PARTE
V
CAPÍTULO
19
Diez días después de que el Taiho hubiese desaparecido, llegó un
enviado de la provincia de Gen.
—¿Provincia de Gen? No me digas.
Shouryuu estaba en medio de la reunión del Consejo
Privado, fingiendo prestar atención a las críticas y comentarios ofrecidos por
los ministros. El Rikkan había sido despedido. Los vice-ministros que habían
ascendido en sus cargos como los protegidos de sus jefes estaban ahora
quejándose de los despidos.
Agradecido por la interrupción, Shouryuu ordenó que
el enviado entrara. Poco tiempo después, un hombre de unos cincuenta años,
vestido en traje formal de la corte, entró en la habitación. Se arrodilló delante
del trono y bajó la cabeza.
—Así que eres de la provincia de Gen, ¿eh?
El hombre tocó el suelo con la frente.
—Soy el primer ministro de la provincia de Gen, mi
nombre es Hakutaku.
—Entonces, ¿qué te trae por aquí?
Hakutaku tomó un documento del bolsillo y lo
sostuvo sobre su cabeza postrada.
—Una carta al emperador del Ministro en Jefe del
Gabinete.
—Puedes levantar la cabeza. Prefiero verte de
frente mientras tenemos esta conversación, y no ver la parte superior de tu
cabeza.
Hakutaku levantó la cara, enmarcada por una barba
blanca.
—Sin embargo, es presuntuoso de mi parte decirlo,
el Taiho, Enki, reside actualmente en la provincia de Gen.
Los ministros reunidos colectivamente recuperaban
en aliento.
—¿Y?
—Debe establecer una posición superior a la del emperador
para nuestro líder, el ministro Gen.
El apellido de Atsuyu era Gen. Su nombre de pila
era Setsu, a pesar de que actualmente estaba en Yuu.
—Como es eso, Atsuyu no quiere ser emperador. Solo
quiere estar por encima de él. Sin duda han pensado en eso.
—El ministro Gen no quiere insultar a su Alteza. La
dignidad de la posición imperial permanecerá sin cambios. Solo debe renunciar a
la autoridad.
—¿Se conformaría con ser primer ministro?
—Por desgracia, no puede aceptar una posición
subordinada al emperador.
—Así que debe ser superior al emperador o no hay
trato, ¿eh?
—Tanto un emperador de facto como un
emperador jurado sirviendo al mismo tiempo destruiría al reino.
»En su lugar, renuncie a su autoridad de hecho y en
nombre. Váyase de la villa imperial. Vaya a disfrutar de los bosques y campos,
dejando el mundo vulgar atrás y sintonizando su corazón a la belleza de la
naturaleza en medio de las de flores silvestres.
Shouryuu estalló en carcajadas.
—Bueno, si lo pones de esa manera. Así que, coloco
a Atsuyu en una posición más alta incluso que la mía y luego me retiro al campo
para vivir mis días tomando la belleza rústica de las flores que florecen.
Hakutaku inclinó la cabeza en el suelo.
Shouryuu dijo:
—Dile a Atsuyu lo siguiente…
—Sí.
—No soy tan tolerante como un hombre para darle a
otros lo que es mío por derecho.
—Su Alteza —dijo una voz de entre los ministros.
Shouryuu le hizo callar con un gesto de la mano.
—Dile a Atsuyu que, si regresa a Enki, voy a ser lo
suficientemente compasivo como para permitir que él tome su propia vida de la
manera que prefiera. Pero, si sigue provocando problemas mientras se esconde
detrás de Enki, voy a rastrear a Atsuyu y lo ejecutaré como un traidor al
reino.
Después de un momento de vacilación, Hakutaku se
inclinó aún más y dijo:
—Entiendo.
Shouryuu se levantó y sacó la espada del cinto.
Solo se le permitía al emperador y a sus guardaespaldas llevar armas en la sala
del Consejo Privado.
—Dime, Hakutaku, ¿pensaste que iba a dejarte ir de
aquí tan rampante?
Aún postrado, Hakutaku respondió con voz clara.
—No.
—Eres el primer ministro de la provincia. ¿Atsuyu
te obligó a venir aquí como representante?
—Yo pedí serlo. Yo sabía desde el principio que mis
posibilidades de volver a casa eran insignificantes. Era mejor venir yo, que un
hombre joven con el resto de su vida todavía delante de él.
