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jueves, 2 de febrero de 2023

Dios del Mar en el Mar del Este, Extenso en el del Oeste - Capítulo 7

 

CAPÍTULO 7

 

 

 

Para cuando Rokuta regresó al palacio, Itan y el resto ya se habían marchado. Shouryuu estaba sentado en su escritorio.

—¿Has terminado con tu sangrienta charla?

—Por el momento —dijo Shouryuu, sus ojos estaban centrados en el trabajo delante de él.

Miró para ver qué era lo que captaba su atención. Rokuta vio sobre la mesa una hoja de papel y un volumen de Crónicas Divinas de la Gran Columnata.

—Así que Shukou también te dio esa tarea. Me pregunto quién está a cargo aquí.

—Exactamente —Shouryuu se cruzó de brazos sumido en sus pensamientos.

Rokuta se inclinó más y examinó la escritura:

“El emperador gobernará su reino con el dinero”.

—Hey, ¿qué es esto, viejo?

“El emperador gobernará a su reino con misericordia”, era la frase correcta.

—No querrás darle a Shukou más razones para enfadarse. Sabes que él se toma las cosas muy en serio. No es simplemente un cabeza dura como Itan y Seishou. Es como un elefante en ese sentido. Él va a recordártelo los próximos dos o tres siglos, con una sonrisa en su rostro todo el tiempo.

—Me da igual. Si no te importa lo que diga la gente, todas las ocurrencias del mundo son como el agua sobre la espalda de un pato. Me patinan.

—Ahora siento lástima por él.

—Yo había decidido transcribirlo de forma correcta. Pero es un poco engorroso.

—Algunas veces me veo obligado a llegar a la conclusión de que eres un tonto.

—¿Solo algunas veces?

—Sí. El resto del tiempo yo solo creo que eres un gran idiota.

—Pequeño bastardo.

Rokuta esquivó el puño que venía volando hacia él. Saltó ágilmente hacia el gran escritorio en el centro de la habitación y se sentó con las piernas cruzadas, de espaldas a Shouryuu.

—Entonces, ¿va a comenzar una guerra?

—Eso parece.

—Mucha gente morirá.

—Los reinos se construyen a partir del derramamiento de sangre de la gente común. El caso es que, todos estarían mejor si los reinos no existieran —Añadió Shouryuu con una sonrisa—. Pero los que mandamos somos lo suficientemente inteligentes como para asegurarnos de que los demás nunca se den cuenta de eso.

—Esto es lo último que yo esperaba escuchar de un emperador.

—Es la verdad. El pueblo puede continuar con su vida sin necesidad de un emperador, pero un emperador no puede seguir adelante sin sus súbditos. El emperador se come la comida que cosechan con el sudor de sus frentes, no es diferente a un cazador furtivo o a un ladrón. A cambio, él hace cosas que ellos no pueden hacer por sí solos.

—Probablemente.

—Un emperador existe porque mata y explota a sus súbditos. Así que debe mantener la matanza y la explotación al mínimo y hacerlo lo más disimuladamente posible. Si mantiene los números lo suficientemente bajos puede que nunca llegue a llamarse como un déspota ilustrado. Aunque los números nunca llegarán a cero.

Rokuta no respondió.

—Hay cinco señores provinciales vivos. Tres de ellos fueron asesinados por el emperador Kyou. Sus provincias ahora están siendo gobernadas por los respectivos ministros de cada uno. El señor de la provincia de Sei es el único que se precia. —Shouryuu bajó la voz—. Oye, Rokuta, dile al señor de la provincia de Sei que me gustaría pedir prestado su ejército.

—Lo que es mío es tuyo. No es como si yo fuese a llevarlos a la batalla en algún momento.

El Taiho también rige la provincia capital. En el caso de En, era la provincia de Sei. Tenía la tierra, un pueblo y un ejército, pero el emperador ordenó al ejército que la tierra fuera repartida a los ministros como compensación por los servicios prestados.

Shouryuu dijo:

—¿Te asusta la guerra? —Cuando Rokuta giró para mirarlo por encima de su hombro, él sonrió y dijo—: sabes, ciertamente no será tan malo como los combates que se dieron hasta ahora. Si tienes miedo, corre y escóndete.

—No es por eso. Cuando se trata de personas, la guerra no es más que un inminente desastre. Eso es lo que no puedo soportar. Porque yo soy la voz del pueblo, ¿sabes?

Shouryuu rio.

—Porque los kirin son cobardes.

—Porque los kirin somo criaturas benévolas y misericordiosas.

—Si te esfuerzas tanto en no matar a nadie ahora, luego en vez de terminar sacrificando a unos cientos acabarás con la vida de decenas de miles.

Rokuta le dio a Shouryuu otra mirada.

—No vengas a decirme esa clase de cosas a mí —dijo, señalándolo con el dedo.

—No te lo tomes personal. Si pudiera solucionar esto con solo un centenar de víctimas, lo haría sin dudarlo.

—¿Centenares o miles?

Shouryuu respondió a la pregunta de Rokuta con una sonrisa.

—¿Crees que haya cien mil hombres dispuestos a pelear en En?

Rokuta saltó del escritorio.

—Entonces estarías contento si te recordaran como el Príncipe de la Destrucción. —Después de eso se dirigió a la puerta.

Detrás de él, Shouryuu gritó:

—¡Como te dije antes, déjamelo todo a mí!

Cuando Rokuta se dispuso a responder, Shouryuu ya había regresado a su escritorio. Shouryuu habló de espaldas.

—Cierra los ojos y tapa tus oídos. Si este es el único camino que nos queda, entonces tendremos que seguir por él.

Rokuta se quedó mirando la espalda de Shouryuu por unos minutos antes de girar sobre sus talones.

—No quiero ser parte de esto. Te lo encargo, todo depende de ti ahora.

 

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