CAPÍTULO
6
—Admitiré que al principio estaba preocupada… —Youka hizo una pausa en
su tejido. Taiki había crecido considerablemente desde su regreso a Houzan, las
nyosen estaban ocupadas haciéndole nueva ropa y alargando las mangas y
dobladillos de lo que ya tenía—. Sin embargo, parece que se ha encariñado con
el Taiho de Kei.
Una de las otras mujeres que cosía a su lado se rio
ligeramente y Youka le sonrió como respuesta. Nunca podría olvidar el rostro de
Taiki cuando llegó corriendo al palacio, gritando que Keiki se había
transformado para él; estaba tan emocionado por el paseo del día siguiente que
no pudo dormir hasta la medianoche. Había sido más difícil aún meterlo a la
cama al día siguiente, cuando había regresado con su pelo enmarañado por el
viento.
—Parece que la Genkun no s equivoca —dijo una de las nyosen
y todas rieron—. Incluso sorprendí al Taiho de Kei siendo como Taiki y
tratándonos consideradamente. Nunca pensé que vería ese día.
—Es verdad. Aunque su ceño fruncido sigue igual.
Keiki había vivido entre las pendientes de Houzan por
mucho tiempo y las nyosen no tenían piedad cuando el tema a discutir era
su famosa actitud.
—¡Pides mucho!
—¡Claro!
El sonido de la plácida risa hacía eco a través del
patio, seguido por el retumbar de ligeras pisadas en los caminos.
—Bienvenido de vuelta, joven señor.
—¡Hola!
Taiki entró al claro con su pelo despeinado y
enmarañado que todavía formaba una sombra de color acero sobre su pálido
rostro. El joven kirin era flanqueado por dos criaturas que iban a su
lado con aire protector. Una era Sanshi y el otro era Hankyo, una poderosa
criaturas parecida a un perro, era uno de los demonios shirei de Keiki.
—¿A dónde fuiste hoy?
—¡Keiki me llevó a Kazan! ¡Vimos muchas aves raras!
Youka no podía evitar sonreír al ver la gran sonrisa
de Taiki. Contra todas las apuestas, parecía que se estaba llevando bien con el
famoso Taiho solemne.
—Eso suena maravilloso.
—Mañana dice que me llevará al Mar Amarillo. ¡Me
enseñará a apaciguar demonios!
—¡Oh! —dijo Youka sorprendida.
Hankyo rio con una voz profunda.
—No debes preocuparte. Estaremos con ellos.
—Ah, supongo que tienes razón.
Youka asintió, aunque en su corazón no estaba
completamente despreocupada. Había poca necesidad de inquietarse con los
formidables shirei de Keiki presentes, pero ella sabía que en el pasado
algunos kirin perdieron sus vidas en el Koukai. Los demonios hambrientos
no diferencian entre humanos y kirin.
—Bueno —dijo—, debes bañarte, es casi hora de cenar.
—Muy bien —respondió asintiendo. El kirin se
dirigió a Sanshi y a Hankyo—: ¡Vamos!
Youka observó a Taiki correr con las dos criaturas
antes de que pudiera apartar su tejido y levantarse. Su expresión era pensativa
mientras se estiraba y se dirigía al laberinto.
—¿Pasa algo?
Youka llegó a la Pagoda del Loto Morado mientras
Keiki bajaba del camino que venía de la Cueva del Loto Morado. El agua que
salía del manantial en la cueva fluía colina abajo a través de un camino,
llegando a la laguna de lotos en frente del palacio.
—¿Planea llevarse a Taiki al Koukai?
—Ah, eso —dijo Keiki, tocando su pelo mojado—. No hay
nada de qué preocuparse. Mis shirei lo protegerán bien.
—Sí, pero…
Keiki rio irónicamente.
—Las nyosen consienten demasiado a Taiki.
—Taiki puede tener diez años, pero sigue siendo un kirin
joven.
—Y, sin embargo, no tiene tiempo para disfrutar de la
juventud —dijo Keiki, deteniéndose en la entrada de la pagoda mientras miraba
la laguna—. Solo falta media luna antes del solsticio de verano.
Youka bajó la cabeza.
