CAPÍTULO
3
Sacudido por una fuerte brisa, Shukou caminó por los pasillos del
Palacio Imperial y salió del Palacio Interior.
En era el reino noreste en el grupo de los “Cuatro
Estados” -Sai, Kyou, En y Kou-. Era una tierra fría, desgastada y enfriada por
los vientos secos que vienen del noreste durante el invierno, y es azotado por
las brisas frías que soplan desde el Mar Negro en verano.
El verano cae rápidamente. Los vientos dominantes
disminuyen día a día. La tierra se calienta por el sol aumentando la
temperatura. Los veranos son frescos y la lluvia rara vez cae, convirtiéndose
en un lugar no muy adecuado para el cultivo de plantas.
Los otoños, por el contrario, son largos, ventosos y
cálidos. Entonces el viento se levanta y de la nada el invierno se presenta
precipitadamente.
Por encima del Mar de las Nubes, el Palacio Imperial
está aislado de las estaciones que se dan en la tierra. Pero en ese momento, la
brisa soplaba indiferentemente. El otoño pronto se presentaría. Al final del
otoño se produce un mes de lluvia. Luego de la lluvia llega el joufuu,
los vientos fríos, los cuales hacen llegar huesos y cuerpos que provienen del
Reino de Tai.
—El Rokusui, solo puedo esperar que estemos a tiempo.
—Shukou miró al oeste por el Mar de las Nubes y se preguntó de nuevo. —¿Estarán
los diques en su lugar antes de que lleguen las lluvias?
El poderoso río Rokusui fluye de la provincia de Sei,
el hogar de Kankyuu, a la provincia de Gen, en el Mar Negro.
La provincia de Gen es conocida por sus amplias llanuras
y campos fértiles, formados a partir de los sedimentos dejados por la
inundación anual del Rokusui.
La zona había sido inhabitable desde que el emperador
Kyou destruyó los diques frente al mar a lo largo de la costa. Los refugiados
que, finalmente habían vuelto a sus casas, habían comenzado con los trabajos de
restauración. El número de asentamientos era grande y su crecimiento estaba más
allá de la capacidad de la provincia que el gobernador de Gen podía manejar.
Para empezar, no tenía autoridad real para poner en
práctica ninguna medida de control de inundaciones. Los gobernadores de las
provincias designados por el anterior emperador aun no habían sido tratados
correctamente con el actual. La mayoría de ellos mantuvieron sus títulos
mientras esperaban a ser despedidos por el nuevo rey.
Shukou respiró y se volteó, solo para encontrarse con
Itan subiendo la escalera de piedra.
—¿Cómo te fue? —preguntó Shukou.
—¡Oh! Lo tomé del cuello y lo arrastré de vuelta
aquí. Está en el Palacio Interior cambiando sus ropas.
Lo cual significaba que habían pasado a través de la
Puerta Prohibida en su camino al Palacio Interior. Luego de decirle todo lo que
tenía que decirle, aparentemente había salido por la puerta Sei.
Por encima del Mar de las Nubes, solo se puede acceder
al Palacio Genei a través de la Puerta Prohibida. El corredor que sube la
montaña desde su base en Kankyuu a la cumbre pasa a través de cinco puertas.
Por tradición, solo el emperador y el Taiho tienen acceso a la Puerta
Prohibida.
A Itan se le había concedido una extensión especial
para pasar por ella, a pesar de ello él demostró ser realmente estricto con la
ley y no abusó de ese privilegio.
—En ese caso, yo también iré allí. Hay algunas cosas
que necesito sacar de mi pecho.
—Por favor, no te contengas. Dile exactamente cómo te
sientes. ¿Dónde crees que lo encontré?
—Bien…
—Jugando en un burdel de Kankyuu, donde al parecer
perdió todo lo que tenía. Puso su caballo como garantía y se quedó allí
atascado. Cuando me encontré con él, estaba barriendo el lugar con una escoba,
realizando trabajos de limpieza para pagar su deuda.
