CAPÍTULO
22
Rokuta caminaba de vuelta a su celda. Ribi estaba
jugando con el bebé.
—¡Oh! Está de vuelta —dijo.
—Sí.
Teniendo en cuenta el tono de mal humor de su voz,
Ribi se inclinó hacia delante con una mirada de duda.
—¿Qué está pasando?
—Ribi —dijo Rokuta tomando asiento—, ¿te parece que
querer que un reino es lo mismo que querer el trono?
—¿Eh?
Rokuta negó con la cabeza.
—No, no es lo mismo. Cómo decirlo, no sé.
—¿A qué se debe esto?
—Shouryuu dijo que quería un reino. Nada acerca de
ser emperador o aprovechar al máximo su rango y posición. Solo el reino. Siento
que no es lo mismo que convertirse en emperador, uno de los grandes y
poderosos. Es por eso por lo que le di el trono.
—Taiho…
—Tal vez, ¿me equivoqué?
—Taiho… que en el mundo…
Rokuta se dejó caer sobre la cama.
—Lo siento. Solo estoy balbuceando.
El cielo estaba claro sobre el pequeño feudo, abrazando las costas del
Mar Interior. En una época en la que a menudo se veían manchas de sangre
lavadas con más sangre, el olor de la muerte y la sangre derramada en los
omnipresentes campos de batalla barrían a través del mar.
Así Rokuta fue el primero en darse cuenta de que
algo estaba mal. La sangre fresca estaba en el aire. Tres días después de que
la creciente sensación de inquietud comenzó a preocuparlo, un cuerpo llegó a la
orilla. Era uno de los pescadores que navegaba hacia fuera de las costas por
debajo del castillo.
—¿Qué está pasando? —le preguntó Rokuta a
Shouryuu—. Deberías saberlo más que cualquiera.
Shouryuu estaba sentado en el muelle de la bahía
lanzando su línea de pesca en el agua.
—¿Sabes algo sobre los Murakami?
—No.
—Al igual que los Komatsu, son descendientes de
piratas con raíces en la orilla opuesta. Sirven a los Kouno, pero desde la
Guerra Ōnin han estado tirando con fuerza de la correa.
»Parece que la tiraron con tanta fuerza que se
liberaron y ahora están vagando a voluntad.
Los ojos de Rokuta se abrieron.
—¿Vas a estar bien?
—Hmm. Los Murakami han tenido durante mucho tiempo
sus ojos en este lugar. Al controlar los estrechos entre aquí y allá podrán
controlar el acceso al mar interior. Espero un ataque en el futuro próximo.
—¿Vas a huir? Eso fue lo que dijiste qué harías.
Shouryuu dijo con una sonrisa forzada.
—Le dije a mi padre que aceptara el patrocinio de
los Murakami, pero eso un hombre que valora su orgullo por encima de todo lo
demás.
—Entonces, ¿esta tierra se convertirá en una zona
de guerra también?
Ahora Shouryuu rio.
—Este es el único territorio que tenemos. Sería
bueno tener un lugar al cual retirarse. Por desgracia, apenas hay espacio
suficiente para mecer a un gato. Sin embargo, una vez fuimos un clan marinero,
éramos el frente de la famosa flotilla In’noshima. Los tres clanes Murakami son
fuertes ladrones. Si la batalla se vuelve contra ellos, van a llamar a sus
hermanos en Noshima y Kurushima.
Shouryuu pronunció su pequeña conferencia con la
actitud de un profesor aburrido. Rokuta frunció el ceño.
—Hablas como si le estuviera pasando a otra
persona.
—Hacer un alboroto sobre ello no va a lograr nada.
Digamos que nos escapamos de los Ouchi y los Suou y nos la arreglamos para
evitar el ataque de los Murakami. Los Kobayakawa entonces seguramente nos
golpearán en nuestro punto más débil. —Sonrió—. No tengo hermano e hijas a
casar. Eso significa que no hay aliados fiables con lazos de sangre. Vamos a
tener que prepararnos para lo peor.
—¿No eres tú el heredero? ¿No serías el que corre
el mayor riesgo?
—Con mayor razón —Shouryuu respondió alegremente—,
para que hagas tus maletas. Sal antes que las hostilidades estallen. Ve al
oeste. Encuentra un lugar al que no haya llegado la guerra.
Los rumores de guerra se extendían como la pólvora.
Los trabajadores itinerantes sin casas o barcos fueron los primeros en
abandonar el feudo. Shouryuu pudo haber ayudado a avivar las llamas para
inducirlos a irse. Desde luego dejó de pasear por fuera del castillo. Los
pescadores iban al mar armados y almacenaban provisiones en las pequeñas islas
de la bahía.
