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El Niño Demoníaco

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jueves, 2 de febrero de 2023

Dios del Mar en el Mar del Este, Extenso en el del Oeste - Capítulo 4

 

CAPÍTULO 4

 

 

 

El emperador de En y sus considerables pero bizarras habilidades, estaba sentado en una de las habitaciones privadas del Palacio Interior.

—Si, entiendo a dónde quieren llegar —dijo Shouryuu, mirando alrededor de los cuatro hombres que lo rodeaban acosándolo.

Itan también lo miró.

—¿Lo entiende? ¿Eso es todo?

—Rectificaré mi camino.

—Nunca he estado en una situación tan mortificante. La humillación que he experimentado se quedará conmigo por el resto de mi vida.

—Es así, es así —un hilo de voz a sus espaldas le dio la razón, pero Itan no la escuchó.

—Ya lo creo —dijo Shukou con un suspiro.

—Exactamente ¿qué posición cree su Alteza que está ocupando? Como el capitán de un estado, ¿cómo cree que va a mantener al resto de los ministros en línea? Se supone que debe presentarse como un faro y un ejemplo para el reino. Yo no podría mirar a mis súbditos a la cara después de esto.

—Por supuesto. —El hombre con rostro impasible que casi nunca dice nada ahora tenía más que unas pocas palabras para decir—. Mi mandíbula se caer del asombro.

»Esto es más de lo que puedo soportar a pesar de estar asociado a un idiota imperial.

—Suikyou, ¿incluso tú estás quejándote de mí en voz alta?

Suikyou -El Loco- era su apodo. Su verdadero nombre era Seishou, un joven delgado, con piel morena y una frente pequeña. Sin embargo, como ministro de asuntos militares, es el encargado de dirigir los detalles personales del emperador como el Daiboku.

Seishou fue promovido de la Guardia del Palacio durante el mandato del emperador Kyou. Un luchador ingenioso y hábil, que se decía que no tenía igual en las artes militares. Fue arrestado por criticar al emperador, pero incluso el corrupto emperador Kyou no pudo soportar la idea de ejecutarlo, por lo que en su lugar lo mandó a prisión.

Después de la muerte del emperador, fue ordenada su libertad. Pero Seishou dijo que, después de haber sido encarcelado por orden del emperador, solo podía ser perdonado por alguien con la misma autoridad. El hombre, terco, mantuvo sus principios y se sentó en su celda cerca de cincuenta años hasta que un nuevo rey ascendió al trono.

—Preferiría respetuosamente que no se refiera hacia mí de manera tan condescendiente.

—¿No te gusta?

—Por supuesto que no.

Itan le dio a Seishou una molesta y envidiosa mirada.

—Es mejor que el mío. Soy Chototsu, El Imprudente.

No podía haber mayor honor para un súbdito que el de ser renombrado por el emperador, aunque esa satisfacción no era mucha si tu nuevo nombre era Chototsu -El Imprudente- o Mubou -El Descortés- o Suikyou -El Loco-. Tan lejos como eso, era el apodo del Taiho, Rokuta, era simplemente Baka[1] -Tonto-, porque el kirin era una mezcla entre un caballo y un ciervo.

El emperador estaba bastante satisfecho con su juego de palabras, aunque era una broma nadie más se reía de ello.

—El pesar de la vida —dijo Chotatsu con una expresión de dolor—. Nos hemos convertido en nadas y nada menos que en el hazmerreír.

—Tiene razón.

Esta vez los tres voltearon al mismo tiempo para ver de frente al propietario de esas interjecciones impulsivas.

—¡El Taiho es tan culpable como él!

Las frías miradas cayeron sobre él. Rokuta se encogió de hombros.

—Hey, yo no soy el que tiene el hábito del juego.

—Puedo preguntar entonces, ¿qué estaba haciendo durante sus ausencias en la corte?

Presionado por Shukou, Rokuta forzó una sonrisa en su rostro.

