CAPÍTULO
8
Un muy cansado Rokuta asistió a la próxima reunión del Consejo Privado.
Se sentó en silencio detrás de Shouryuu, reprimiendo un bostezo, mientras
escuchaba el informe oficial del Rikkan al emperador. Cuando la reunión
finalmente terminó, alguien lo llamó cuando estaba saliendo hacia el palacio
exterior.
Rokuta se volvió para encontrar a un oficial de la
corte de rodillas.
—Disculpe, mi señor, han solicitado una audiencia con
usted.
—¿Conmigo? ¿De un ministro?
—No. La solicitud llegó desde la oficina provincial
de gobierno, alguien pidió una audiencia usando su nombre. Él dijo que esa
persona trabaja en el palacio, curiosamente, nadie se ajusta a la descripción
de esa persona, excepto usted. Pensamos que deberíamos avisarle.
Rokuta parpadeó sorprendido y dio un paso hacia
adelante.
—¿Quién pidió exactamente la reunión?
—Él dijo que usted lo reconocería como Kouya.
Increíble, se dijo Rokuta a sí mismo.
Él jamás pensó que lo vería de nuevo. Para ser
honestos, él nunca pensó que el chico sobreviviera tanto.
—¿Dijo que estaba en la oficina provincial del
gobierno?
—Le pedimos que esperara en la puerta del faisán.
—Me encargaré de esto de inmediato. Trátalo con el
debido respeto, ¿de acuerdo?
—Sí.
Observó como el oficial se retiró y luego Rokuta se
apresuró a salir por el otro lado, Shouryuu lo detuvo y ladeó la cabeza
preguntando con desconcierto.
—¿Qué pasa? ¿Conoces a alguien del mundo de abajo?
—A diferencia de ti, Shouryuu, yo si tengo un amigo.
—¿Un amigo?
—Así es. Voy a estar fuera por un tiempo.
—¿Y las reuniones de esta tarde?
Rokuta tosió y cambió de postura.
—Sí, tengo el presentimiento de que me estoy
enfermando. Lo mejor será que me tome la tarde para descansar. Voy a tomarme el
día.
Shouryuu lo miró con una sonrisa.
—Eso suena a algo serio. Lo mejor será llamar a Koi.
Koi era el médico a cargo del kirin.
—Agradezco tu preocupación, pero no es tan grave.
Dile que me retiraré a mis habitaciones para descansar.
—Ekishin —dijo Seishou al oficial de la corte de pie
junto a él—. Ve con él.
—Está bien, Seishou. No hay necesidad de preocupar a
todos. Solo se trata de un amigo.
Rokuta se apresuró. Con una mirada de Seishou instó a
Ekishin a seguirlo. Ekishin hizo una reverencia y se fue en su persecución.
La puerta del faisán se encuentra en la base del
monte Kankyuu. El palacio y la corte imperial que se encuentran en la cumbre se
los conoce como “La Corte de la Golondrina”. Los funcionarios del Tribunal
Superior tienen sus hogares y oficinas en el patio interior, los burócratas de
menor rango son alojados en el atrio exterior, en la mitad de la montaña. Más
abajo se encuentra la puerta de entrada al monte Kankyuu.
Ahí es donde se encuentran las oficinas del gobierno
provincial. Las personas eran libres de ir y venir entre la puerta alta del
acantilado, que es la puerta de entrada al Palacio Imperial, y la Puerta del
Faisán e la parte posterior de las oficinas provinciales, también llamada
Puerta de Oriente.
Rokuta corrió hasta la puerta del faisán. La Montaña
Ryuun se refiere literalmente a una montaña que pasa más allá de las nubes.
Pero el camino real estaba encantado, por lo que esa distancia se recorría en
solo una fracción de segundo. Sin embargo, Rokuta tenía que ir primero al
palacio a cambiar su traje de ceremonia, por lo que le tomó más tiempo del que
le hubiese gustado.
Llegó sin aliento al edificio dentro de la Puerta del
Faisán reservado solo para los invitados de honor. Como le habían informado,
alguien estaba esperando allí.
Su invitado estaba sentado derecho en una silla,
mirando al patio. Se habían conocido hace dieciocho años. El muchacho que
Rokuta conoció en aquel entonces ahora debería estar en la flor de la vida.
Pero la figura delante de él era todavía muy joven, quince o dieciséis años,
todavía lucía una cabellera azulada.
Rokuta se detuvo en la puerta de entrada. Después de
un momento de vacilación, dijo:
—¿Kouya?
El joven sonrió mientras se acercaba a él.