—La típica respuesta a las demandas como estas
sería tu cabeza en una bandeja.
—Los arreglos con mi familia ya se han hecho.
Shouryuu plantó una rodilla delante de Hakutaku. Él
empujó la punta de la espada contra su garganta, lo que lo obligó a levantar la
cabeza.
—¿Sabes cuál es el destino de un traidor?
—Nunca tuve dudas.
No había un atisbo de duda en los ojos de Hakutaku.
Impresionado, Shouryuu mostró una sonrisa irónica.
—Un hombre con agallas. Me gusta eso. Sería una
lástima matarte. ¿Qué opinas de servirle más bien al gobierno imperial?
—Yo solo le sirvo al ministro Gen.
—Y yo que pensaba que la lealtad de cada ministro
en este reino era hacia el emperador.
—El señor provincial de Gen me concedió esta
posición. Él fue nombrado por el emperador Kyou. Mi rango actual no puede ser
acreditado a su Alteza. Sin embargo, está dentro de su poder confirmar su
confianza en el señor provincial, garantizando la permanencia de su cargo.
Shouryuu sonrió y envainó la espada.
—Veo que tienes una participación en este juego,
después de todo.
Hakutaku se limitó a asentir.
—¿Entonces todo lo que se necesita es que tu señor
lo ordene y tu voluntariamente participas en esta insurrección? ¿No sería el
camino correcto para un primer ministro provincial reprender a un ministro
descarriado?
—El ministro tiene sus propias pretensiones. Por
favor, tenga en cuenta la carga de haber nacido como un hombre que se atreve a
llevar el manto de un traidor.
—Para comenzar, Atsuyu no es el señor provincial y
no puedes responderle a él. ¿No es acaso solo el hijo del señor provincial? ¿El
nepotismo no va contra las reglas?
—El señor provincial se ha retirado de la esfera
política y le entregó el poder al ministro. La administración pública
provincial no expresó oposición a esta disposición. Sus cualidades son claras
para todos los que han trabajado con él, y lo han aceptado como nuestro líder.
—¿Lo posicionaron como señor provincial solo en
nombre? Han conseguido una traición doble. El emperador es quien nombra al
señor provincial. No importa lo que la administración pública provincial
apruebe, no depende de ellos decidir. Y no siendo esto suficiente, desea el
trono también.
—Desquítese conmigo cuanto quiera, pero en lo que
respecta al señor provincial, ese es un asunto resuelto.
—Por supuesto que lo está —Shouryuu se puso de pie.
Y dijo con un movimiento informal de la mano—. Puedes retirarte. Dile a Atsuyu
lo que te dije.
—¿Me está permitiendo volver a Gen?
—Bueno, alguien tiene que decirle. Puedes ser tú.
Regresa y únete a sus filas como un compañero de conspiración.
—Lo entiendo.
—Preferiría que esto no se resolviera por la fuerza
de las armas. Si el espíritu te conmueve, tal vez podrías convencer a Atsuyu
para que piense mejor en este curso de acción.
—¿Si el espíritu me conmueve? —Por primera vez,
Hakutaku miraba a Shouryuu directamente.
Shouryuu desvió la mirada con una sonrisa.
—Las personas de este mundo ponen gran parte de su
vida en manos de la voluntad divina. De hecho, yo soy el emperador elegido por
el Cielo, por lo cual, esta rebelión no tiene ninguna posibilidad de éxito.
Pero si deseas probar esta proposición, ve y sigan adelante con su plan y vamos
a ver qué pasa.
—¿Cree acaso en la autoridad de la Voluntad Divina?
—La creencia no tiene nada que ver con esto —dijo
Shouryuu—. Mientras sea yo quien esté sentado en el trono, no tengo ninguna
razón para dudar de ella. Pero si tú no crees que existe, entonces ¿qué
haces rindiéndome reverencia?
—Esa pregunta no tiene nada que ver con esto.
—Todo el mundo sufre cuando estalla una guerra
civil. Pero pisotear la Voluntad Divina… Arroja el guante y voy a agarrarlo.
—Shouryuu echó un vistazo a la alegría y a la tristeza grabada en las caras de
los que lo rodeaban—. Escolta al primer ministro a la frontera de Sei. No estoy
de humor para enviar a uno de nuestros propios mensajeros para que sea
ejecutado por Atsuyu. Por lo que el primer ministro tendrá que ir en su lugar.

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