Shukou rio en voz alta.
—Así es Shouryuu para ti. ¿Pagaste su deuda?
—Él no es el primero que intenta huir luego de perder
todo su dinero ¿sabes? Si no hubiese pagado su deuda no habría salido de ahí
hasta pagarla por completo. No podía agarrar al propietario del cuello y
decirle: él es el emperador, ¿podría perdonar su deuda? Habría sido una gran
decepción para sus súbditos ver al poderoso rey de En reducido a un estado tan
lamentable.
—Sin duda.
En se había tambaleado al borde de la destrucción una
vez. Fue así como se mantuvo por un largo tiempo, entre la estabilidad y la
ruina. La ascensión de Shouryuu al trono fue la respuesta a las oraciones del
pueblo.
Lo último que necesitaban era ver cómo habían sido
contestadas sus oraciones.
—Ese hombre es demasiado feliz y despreocupado para
su propio bien.
Shukou no pudo evitar sonreír para sus adentro. Es
difícil imaginar a cualquier funcionario judicial que entablara cualquier trato
con el emperador regularmente que lo describiera de esa forma.
Itan una vez desempeñó el cargo de Denryou, el
ministro responsable de la contabilidad de ingresos fiscales y la gestión de la
población. Tras el cambio de régimen, fue elegido como Suijin. El emperador lo
apodó “Imprudente” y le otorgó una amplia gama de privilegios especiales.
Tenía libre acceso a los dormitorios del emperador,
podía usar la Puerta Prohibida, montar su caballo en el Palacio Interior y o
tiene que doblegarse en la presencia del emperador. Reprenderlo a sus espaldas,
sin embargo, probablemente no estaba en la lista.
—Es un hombre de gran corazón, que es probablemente
la razón por la que todavía conservamos nuestros trabajos y nuestras cabezas.
Cuando el emperador recién coronado estaba sentado en
su trono en el Palacio Genei y los ministros y los funcionarios judiciales se
habían reunido a su alrededor para cantar sus alabanzas en medio de estas
festividades, Itan había agarrado los registros del censo y los había arrojado
a los pies del emperador.
Itan hizo una mueca.
—No desenterremos historia antigua.
Hace miles de años, en los principios de los tiempos,
Tentei, el Dios Creador, llegó desde el cielo y levantó los Doce Reinos. Un ser
humano fue elegido y colocado en el trono de cada reino.
La selección del mismo es hecha por el kirin.
No hay más de un kirin en cada reino, una bestia divina de gran poder
que escucha la voluntad de Tentei. El kirin nace en el monte Hou
-conocido como Taishan en China- en el centro del mundo. Aquel que quisiera
convertirse en emperador debe escalar el Monte Hou y reunirse con el kirin.
Este viaja al Monte Hou para determinar la Voluntad Divina a través del kirin
fue llamado Shouzan.
Así que, ¿por qué Itan arrojó los registros del censo
a los pies del rey en el trono?
—¿Por qué la ascensión al trono ha tardado catorce años? Seis años es
más que suficiente para que el kirin elija al siguiente emperador. ¡Tú
estuviste dando vueltas por ocho años antes de ir al Monte Hou! ¡Ocho años
desperdiciados! Estos son los registros de los censos de esos ocho años. ¡Mira
con tus propios ojos la cantidad de personas que murieron en Kankyuu durante
ese tiempo!
La atmosfera alegre de la coronación se tornó amarga
como la muerte. Itan miró al emperador sentado en el trono. Con una mirada de
profunda intriga en su rostro, el emperador miró de derecha a izquierda los
registros del censo que Itan había arrojado a sus pies.
Eso fue probablemente algo imprudente. Itan solo
quería comunicarle al nuevo emperador el estado lamentable en el que el reino
de En se encontraba. Tenía que ver la magnitud de la destrucción para creerlo.
La sala del trono y el palacio circundante estaban bañados por la luz sobre el
Mar de las Nubes. El mundo de abajo estaba lleno de muerte y ruina.
