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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 2 de febrero de 2023

Dios del Mar en el Mar del Este, Extenso en el del Oeste - Capítulo 2

 

CAPÍTULO 2

 

 

 

Rokuta dijo con algo de aturdimiento:

—Es tan verde.

Rokuta contemplaba el verde de Kankyuu a través del Mar de las Nubes en el patio del palacio.

El nuevo emperador ya había reinado por veinte años y el reino comenzaba poco a poco a revivir.

El Monte Kankyuu se encuentra en una de las ciudades del reino de En. En la cima de esta montaña se encuentra el Palacio Imperial el cual recibe el nombre de Genei. La cima de esta montaña no es más que una isla que flota en el mar sin límite de las nubes.

En el alto cielo, el Mar de las Nubes -Unkai- separa al mundo de abajo del de arriba. E incluso cuando se observa desde el suelo, no se puede ver que existe agua en el Mar de las Nubes. Uno solo puede ver las nubes que son las crestas de las olas golpeando el pico del Monte Kankyuu. Mirándolo desde el cielo, el mar es transparente y posee un ligero color azul muy tenue, y parece tener la profundidad de la altura de una persona. Sin embargo, si una persona bucea para llegar al fondo jamás lograría llegar al otro lado. El agua es transparente y se puede mirar directamente a través de ella el exuberante mar verde de los campos de trigo, el verde revivido de las montañas, los árboles que protegen las chozas y los pueblos.

—Bueno, después de reinar tanto tiempo uno podría decir: ¿veinte años y solo se ha logrado esto?

Rokuta se cruzó de brazos y hundió su barbilla en ellos. El agua del Mar de las Nubes golpeaba al pie del balcón.

—Aunque en realidad es un gran logro. Cuando entré al palacio Genei no podía ver nada a excepción de un oscuro fondo negro.

Era solamente un gran pedazo de tierra gris y sin vida. Gracias a los últimos veinte años el reino fue capaz de ponerse en pie nuevamente, y esa tierra gris y sin vida fue cambiada por una tierra verde y fértil. Aquellas personas que se escaparon a reinos vecinos fueron regresando gradualmente, y los cantos de los agricultores se hicieron más y más fuertes cada año.

—Taiho.

—… ¿Sí?

Rokuta se volvió con los brazos aun cruzados. Un ministro sonreía mientras cargaba unos papeles.

—A pesar de su apretada agenda usted también se ha preocupado por los asuntos de la tierra, es por eso por lo que me gustaría agradecerle en nombre de las personas del reino, señor, ya que la cosecha de trigo es abundante este año. Sin embargo, si no es mucha molestia me gustaría ocupar un poco más de su tiempo para solucionar un pequeño problema relacionado con uno de mis informes.

—Te escucho. Continua.

—Tal vez le suene grosero, pero le agradecería si usted de verdad me escuchara por unos minutos, señor. —Hablo en serio, sí, estoy escuchándote. De verdad.

El ministro dio un profundo suspiro.

—Por favor, deje de actuar tan infantilmente y al menos gire su cabeza para mirarme.

Rokuta estaba sentado en una cabeza de porcelana de león en el patio. Ese lugar estaba un poco más alto que las sillas. Sus piernas, las cuales no podía dejar de mover aun cuando estaba prestando atención, se balanceaban suavemente y colgaban ligeramente contra la valla.

Rokuta giró su cabeza y mostró una amplia sonrisa.

—Sigo siendo un niño, ya sabes…

—Ya veo, ¿podría decirme su edad, amo?

—Treinta y tres.

Rokuta ya estaba en la treintena, pero su apariencia era la de un niño de trece años. Esto no era raro en lo absoluto ya que los que viven en los cielos nunca envejecen. En el caso de Rokuta, que había dejado de crecer en cuanto entró al Palacio Genei, podría haber estado mejor si hubiera crecido un poco más: los kirin alcanzan la madurez entre la adolescencia y los veinte años. Su comportamiento no era muy maduro, era más bien el de un niño de trece años. Tal vez era porque su cerebro dejó de crecer junto con su apariencia física, o tal vez porque las personas lo juzgaban por su apariencia y lo trataban como a un niño.

