CAPÍTULO
24
Itan golpeó el montón de papeles sobre el escritorio.
—¡Por Dios! —exclamó—. Ciertamente no hay que
subestimar el atractivo de un nuevo emperador. Incluso no puedo evitar estar
impresionado. ¡En tres días tenemos un millar de voluntarios para defender
Kankyuu y trescientos más dispuestos a marchar a Ganboku!
—No me digas —dijo Shukou, acomodando sus papeles.
—Además de eso, la cooperación y el apoyo viene de
los distritos y prefecturas fuera de la provincia de Sei. Los aldeanos de la
mayoría de los recintos distantes están acudiendo en masa a los edificios del
ayuntamiento y partiendo hacia Kankyuu. Está volviendo locos a los ministros.
—Esos rumores fueron efectivos para esta tarea.
—¿Hasta dónde pueden extenderse los rumores en tres
días? Es decir, ¡ya llegaron a las provincias!
—¿Están viniendo desde allí también?
—Eso es lo que dice la gente. ¿Van a llegar hasta
aquí, incluso antes de que las tropas salgan al frente?
Shukou levantó los papeles de una manera reverente.
—Estoy agradecido e impresionado. Las expectativas
hacia nuestro nuevo emperador no han disminuido en lo más mínimo.
—Lo bueno es que ninguno de ellos ha conocido al
hombre personalmente. Una vez que esto llegue a sus oídos, tal vez incluso le
dará vuelta a una nueva página.
—Yo no cantaría victoria —dijo Shukou con una
sonrisa triste—. Dos provincias han ofrecido sus ejércitos. ¿Podemos confiar en
ellos? Nosotros no queremos invitarlos a Kankyuu solo para terminar siendo
atacados desde adentro.
—Solo aceptaremos soldados comunes y corrientes y
material de apoyo —interrumpió Seishou—. Cualquier soldado cedido a nosotros lo
pondremos fuera del palacio. ¿Cómo les está yendo en la provincia de Kou?
—Exceptuando al señor provincial, los ministros
Rikkan ya han abandonado el palacio.
—El antiguo señor del sello privado se ha instalado
como el próximo señor provincial y ha dejado Kankyuu.
Este era un hombre que había estado tan ocupado en
hurtar tesoros públicos que no tenía ningún interés en trazar conspiraciones
políticas o liderar insurrecciones.
—Su Alteza ha aconsejado despedir a toda la Guardia
Provincial de Kou y confiscar sus suministros. Y, adicionalmente, los soldados
deben ser reclutados activamente durante la expedición para reforzar la Guardia
Imperial.
—Pero… —interrumpió Itan—. Los soldados que marchan
a Ganboku realmente van a tener que luchas. Cualquier soldado ocioso de Kou que
recojamos a lo largo del camino ¿pueden estar formados y moldeados en una
fuerza de combate disciplinada durante la noche? ¿Y si algunos de entre ellos
vuelve sus armas hacia el Ejército Imperial?
—Estamos apostando a sus expectativas frente al
nuevo emperador.
—Todo esto ha sido una apuesta desde el primer
momento.
—Lo ha sido. —Todos asintieron juntos.
Alguien llamó desde fuera de la sala.
—Um, ¿puedo interrumpir un momento? —Mousen
tímidamente asomó la cabeza por los biombos.
Seishou asintió y le hizo señas para que entrara en
la habitación. Luciendo algo desconcertado, Mousen entró con una reverencia.
—¿Cuál es la emergencia? —dijo Seishou, de una
manera que sugería que, si no la había, debía irse inmediatamente.
—Bueno, no es exactamente una emergencia…
—¿Entonces qué sucede?
Mousen miraba hacia abajo y miraba a Seishou,
repitiendo esa acción varias veces. Parecía totalmente fuera de sí.
—No estoy tratando de forzar la mano de nadie, pero
me gustaría participar en las reuniones del Consejo Privado…
—¿Qué? —dijo Itan, levantando una ceja—. Bueno, no
tengo nada que objetar. Hablando de eso, una vez fuiste ayudante ejecutivo de
Seishou. —Miró a Seishou—. ¿Qué te parece? ¿Llamarás a un viejo subordinado
para que vuelva al servicio militar? No puedes culparlo por querer colgar tus
faldones en lugar de ser el guardaespaldas de ese vago.
