CAPÍTULO
5
—¡Lady Gyokuyou!
Taiki acababa de terminar de comer en la Pagoda del
Rocío Crepuscular cuando el Alto Oráculo apareció.
Gyokuyou entró silenciosamente en la pequeña
estructura de cinco habitaciones y un joven de pelo dorado iba tras ella. Teiei
se postró inmediatamente, haciendo una reverencia con su cabeza en el suelo.
¡La Genkun reconoció nuestra necesidad! ¡Lo supo!
—¡Solo ha pasado poco tiempo desde la última vez que
te vi y mira todo lo que has crecido! —dijo Gyokuyou sonriendo, mientras tocaba
el pelo de Taiki—. Tu melena también ha crecido espléndidamente. ¿Tus días son
buenos?
—Son muy bueno —respondió Taiki, sus ojos eran
atraídos por el joven detrás de ella. Los hombres eran raros en Houzan y Taiki
no había visto a Goson desde que lo había atacado.
—Este es el Taiho de Kei. Puedes llamarlo Keiki.
Los ojos de Taiki se abrieron como platos.
—¿Es… un kirin?
Gyokuyou asintió.
Taiki levantó la mirada, observando al hombre llamado
Keiki que había asentido de forma cortante y quien lo miraba sin ninguna
expresión en su rostro.
Taiki estaba extático por poder conocer a otro kirin
al fin, a pesar de que pareciera algo distante. Aunque el chico sabía que él
era un kirin, todavía tenía una idea muy vaga de qué era eso realmente.
Gyokuyou miró el interior del palacio, observando al
grupo de nyosen que estaban reunidas allí.
—Veo que la Pagoda del Rocío Crepuscular se ha
convertido en un lugar muy animado.
Enseguida Youka bajó la cabeza.
—Mis disculpas, Genkun, pero el señor Taiki odia
comer solo…
El Alto Oráculo se rio.
—Está bien. El Señor de Houzan no es otro que Taiki,
así que puede hacer lo que le plazca.
—Sí, Genkun.
—Démosle la bienvenida al Taiho de Kei. Se quedará
con nosotros por un tiempo, reserva un palacio para él.
—Sí, Genkun.
Los ojos de Gyokuyou supervisaban a las nyosen
mientras estas hacían sus reverencias y entonces, tomó la mano de Taiki.
—He oído que fuiste atacado por un intruso
confundido. Es algo muy desafortunado, ¿te hirieron?
—No mucho.
—Entonces, me alegro —dijo y entonces Gyokuyou
sonrió, haciéndole gestos a Taiki para que se sentara. Con sus ojos, le indicó
a Keiki que hiciera lo mismo—. El Taiho de Kei estuvo con nosotros en Houzan
antes que tú, Taiki.
—¿De verdad?
Taiki miró a Keiki, sus fríos ojos solo parpadeaban
como respuesta.
—Ambos nacieron en Houzan, así que son como hermanos.
El Taiho de Kei estará nuevamente con nosotras en la montaña un tiempo. Trátalo
como tratarías a tu hermano mayor y podrás aprender mucho de él.
—Sí, señora —Taiki sonrió y se dirigió a Keiki—.
Taiho de Kei, ¿ya has comido?
—Sí.
—¿Te gustaría algo de té?
—Me niego respetuosamente.
Taiki se rascó el cuello.
—Um, ¿en qué palacio te gustaría quedarte?
—Cuando estuve aquí antes, viví en la Pagoda del Loto
Morado.
—Está bien, ¿quieres ir allí? ¿Puedo ir contigo?
—Por supuesto.
Keiki se levantó y Taiki lo siguió. Dio unos pasos
tras el kirin mayor y entonces se giró para hablarle a Gyokuyou.
—¿Estarás con nosotros por un tiempo, Lady Gyokuyou?
¿O te vas nuevamente?
Gyokuyou sonrió.
—No tengo nada importante que atender. Si lo deseas,
cenaré contigo, Taiki.
—¡Por favor! —Sonrió Taiki y luego se fue tras Keiki.
Gyokuyou y las nyosen rieron.
Cuando los dos kirin desaparecieron de la
vista, Teiei le habló dudosa a Gyokuyou:
—No quiero ser impertinente, pero…
—Di lo que piensas.
—Es solo que el Taiho de Kei no es exactamente muy
extrovertido, quizás con Taiki…
No tuvo que decirlo todo, pues Gyokuyou lo entendía.
El Alto Oráculo rio fuertemente.
—El Taiho de Kei puede ser algo seco y formal.
Teiei no dijo nada. Keiki había nacido en Houzan y
había vivido allí hasta hacia poco, así que todas las nyosen lo conocían
personalmente. Habría sido educado de su parte negar lo que Gyokuyou había
dicho, pero no pudo. En su lugar, esperó a que la Genkun hablara nuevamente.