—Acabo de venir del Portón de las Virtudes —continuó
el kirin—. Ya hay más de cincuenta hombres a caballo esperando allí a
que se abra.
—¿Tantos?
Keiki asintió.
—Ya que el Portón de las Virtudes está en el lado de
las montañas contrario al Reino de Tai, esperaba que no hubiera tantos, de
hecho, se me había ocurrido la idea de que nadie ascendería esta temporada; no
obstante, parece que ya hay muchos viajando hacia el portón, esperando que se
icen las banderas de kirin.
Algunas personas pasaban muchas lunas y muchos años
caminando alrededor de las Montañas Diamante. Si esperaban de esta forma,
podían entrar el siguiente Día de Paso Seguro después de que se izaran las
banderas de kirin. Esto se debía a que, con un caballo ordinario, no era
posible llegar a los portones a tiempo para el Día del Paso Seguro si salía de
casa después de que izaran la bandera. Una vez pasado el solsticio de verano,
estas personas llegarían al Palacio Externo Hoto.
—Quería que el chico tuviera sus propios shirei
para el solsticio.
Cada hombre que circulaba fuera de los cuatros
portones estaba seguro de que estaba destinado para ser rey y a veces las cosas
se les iba de las manos. No habría nada que temer si todos fueran personas
lógicas y sensatas, pero muchos se embarcaban en el viaje a Houzan precisamente
porque no lo eran; de allí la preocupación de las nyosen.
—No puedo alejarme por tanto tiempo de mi propio
reino —añadió Keiki—. Hace poco ascendió la nueva emperatriz y Kei está lejos
de estar tranquilo.
—Ha sido muy amable con nuestro Taiki, Taiho de Kei
—dijo Youka, cambiando el tema.
Keiki frunció el ceño.
—Así debe ser, no sea que me acusen de hacerlo llorar
nuevamente.
—Oh, ¿eso lo preocupaba? —rio Youka e hizo una
reverencia—. Nuestro señor kirin está en sus manos.
—No permitiré que nada le suceda o las nyosen
me gritarán hasta más no poder cuando me vean.
—Entonces aceptaré eso como una promesa.
—¿Qué piensas? —preguntó Keiki, ofreciendo una pequeña criatura a
Taiki.
Estaban cerca de las fronteras del mar Amarillo,
donde es difícil saber si se está en la falda de las Cinco Montañas o en el
comienzo del desolado Koukai: una vasta y escarpada tierra donde lo único verde
son unos cuantos arbustos que crecían pegados al suelo. La bestia que Keiki
sostenía entre sus manos era como un conejo de orejas cortas o tal vez una gran
rata flaca.
—¿Cómo dijiste que se llamaba? —preguntó Taiki
mientras lo recibía cautelosamente—. ¿Jakko? ¿Hiso? —El pequeño demonio
se sentó plácidamente en los brazos de Taiki. Podía sentir su corazón latiendo
fuertemente bajo el suave pelaje.
—Jakko. —No fue Keiki sino el demonio quien respondió
con una voz agitada. Keiki lo acababa de hacer su nuevo shirei.
—Hiso es el nombre de esta especia de demonio
—dijo Keiki al niño—. Significa “ratón volador”.
»Y el nombre de este es Jakko.
Taiki asintió mientras rascaba a Jakko bajo la
barbilla.
—Encantado de conocerte.
El pequeño demonio no respondió, pero hizo unos
sonidos.
—Parece que se le hace difícil hablar.
—Oh —dijo Keiki—. Los pequeños como este apenas
pueden hablar, solo pueden recordar algunas palabras simples.
Taiki había visto a Jakko agachado bajo uno de los
arbustos espinosos. Cuando el pequeño empezaba a correr, Keiki murmuró algo y
entonces observó directamente a los ojos de la criatura cuando esta se había
girado para verlo. Keiki había murmurado otra cosa y un segundo después, cuando
dijo el nombre de la criatura, Jakko caminó dócilmente hasta los pies del kirin.
Así se apaciguaban. Era algo decepcionante para
Taiki, que esperaba que fuera algo más elaborado o una ceremonia dramática.
—¿Siempre es así de fácil?
Keiki negó con la cabeza.