Por cierto, la edad que Rokuta mencionó fue calculada por el recuento habitual de años en servicio, ya que la edad se utiliza para fines relacionados con el servicio público obligatorio.

—Mi señor, ambos tenemos las mismas responsabilidades sobre nuestros hombros, por que no considero adecuado actuar de esta forma considerando nuestra edad. Usted, Taiho, debe apoyar al emperador y asegurarse que se lleven a cabo acciones políticas que beneficien al pueblo. Usted es el gobernador, el único que posee el título de Kousyaku entre los ministros. Por favor, tenga un poco de autoconsciencia sobre su comportamiento, mi querido señor.

—Yo me haré cargo. Se trata sobre la represa Rokusui, ¿verdad? Pero ¿por qué no le dices al emperador?

El Ministro Imperial era un hombre pálido y delgado, con facciones delicadas. Aunque, sin embargo, puede ser muy engañoso. Su nombre era Shukou. El emperador lo nombró Mubou -lo cual significa “el descortés”- y no sin razones.

—Entonces voy a hacer precisamente eso. ¿En dónde podría estar su Alteza?

—Conociéndolo debe andar persiguiendo faldas en Kankyuu o algo así.

Una leve sonrisa se elevó en la cara amable de Shukou.

—¿Sabe el Taiho que Ministro de la Tierra vendrá en unas horas para traer a colación el tema de los diques del río Rokusui?

—¡Ah, lo tengo! —Rokuta dio una palmada—. Cuando se trata de inundaciones, el Ministro de la Tierra es el que debe estar manejando el asunto. No es tu trabajo, ¿no?

El Ministro Imperial es el encargado de hacer cumplir la ley y los asuntos judiciales. Más específicamente, se encarga de supervisar la conducta y el comportamiento de los otros ministros. El control de las inundaciones está bajo la jurisdicción del Ministro de la Tierra, es decir, que el suelo y la infraestructura le corresponden al Suijin.

Aunque, de manera más formal, es el Chousai -quien preside al Rikkan y el Ministerio de la Tierra- quien debe informar al emperador sobre esos problemas.

—No, no es mi trabajo. Sin embargo, el reino de En entrará en su temporada de lluvias. Si no se toman las medidas de control contra las inundaciones, esa tierra verde que el Taiho mira con tanto placer, acabará bajo el agua. Es por eso por lo que esta clase de cosas necesitan de la aprobación antes de que sucedan. ¿Dónde está su Alteza?

—Hmm…

—Me pidieron que se encarga de este asunto hoy, en este momento, y nada menos que el propio emperador. Un hombre de palabra no rompe sus promesas. Su Alteza es el que dirige a los ministros.

—Bueno, esa es la clase de persona que es. Él realmente solo va haciendo las cosas a medida que surgen.

—El emperador es el pilar central que sostiene el reino. Cuando se tambalea, también lo hace el reino. Él no asiste al Consejo Imperial y no se lo ve por ningún lado cuando llega el momento de ejercer sus funciones oficiales. Déjeme preguntarle ¿cuánto tiempo cree que un gobierno puede seguir en tales condiciones?

Rokuta rodó sus ojos y miró a Shukou desde arriba.

—Creo que deberías hacerle esa pregunta a Shouryuu.

Las elegantes cejas de Shukou se torcieron nuevamente. Abruptamente golpeó el escritorio con el fajo de documentos.

—¿Cuántas veces ha asistido el Taiho a las reuniones del Consejo Imperial de este mes?

—Umm… —Rokuta miró su mano derecha y comenzó a contar con sus dedos. —Bueno, contando hoy y la última vez y…

—Cuatro veces, si no le importa que lo diga.

El Ministro Imperial no posee un cargo lo suficientemente alto como para asistir al Consejo. Cuando Rokuta lo miró con una expresión ligeramente sorprendida, una sonrisa plácida subió a la cara de Shukou.