—Debido a su conexión, había pensado en la Taiho de
Ren, pero su reino está en medio de una agitación y no podía llevarme a la
Taiho en tiempos de necesidad.
Teiei había escuchado rumores de los problemas en el
reino natal de Renrin, así que asintió.
—Siguiendo esa línea —Gyokuyou continuó—, se me
ocurrió que el Taiho de Kei era el más cercano en edad a nuestro kirin.
Aunque él también tiene dificultades de las que encargarse en su reino, pensé
que quizá sería bueno que estuviera con Taiki por un tiempo. Quizá algo de la
extroversión de nuestro señor actual se le contagie.
Teiei aguantó la risa.
—Sí, Genkun.
Gyokuyou rio ligeramente y entonces su expresión se
puso seria.
—La Emperatriz de Kei tiene una tendencia a alejarse
de sus propios pensamientos y con un Taiho tan estoico, es posible que se
vuelva aún más distante. Será bueno para Keiki aprender algo de la alegre
personalidad de Taiki, por el bien de su ama.
Teiei asintió en silencio.
Parecía que Houzan no era el único lugar en los Doce
Reinos que conocía el sabor de los problemas.
Taiki se apresuró tras Keiki, la usual comitiva de nyosen los
seguían de cerca.
No era algo simple para el chico alcanzar al kirin
adulto, pues daba unas largas zancadas y ni siquiera intentaba bajar el paso.
Así que para el momento en que llegaron a la Pagoda del Loto Morado, Taiki
estaba jadeando.
Esa pagoda era algo similar en estructura a la Pagoda
del Rocío Crepuscular. Keiki entró, recorriendo las habitaciones por un rato.
Taiki pensó que el kirin adulto estaba recordando el pasado, así que se
quedó silenciosamente de pie y esperó.
Después de haber visto todo el edificio, Keiki
encontró una silla en la habitación central y se sentó. Taiki, inseguro de qué
hacer, se quedó de pie junto a él.
Había un simple juego de muebles en el palacio, pues
las comodidades y decoraciones que lo hacían sentir como un hogar ya habían
sido removidas. Keiki se sentó, aparentemente perdido en sus pensamientos,
siguiendo los movimientos de las nyosen con el rabillo del ojo, mientras
ellas arreglaban su lugar de estancia con todas las cosas que necesitaría
mientras se quedara.
Gradualmente, Taiki se sintió más y más agitado,
parecía que el kirin adulto había olvidado completamente que él estaba
allí. Keiki parecía tan abstraído que el chico no se atrevió a romper el
silencio. Sintió que estaba siendo grosero solo por quedarse tan cerca de él,
así que se quedó allí de pie, sin saber qué hacer, hasta que una nyosen
trajo té y lo acomodó en la pequeña mesa de la habitación.
—Le pedimos perdón por el alboroto —dijo una de
ellas—. ¿Quiere algo de té? —dijo, ofreciendo a Keiki un elegante tazón lleno
del caliente líquido—. ¿Sabe? Si se sienta ahí tan callado, el señor Taiki no
sabrá qué pensar de usted.
—Ah… —Keiki miró a Taiki, finalmente registrando su
presencia—. Lo siento mucho —dijo, mientras inclinaba su rostro sin expresión
en la dirección del joven kirin.
—Um… siento que estoy en el medio. Quizá deba irme
—dijo Taiki dubitativo.
Fue una nyosen quien le respondió, no Keiki.
—No, para nada. Toma, señor Taiki, aquí hay algo de
té para ti.
La nyosen le ofreció una silla y, después de
dudar por un momento, se sentó, sintiéndose extremadamente incómodo.
—Um… —Empezó tras una larga pausa—. ¿Dónde vives,
Taiho de Kei?
Se sentía muy poco natural dirigirse a Keiki por su
título, pero Taiki había escuchado a las nyosen hablar así, así que las
imitó.
—Kei.
—¿Qué tipo de reino es Kei?
—Un reino oriental —respondió Keiki monótonamente.
No dijo nada más, dejando a Taiki preguntándose qué
tipo de lugar era realmente el reino natal de este kirin.
—Así que, ¿tú también vivías en Houzan, Taiho?
—Así es.
—¿Desde tu nacimiento? Yo acabo de llegar.
—Desde mi nacimiento.
—¿Y cuánto te quedaste?
—Hasta hace dos años.
—Oh, así que escogiste a tu rey hace dos años.
—Conocí a mi rey hace solo un año.
—Ah —tartamudeó Taiki—. Así que hace dos años te
fuiste de Houzan para buscarlo, ¿verdad?
—Correcto.
—Um… —Taiki miró su tazón de té. El olor de las
flores llegaba a su nariz—. Me preguntaba, ¿cómo es escoger a un rey? Youka
dice que debo tener una revelación, pero no estoy seguro de qué significa.
