CAPÍTULO
2
Rokuta dijo con algo de aturdimiento:
—Es tan verde.
Rokuta contemplaba el verde de Kankyuu a través del
Mar de las Nubes en el patio del palacio.
El nuevo emperador ya había reinado por veinte años y
el reino comenzaba poco a poco a revivir.
El Monte Kankyuu se encuentra en una de las ciudades
del reino de En. En la cima de esta montaña se encuentra el Palacio Imperial el
cual recibe el nombre de Genei. La cima de esta montaña no es más que una isla
que flota en el mar sin límite de las nubes.
En el alto cielo, el Mar de las Nubes -Unkai- separa
al mundo de abajo del de arriba. E incluso cuando se observa desde el suelo, no
se puede ver que existe agua en el Mar de las Nubes. Uno solo puede ver las
nubes que son las crestas de las olas golpeando el pico del Monte Kankyuu.
Mirándolo desde el cielo, el mar es transparente y posee un ligero color azul
muy tenue, y parece tener la profundidad de la altura de una persona. Sin
embargo, si una persona bucea para llegar al fondo jamás lograría llegar al
otro lado. El agua es transparente y se puede mirar directamente a través de
ella el exuberante mar verde de los campos de trigo, el verde revivido de las
montañas, los árboles que protegen las chozas y los pueblos.
—Bueno, después de reinar tanto tiempo uno podría
decir: ¿veinte años y solo se ha logrado esto?
Rokuta se cruzó de brazos y hundió su barbilla en
ellos. El agua del Mar de las Nubes golpeaba al pie del balcón.
—Aunque en realidad es un gran logro. Cuando entré al
palacio Genei no podía ver nada a excepción de un oscuro fondo negro.
Era solamente un gran pedazo de tierra gris y sin
vida. Gracias a los últimos veinte años el reino fue capaz de ponerse en pie
nuevamente, y esa tierra gris y sin vida fue cambiada por una tierra verde y
fértil. Aquellas personas que se escaparon a reinos vecinos fueron regresando
gradualmente, y los cantos de los agricultores se hicieron más y más fuertes
cada año.
—Taiho.
—… ¿Sí?
Rokuta se volvió con los brazos aun cruzados. Un ministro
sonreía mientras cargaba unos papeles.
—A pesar de su apretada agenda usted también se ha
preocupado por los asuntos de la tierra, es por eso por lo que me gustaría
agradecerle en nombre de las personas del reino, señor, ya que la cosecha de
trigo es abundante este año. Sin embargo, si no es mucha molestia me gustaría
ocupar un poco más de su tiempo para solucionar un pequeño problema relacionado
con uno de mis informes.
—Te escucho. Continua.
—Tal vez le suene grosero, pero le agradecería si
usted de verdad me escuchara por unos minutos, señor. —Hablo en serio, sí,
estoy escuchándote. De verdad.
El ministro dio un profundo suspiro.
—Por favor, deje de actuar tan infantilmente y al
menos gire su cabeza para mirarme.
Rokuta estaba sentado en una cabeza de porcelana de
león en el patio. Ese lugar estaba un poco más alto que las sillas. Sus
piernas, las cuales no podía dejar de mover aun cuando estaba prestando
atención, se balanceaban suavemente y colgaban ligeramente contra la valla.
Rokuta giró su cabeza y mostró una amplia sonrisa.
—Sigo siendo un niño, ya sabes…
—Ya veo, ¿podría decirme su edad, amo?
—Treinta y tres.
Rokuta ya estaba en la treintena, pero su apariencia
era la de un niño de trece años. Esto no era raro en lo absoluto ya que los que
viven en los cielos nunca envejecen. En el caso de Rokuta, que había dejado de
crecer en cuanto entró al Palacio Genei, podría haber estado mejor si hubiera
crecido un poco más: los kirin alcanzan la madurez entre la adolescencia
y los veinte años. Su comportamiento no era muy maduro, era más bien el de un
niño de trece años. Tal vez era porque su cerebro dejó de crecer junto con su
apariencia física, o tal vez porque las personas lo juzgaban por su apariencia
y lo trataban como a un niño.
