PARTE
VI
CAPÍTULO
25
No habiendo nada en particular para hacer, Rokuta pasó sus días
paseando por los enormes jardines del palacio. Los cocineros que miraban desde
la cocina -con una vista despejada hasta los dormitorios de Atsuyu- fruncieron
el ceño ante su actitud indiferente. Pero él no podía sentarse, descansar y
relajarse.
Dos meses habían pasado desde su secuestro.
Rokuta se preguntaba qué hacer al respecto. Todo
esto había sido un error de principio a fin: Kouya convirtiéndose en su enemigo,
Atsuyu tramando una revolución, y él ahí, como un prisionero, sin
preocupaciones. Debía escapar del Palacio Provincial y llevar sus
preocupaciones directamente al emperador y al Ejército Imperial, pero no había
manera de que eso fuera a suceder.
Las tropas ya habían sido desplegadas alrededor de
la periferia de Ganboku y se preparaban para enfrentar al enemigo.
Anticipándose a una batalla decisiva en Ganboku, los guardias provinciales que
estaban dispersos aquí y allá fueron replegados y estaban concentrados en una
sola fuerza a los pies del palacio.
Observando lo que estaba pasando, Rokuta sintió que
tenía que hacer algo. Al oeste de Ganboku, las hogueras del Ejército
Imperial salpicaban las montañas con vistas al río Rokusui. La guerra era
inevitable. En unos pocos días empezaría la lucha en serio.
Tenía que hacer algo. Pero simplemente no
sabía qué. Se le acababa el tiempo. Si no actuaba pronto, no habría vuelta
atrás.
En su celda, Rokuta masticaba con impaciencia sus uñas cuando Ribi se
sentó frente a él, sosteniendo al niño en sus brazos.
—Taiho, ¿podría decirme qué es lo que lo preocupa?
—No es nada —murmuró Rokuta—. Son tonterías. Nada
de qué preocuparse.
—Ahora que lo menciona, no parece demasiado
preocupado con lo que sea.
—No, no vale la pena tanto esfuerzo. De todos
modos, Atsuyu es un hombre muy querido. No he escuchado ni una sola cosa mala
sobre él de nadie en el palacio. En cambio, si fuera Shouryuu, nadie se
detendría.
Ribi suspiró y acarició al niño en la espalda.
—Sin embargo, el competente Atsuyu no puede, de
ninguna manera, ser comparado con el emperador.
—Estás segura de conocer a Shouryuu. Pero Atsuyu es
el tipo de hombre que hace las cosas. Desde que llegó aquí, no lo he visto
sentarse a ver crecer la hierba.
—Taiho…
—Dicen que es audaz y decidido, que sabe cómo
equilibrar la cabeza y el corazón. Es generoso y comprensivo. Shouryuu podría
aprender una o dos cosas de él. Casi puedo creer que dejarle los asuntos de
Estado a Atsuyu sería una mejora.
Ribi levantó las cejas y frunció el ceño.
Enderezándose y medio levantándose de su asiento, dijo:
—Taiho, no puedes hablar en serio.
—Lo digo en serio.
—¿Por qué habla así? ¿No cree en el emperador que
usted mismo eligió?
—Creer no tiene nada que ver con ello —Rokuta
sonrió—. Él realmente es un idiota.
—El emperador no tiene un pelo de tonto. Creo que
el papel de gobernante le viene bien. Es por eso por lo que lo he elegido para
servirle.
—¡Ah, Ribi! ¿No me digas que tienes algo con él?
—¡Taiho!
Ahora ella parecía muy enojada. Rokuta reflexivamente
se agachó un poco. Él sabía que se había pasado. Su inquietud estaba
disminuyendo, por lo que ahora estaba buscando pelear con Ribi.
—Es muy triste. ¿Por qué menosprecia a su Alteza?
¿Por qué lo puso en el trono entonces?
—No me preguntes. Pregúntale al Señor Dios Creador
en vez de a mí.
—Taiho… —Ribi se enderezó de nuevo y dijo—: Cuando
fui nombrada virreina, su Alteza se disculpó conmigo.
—¿Shouryuu lo hizo? Qué extraño.
—Dijo que los señores provinciales no le respondían
a él. Y si trataba de limitar su autoridad, seguramente se levantarán contra
él.