—Rokuta —se arrodilló diciendo—, tenía la esperanza
de volver a encontrarnos, Taiho. Ha pasado un largo tiempo. —Se inclinó.
Así que él ya sabía quién era y qué posición ocupaba.
—Han pasado dieciocho años, ¿no? En ese momento yo no
sabía quién era usted, Taiho. Perdone mi impertinencia.
Él se comportaba como un caballero y hablaba en el
lenguaje humano, ya no en gorjeos de pájaro.
—Pero tu… —Rokuta luchaba por establecer una conexión
entre el niño que había encontrado en la provincia de Gen y el joven que se
encontraba frente a él.
Levantó la cabeza y volvió a sonreír.
—Sí que es malo. Me hubiera ayudado saber desde el
principio que es el Taiho. Me enteré muy tarde de que el hombre con cabello
dorado era el Taiho. Estaba completamente sorprendido.
—¡Ah! Bueno, lo siento.
La gente en los reinos lucía todo tipo de colores de
cabello, pero no el dorado. Eso es un signo particular del kirin.
—¡Y pensar que fue el Taiho quien me dio mi nombre!
Aunque en ese momento, probablemente no habría entendido el significado de tal
honor.
—Entonces, ¿qué has estado haciendo todo este tiempo?
—Un hombre de buen corazón me acogió y me enseñó el
lenguaje humano. Yo le sirvo en calidad de funcionario público provincial.
—Así que estás en el Registro Inmortal. De ahí tu
edad.
Kouya sonrió.
—Eso es correcto. Lo acompañé a Kankyuu. Una vez
aquí, me dieron muchas ganas de verlo. Pensé que, si pedía una audiencia con el
Taiho no iba a conseguirla a través de la puerta principal. Así que decidí
preguntar usando su nombre. Espero no haber cruzado la línea.
—¡De ningún modo!
—Me preocupaba que se hubiera olvidado de mí.
Rokuta negó con la cabeza. La reunión fue una
sorpresa inesperada y agradable.
—No me había olvidado. Realmente es bueno volver a
verte después de tanto tiempo.
—Es bueno saberlo —dijo Kouya con una sonrisa.
—Adelante. Levántate. Verte así arrodillado me hace
sentir mal.
—Muchas gracias. —Hizo una reverencia y luego se
levantó. Se inclinó adelante diciendo—: ¿Puedo continuar llamándolo Rokuta?
—Por supuesto. Eso estaría bien.
Kouya se acercó a Rokuta y lo miró amablemente,
aunque un poco dolido.
—Yo había querido visitarlo desde entonces, pero
Kankyuu estaba muy lejos.
—Supongo que sí. Lo siento por eso.
—No podía andar por lugares llenos de gente estando
con él. Pero sin ir a un pueblo o ciudad para preguntar el camino, no pude
averiguar dónde estaba Kankyuu.
—¿Él? ¡Ah! Te refieres a Grande.
Kouya asintió.
—Entonces, ¿qué es lo que ha estado haciendo Grande
estos días?
—¡Oh! Lo está haciendo bien —dijo Kouya, con una
sonrisa pícara formándose en sus labios, como una mirada compartida con un
compañero de conspiración—. Grande y yo trabajamos juntos como guardaespaldas.
Al igual que él por allá.
Lanzó una mirada a Ekishin, caminando cerca tratando
de no ser notado.
—Sí, me parece que estoy atascado con él por el
momento.
—Tiene sentido, usted es alguien de alto rango e
importante y todo eso.
—¡Oh! Detente.
Kouya se rio entre dientes. Se agachó para quedarse a
su altura.
—Así que, ¿está bien si salimos de aquí?
—Les dije que me tomaría el resto del día libre.
—Bien. Grande está deseando verlo también.
—¿Está cerca?
—En las afueras de Kankyuu. No se preocupe. Sigue mis
órdenes —Kouya añadió furtivamente—: Grande es muy obediente en ese sentido.
—¿Lo es? Eso es impresionante —Rokuta ladeó la cabeza,
pensando en el pasado.
“No vayas por ahí comiendo personas”, le había
dicho.
Estaba sinceramente sorprendido. Un youma que
había criado a un humano, que a su vez obedecía todo lo que el humano decía.
Jamás lo hubiera creído.
—¿Deberíamos ir? Espero que esté más familiarizado
con Kankyuu que yo. Todo lo que sé es el camino que tomé para venir aquí.
Rokuta asintió.
—Déjamelo a mí. Conozco esta ciudad como la palma de
mi mano. Te voy a mostrar el camino.


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