Por cierto, la edad que Rokuta mencionó fue calculada
por el recuento habitual de años en servicio, ya que la edad se utiliza para
fines relacionados con el servicio público obligatorio.
—Mi señor, ambos tenemos las mismas responsabilidades
sobre nuestros hombros, por que no considero adecuado actuar de esta forma
considerando nuestra edad. Usted, Taiho, debe apoyar al emperador y asegurarse
que se lleven a cabo acciones políticas que beneficien al pueblo. Usted es el
gobernador, el único que posee el título de Kousyaku entre los ministros. Por
favor, tenga un poco de autoconsciencia sobre su comportamiento, mi querido
señor.
—Yo me haré cargo. Se trata sobre la represa Rokusui,
¿verdad? Pero ¿por qué no le dices al emperador?
El Ministro Imperial era un hombre pálido y delgado,
con facciones delicadas. Aunque, sin embargo, puede ser muy engañoso. Su nombre
era Shukou. El emperador lo nombró Mubou -lo cual significa “el descortés”- y
no sin razones.
—Entonces voy a hacer precisamente eso. ¿En dónde
podría estar su Alteza?
—Conociéndolo debe andar persiguiendo faldas en
Kankyuu o algo así.
Una leve sonrisa se elevó en la cara amable de
Shukou.
—¿Sabe el Taiho que Ministro de la Tierra vendrá en
unas horas para traer a colación el tema de los diques del río Rokusui?
—¡Ah, lo tengo! —Rokuta dio una palmada—. Cuando se
trata de inundaciones, el Ministro de la Tierra es el que debe estar manejando
el asunto. No es tu trabajo, ¿no?
El Ministro Imperial es el encargado de hacer cumplir
la ley y los asuntos judiciales. Más específicamente, se encarga de supervisar
la conducta y el comportamiento de los otros ministros. El control de las
inundaciones está bajo la jurisdicción del Ministro de la Tierra, es decir, que
el suelo y la infraestructura le corresponden al Suijin.
Aunque, de manera más formal, es el Chousai -quien
preside al Rikkan y el Ministerio de la Tierra- quien debe informar al
emperador sobre esos problemas.
—No, no es mi trabajo. Sin embargo, el reino de En
entrará en su temporada de lluvias. Si no se toman las medidas de control
contra las inundaciones, esa tierra verde que el Taiho mira con tanto placer,
acabará bajo el agua. Es por eso por lo que esta clase de cosas necesitan de la
aprobación antes de que sucedan. ¿Dónde está su Alteza?
—Hmm…
—Me pidieron que se encarga de este asunto hoy, en
este momento, y nada menos que el propio emperador. Un hombre de palabra no
rompe sus promesas. Su Alteza es el que dirige a los ministros.
—Bueno, esa es la clase de persona que es. Él
realmente solo va haciendo las cosas a medida que surgen.
—El emperador es el pilar central que sostiene el
reino. Cuando se tambalea, también lo hace el reino. Él no asiste al Consejo
Imperial y no se lo ve por ningún lado cuando llega el momento de ejercer sus
funciones oficiales. Déjeme preguntarle ¿cuánto tiempo cree que un gobierno
puede seguir en tales condiciones?
Rokuta rodó sus ojos y miró a Shukou desde arriba.
—Creo que deberías hacerle esa pregunta a Shouryuu.
Las elegantes cejas de Shukou se torcieron
nuevamente. Abruptamente golpeó el escritorio con el fajo de documentos.
—¿Cuántas veces ha asistido el Taiho a las reuniones
del Consejo Imperial de este mes?
—Umm… —Rokuta miró su mano derecha y comenzó a contar
con sus dedos. —Bueno, contando hoy y la última vez y…
—Cuatro veces, si no le importa que lo diga.
El Ministro Imperial no posee un cargo lo
suficientemente alto como para asistir al Consejo. Cuando Rokuta lo miró con
una expresión ligeramente sorprendida, una sonrisa plácida subió a la cara de
Shukou.