Ribi le había respondido al emperador:
—No importa. No se puede permitir que hagan lo que
les plazca. Tendrá que despedirlos con el tiempo. Algunos lucharán, incluso se
levantarán en armas. El robo del tesoro provincial es el menor de nuestros
problemas. Debe estar en guardia para asegurarse de que no están formando
ejércitos a sus espaldas.
Sus propias palabras no tardaron en llegar a
hacerse realidad.
—Espero encontrar una fuerte resistencia al reorganizar
a los señores provinciales. Para cortar tales impulsos de raíz, debes
asegurarte de que sigan los decretos divinos y mantengan sus ejércitos dentro
de los límites legales, para evitar que conspiren juntos, debemos tener a los
gobernantes generales postrados.
—¿Está otorgándome una enorme responsabilidad?
Ribi se inclinó reverentemente, vencida por la
gravedad de lo que se le pedía. Ella era un funcionario de menor rango en los
tribunales penales, el equivalente a un Barón. Al ser bruscamente ascendida al
puesto de vizconde, no podía dejar de hacerla sentir que se elevaba por encima
de su posición.
Shouryuu negó con la cabeza.
—No me agradezcas todavía. Si los señores
provinciales levantan la bandera de la insurrección, los virreyes se
encontrarán en la primera línea. Indicarle a un virrey que establezca
residencia en un palacio provincial podría llegar a ser una sentencia de
muerte. El problema es que estoy jugando en este tablero de ajedrez con muy
pocas piezas. No quiero pronunciar sentencias de muerte, pero no tengo a nadie
más calificado que tú para ir.
Ribi se quedó inmóvil por un momento antes de
enfrentarse al emperador, con una expresión inusualmente seria en su rostro.
—Estoy muy agradecida por que sea tan sincero
conmigo. Cualesquiera que sean las probabilidades, no me gustaría hacer otra
cosa.
—A decir verdad, estaba inseguro de si designarte a
ti o a Shukou como el octavo virrey provincial. Pero ambos tienen sus puntos
fuertes y débiles, y tú eres la persona más adecuada para el trabajo. Shukou no
está mal tampoco, pero su temperamento saca lo mejor de él. Sin importa lo que
esté sucediendo en el palacio provincial, debes quedarte callada, observar e
informar. A menos que recibas instrucciones específicas, no te enredes en las exhortaciones
de largo aliento. Me temo que eso es algo en lo que Shukou simplemente no tiene
la paciencia de hacer.
—Sí.
—¿Vas a hacer esto por mí?
—Con mucho gusto acepto el cargo.
Shouryuu asintió.
—Lo siento —lo oyó decir.
El bajo y tenso sonido de su voz quedó grabado para
siempre en sus pensamientos.
—Huh —Rokuta respondió con indiferencia, con la
mirada perdida en la distancia.
Ribi fijo:
—Esa fue la primera vez que lo he visto tan… serio.
Sin embargo, él puede hacerse el tonto, pero no es irresponsable. Él piensa en
aquellas cosas que merecen su atención, y actúa cuando la acción es
verdaderamente necesaria. Simplemente no lo demuestra.
—Y tal vez estás tratando con mucho entusiasmo ver
lo mejor de él —Rokuta sonrió—. Shukou y los otros llorarían al oírte hablar de
tal manera. Te dirán que las personas más cercanas a él se desgastan recogiendo
las piezas que él deja atrás. Se salta las reuniones del Consejo Privado, se
dirige quién sabe dónde, cada palabra le entra por un oído y sale por otro
mientras hace todo lo que él decidió hacer.
—Pero su Majestad no ha hecho realmente nada malo.
Itan y los demás siguen diciendo que él es un perezoso bueno-para-nada,
mientras que el emperador se ha comportado de una manera magnánima. Como
resultado, incluso cuando las cosas estaban en su peor momento, nunca sucumbió
a la desesperación.
—Realmente tienes una debilidad por Shouryuu.
Ribi tristemente sacudió la cabeza.
—¿Por qué dice las cosas así? Imaginar que no tiene
fe en el emperador me duele terriblemente.
—Ribi, yo…
—Creo firmemente que el emperador no es un
gobernante incompetente. Seleccionó a los ministros más exigentes de la
administración pública y colocó en sus manos las oficinas más importantes. No
puede haber ninguna duda sobre eso.