Hasta el último de ellos se aferraba a la esperanza
de que, con la ascensión del nuevo emperador al trono, el mundo comenzaría a
enderezarse. Itan no era tan ingenuo como para creer que solo eso sería
suficiente.
Él lo sabía, sabía que tal insolencia le pondría un
fin rápido a su vida, Itan era un hombre suicida.
Durante el reinado del emperador Kyou, él permaneció
fiel mientras aún estaba en su puesto, había tratado de no despertar el
desagrado del emperador, y a la vez intentaba tener la conciencia limpia. Por
lo tanto, caminaba en una cuerda floja entre la moral, la ética y la política,
y se las había arreglado para mantener su cabeza sobre los hombros.
Todos los ministros decían que con el nuevo emperador
llegaría un nuevo día, un nuevo comienzo. Excepto que el emperador no podía
borrar lo que ya había sucedido. No puede traer a los muertos a la vida. Itan
despreciaba a los ministros por olvidar todo eso y celebrar la coronación sin
pensar, mismo desprecio sentía hacia el emperador por las mismas razones.
Sin importar qué, no sería probable que el emperador
olvidara el incidente de esta forma. Ser ejecutado el mismo día de la
coronación por su imprudencia los obligaría a recordar a los demás ministros el
despotismo del anterior emperador Kyou. Sin duda esto los traería a la realidad
nuevamente.
Sin más, Itan solo esperaba que esta muestra de
insolencia cayera como una piedra sobre las brillantes celebraciones.
Miró al emperador. El emperador le devolvió la
mirada. Durante un largo momento, el aire pareció congelarse. Todos los demás
ministros estaban de pie a su alrededor como estatuas.
El emperador fue el primero en moverse.
Bajó del trono, recogió los registros del censo, les
sacudió el polvo, y con una sonrisa y un guiño le dijo a Itan:
—Voy a echarles un vistazo.
Itan lo miró con incredulidad hasta que los guardias
lo sacaron. El entonces Daishito Ministro de la Tierra- lo despojó de su
posición. Itan obedientemente volvió a su casa y esperó el juicio bajo arresto
domiciliario.
No iba a salir corriendo. Además, con la duplicación
de los guardias apostados en la puerta principal, sería imposible. Él
permaneció confinado por cinco días. En el sexto, un mensajero del Palacio
Imperial llamó a su puerta delantera y pronunció el veredicto: había sido
reintegrado a la corte y nombrado como Suijin.
Cuando el atónito Itan regresó al Palacio Imperial
para expresar su agradecimiento, el emperador, con una sonrisa dijo:
—¡Ah, ahí está Itan el Imprudente! —El apodo se le
había pegado desde entonces.
—En ese momento fui presentado como ministro junior. He oído rumores
sobre cómo fue que terminé ahí aun con mi cabeza sobre los hombros.
Shukou le sonrió, cosa que solo dejó desconsolado a
Itan. Sin importar lo interesante que otros encontraran la historia, para él
era cualquier cosa menos un motivo de risa. Honestamente, pensaba que iba a
morir.
Naturalmente, al comienzo Itan no sentía nada más que
respeto por el emperador y no expresó una palabra de queja. Pero esa cortina de
devoción se terminó demasiado rápido. No había nada digno de admirar en ese
hombre.
¿Cómo iba a reverenciar a un emperador que
desperdiciaba todo su dinero y tiempo en un burdel en vez de atender los
asuntos importantes del Estado?
—Francamente, me regaño a mí mismo por dejarme
engañar tan fácil por su supuesta magnanimidad. Él no es magnánimo. Es un
perezoso.
—Itan, ¿no crees que deberías de cuidar tu lengua y
hablar con un poco más de prudencia? Cuidar tus modales y tener un poco más de
deferencia harían maravillas a tu paz interior.
Itan miró a Shukou.
—No eres nadie para decir eso.