—Se pueden escuchar las quejas de los ministros por
todo el Palacio Imperial. ¿Sabía usted que el Consejo Imperial se convoca todos
los días?
—Eso fue…
—Sí, su Alteza ha cambiado eso y ha hecho que el
Consejo se junte cada tres días. Aun así, cada tres días al mes serian diez
veces. ¿A conclusión debo llegar del hecho que el mes está por terminar y el
Taiho ha asistido al Consejo solo cuatro veces?
—Umm…
—Y su Alteza ha aparecido en el Consejo Imperial
¡SOLO UNA VEZ! ¿Qué es lo que su majestad y el Taiho imaginan que hace el
Gobierno Imperial en ese sitio?
Un fuerte estruendo resonó. Una silla se volcó en el
balcón. Al mirar a la dirección del sonido, Rokuta se dio cuenta que Itan, el
Suijin, estaba esperando allí desde hace tiempo.
A diferencia de Shukou, el Suijin parecía que
explotaría. Las venas de la frente palpitaban. Sus hombros temblaban.
—¡¿Por qué no se encuentra en el Palacio Imperial
donde se supone que debería estar?! ¿Qué es lo que sucede con el rey y sus
subordinados en este reino?
—Itan, ¿cuándo llegaste?
La mirada de los ojos de Itan casi congeló la sonrisa
amable en el rostro de Rokuta.
—¡Por Dios! ¡No son más que derrochadores y vagos!
¡Es un milagro que el Reino de En se mantenga unido!
—Daibu, Daibu. —Shukou lo reprendió, manteniendo una
sonrisa irónica en su rostro, pero Itan ya se había vuelto sobre sus talones.
—Daibu, ¿a dónde va?
—¡Voy a arreglar este asunto yo mismo!
Rokuta lo vio salir y suspiró.
—Si que es imprudente.
El apodo de Itan era Chototsu, lo cual significaba
“choque”. Y de nuevo, no había sido nombrado así sin razón.
—¡Ay! —dijo Shukou, sonriéndole a Rokuta. —Yo no soy
tan corto de genio como él. Pero tampoco me falta mucho para acabar así.
—Si tú lo dices.
—Cuando su Majestad no asiste a las reuniones del
Consejo Imperial, nada se resuelve, nada se aprueba. Por eso mismo Itan realiza
peticiones formales al emperador, el cual le dice que lo hablaré después y se
le otorga un día y un horario. Como hoy. A esta hora. Y debido a que espera y
espera y su Alteza no aparece, decide relevar el cargo al consejero del
emperador, el Taiho. Pero el Taiho no se encuentra por ningún lado.
—Sí, bueno, umm…
—Cuando este tipo de cosas comienzan a suceder a
diario, debo tomar medidas necesarias. Con el debido respeto, ni el emperador
ni el Taiho deben esperar ser tratados como guantes de seda cuando se trata de
asuntos imperiales.
Rokuta respondió con una risa débil y una inclinación
de cabeza.
—Voy a enmendar mi camino.
Shukou sonrió amablemente.
—Que usted escuche mis palabras me reconforta, pero
¿entiende el punto de esta discusión?
—Lo entiendo, lo entiendo. En serio.
—En ese caso —Shukou sacó un libro de su bolsillo y
se lo entregó a Rokuta. —Este es el primer volumen de las Crónicas Divinas
de la Gran Comunidad Columnata, detalla las obligaciones y
responsabilidades del emperador y del Taiho. Como prueba que usted está
tratando de enmendar su camino, me gustaría pedirle que copie la sección que
detalla las ausencias del Consejo Imperial.
—Shukou…
—Seis ejemplares para mañana deberían ser suficiente.
Eso seguramente no debería ser mucho trabajo para usted, ¿verdad?
Rokuta miró a Shukou.
—¡No puedo perder mi tiempo haciendo ese tipo de
cosas! ¡Todos los asuntos del gobierno se atrasarían!
Una inocente sonrisa subió a la cara amable de
Shukou.
—A estas alturas, otro día de retraso difícilmente
hará una gran diferencia.

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