—Lo sabrás cuando llegue el momento —respondió Keiki
secamente.
—¿Estás seguro de que podré escoger al rey?
—Sí, está en la naturaleza del kirin poder
hacerlo.
—¿Aunque no sepa qué es una revelación?
Es difícil describir una revelación con palabras,
pero cuando encuentres a tu rey, sabrás que es el elegido.
—¿Y si escojo a alguien equivocado y no al rey?
—Eso no puede pasar, conocerás al rey por su ouki.
—¿Ouki?
El rostro inexpresivo de Keiki asintió.
—El rey posee un aire real, algo así como una
presencia o aura. Es diferente del resto, lo sabrás.
—Bueno, tal vez no lo sabría porque soy diferente a
los demás kirin. Tal vez mi forma de escoger también sea diferente.
—No conozco a otro kirin negro, así que no
sabría decir.
—Oh.
La perplejidad de Taiki se acrecentó. Quería tanto
encontrarse con otro kirin, pero ahora estaba frente a uno y era
demasiado frustrante sentir que no había progreso. Una delgada capa de sudor se
formó en su frente.
—Y cuando te fuiste de Houzan, ¿cómo buscaste al rey?
Para Taiki era una cosa escoger al rey de la gente
que llegaba a ti, pero era otra muy diferente salir a buscarlo, sin siquiera
saber en dónde en todo el mundo podía estar.
—Seguí el ouki para buscarla.
—¿Quieres decir que saliste y conociste a muchas
personas para verificar si tenían el ouki o no?
—Así funciona el ouki, aunque el rey no esté
frente a tus ojos, puedes sentir la dirección en la que él o ella están.
Entonces solo debes sentirlo.
—Ya veo… —dijo Taiki, sin entenderlo—. Tú… Taiho de
Kei, puedes transformarte, ¿no?
—No hay kirin que no pueda.
—Yo no puedo. No sé cómo hacerlo.
Keiki miró a Taiki. Sus ojos eran de un
extraordinario color púrpura.
—¿Me preguntarías cómo levantar tu brazo? ¿Acaso
estudiaste cómo caminar?
—No…
—Es igual a esas cosas. Me puedes preguntar cómo me
transformo, pero no sabría decirte y aunque intentara explicártelo, no te
ayudaría en nada.
—Oh… —Taiki bajó la cabeza.
Tal vez nunca pueda hacerlo.
Un largo silencio apareció. Al darse cuenta de que
Keiki no iba a decirle nada, Taiki se puso de pie. Ahora quería ver a Sanshi
más que nada.
—Siento haberte molestado —Hizo una reverencia y el kirin
adulto asintió como respuestas—. ¿Te veré para la cena?
—Parece que Lady Gyokuyou quiere que cenemos juntos.
—Cierto… siento ser una molestia. Me iré ahora.
—Adiós.
Taiki hizo otra reverencia y se dio la vuelta para
irse. Caminó lo más rápido que pudo, pero antes de llegar a la entrada, sus primeras
lágrimas cayeron. Sus pies se detuvieron abruptamente al escuchar a una nyosen
correr tras él. La tristeza y la vergüenza lo embargaban.
—Taiki…
Una mano tocó su hombro, su peso y calidez hicieron
que la tristeza resurgiera.
—Tal vez no soy un kirin.
—Claro que lo eres.
Los suaves brazos lo acogieron.
—Si soy un kirin, entonces soy uno inútil.
—Eso no es verdad, Taiki.
—Sí, lo es —Taiki abrazó a la nyosen—. Lo
siento…
Lo siento por ser inútil.
Lo siento porque todas me aman tanto.
Lo siento porque no puedo hacer nada de lo que
esperan que hagan.
“¿Cómo se convirtió en un llorón?”.
Taiki recordaba la queja favorita de la abuela.
“No pasa nada”, su madre le decía. Su mano le
daba palmaditas en la cabeza que eran igual que las de la nyosen.
“No te preocupes por lo que dice la abuela. Eres
un chico amable y eso me gusta”.
Entonces, ¿por qué mamá lloraba tanto?
Cuando le decía que lo sentía, ella le decía que no
había por qué disculparse. Sonreía con sus ojos llenos de lágrimas y tocaba su
pelo suavemente.
—No dejes que te moleste —dijo la nyosen,
dándole palmaditas a Taiki en la espalda. Con su mano cálida, sostuvo la de él
y lo acompañó de vuelta a la Pagoda del Rocío Crepuscular. Allí, Youka y Teiei
lo consolaron de la misma forma.
—No hay prisa.
—Es verdad. Aunque puedas transformarte o no,
definitivamente eres un kirin. No debes preocuparte por eso.
“No te preocupes por lo que dice la abuela”.
—Y ese Taiho de Kei, no he conocido a persona más
grosera.
