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viernes, 3 de febrero de 2023

Dios del Mar en el Mar del Este, Extenso en el del Oeste - Capítulo 26

 

CAPÍTULO 26

 

 

 

Sobre el Mar de las Nubes, Atsuyu miraba hacia el mundo de abajo.

—Ellos llegaron aquí más rápido de lo que esperaba.

De pie detrás de él, Kouya se inclinó hacia delante para ver por sí mismo. Al otro lado del sinuoso Rokusui que rodeaba Ganboku, más allá del terreno pantanoso que bordeaba las orillas opuestas, las banderas del Ejército Imperial salpicaban los pasos de la montaña.

—Y así comienza.

Dos meses habían pasado desde el secuestro del Taiho, es decir, el Ejército Imperial se había reunido y marchado hacia Ganboku en poco tiempo. Cuando sus tropas vadearan el río, las hostilidades comenzarían en serio.

—Con el debido respeto, ministro.

El hombre que levantó la voz era Hakutaku, el primer ministro. Se arrodilló detrás de ellos, con cara de aflicción.

—¿Qué?

—Muchos en la ciudad y sus alrededores están en un alto estado de agitación. Dicen que es un rebelde que ha tramado una insurrección.

Atsuyu sonrió.

—Si un hombre que pretende abolir las prerrogativas del emperador y elevarse a un cargo superior no es insurrecto, entonces ¿quién lo sería?

—Los soldados están nerviosos. Los signos de la deserción están apareciendo en las filas. ¿De verdad cree que explicaciones como estas serán suficientes para elevar la moral?

Atsuyu se acercó a Hakutaku y le dijo con una mirada helada:

—Tú sabías a donde conducía este camino, Hakutaku. De iniciar una revuelta. ¿Te estás echando para atrás?

—Los soldados no lo hicieron. No sabían nada de nada de esto. Ellos no sabían nada de nada de esto. El Ejército Imperial apareciendo en nuestra puerta hará que los reclutas se pregunten qué están haciendo aquí.

—Eso no puede ser un gran misterio.

—Ministro, ¿este es realmente el mejor camino para seguir?

Atsuyu hizo una mueca.

—Es un poco tarde en el juego para hacer esa pregunta, Hakutaku.

Hakutaku únicamente inclinó la cabeza. Kouya miraba con un sentido de desapego emocional. Casi no podía culpar al hombre por albergar dudas. Nadie se atrevió a ser brutalmente honesto delante de los soldados o incluso delante de la función pública, pero por cómo estaban las cosas ahora, claramente no era el mejor camino para seguir.

El Ejército Imperial había llegado con un número de soldados mayor de lo previsto. Cuando dejaron Kankyuu, la Guardia del Palacio apenas tenía unos 7.500 efectivos. Los ministros provinciales de Gen predijeron una victoria fácil, sabiendo que ningún asalto ordinario podría romper las defensas casi impenetrables del palacio provincial.

Por otra parte, estaban en su propio territorio y conocían la configuración del terreno.

La derrota está fuera de cuestión, se aseguraron a sí mismos.

Atsuyu miró hacia Hakutaku y preguntó con un tono frío en su voz:

—¿Cuál es el actual número de efectivos del Ejército Imperial?

—Al menos veinte mil.

—¿Qué? —Los ojos de Atsuyu se abrieron completamente—. Es decir, tres mil más que en el último informe.

—Sí —dijo Hakutaku haciendo una reverencia.

Tres mil, Kouya se repitió para sí mismo.

El Ejército Imperial añadió más reclutas a sus filas con cada paso que daba.

La mayoría de los nuevos reclutas -los ministros rieron al principio- eran agricultores que habían estado labrando sus campos, incluso llevaban aun sus azadas en la mano. Pero dejaron de reír cuando los totales superaron los diez mil.

Los rumores decían que el ministro en jefe del Gen Rikkan conspiraba para usurpar el trono, lo que sumiría una vez más al reino en el caos. El descontento de la población crecía día a día. Los que habían apoyado a Atsuyu, ahora expresaban abiertamente su descontento. Las críticas a Atsuyu comenzaban a ser escuchadas entre la función pública de Gen.

El Ejército Imperial incluso encontró reclutas en las ciudades alrededor de Ganboku.

Se decía incluso que en las calles estaban alineados los voluntarios que se dirigían a Ganboku, dispuestos a luchar junto al emperador.

—Hay mensajes de Kankyuu informando que las defensas de la ciudad por parte de la Guardia Provincial de Sei han llegado a treinta mil.

—Absurdo —Atsuyu ladró con intrepidez no disminuida, mostrando la usual resolución en su rostro, como la de una dura roca—. ¿Qué está pensando la provincia de Kou? ¡Deberían estar atacando al Ejército Imperial desde la retaguardia!

Hakutaku solo se inclinó aún más. Sobre el papel, la Guardia Provincial de Gen tenía 12.500 efectivos. Pero en realidad, estaban más cerca de los 8.000. Tres mil de ellos fueron en calidad de préstamo a la provincia de Kou, con tres mil civiles adicionales reclutados para llenar las filas.

—El señor provincial de Kou se trasladó a Kankyuu y se convirtió en primer ministro.

Atsuyu dio un gran paso hacia Hakutaku. Estaba prácticamente de pie encima de él.

—¿Por qué no se me había informado sobre esto? ¿Qué están haciendo nuestros espías allí?

—Lo siento. Esta nueva información los tomó por sorpresa.

—Idiotas.

Tú eres el idiota, quería gritarle Hakutaku.

Sospechando por la falta de inteligencia procedente de Kankyuu, había enviado a sus propios espías para hacer el respectivo seguimiento, solo para descubrir que estaban omitiendo deliberadamente los informes.

¿Qué pensabas que iba a pasar cuando rechazaste al emperador elegido de acuerdo con la Voluntad Divina?

Sublevarse y exigir la independencia por el bien de la gente de Gen era una cosa. Secuestrar al Taiho e intentar extorsionar al emperador era otra muy distinta. Con eso, junto con el personal del consulado de Gen, los espías salieron a la vista y se unieron al Ejército Imperial.

—Me temo que hemos tomado el peso del trono imperial y la majestuosidad de los Decretos Divinos demasiado a la ligera.

—¿Sería el mismo peso y majestad concedida al emperador Kyou?

—La gente sin duda lo cree. Todos ellos creen fervientemente que el reinado del nuevo emperador dará a luz un futuro próspero. Hemos declarado nuestra intención de traicionar ese futuro. Es perfectamente lógico que las personas elijan distanciarse de nosotros.

—¡Hakutaku!

Cuando Atsuyu se irguió en toda su estatura, Kouya escuchó un ruido extraño. De su bolsillo llegó un sonido como la cuerda de un arco al romperse. Eso lo hizo quedar helado.

Atsuyu y Hakutaku se volvieron a él.

—¿Qué?

La sangre abandonó el rostro de Kouya.

—La línea roja se rompió.

—¿Qué?

—Tengo que ir a ver lo que pasó.

Kouya se dio la vuelta y saltó sobre la espalda de su youma.

 

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