CAPÍTULO
20
Itan cerró de golpe la puerta de la
vivienda del emperador. Al ver al emperador descansando allí en el diván,
explotó de rabia.
—¡Tú… tú… tú,
idiota!
Solo en ese momento Shouryuu se dio cuenta de que él estaba allí. Se
incorporó y asintió con la cabeza, como si nunca hubiera esperado ver a Itan en
cualquier otro estado. Además de ver a Shukou, que estaba justo detrás de él, y
Seishou, que debió ser quien los dejó entrar, todo el mundo tenía la misma
expresión molesta en sus rostros.
—¿Qué es esto,
todos aquí tan de repente?
—¿No vino un
mensajero de la provincia de Gen?
—Sí. Muy amable
de su parte el enviar al primer ministro de la provincia.
—El informe de
Atsuyu era exigiendo que se lo promoviera a un cargo por encima del propio
emperador. Y lo rechazó en el acto.
Shouryuu
parpadeó.
—¿Crees que
debería haber tomado en serio la oferta?
—¡Imbécil! ¿Por
qué no le seguiste el juego para ganar algo de tiempo? ¡Algo como que tenías
que hablar de ello con tus ministros mientras nosotros buscábamos la manera de
hacerle una zancadilla! El tiempo se agota. Tenemos que adivinar el verdadero
estado de las cosas en Gen, sus disposiciones y los efectivos reales. ¿No te
pasó eso por esa dura cabeza tuya?
Shouryuu le
devolvió la sonrisa.
—Estoy seguro de
que se nos ocurrirá algo.
Itan estaba más
que furioso. Estaba desesperado. Había 12.500 soldados en la Guardia Provincial
de Gen contra el mismo número en la Guardia Imperial. Si ponía algo de presión,
podrían esperar y rezar para duplicar ese número -con suerte, triplicarlo- con
reclutas. Pero todos los avisos en el mundo aumentarían los totales hoy o
mañana.
Por otra parte,
el aumento del número de soldados era solo la mitad del problema. Tendrían que
armarlos, entrenarlos y organizarlos en las filas. Era imposible saber cuánto
tiempo les tomaría. Además, que la marcha a la provincia de Gen tomaría un mes.
Aprovisionar las tropas para lo que durara la campaña era otra cuestión. No
había suficientes vagones disponibles para hacer el trabajo.
Shouryuu dijo con
una mirada de asombro:
—Debes ser el
único hombre en cualquier otro reino que menosprecie al emperador de esa
manera.
—¿Qué clase de
emperador eres? ¡Si quieres ser tratado como un emperador digno de respeto,
debes empezar a actuar como uno!
—No es que me
moleste de un modo u otro.
Los hombros de
Itan se desplomaron.
—En efecto. He
llegado a la conclusión que discutir contigo es una pérdida de tiempo.
—¿Hasta ahora?
Itan ignoró el
chiste y se dirigió a sus colegas detrás de él.
—De todos modos,
vamos a ver lo que podemos hacer con la Guardia Imperial. Parece que tendremos
que hacerle frente a Gen con no más de los 12.500 efectivos que tenemos.
Shouryuu lo
interrumpió rápidamente.
—Eso no será
posible.
—¿Por qué?
—Debido a que
Rokuta no está aquí. Necesitamos su sí o no para movilizar a la Guardia
Provincial de la provincia de Sei. Por desgracia, no hay nadie aquí para
hacerlo.
—¿No conoces el
significado de circunstancias atenuantes?
—No soy yo quien
hace las reglas cuando se trata de ese tipo de cosas.
—¡Se trata de
rescatar al Taiho! ¿Cómo se supone que vamos a obtener su aprobación si ha sido
secuestrado? ¿Hay algo de cerebro que quede en esa cabeza tuya?
—La aprobación no
se dará pronto. Parece que vamos a tener que renunciar a esa idea.
Itan sintió que
el mundo giraba a su alrededor.
—¿Comprendes que
la Guardia Provincial de Gen es una fuerza de división completa?
—Sí, lo hago.
Dime, ¿qué tal si agitamos las cosas en la provincia de Kou?
Los ojos de Itan
se abrieron. Kou era una gran provincia situada al noroeste de la capital. La
punta de su frontera sur encajaba con la provincia de Sei y la provincia de
Gen.
—Maldita sea,
¿estás consciente de la gravedad de los tiempos en los que estamos?
—Ciertamente es
mi intención retirar al señor provincial. Nombrar al ministro en jede del sello
privado a Sankou. Excepto por el primer ministro, promocionaré a todos en el
Rikkan Provincial al Rikkan Imperial. Envía un edicto imperial y arrástralos a
todos de nuevo a Kankyuu. ¡Ah, y Seishou…!
Seishou se volvió
hacia el emperador.
—Sí.