Seishou asintió con la cabeza.
—Esa era mi intención. Si Mousen está de acuerdo en
ser mi ayudante ejecutivo de nuevo…
—Lo siento, pero me temo que eso no es posible
—Mousen tomó la reacción de Seishou con los ojos vueltos hacia arriba, como si
tratara de medir su estado de ánimo.
—¿Imposible? ¿Por qué?
—Um, q-quiero decir… odio tener que decir esto,
pero… —Mousen tomó un pedazo de papel de su bolsillo y se lo tendió con una
profunda reverencia—. Una orden imperial. ¡Lo siento! ¡He sido nombrado
Daishiba!
Itan, Seishou y Shukou lo miraron boquiabiertos.
Como el titular del Ministerio de Verano y el jefe del Ejército Imperial del
Estado Mayo, el Daishiba era un miembro del Rikkan. Él estaba por encima de un
general, la posición a la que Seishou acababa de ser nombrado, convirtiendo a
Mousen en el superior de Seishou.
—¿Qué acabas de decir?
—¡Lo siento! P-pero esta promoción supuestamente
solo está en vigor mientras duren las hostilidades. Por favor, ¡no lo tomen
como algo personal!
Shukou frunció el ceño.
—Poniendo a Mousen en ese cargo no va a cambiar nada.
¿Dónde está el emperador?
—Um, él está afuera —dijo Mousen.
—¿Afuera?
—Sí. Dejó un mensaje para el Daiboku… quiero decir,
para el general.
—¿Qué?
—Dijo que para asegurarse de no perder la cabeza un
hombre puede hacer un mal mucho peor en este mundo que el que puede hacer un
general de la Guardia Imperial.
Itan se cubrió la cara con las manos.
—Ese idiota.
—Increíble.
Shukou estaba demasiado sorprendido por las
palabras. Itan golpeó la mesa con el puño.
—¿En qué universo tiene un emperador que unirse al
ejército de los rebeldes?
—L-lo siento.
Seishou preguntó en voz alta:
—¿No te da la sensación de que tal vez hay un
trabajo interno en todo esto?
—¿Cómo?
—El emperador me dio instrucciones para rodear
Ganboku, pero no tomarlo. Rodear la ciudad por sí sola difícilmente le pondría
fin al conflicto.
—¡Oh! acerca de eso… —Mousen sacó otro documento
aparte de la Orden Imperial anterior—. Esto es para el general.
Seishou lo tomó, lo abrió y lo leyó en el acto. Se
lo entregó a Itan, que lo revisó y suspiró.
—¿En qué diablos está pensando ese hombre?
—¿Y ahora qué? —dijo Shukou, mirando por encima de
su hombro.
Seishou dijo, dándole a Shukou el documento para
que lo leyera:
—Dice que reclutemos obreros durante la marcha y
construyamos diques en las proximidades de Ganboku.
—Así que ahora va a hacer un espectáculo al ceder a
la voluntad de la gente del lugar, ¿eh? —Itan se dejó caer en la silla más
cercana—. ¡Es como un inquilino que no paga la renta y luego decide pagarla
cuando el edificio se está incendiando!
—Debe estar tramando algo. Ningún emperador en su
sano juicio se pondría en marcha hacia Ganboku si no.
—Me estoy quedando sin maneras de expresar mi
asombro. ¿Qué pasa si sucede lo impensable? ¿Qué pasa si él es derribado en la
niebla de la guerra? Él debe entender que eso también forma parte de la
ecuación.
—Estoy seguro de que es muy consciente —dijo
Seishou con una sonrisa irónica—. Al tomar como rehén al Taiho, nunca iba a
trabajar con él. Sin embargo, él podría mantener su preciosa vida y agazaparse
en el Palacio Gen’ei y dejar que el Taiho sufra daños, pero así, todo habrá
terminado para él. Para el emperador, esta ha sido una lucha de vida o muerte
desde el principio.

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