Shukou fue originalmente un subministro en el
Ministerio de Primavera, que se adjunta al Naishi, el escriba imperial. Durante
una visita de inspección, se había dirigido al emperador directamente:
—Hemos estado trabajando bajo el nombre del antiguo
emperador. Dígame, su Majestad, ¿cómo debemos llamarlo: “Kou-o” El Próspero
o “Metsu-o” El Destructor? ¿Va a hacer renacer de las cenizas a el Reino
de En o a hundirlo en ellas nuevamente?
Cuando Itan le recordó eso, Shukou le respondió con
una leve sonrisa.
—Yo solo estaba cumpliendo con mi deber de buen
Barón. Al parecer, es la mejor forma de ganar una promoción aquí.
—Eso no funcionó conmigo. Sucedió al tercer día de la
coronación. Yo todavía estaba bajo arresto domiciliario.
—¿Oh? Mi memoria debe estar fallando, ha de ser la
vejez.
Itan frunció el ceño y miró la cara de Shukou. Aunque
sus rostros juveniles sugieren lo contrario, sus edades verdaderas sugieren que
ya están entrados en años.
—Bueno, ese ministro junior es ahora el Ministro
Imperial, por Dios, su Alteza sí que es un hombre generoso.
“A mí no me importan mucho los nombramientos”, había
respondido el emperador.
La descortesía de Shukou y la imprudencia de Itan
tenían mucho en común. Shukou también sabía que estaba poniendo en riesgo su
vida. Ni siquiera era un ministro, sino un funcionario de bajo rango contratado
como asistente personal del Naishi. Abordar al emperador de esa forma era una
clara ofensa. Él podría haber sido ejecutado en el acto.
En cambio, el emperador frunció el ceño y dijo:
—Supongo que le diré no a ambos. Sería vergonzoso que
se refirieran a mí con ese lenguaje prosaico.
—¿Eh? —fue la respuesta de Shukou.
El emperador volvió la mirada directamente sobre él.
—¿Con todos tus talentos literario, eso fue lo mejor
que tu brillante mente de escribano podía inventar? Por lo menos podrías haber
dicho algo más ingenioso.
—Um… ah, por supuesto.
—Me pregunto si eres realmente adecuado para ser un
escriba.
Probablemente no, fue la vergonzosa conclusión
a la que llegó Shukou.
La mejor resolución que podía esperar era su despido.
Pero un mensajero de la corte llegó con la noticia de que había sido promovido
al cargo de Ministro del Naishi, un rango ministerial intermedio. Más tarde fue
nombrado Ministro Imperial en el Ministerio de Otoño.
Itan dijo:
—Debe ser por eso que terminamos dentro de su círculo
interno. Tal vez el emperador tiene un gusto extraño hacia aquellos que dicen
lo que piensan de forma descarada.
—Ese puede ser el caso.
Shukou rio. Aunque al oír los pasos que se acercaban
por el pasillo, su sonrisa se borró de su rostro. Los que venían hacia ellos
eran el Chousai junto con sus asistentes. De acuerdo con el protocolo, Shukou e
Itan se postraron y apartaron del camino.
La voz del Chousai sonó.
—¡Ah! Creo que este corredor continúa en el Palacio
Interior.
—Tú —dijo uno de los asistentes, dirigiéndose a
Shukou—. ¿Qué estás haciendo aquí? No creo que estés perdido.
Ni Shukou ni Itan contestaron. Un número limitado de
ministros tenía acceso al Palacio Interior. Hubo un tiempo en el que a los de
su rango no se les permitía el acceso en absoluto. Ellos habían sido
autorizados personalmente por el emperador, obteniendo un tratamiento especial
sin lugar a duda. No fueron pocos los que expresaron sus celos con comentarios
sarcásticos similares.
Shukou e Itan se habían acostumbrado a ellos por
ahora.
—¿Eres quien dirige el Palacio Interior ahora?
—Sí —dijo Itan.
El Chousai dejó escapar un fuerte suspiro.