—Por mi
autoridad, te nombro Jefe del Ejército de la Izquierda. Conducirás tus tropas a
la provincia de Gen y rodearás el palacio Genboku.
Seishou aceptó la
orden con una ligera inclinación.
—¿Qué crees que
estás haciendo? ¡Al menos escucha lo que la gente te está diciendo! —El tono de
voz elevada de Itan era la de un hombre que se ahogaba agarrado a un clavo
ardiendo.
Shouryuu
respondió con apenas un encogimiento de hombros.
—Está decidido.
Es un edicto imperial, después de todo.
—No me opongo en
convertir a Seishou en general. Sino a lo sumo que tendrá 7.500 hombres bajo su
mando. Sitiar a una capital provincial no es poca cosa. ¿Cómo va a aprovisionarlos?
¿Cómo se van a movilizar?
—Pensé que yo era
el emperador aquí.
—Por desgracia,
lo eres.
—Entonces, ¿es
necesario que te explique todo lo que digo?
Itan lo fulminó
con la mirada.
—Eso no significa
que tenga que estar de acuerdo con los caprichos de un tonto mientras dirige el
reino a la destrucción.
—¡Oh, por el amor
de Dios! —se quejó Shouryuu. Se levantó y dijo, golpeando sobre la mesa para
dar énfasis—. Para comenzar, vamos a ver si puedes diferir tanto. Las ocho
provincias de En no me responden a mí.
Itan respiró
profundo. Los señores provinciales habían sido, de hecho, nombrados por el
emperador Kyou. Pero nadie se atrevió a expresar las implicaciones obvias en
voz alta.
—No podemos dejar
a Kankyuu expuesta. Despachen a todo el Ejército Imperial y es probable que se
vean obligados a salir de su escondite.
—Pero…
—Solo escucha. La
provincia de Gen ha detenido a Rokuta y nos está chantajeando al utilizarlo
como escudo. Gen no tiene ninguna necesidad de dividir sus fuerzas y enviar
tropas a Kankyuu.
»A pesar de que
sin duda parece que los espías alineados con Gen están pasando de contrabando
una gran cantidad de armamentos desde Kankyuu, no he oído ningún informa de
caballos o vagones de almacenamiento. Eso sugiere que no hay ningún deseo de
montar un ataque prolongado en Kankyuu, al menos no en el corto plazo.
Itan asintió.
—Por el momento.
—Sin embargo, no
podemos simplemente esperar a que Gen haga su movimiento. Debido a que Rokuta
está allí. Si no van a venir a nosotros, tendremos que ir a ellos. Incluso con
una Guardia Imperial de 12.500 contra el Ejército Provincial de Izquierda con
12.500 también, incluso ignorando el hecho de que van a estar luchando en su
propio terreno, todavía enfrentaremos una difícil batalla. Enviaremos a todos
los soldados que podamos.
—¡Eso es lo que
he estado diciendo todo el tiempo!
—Rodear Ganboku y
amenazar la capital provincial. Gen estará preparada para el asedio. La
situación será un punto muerto. Pronto se volverá obvio que no se trata de una
campaña nocturna. Todos en Gen lo verán venir. ¿Qué medidas tomará Gen
entonces?
—Lo siguiente…
Cuando Shouryuu
lo miró, Shukou dijo:
—Instigar a los
señores provinciales más cercanos a Kankyuu para devolver el golpe. Debemos
asumir que han estado preparando el terreno desde hace tiempo.
—Exactamente. De
ninguna manera podemos dejar a Kankyuu sin vigilancia y expuesta. Tenemos que
equilibrar a la Guardia Provincial. Difundir información sobre la traición de
Gen y reclutar soldados de toda la capital.
—¿Eso será
suficiente para mantener el terreno?
—Haremos que sea
suficiente. No necesitan espadas y lanzas. Reúne una gran población de civiles
aquí en Kankyuu. Ninguno de los ejércitos de las provincias vecinas excede los
10.000. Con 30.000 soldados potencialmente armados, ninguno de ellos va a
arriesgar su cuello por la venganza de alguien más.
Itan farfulló:
—¿Y si uno de
ellos lo hace?
—Entonces creo que la diosa de la fortuna no estuvo de nuestro lado.
—Mira…
—No me
malinterpreten. En este punto, es todo o nada para nosotros. Si Rokuta muere,
yo soy un hombre muerto viviendo horas extras. Y no creo que ustedes puedan
mantenerse en sus puestos por mucho tiempo, tampoco.
Junto al
estupefacto Itan, Shukou interrumpió.
—¿Cuántos civiles
podremos tener de nuestro lado?
—Difundan
mentiras y entre corrillos tejeremos una amplia red.