“Es que ella tiene un temperamento fuerte”.
—Por favor, no llores. Aunque no puedas
transformarte, a ninguna de nosotras le importa.
“No tienes que pedir perdón”.
—Es verdad, Taiki. No te preocupes por eso.
Sanshi también lo consolaba. Tocaba su cabello y lo
sostenía entre brazos, mirando su rostro.
—¿Salimos un rato? La brisa de la tarde te sentará
bien.
La amabilidad de todas hacía que fuera más difícil de
soportar. Cada mano cálida y cada suave voz parecían apuñalarle el corazón.
—Que tengas una buena caminata, Taiki —dijo Youka,
poniéndole un hoh sobre los hombros—. Pero regresa a tiempo para la
cena. Es muy interesante cuando la Genkun está presente.
Youka los despidió y Sanshi lo llevó fuera del
palacio, sin embargo, las lágrimas seguían saliendo.
—¿Qué haremos con usted, Taiho? —Gyokuyou suspiró profundamente. Estaba
sentada en la Pagoda del Loto Morado con Keiki a su lado, una expresión de
consternación se mostraba en el rostro de él—. Taiki todavía es pequeño, ¿cómo
pudo hacerlo llorar?
—Me niego a la sugerencia de que era mi intención
hacerlo llorar.
—Entiendo, sin embargo, quizá deba mejorar un poco la
forma de comunicación con el joven kirin.
—Me preguntó cómo nos transformamos, pero yo no sé la
respuesta. ¿Cómo puedo mejorar la verdad?
Gyokuyou suspiró nuevamente.
—Tal vez no pueda, sin embargo, la verdad tal como
es, es algo cruel. Como sabe, Taiki está en una posición desafortunada, pues
pasó sus primeros años en Hourai. No será tan fácil para él como fue para
usted, Taiho de Kei. Él tendrá que…
—¿Y por qué no le preguntas al Taiho de En que te
ayude? Él nació en Hourai. Yo no estoy cualificado para esto.
—Keiki —dijo Gyokuyou con un filo en la voz—, sea
como sea, le pedí ayuda a usted. Lo hice porque sentí que era lo mejor tanto
para usted como para el joven señor.
—Pero yo…
—¿Seguramente no creerá que ignoro sus propias
preocupaciones, no es así, Keiki?
Ahora era el turno de Keiki para suspirar, su
inexpresivo semblante se hacía más oscuro mientras sus pensamientos se enfocaron
en la emperatriz que había dejado en su reino natal.
La ama de Keiki había sido nacida y criada como la
hija de un mercader común. Para decirlo de buenas formas, era delicada; para
decirlo de malas formas, era débil. No podía manejar las responsabilidades del
trono enjoyado. Día a día, su autoridad menguaba y mientras perdía su
influencia, empezaba a abandonar sus deberes como gobernante, escogiendo en su
lugar, esconderse en el palacio y nunca salir. No importaba cómo Keiki la
regañara o le rogara, la situación no mejoraba. Además, era claro que ahora lo
evitaba.
—El Taiho de Kei no ha dicho nada incorrecto, estoy
segura. No obstante, debe aprender que a veces estar en lo correcto no es
suficiente.
Ahora Keiki estaba confundido. ¿Cómo era posible que
estar en lo correcto no era el mejor camino?
—Primero que todo, debe considerar los sentimientos
de quien le habla. Taiki es una persona simple y directa, además de un niño. Si
su franqueza lo asusta hasta a él, entonces considero que es incapaz de ayudar
en los problemas de la Emperatriz de Kei, pues ella es una criatura más
difícil.
Nuevamente, Keiki suspiró.
—¿Dónde está Taiki?
Keiki se había detenido para hablar con una nyosen
en uno de los pequeños caminos del laberinto, ella señaló hacia una abertura
entre las rocas altas cerca del borde exterior del Palacio Houro.
—Está en el jardín de lirios de día. Por favor, sea
amable con él.
—No tengo otra intención.
Prácticamente todas las que lo habían visto le habían
dicho algo similar y para este momento, Keiki ya se sentía algo desalentado por
el asunto.
La nyosen sacudió la cabeza.
—Aunque no sea la intención del Taiho de Kei, a veces
sus palabras pueden ser algo frías.
—Tendré cuidado al hablar con el chico.
Fue la única respuesta que pudo dar ante tales
circunstancias.
Con paso lento y un corazón pesado, Keiki continuó su
caminata, soportando los comentarios y observaciones cínicas de las nyosen
hasta que finalmente llegó al claro que tenía los lirios de día.
En el borde del jardín, el kirin se detuvo,
mirando la escena ante él. Una blanca nyokai estaba en la mitad de las
flores amarillas, sus cuatro patas estaban dobladas. Taiki yacía acurrucado a
su lado, sus delgados brazos se aferraban al cuerpo del leopardo.