—Doy mi palabra. Como si su Alteza tuviese algún
interés en gobernar algo.
—Debe ser su hora de juego con sus mascotas
preferidas.
—Interrúmpalo y recibirá un regaño. ¿Cuándo en este
mundo se va a esforzar de igual forma en el gobierno?
—Es por todos estos subordinados que endulzan sus
oídos y lo llevan por mal camino.
Las voces burlonas pasaron sobre ellos como una brisa
rancia. Ellos probablemente regresaban a sus oficinas en el Palacio Interior.
Itan esperó a que desaparecieran los sonidos de sus pasos antes de alzar su
cabeza. Miró por el camino de adoquines sinuosos a través de uno de los
edificios.
—¿Quiénes son los subordinados aquí? —dijo con una
sonrisa de desprecio. —Son solo un montón de oportunistas corruptos que compraron
sus puestos al emperador Kyou.
Dejando el sarcasmo de lado, la descripción de Itan
no estaba lejos de la realidad. Cuando el emperador Kyou se desvió del camino,
perdió todo interés en el gobierno del reino. Los ministros explotaron esta
situación para sus propios beneficios marcando el despotismo.
Algunos compraron su nombre político con dinero.
Cuando los sobornos no fueron suficientes, recurrieron a saquear el Tesoro
Imperial. En vez de preguntarle al emperador sobre las atrocidades que estaba haciendo,
avivaron las llamas a su favor, viendo al reino quemarse ante sus propios ojos.
—Lo mejor es dejarlos ser. El sarcasmo es todo lo que
sus pequeñas mentes pueden manejar.
—Están culpándonos a nosotros por las maneras
lascivas de su Alteza. Porque eso es lo que hacen, pintar a todo el mundo con
la misma brocha.
Itan apretó los dientes. Shukou dijo con una sonrisa
irónica:
—Bueno, palos y piedras, ya sabes.
Itan era Suijin, una posición equivalente a un Barón
medio en el ranking de la burocracia imperial. El Chousai era un Marqués. Que
el humilde Suijin, cuatro niveles por debajo de él, disfrute de privilegios
especiales, mientras que el Chousai no podía ni ver al emperador sin pasar por
intermediarios habituales, obviamente lo molestaba.
No ayudó en nada que Shukou, un Barón de bajo rango,
disfrutase de los mismos privilegios que Itan.
—Como si eso fuera poco, ¿eh? ¡Alguien tiene que
hacer algo con esos tontos!
—No son noticia nueva para mí.
—¡Seishou tiene mucho por lo que responder! Él es el
más cercano a su Alteza ¡Debería agarrarlo del cuello y arrastrarlo hasta el
trono!
Itan no pudo evitar hablar mal incluso del guardia
personal del emperador.
Agarrado con la guardia baja, Shukou lo miró con
sorpresa.
—Esto te tiene realmente mal.
—¿Y a ti no? ¡Nos están haciendo parecer un par de
tonto e idiotas, arrastrando a su Alteza de un libertinaje a otro!
—Bueno, mantén la frente en alto. No dejes que esto
te afecte.
—¡Idiota! ¡Están hablando de ti también!
—Deja que balbuceen todo lo que quieran. Su Alteza
reorganizará la burocracia en cualquier momento.
Itan se detuvo a mitad de la escalera.
—¿Acaso ese día llegará mañana o en algún futuro
inmediato?
—El gobierno se ha establecido, la dirección ya fue
decidida, el camino ya fue trazado. Todo lo que queda por hacer es engancharse
en el carro y empezar a tirar. Una reorganización de toda la jerarquía ahora es
demasiado pedir, pero creo que es momento de sacudir un poco las cosas.
Los ministros y señores que sirven en las provincias
fueron nombrados por el emperador Kyou. Normalmente, deberían haber dimitido
todos juntos luego de la coronación del nuevo rey, de esta forma el nuevo
emperador nombraría a un nuevo grupo de ministros. Pero, debido a todos los
asuntos urgentes que tenían en las manos, las cosas habían quedado como estaban
ahora.