—¿Oficinas importantes? Te concedo que un virrey
imperial cuenta como tal. Nunca está muy lejos del peligro real. Itan y Shukou
tienen un mínimo riesgo. Pero igual son Barones, ¿no?
Rokuta lo dijo como una broma. Ribi se limitó a
sacudir la cabeza.
—Razón por la cual las olas de la discordia no se
levantaron. Su Alteza ignoró a los innumerables burócratas que pasaban el tiempo
jugando al rey de la colina, mientras que el reino se hundía en el caos. Mas
bien, instaló a los que no estábamos compitiendo por algún cargo. Fui promovida
a vizconde cuando no estaba bajo la mirada de otros funcionarios de la corte. Y
entonces la Corte Imperial no se vio desgarrada por la envidia y la discordia.
—Pero…
—El Suijin es como mucho un Barón de rango medio, y
tiene el importante deber de gestionar las tierras del reino. Cuando el dinero
de los impuestos destinados a proyectos de control de inundaciones desaparece
en el bolsillo de un ministro, ¿qué ocurre con los diques mal construidos?
Incluso en el Ministerio de Tierra, esta cartera fundamental para el bienestar
de las personas se le dio a Itan. El Suijin es superado solo por el Daishito y
su subministro permanente, un ladrón y un cobarde nunca se dignaría a
ensuciarse las manos haciendo un trabajo honesto. Excepto que Itan no se deja
intimidar por personas como ellos, por lo que el campo se ha recuperado.
Rokuta no respondió.
—Shukou es el Magistrado Imperial, un Barón de
menor rango, como mucho. El Magistrado Imperial es independiente de la corte y
puede disciplinar incluso a los señores provinciales, es el único ministro que
depende directamente del emperador. Seishou es el Daiboku y el más cercano al
emperador en el Ministerio de Verano.
ȃl puede estar parado cerca en las sombras y
proteger al emperador contra los traidores y renegados. Puede cortar un camino
a través de los tontos en la burocracia, de modo que Shukou y Seishou puedan
hacer su trabajo.
—Ribi, ya basta —Rokuta respiró, pero ella no había
terminado.
—El emperador le dio a Itan la posición de Suijin.
Sin un ministro de rentas internas o cualquier persona administrando los bienes
imperiales, más de la mitad de todos los impuestos irían desapareciendo en los
bolsillos de funcionarios corruptos. Desde que comenzó la nueva dinastía, los
propios estados no han pagado un centavo en impuestos, supuestamente a causa de
las malas cosechas sucesivas. La restauración de las tierras públicas, no la
productividad de los bienes imperiales era siempre la prioridad. Es por que por
lo que a Itan se le dio ese trabajo. ¿No puede ver cómo estas prioridades
reflejan su preocupación por sus súbditos?
—Shouryuu no es un tirano. Yo sé eso. Pero eso no
importa. Debido a que él sigue siendo el hombre a cargo.
Ribi dejó escapar un largo suspiro. Bajó la mirada,
se quedó en silencio durante un tiempo. Finalmente, colocó al bebé en el suelo
y se puso de pie.
—Taiho, no lo olvide. La destrucción del reino hace
que las personas sufran. La coronación del nuevo emperador hace que el reino
resurja.
Dio la vuelta y se ubicó detrás de él. Rokuta
comenzó a dar la vuelta para mirarla, pero no pudo ya que lo había agarrado por
los hombros.
—¿Ribi?
—Taiho, el líder que ha elegido para nosotros es el
señor Shouryuu. Y no es, ni será nunca Atsuyu.
—Ribi, no es que yo…
No crea en Shouryuu, lo que iba a decir es: No creo en los emperadores.
—Estábamos esperando por el emperador de En, por el
señor Shouryuu.
—Lo sé, pero…
—En unos días más, el Ejército Imperial alcanzará
Ganboku.
Rokuta quería echar un vistazo detrás de él, pero
Ribi envolvió sus brazos a su alrededor. Él ni siquiera podía girar la cabeza
hacia atrás. Sus pálidas manos acunaron su barbilla.
—Es hora de que regrese al Palacio Imperial —dijo
ella, y movió las manos a la frente de Rokuta.
Antes de que él pudiera detenerla, ella le arrancó
la piedra que sellaba su cuerno. Oyó el sonido de desgarro del hilo, un sonido
tan ligero y aireado como la seda de araña y tan pesado como el plomo.


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