Es raro para ser kirin.
Aunque estaba seguro de que el joven señor era un kirin,
era algo difícil aceptar el extraño color de su melena y había otras razones
para la incomodidad que sentía Keiki. Primero, no estaba acostumbrado a estar
con niños. El pequeño cuerpo de Taiki y sus delgados miembros lo hacían ver
como algo raro, una criatura completamente diferente, especialmente como se
veía ahora con sus brazos caídos y sus dedos en el pelaje de Sanshi. La
apariencia extraña y débil del chico hacía que Keiki sintiera algo en su
estómago.
Keiki estaba dubitativo, preguntándose si debía
llamarlo, cuando la nyokai se levantó. Taiki sintió su alarma y por un
momento después de levantarse, miró alrededor. Cuando vio al kirin
adulto, sus oscuros ojos se abrieron de par en par. Se dio prisa en limpiarse
el rostro con la manga y entonces se levantó e hizo una reverencia.
—Siento lo de antes.
—No —Empezó Keiki, agregando—: Soy yo quien debe
disculparse. Parece que mi forma de hablar es algo fría.
—No —dijo Taiki, negando con la cabeza y Keiki se
preguntó cómo un cuello tan delgado podía soportar esa cabeza—. Es solo que… no
soy muy bueno con esto, esto de ser un kirin. Lo siento.
—No, puedo… ¿puedo quedarme?
—Claro, si quieres.
Keiki se acercó y se sentó cerca de los lirios de
día; Taiki se sentó a su lado. Keiki miraba mientras la nyokai se
alejaba unos pasos y hacia una reverencia para ambos.
—¿Esta es tu nyokai?
—Sí, su nombre es Sanshi.
—Es una buena nin’you.
Taiki parpadeó.
—¿Hay mejores nyokai que otras?
—Sí, las que son como Sanshi, que tienen muchas
partes de bestia, son consideradas las mejores —Y miró a la nyokai—.
Sanshi, puedes irte. Yo cuidaré de Taiki.
Sanshi hizo una gran reverencia y se dirigió a uno de
los caminos a la salida del jardín.
Keiki frunció el ceño.
¿Por qué camina y no desaparece simplemente?
—Es una buena nin’you pero su poder no ha sido
liberado. Me pregunto el por qué —murmuró y junto a él, Taiki ladeó la cabeza.
El pelo del joven kirin tocaba los lirios altos y los hacía mecerse.
»Mmm —La
voz de Keiki se hacía más contemplativa—. Es porque tu poder tampoco ha sido
liberado. La conexión de la nyokai con su amo es profunda. Si un kirin
se enferma, la nyokai también.
—Estoy… ¿enfermo?
—Era un ejemplo, pero quizá no está lejos de la
verdad.
—Oh…
Al ver cómo se desanimaba el chico, Keiki suspiró.
Esto iba a ser más difícil de lo que esperaba.
Por un rato, Keiki no dijo más nada, buscando en silencio alguna forma
de empezar una conversación. A su lado, Taiki miraba al suelo.
—¿Puedo preguntar algo? —dijo el Taiho después de un
largo silencio—. ¿Por qué lloraste antes?
Podía no ser la pregunta más delicada, pero Gyokuyou
le había pedido a Keiki que comprendiera el corazón del joven kirin.
—Lo siento —respondió Taiki, enroscándose más
todavía.
—No esperaba una disculpa, no hay necesidad. Solo
quiero saber la razón.
Taiki bajó la mirada.
—Porque estaba triste.
—¿Por qué?
—Pensé “¿y si nunca aprendo a transformarme?”, porque
las nyosen están esperando que lo haga.
—¿Estás muy preocupado por lo que piensan las nyosen?
Taiki levantó la mirada con una expresión de
ansiedad.
—Sí, son todas muy amables conmigo. Sé que me dejan
vivir en Houzan porque soy el kirin y es por eso por lo que son amables,
pero no puedo hacer lo que se supone que debo hacer. Y me gustaría hacer algo
para agradecerles… así que cuando pienso que ese día nunca llegará, me pongo
triste.
Cuando hablaba, lágrimas caían de sus ojos y
empezaban a mojar sus pestañas.
—Estás llorando. Las nyosen me regañarán de
nuevo.
Taiki parpadeó.
—¿Las nyosen regañan al Taiho de Kei?
—Sí, frecuentemente. No conocen límites si se trata
del Señor de Houzan.
Al oír esto, Taiki sonrió levemente.
—Estás preocupado por ellas, sin embargo, ellas solo
existen para cuidar de ti, Taiki. Tú eres su amo.
—Pero… —murmuró Taiki y bajó la cabeza nuevamente—.
No puedo hacer nada sin su ayuda. Tienen que cuidarme todo el día, ¿cómo podría
yo ser su amo?