—Mentiras…
—El Taiho es un
mocoso de trece -no vamos a decir que tiene diez-. Cuenten algunas historias
melodramáticas sobre la naturaleza del corazón tierno de nuestro joven Taiho y
planten las historias donde sea posible que corran rápido. El lamentable niño
está siendo cruelmente retenido contra su voluntad en la provincia de Gen.
¡Ah!, y no dejen de lado la parte de cómo el emperador es un gobernante sabio y
prudente.
Los otros tres
hombres estaban allí con expresiones de asombro en sus rostros.
Shouryuu dijo con
una sonrisa sardónica.
—¿Acaso el
emperador no asciende al trono en respuesta a los sinceros deseos de sus
súbditos? Ahora que el trono recién ocupado está siendo amenazado, ¿caerá de
nuevo el reino en el caos, los verdes valles y campos, una vez más se
convertirán en el hogar de los nidos y madrigueras de youma? Todos
deberíamos rezar para que el emperador sea tan bueno e inteligente. ¿Quién no
espera que este renacimiento continúe bajo su liderazgo iluminado? Cierto o no,
eso es lo que todos quieren creer.
—Suenas más como
un estafador que como un emperador.
—Estamos
simplemente tomando ventaja de su fe. Cuántos más soldados haya en Kankyuu, más
seguros estaremos.
—Aún así… —Itan
se quejó.
A su lado, Shukou
dijo:
—Todavía
está la estrategia crítica para atacar a la provincia de Gen.
—Te lo dejo a ti,
Seishou. Toma todas las medidas necesarias para rodear la capital provincial
con 7.500 soldados de la Guardia Imperial.
—Pero el Ejército
de Izquierda de Gen tiene toda la fuerza de la división.
Shouryuu sonrió.
—Yo creo que no.
Estamos hablando de una fuerza de combate que logró reunir de los condenados y
parias de la sociedad. Como mucho serán unas 10.000 almas.
—¿De dónde
sacaste esos números?
—Conocimiento de
primera mano. Soy Jefe de Pelotón, ¿no lo sabías? Uno de los primeros brotes de
la primavera, después de que el heno es cortado. Ese es el tipo de ejército del
que estamos hablando.
Shukou y Seishou
intercambiaron miradas.
Itan se inclinó
sobre la mesa y miró a Shouryuu a la cara.
—Un momento. ¿Tú?
¿Eres miembro de la Guardia Provincial de Gen? Si eres líder de pelotón, eso te
convierte en suboficial.
Un ejército con
todo el personal consistía en cinco regimientos de 2.500 soldados divididos en
cinco batallones, y estos se dividían en cinco compañías, cuatro pelotones y
cinco escuadrones con cinco soldados cada uno.
—Estaba en el
Ganboku cuando fui reclutado por la Guardia Provincial. Si mato a cincuenta
soldados imperiales, me pondrán como capitán de una compañía. Doscientos me va
a ganar el ascenso a comandante de batallón. Tomar la cabeza de un general
invasor un día me podría llevar a dirigir el Ejército de la Izquierda en la
Guardia Imperial. Si mato al emperador el puesto de Daishiba será mío. Por
supuesto, tomar ese puesto sería un poco complicado.
Itan puso los
ojos en el techo.
—Podría llorar de
puro asombro.
Shukou volvió a
respirar hondo y exhaló.
—Pensé que te
había dicho que dejaras de jugar al espía.
—Pero es útil,
¿no? Pensar en el futuro.
—De todos modos,
los asedios llevan su tiempo. Durante ese tiempo, el destino del Taiho
permanecerá aún más en duda.
—Oren para que no
lo haga.
—Pero si en el peor de los casos, los vientos del destino te
alcanzaran también.
—Shukou —Shouryuu
miró directamente a los ojos de su sirviente—. ¿Para preservar la preciada vida
de Rokuta, debemos someternos a las demandas de Atsuyu?
Shukou no
encontraba palabras.
—El kirin
elige al emperador. Esa es la principal base sobre la cual se funda un reino.
Un traidor que socave con éxito ese principio pondría al reino de rodillas.
Algo como eso no se puede permitir. ¿No te parece?
—Pero…
—¿Preferimos al
reino o al rey?
Shukou no tenía
una respuesta preparada.
Si Atsuyu mataba
a Rokuta, el emperador delante de él moriría también. Esa era la forma en que
este mundo funcionaba. Si a pesar de toda la lucha la ventaja volvía al
emperador, Atsuyu al verse acorralado podría matar al kirin. Actuando
solo en el mejor interés del emperador, debió aceptar la oferta de Atsuyu. Pero
no podía hacerlo.
—El día que le
demos a Atsuyu lo que quiere, ese día este reino perderá cualquier legitimidad
que pudiera tener —Shouryuu le mostró al estupefacto Shukou una sonrisa
irónica—. Con un poco de suerte, estamos seguros de poder salir de este lío.

No hay comentarios:
Publicar un comentario