pero su Majestad no ha hecho realmente nada malo. Itan y los demás siguen diciendo que él es un perezoso bueno-para-nada, mientras que el emperador se ha comportado de una manera magnánima. Como resultado, incluso cuando las cosas estaban en su peor momento, nunca sucumbió a la desesperación.

—Realmente tienes una debilidad por Shouryuu.

Ribi tristemente sacudió la cabeza.

—¿Por qué dice las cosas así? Imaginar que no tiene fe en el emperador me duele terriblemente.

—Ribi, yo…

—Creo firmemente que el emperador no es un gobernante incompetente. Seleccionó a los ministros más exigentes de la administración pública y colocó en sus manos las oficinas más importantes. No puede haber ninguna duda sobre eso.

—¿Oficinas importantes? Te concedo que un virrey imperial cuenta como tal. Nunca está muy lejos del peligro real. Itan y Shukou tienen un mínimo riesgo. Pero igual son Barones, ¿no?

Rokuta lo dijo como una broma. Ribi se limitó a sacudir la cabeza.

—Razón por la cual las olas de la discordia no se levantaron. Su Alteza ignoró a los innumerables burócratas que pasaban el tiempo jugando al rey de la colina, mientras que el reino se hundía en el caos. Mas bien, instaló a los que no estábamos compitiendo por algún cargo. Fui promovida a vizconde cuando no estaba bajo la mirada de otros funcionarios de la corte. Y entonces la Corte Imperial no se vio desgarrada por la envidia y la discordia.

—Pero…

—El Suijin es como mucho un Barón de rango medio, y tiene el importante deber de gestionar las tierras del reino. Cuando el dinero de los impuestos destinados a proyectos de control de inundaciones desaparece en el bolsillo de un ministro, ¿qué ocurre con los diques mal construidos? Incluso en el Ministerio de Tierra, esta cartera fundamental para el bienestar de las personas se le dio a Itan. El Suijin es superado solo por el Daishito y su subministro permanente, un ladrón y un cobarde nunca se dignaría a ensuciarse las manos haciendo un trabajo honesto. Excepto que Itan no se deja intimidar por personas como ellos, por lo que el campo se ha recuperado.

Rokuta no respondió.

—Shukou es el Magistrado Imperial, un Barón de menor rango, como mucho. El Magistrado Imperial es independiente de la corte y puede disciplinar incluso a los señores provinciales, es el único ministro que depende directamente del emperador. Seishou es el Daiboku y el más cercano al emperador en el Ministerio de Verano.

»Él puede estar parado cerca en las sombras y proteger al emperador contra los traidores y renegados. Puede cortar un camino a través de los tontos en la burocracia, de modo que Shukou y Seishou puedan hacer su trabajo.

—Ribi, ya basta —Rokuta respiró, pero ella no había terminado.

—El emperador le dio a Itan la posición de Suijin. Sin un ministro de rentas internas o cualquier persona administrando los bienes imperiales, más de la mitad de todos los impuestos irían desapareciendo en los bolsillos de funcionarios corruptos. Desde que comenzó la nueva dinastía, los propios estados no han pagado un centavo en impuestos, supuestamente a causa de las malas cosechas sucesivas. La restauración de las tierras públicas, no la productividad de los bienes imperiales era siempre la prioridad. Es por que por lo que a Itan se le dio ese trabajo. ¿No puede ver cómo estas prioridades reflejan su preocupación por sus súbditos?

—Shouryuu no es un tirano. Yo sé eso. Pero eso no importa. Debido a que él sigue siendo el hombre a cargo.

Ribi dejó escapar un largo suspiro. Bajó la mirada, se quedó en silencio durante un tiempo. Finalmente, colocó al bebé en el suelo y se puso de pie.

—Taiho, no lo olvide. La destrucción del reino hace que las personas sufran. La coronación del nuevo emperador hace que el reino resurja.

Dio la vuelta y se ubicó detrás de él. Rokuta comenzó a dar la vuelta para mirarla, pero no pudo ya que lo había agarrado por los hombros.

—¿Ribi?

—Taiho, el líder que ha elegido para nosotros es el señor Shouryuu. Y no es, ni será nunca Atsuyu.

—Ribi, no es que yo…

No crea en Shouryuu, lo que iba a decir es:  No creo en los emperadores.

—Estábamos esperando por el emperador de En, por el señor Shouryuu.

—Lo sé, pero…

—En unos días más, el Ejército Imperial alcanzará Ganboku.

Rokuta quería echar un vistazo detrás de él, pero Ribi envolvió sus brazos a su alrededor. Él ni siquiera podía girar la cabeza hacia atrás. Sus pálidas manos acunaron su barbilla.

—Es hora de que regrese al Palacio Imperial —dijo ella, y movió las manos a la frente de Rokuta.

Antes de que él pudiera detenerla, ella le arrancó la piedra que sellaba su cuerno. Oyó el sonido de desgarro del hilo, un sonido tan ligero y aireado como la seda de araña y tan pesado como el plomo.

 

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