—Se pueden escuchar las quejas de los ministros por todo el Palacio Imperial. ¿Sabía usted que el Consejo Imperial se convoca todos los días?

—Eso fue…

—Sí, su Alteza ha cambiado eso y ha hecho que el Consejo se junte cada tres días. Aun así, cada tres días al mes serian diez veces. ¿A conclusión debo llegar del hecho que el mes está por terminar y el Taiho ha asistido al Consejo solo cuatro veces?

—Umm…

—Y su Alteza ha aparecido en el Consejo Imperial ¡SOLO UNA VEZ! ¿Qué es lo que su majestad y el Taiho imaginan que hace el Gobierno Imperial en ese sitio?

Un fuerte estruendo resonó. Una silla se volcó en el balcón. Al mirar a la dirección del sonido, Rokuta se dio cuenta que Itan, el Suijin, estaba esperando allí desde hace tiempo.

A diferencia de Shukou, el Suijin parecía que explotaría. Las venas de la frente palpitaban. Sus hombros temblaban.

—¡¿Por qué no se encuentra en el Palacio Imperial donde se supone que debería estar?! ¿Qué es lo que sucede con el rey y sus subordinados en este reino?

—Itan, ¿cuándo llegaste?

La mirada de los ojos de Itan casi congeló la sonrisa amable en el rostro de Rokuta.

—¡Por Dios! ¡No son más que derrochadores y vagos! ¡Es un milagro que el Reino de En se mantenga unido!

—Daibu, Daibu. —Shukou lo reprendió, manteniendo una sonrisa irónica en su rostro, pero Itan ya se había vuelto sobre sus talones.

—Daibu, ¿a dónde va?

—¡Voy a arreglar este asunto yo mismo!

Rokuta lo vio salir y suspiró.

—Si que es imprudente.

El apodo de Itan era Chototsu, lo cual significaba “choque”. Y de nuevo, no había sido nombrado así sin razón.

—¡Ay! —dijo Shukou, sonriéndole a Rokuta. —Yo no soy tan corto de genio como él. Pero tampoco me falta mucho para acabar así.

—Si tú lo dices.

—Cuando su Majestad no asiste a las reuniones del Consejo Imperial, nada se resuelve, nada se aprueba. Por eso mismo Itan realiza peticiones formales al emperador, el cual le dice que lo hablaré después y se le otorga un día y un horario. Como hoy. A esta hora. Y debido a que espera y espera y su Alteza no aparece, decide relevar el cargo al consejero del emperador, el Taiho. Pero el Taiho no se encuentra por ningún lado.

—Sí, bueno, umm…

—Cuando este tipo de cosas comienzan a suceder a diario, debo tomar medidas necesarias. Con el debido respeto, ni el emperador ni el Taiho deben esperar ser tratados como guantes de seda cuando se trata de asuntos imperiales.

Rokuta respondió con una risa débil y una inclinación de cabeza.

—Voy a enmendar mi camino.

Shukou sonrió amablemente.

—Que usted escuche mis palabras me reconforta, pero ¿entiende el punto de esta discusión?

—Lo entiendo, lo entiendo. En serio.

—En ese caso —Shukou sacó un libro de su bolsillo y se lo entregó a Rokuta. —Este es el primer volumen de las Crónicas Divinas de la Gran Comunidad Columnata, detalla las obligaciones y responsabilidades del emperador y del Taiho. Como prueba que usted está tratando de enmendar su camino, me gustaría pedirle que copie la sección que detalla las ausencias del Consejo Imperial.

—Shukou…

—Seis ejemplares para mañana deberían ser suficiente. Eso seguramente no debería ser mucho trabajo para usted, ¿verdad?

Rokuta miró a Shukou.

—¡No puedo perder mi tiempo haciendo ese tipo de cosas! ¡Todos los asuntos del gobierno se atrasarían!

Una inocente sonrisa subió a la cara amable de Shukou.

—A estas alturas, otro día de retraso difícilmente hará una gran diferencia.

 

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