Solo los señores de las provincias habían sido
aprobados. Los Virreyes Imperiales fueron publicados en las provincias.
Los funcionarios públicos no fueron promovidos al
rango ministerial a menos que pudieran ser avalados personalmente.
Sin embargo, los parásitos y aduladores que habían
estado por década bajo el mandato del emperador Kyou, y eran igualmente
cómplices de la persecución de las personas, ya no podían ser ignorados.
—La corte imperial está en desorden. Los malditos que
no fueron despedidos empezaron a pensar que habían salido impunes y dejaron de
lado sus indiscreciones. No sabemos cuándo ni cómo trataran de tirar la
alfombra debajo de nosotros. Por el momento, la discreción es la mejor opción
que tenemos.
—Veinte años. Eso sí que es poder de permanencia. Aun
así, casi ninguno de esos hombres “humildes” ha experimentado un cambio.
—Solo porque las cámaras del Tesoro Imperial están
vacías. No hay nada que robar. Aunque ha habido más y más idas y venidas de
extraños en los últimos tiempos.
—Con la llegada de la primavera, todos los bichos que
se enterraron bajo tierra para pasar el invierno están empezando a moverse.
Itan pasó la vista por los edificios de los
alrededores.
—Y qué invierno más largo resultó ser.
En el momento de la ascensión imperial -en respuesta
a las plegarias de la gente- el Palacio Genei brillaba en plata y oro. Una vez
terminada la ceremonia, el mismo edificio había quedado de un color monótono.
Por órdenes del emperador, el Palacio Imperial había sido despojado de sus
adornos. El oro, la plata y las gemas preciosas, hasta las joyas que adornaban
el trono en sí, se vendieron al mejor postor.
Era así la profundidad de la pobreza en la que se
encontraba En.
El número de edificios había sido reducido a la
mitad. El emperador ordenó el desmantelamiento, la madera y la piedra fueron
enviados al mercado. Solo los techos negros que se levantaban como picos negros
en la montaña de Kankyuu se mantuvieron sin cambios.
El Palacio Imperial, se dice que fue otorgado al
emperador por el Señor de los Cielos. Por consideración a esto, si bien algunos
emperadores habían añadido algunas cosas durante las sucesivas dinastías,
ninguno había eliminado ninguna parte de él.
Estos edificios, que habían sido añadidos a lo largo
de la historia, fueron despojados de sus ornamentaciones, luego desmantelados y
vendidos parte por parte para disminuir la deuda del reino.
—Háganlo —ordenó el emperador.
Los funcionarios corruptos que habían saqueado el
Tesoro Imperial y se llenaron los bolsillos bajo el gobierno del emperador Kyou
se quedaron en su lugar. Él podría haber despedido a los ministros y a los
señores provinciales y confiscar sus propiedades y tierras, pero no tuvo el
tiempo para hacerlo. La restauración de las tierras y la cosecha de las granjas
devastadas fueron sus prioridades.
Los pastos y campos de arroz se quemaron y se
perdieron. Se tardó veinte años para que el agricultor pudiera arar el campo y
realizar el cultivo de plantas para mantener a él y a su familia. Los tesoros
del Palacio Imperial se vendieron a otros reinos, los almacenes vacíos no
podían ni reemplazar las dagas de los soldados, e incluso así habían logrado
llegar a fin de mes.
—Piense en ellos como los depósitos de un banco
—Aconsejó el emperador—. Las personas que celosamente guardan más de lo que
gastan no sentirán la gran perdida. Solamente los derrochadores lo sentirán.
Cuando llegue el momento, todo será restaurado.
Ese momento había llegado.
Itan dijo en voz baja:
—Es tan despreocupado como el día es de largo, pero
él no es tonto.
Shukou sonrió.
—Solo digamos que él utiliza la mayor parte de sus
habilidades de la manera más bizarra posible.

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