—Tú eres… raro, Taiki.
—Lo sé…
La voz de Taiki sonó nuevamente llena de tristeza,
causando que Keiki entrara en pánico. En su mente, no pudo evitar pensar que
claramente no estaba cualificado para hacer esto, tal como le había dicho a
Gyokuyou. No sabía qué estaba pensando cuando le había pedido venir.
—No era una crítica.
—Lo sé —dijo Taiki nuevamente, asintiendo resignado.
Otra lágrima cayó por su mejilla y cayó brillante al suelo—. En casa todo era
igual.
—¿En casa?
—Mi casa en Hourai. Nunca pude hacer que la abuela o
mamá estuvieran felices conmigo, siempre cometía errores y la abuela se
enfadaba y mis padres suspiraban.
Taiki había sido llevado a Hourai. Keiki recordó el shoku
que lo había hecho claramente, pues él había estado en Houzan en ese tiempo.
—Cuando Sanshi vino por mí, regresé a la montaña,
aprendí que el Palacio Houro era mi verdadero hogar y todo tenía sentido. No
pertenecía a Hourai, por eso nunca nada bueno me pasó allí. Pero ahora siento
que es lo mismo aquí. Por supuesto, nadie me regaña aquí o llora por mi culpa,
pero todavía siento que no puedo hacerlos feliz. Algunas veces, me preocupa no
ser un kirin. Y si no lo soy, entonces no pertenezco al Palacio Houro, ¿verdad?
Es igual a cuando no pertenecía a mi hogar.
Por primera vez, Keiki entendió la agitación que el
chico debía haber sentido cuando se lo llevaron del lugar donde vivió por diez
años. Aun para Keiki, había sido difícil dejar Houzan cuando el momento llegó.
¿Cuán difícil habría sido para este pequeño, este kirin solitario que
lloraba tan fácilmente?
—Pero ciertamente eres un kirin, Taiki.
—¿Estás seguro?
—Los kirin pueden sentir a sus iguales y
definitivamente tienes el aura de un kirin.
Taiki miró a Keiki.
—Es algo como una luz dorada. Puedo verla claramente.
Taiki se miró a sí mismo y entonces se concentró en
el aire alrededor de Keiki.
—Pero yo no puedo ver nada.
—Es porque tu poder no ha sido liberado, pero no
temas, eres un kirin.
—Y… pertenezco a Houzan aunque no pueda hacer cosas
de kirin.
—Sin duda.
Taiki suspiró aliviado y secó sus lágrimas de un
parpadeo.
—Tal vez —dijo Keiki tras una pausa—. ¿Echas de menos
tu hogar en Hourai?
—Sí, a veces, aunque pienso que no debo, no es justo
para las nyosen.
—Yo… no tengo madre, así que no lo sé, pero ¿extrañas
a tu madre de Aquel Lugar?
Keiki sabía que la Emperatriz de Kei extrañaba a su
madre, extrañaba su antigua vida y a veces le exigía que la volviera una chica
normal nuevamente.
—¿El Taiho de Kei no tiene madre?
—No es raro que un kirin no tenga, nacemos del
árbol.
—Entonces supongo que tengo suerte.
—Aunque tenía a mi nyokai y a las nyosen,
por supuesto, pero… no una madre. ¿Tal vez te gustaría verla nuevamente?
Taiki no respondió. Solo asintió.
—No debes preocuparte sobre lo que las nyosen
piensen —dijo Keiki y el pequeño kirin asintió nuevamente.
—Pero yo no pertenecía allí, así que es estúpido
querer verla.
—No sabría decirte.
—Y las nyosen son tan buenas conmigo, ¿cómo
podría sentirme solo?
—Es muy posible.
—¿De verdad?
—Claro.
Taiki había empezado a llorar de nuevo
silenciosamente. Rodeando sus rodillas con los brazos, echó su cabeza hacia
adelante y escondió su cara en la túnica.
Keiki lo miró, sintiéndose desesperanzado, su corazón
se hundía. Maravilloso. Lo hice llorar de nuevo.
—Ajam… ¿Taiki?
—Lo siento.
El pequeño kirin se acurrucó más, como si
quisiera hacerse más pequeño de lo que ya era. Su pelo color acero le caía en
la cara, dejando su delicado cuello expuesto al aire frío. Sus hombros temblaban
y se veían fríos también, así que después de considerarlo por un rato, Keiki
puso su mano en el hombro del niño.
—Lo siento —dijo la voz de Taiki entre sollozos.
¡Y ahora se disculpa de nuevo!
—No hay por qué disculparse.
Cuando escuchó estas palabras, el pequeño kirin
empezó a llorar fuertemente. Keiki abrazó el ligero cuerpo del niño como había
visto a las nyosen hacer y Taiki se aferró a él. Keiki descubrió que
sentía lástima por él y algo más: una amabilidad que nacía de la calidez de la
forma humana del kirin. Delicadamente, Keiki le dio palmaditas en la
cabeza y Taiki se aferró aún más.