—¡Oh! Yo estaba afuera observando el… hum, la recuperación de los campos.

—¿Y podría resumir los resultados de esas observaciones? Ahora.

—Bueno… ah…

—Enano embaucador.

Rokuta miró a su señor.

—Para empezar, eres el único que vive un libre albedrío. ¡Y ahora me afecta a mí! Sabes, no es gracioso.

—Dice el niño que se hace el idiota.

—Una cosa es ser idiota y otra es la deserción, huir de la ciudad.

—Seis de uno, media docena de la otra.

—La gravedad de una cosa u otra importa más que la cantidad de veces que se hace.

Shukou dio un puñetazo en la mesa.

—¿Podrían tomarse esto en serio, por favor?

Shouryuu levantó la mano.

—Lo lamento. Luego de esto, voy a atender los asuntos del gobierno. ¿Felices?

—¿Podemos tomar su palabra de que lo hará?

—Sería buena idea de cualquier forma, mantener un perfil bajo y calentar el trono por un tiempo. Hay algo sospechoso en el oeste.

Los cuatro miraron a Shouryuu.

—El oeste…

Shouryuu sonrió.

—Provincia de Gen. Mejor nos preparamos porque algo está ocurriendo.

Itan no pudo evitar mirar detrás de él. Se había asegurado de revisar el lugar antes de concretar esta reunión y había confirmado que no había nadie más allí.

—Eso es… —Al decir eso, el emperador se refería a la provincia de Gen.

—Lo he escuchado en la calle. Los soldados de Gen se han estado presentando en la ciudad varias veces al mes, los marineros borrachos derrochan su dinero en los burdeles. Llegan con las manos vacías y se van con un gran cargamento.

—¿Están comprando algo en Kankyuu?

—No sería un problema si se tratase de alimentos. Pero armas…

Shukou ladeó la cabeza a un costado.

—No puedo imaginármelos juntando la cantidad de armas necesarias para armar una rebelión. Si están recorriendo la ciudad en búsqueda de armas, los rumores nos llegarían tarde o temprano.

Shouryuu sonrió y se volteó hacia Seishou.

—La Armería Imperial está en Kankyuu.

Seishou estrechó la mirada.

¿Estaba el administrador de la armería abasteciendo el mercado negro? El emperador Kyou había acumulado una cantidad excesiva de material militar. Una buena cantidad ya había sido vendida para reponer el Tesoro Imperial, saturando el mercado y bajando los precios en el proceso. Como resultado, algunas armas seguían apiladas.

—¿El señor de la provincia de Gen? —dijo Shukou.

Itan asintió.

—Se atrincheró en lo profundo de su palacio y se ha negado a salir, primero por temor a la desaprobación del emperador Kyou, luego por temor a las represalias cuando murió, y ahora por temor a ser despedido. Dicen que es un manojo de nervios.

—Una rata acorralada puede morder al gato. Está entre la espada y la pared, su preocupación tiene fundamentos. Para empeorar las cosas, el jefe de gabinete tiene una mente aguda y un gran ingenio de su lado. Su nombre es Atsuyu, hijo del señor provincial, creo.

Itan parpadeó.

—Su Alteza está muy bien informado.

—Solo son algunos de los rumores que corren por la ciudad. Ignorar el conocimiento común del pueblo puede ser un riesgo.

—Sí, por supuesto —dijo Itan, que parecía sinceramente impresionado.

Shukou lo miró y se aclaró la garganta.

—Con el debido respeto, su Alteza…

—¿Qué ocurre?

—¡No hay necesidad de que usted se mezcle con los plebeyos y escuche sus conversaciones, asechando alrededor, pretendiendo ser un espía!

Shouryuu rodó los ojos al techo. Rokuta le sonrió y se puso de pie.

—¿Qué pasa, Rokuta?

Al salir de la habitación, Rokuta lo miró por encima del hombro.

—Tal parece que el sentido que está tomando esta conversación no me involucra en nada, me voy.

 

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