A pesar de la dolorosa tensión y los repugnantes
vientos de la guerra que soplaba, sobre todo, Rokuta decidió quedarse.
En uno de esos días, llegó un mensajero de la casa
de campo a la choza del pescador donde se alojaba Rokuta. Le entregó a Rokuta
algo de dinero y le dijo que huyera para salvar su vida.
—El joven maestro dice que no hay razón alguna para
que los niños mueran aquí, sobre todo si no tienes ningún vínculo con este
lugar.
Rokuta preguntó sobre Shouryuu y le dijeron que
había ido fuera de los fuertes de la isla temprano en la mañana.
—El joven maestro está trabajando duro día y noche.
No habrá ninguna duda sobre sus habilidades después de esto.
Sosteniendo las monedas en la mano, Rokuta bajó a
la playa. Desde la orilla rocosa exploró las islas cercanas en la bahía, los
barcos amarrados en los muelles de la isla. A un lado de la entrada, estaban
construyendo un anclaje para buques de guerra.
—¿Qué sucederá? —La voz de una mujer se hizo eco
desde las sombras a los pies de Rokuta.
Rokuta no respondió.
—¿No es él el emperador? —Yokuhi señaló lo obvio,
pero Rokuta se mantuvo callado—. ¿No dejaste el Monte Hou y cruzaste el océano
debido a que el emperador estaba aquí?
—Sí, lo hice, pero no lo hice a propósito.
—Los buques de guerra se reúnen en esa isla lejana.
Si te quedas aquí, Enki, quedarás atrapado en la conflagración.
—Lo sé. —Rokuta apretó las monedas—. Yokuhi,
Rikaku.
—Sí —fue la respuesta sin forma.
—Si es necesario, protejan a Shouryuu. Manténganse
al margen de la lucha. No maten a ningún enemigo. Si ocurre lo peor, agárrenlo
y llévenlo a un lugar seguro. Se lo debo. No puedo dejar que muera.
—Pero…
—Vayan. Tengo otros shirei.
—Sí —fue la voz de sus sirvientes.
Debido a que Shouryuu estaba allí para mí cuando
más importaba, trató de convencerse a sí mismo. Pero sabía que había mucho
más que eso. Si Shouryuu muere, ¿qué será de En?
Una voz le aseguró:
Estas cosas siempre se resuelven solas.
¿Estás seguro?, preguntó otro.
¿La Voluntad del Cielo caía solo en un hombre? Si
así fuera, entonces si Shouryuu moría aquí, significaba que En perdería a su
emperador.
Los pescadores y comerciantes sabían que no tenían
ninguna posibilidad de ganar esta batalla. Rokuta solo podría salvar a
Shouryuu, nombrarlo emperador, y llevarlo de vuelta a En. Pero ¿qué tal si eso
traía de nuevo la guerra a En? Él nunca se había permitido confiar en ninguna
criatura que se llamara a sí mismo emperador.
¿Shouryuu podría realmente salvar a En? Igualmente
era capaz de destruir a En tan profundamente, que nunca se levantaría de nuevo.
—¿Por qué debo ser el kirin?
Él encarnaba la voluntad de las personas, pero no
podía oír lo que tenían que decir. Si tan solo pudiera preguntarles a los que
se quedaron en esa tierra destrozada lo que debía hacer.
La lucha comenzó en serio apenas tres días después.
Las fuerzas Komatsu dieron una buena batalla contra las naves que rodeaban los
fuertes. Rokuta y los demás que se habían quedado atrás observaban desde la
costa. Mientras las guarniciones de la isla no se acabaran, los Murakami no
invadirían la tierra.
En el sexto día, un grito de guerra desgarró el aire
detrás de ellos. Cargando sobre las montañas que rodean la bahía, las fuerzas
Murakami atacaban por la retaguardia.
Las llamas envolvieron las torres de vigilancia por
delante y por detrás de ellos. El caos se derramó debajo de las colinas,
hacinando a Rokuta y a los otros en la orilla. Apenas lograron apilarse en una
flota de pequeñas embarcaciones cuando la mansión fue invadida. El fuego subió
por las torretas de la esquina. Los arietes rompieron la puerta principal del
castillo.
El padre de Shouryuu, el gobernante del dominio
Komatsu, echó a correr y murió mientras huía. Shouryuu era el heredero del
reino pirata de su padre, incluso si el enemigo los asediaba por todos lados.
Pasaron solo cuatro días hasta que el clan Komatsu
desapareció de la historia.

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