—Yo… —dijo Taiki, hablando entre lágrimas—. Quiero…
irme a casa…
—Sí, claro que sí.
—Quiero… ver a mi madre.
Ah, pensó Keiki, el pequeño extraña su
hogar.
Una luz rosada coloreaba el cielo. El sol occidental reflejaba el mar
de nubes, creando un complejo patrón de rayos refractarios.
Taiki siguió
caminando, pensando en casa mientras Keiki lo llevaba de la mano por el
laberinto que ahora estaba siendo atravesado por la inclinada luz y profundas
sombras de la tarde.
Era divertido jugar en el laberinto. Se había
acostumbrado a una vida sin escuela muy rápido y nunca había tenido amigos, así
que no le costó mucho acostumbrarse a no tener otros niños alrededor.
Sanshi y las nyosen estaban allí para él todo
el tiempo. Aquí no había una abuela enojada que le gritaba o peleaba sobre él
con su madre. No tenía que ver a su madre llorar después o discutir con su
padre en la noche. Tampoco lo llamaría su padre después de una pelea,
suspirando todo el tiempo.
Las nyosen le habían dicho que Houzan era su
verdadero hogar y él no había dudado que aquí era a donde pertenecía. Las
mujeres del palacio eran cálidas y comprensivas, le dieron la bienvenida con
los brazos abiertos y le mostraron su amabilidad.
Taiki sabía que estaban muy felices por su regreso.
Es por eso por lo que me sentía mal por pensar en
casa.
Y, aun así, de vez en cuando, algo le recordaba de
algún buen momento allí y entonces, mientras lo recordaba, los pasillos de su
casa parecían mucho más cómodos que los curvos caminos sinfín del laberinto y
su antiguo jardín era más hermoso que cualquier claro de la montaña. Y antes
que pasar su tiempo rodeado de nyosen, pensaba que sería más divertido
estar de vuelta en el colegio, aunque los otros chicos no jugaran con él, solo
verlos jugar al escondite o a la pelota era divertido. Y su familia parecía más
amable y cariñosa que cualquier nyosen, incluso más que Sanshi.
Pensó sobre su familia ahora. Probablemente estarían cenando,
su madre, su abuela y su hermano estarían sentados alrededor de la mesa. Se
preguntaba cuándo papá llegaría a casa, tal vez llegaría del trabajo temprano y
podrían darse un baño todos juntos.
A través de la niebla del recuerdo, todo parecía
maravilloso.
Se preguntaba si las hortensias en el jardín ya
estarían floreciendo. Tal vez la abuela había salido con su sombrilla. Quizá
ella y mamá habían discutido y mamá estaba limpiando el baño nuevamente. Se
preguntaba si su hermano menor iba al baño él solo de noche.
Me pregunto si siquiera me recuerdan.
Sería triste que no lo hicieran, sería peor que lo
recordaran, pero se alegraran de su partida. Si estuviesen tristes por su
desaparición, eso sería lo peor.
—¿Taiki?
Taiki se dio cuenta de que iba a llorar nuevamente y
parpadeó fuertemente para retener las lágrimas.
—¿Sí?
—¿Me acompañas a la Pagoda del Loto Morado?
Miró a Keiki. Su rostro estaba inexpresivo como
siempre, pero su mano era cálida mientras sostenía la de él.
—Pero Lady Gyokuyou…
—Solo un momento.
—Está bien.
Keiki lo guio al palacio, retiró a las nyosen
que salieron a saludarlos y le mostró a Taiki su habitación. El sol de la tarde
brillaba sobre la pared rocosa que delimitaba el pequeño jardín en el lado
oriental del palacio, justo afuera de la ventana de la habitación, haciendo
brillar el musgo de muchas formas de verde. Los colores se reflejaban dentro y
hacía brillar el cuarto como un bosque en la menguante luz del día.
Keiki tocó la cabeza del chico y entonces lo soltó,
dirigiéndose al centro del cuarto. Se quedó de pie allí por un momento, su
rostro algo respingón y los ojos cerrados. Taiki había empezado a preguntarse
si algo iba a pasar, cuando pasó.
Era como ver alguna película rara. Sin ninguna
advertencia, la forma de Keiki repentinamente se tambaleó y se derritió ante
sus ojos. Parecía un video que una vez había visto de vidrio y metal
derritiéndose en una caldera, pero no sintió calor. Por un momento, la forma
fundida de Keiki brilló con una luz dorada y entonces parecía como si lo empujaran
de muchas direcciones al mismo tiempo, incluso parecía que le daban vuelta de
adentro hacia afuera como a una chaqueta de doble cara. Antes de que el chico
pudiera decir algo, una increíble bestia estaba frente a él.
—Ah…
Todo había pasado en un momento, hubo un sonido
mientras las ropas de Keiki caían de la criatura. Entonces, la bestia bajó la
cabeza y miró a Taiki.
Esos vívidos ojos morados permanecían iguales. Su
pelo dorado, o, mejor dicho, su melena, era del mismo tono. El cuello de la criatura
no era largo como el de una jirafa después de todo. Su cuerpo y sus patas eran
parecidas a los de un caballo, pero más delgadas, como los de un ciervo. Y su
cálido cuerpo amarillo era adornado por un hermoso pelaje que cambiaba
sutilmente de tono con el movimiento o si la luz cambiaba.
—Un kirin.
Por primera vez, Taiki realmente entendía lo que era
un kirin. Observó su rostro, hermoso y delgado, más como el de un ciervo
que el de un caballo, un parecido que aumentaba por el cuerno que salía de la
frente de la criatura y se dividía simétricamente a ambos lados. Sin embargo,
el cuerno era más pequeño que las astas de un ciervo y el kirin solo
tenía uno. El cuerno era pálido, pero tan lustroso como el nácar con un ligero
tono dorado y el sol de la tarde lo teñía de escarlata.
La melena dorada que crecía del flexible y curvado
cuello parecía corta, considerando que el pelo de Keiki le llegaba casi a las
rodillas en forma humana. Cada cabello parecía más delgado y ligero, por lo que
a pesar de que solo había una ligera brisa en el palacio, se ondulaba como una
llama dorada.
Los pies del kirin eran como los cascos de un
caballo y su cola era larga tupida. La parte de la cola que estaba conectada al
cuerpo era muy delgada; y su longitud y grosor lo hacían parecer algo entre la
cola de una vaca y de un caballo.
—Taiho de Kei… es… ¿esto es un kirin?
—Lo es.
Aunque el chico no lo esperaba, la criatura respondió
con la voz de Keiki.
—Me imaginaba algo completamente diferente.
—¿Sí?
Cuando el kirin se acercó, Taiki vio que era
bastante grande. Aunque parecía delgado al principio, se daba cuenta ahora de
que solo era un poco menos robusto que un caballo. Taiki quería tocar su
brillante pelaje, pero la idea de que esta criatura también era el hombre
llamado Keiki, lo hizo detenerse.
—Es solo que no me esperaba que los kirin
fueran tan… hermosos.
Taiki se quedó aturdido hasta que Keiki bajó el
hocico y se acercó.
—¿Te gusta?
—Sí —Taiki pudo sentir sus mejillas sonrojarse—. ¿Yo
también seré así?
—El color será diferente, considerando que eres un kirin
negro.
—Ah, verdad.
¿Qué se sentirá al convertirse en una bestia tan
maravillosa?
—Así que… ¿tus patas delanteras son tus brazos?
—No, son mis patas delanteras. Cuando te transformas,
hay algo en ti que cambia la forma en que percibes tu cuerpo. Lo que era de una
forma se convierte en otra. Es difícil de explicar.
—¿Y tu cuerno y tu cola?
—No pienso mucho en mi cola, pero el cuerno es cálido
como si la punta estuviera encendida. Tal vez es porque es el lugar donde se
concentra mi espíritu. De hecho, esa es una buena forma de describir lo que
pasa cuando te transformas. Es como si tu consciencia se concentrara en tu
frente.
Tal vez pueda transformarme. Taiki imitó a
Keiki y cerró sus ojos, concentrándose en el medio de su frente. Por supuesto,
nada pasó. Taiki suspiró.
—Supongo que tuve muchas esperanzas.
—Paciencia.
—Ya sé. Dime algo, seguramente corres muy rápido en
esa forma, ¿no?
—Sí, e incluso en medio del Mar Amarillo los kirin
podemos correr sobre las nubes. Galopando los cielos somos más rápidos que
cualquier ave. Y si lo deseas, puedes recorrer el mundo entero.
—¿Incluso llegar a Hourai? Escuché que está al este,
más allá del borde de los Doce Reinos.
—Sí, incluso allí.
Taiki parpadeó. Qué maravilloso sería convertirse en
una hermosa criatura y galopar a través de los cielos. Si tan solo pudiera
aprender a hacerlo, podría ir a casa solo para echar un vistazo cuando la
soledad fuera demasiada para soportarla.
—Taiki —dijo Keiki después de un rato—. Mañana en la
mañana te dejaré montar sobre mi espalda si así lo deseas.
—¿De verdad?
—Sí, pero por ahora regresa al palacio. Lady Gyokuyou
estará esperando y yo me uniré pronto.
—Bien.
Taiki empezaba a irse cuando de repente se dio la
vuelta e hizo una gran reverencia.
—Taiho de Kei… Gracias.



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