—Con uno así de pequeño, sí; pero los demonios más
grandes no son fáciles de amansar. Una vez pasé más de medio día mirando
fijamente a uno.
—¿Medio día? —dijo Taiki sorprendido. Keiki asintió
mientras tomaba a Jakko en sus brazos. Después de darle a la criatura una
ligera palmadita, la colocó en la espalda de Hankyo. Jakko se acurrucó en el
pelaje de Hankyo y empezó a tirarle de una de sus orejas.
—De hecho, estoy hablando de Hankyo. No fue fácil de
atrapar.
—¿De verdad?
Hankyo yacía plácidamente junto a un gran grupo de
rocas, aparentemente indiferente, mientras el demonio pequeño se divertía
halándole y mordiéndole las orejas.
—Cuando apaciguaste a Jakko parecía que solo lo
estabas mirando fijamente.
Keiki sonrió ligeramente.
—Parece sencillo, ¿verdad? Pero la mirada es la parte
más difícil. Es una lucha de voluntades. Si pierdes la concentración, el
demonio romperá el contacto visual y huirá… o podría atacarte.
Taiki escuchaba atentamente.
—El que pierde la concentración pierde la lucha. Si
estás enfrentándote a un pequeño demonio que simplemente va a huir, no importa:
pero si confrontas a uno grande, entonces el momento en que pierdas la
concentración puede ser el momento en que pierdas la vida. Si sus ojos se
encuentras y te das cuenta de que no puedes ganar, es mejor huir inmediatamente
antes de que empiece. Por supuesto, será difícil huir de un demonio grande sin
transformarte.
—Oh —dijo Taiki, mirando al suelo.
—No te preocupes —añadió rápidamente Keiki—. Tu nyokai
te puede dar algo de tiempo.
—¿No es peligroso para ella?
Keiki rio.
—Si el demonio es tan poderoso que ni tu nyokai
tiene una oportunidad, ella te lo dirá antes de empezar. Presta atención y
serás capaz de verlo por ti mismo. Eres una bestia, después de todo, y puedes
confiar en que tus instintos te advertirán de amenazas potenciales.
Taiki consideró eso por un rato y entonces sonrió.
—Es verdad, lo soy. Siempre se me olvida.
—No es algo que debas estar pensando todo el tiempo.
—Sí. ¿Y cómo se te ocurrió un nombre como Jakko?
Keiki miró al pequeño demonio en la espalda de
Hankyo. Un demonio de ese tamaño era prácticamente inútil como shirei,
probablemente lo dejaría libre para que jugara en el palacio.
—No escogí su nombre. Creo que… siempre fue suyo.
Taiki levantó la ceja.
—Después de mirarlo fijamente y que el demonio
pierda, su voluntad se debilita y es en ese momento que puedes leer su nombre.
Es difícil de explicar, pero es como si el nombre repentinamente apareciera en
tu mente, como una burbuja que sale de la superficie de un lago oscuro. Lo
llamas por su nombre y el demonio se acercará a ti. En este punto nunca volverá
a atacar a su kirin y permanecerá como un fiel sirviente hasta que sea
liberado al morir el kirin —dijo Keiki sonriendo forzadamente—. Respecto
a la escritura, tan solo inventa unos caracteres que vayan con los sonidos del
nombre.
—¿Pero no dijiste algo más? ¿Cómo un conjuro?
—Sí, pero no es absolutamente necesario hacerlo, es
solo algo útil si sabes qué hacer.
—Está bien… —dijo Taiki, sentándose encima de una
seca roca y rascándose la cabeza. Keiki se sentó a su lado.
—Para hacer un demonio tu shirei, haces un
pacto con él, sería más apropiado decir que atamos al demonio.
—¿Atar?
Keiki asintió.
—Los demonios existen fuera del Orden Celestial y al
atarlos, hacemos que sean parte de ese orden, sin posibilidad de irse
nuevamente. Los que aceptan el acuerdo se vuelven tus shirei.
—No entiendo.
Keiki suspiró.
—Lo siento…
—No hay porqué pedir perdón —dijo Keiki rápidamente—.
No es algo que esperaría que entendieras.
Ahora era el turno de Taiki para suspirar.
—Te lo explicaré. El Emperador de los Cielos creó el
mundo y determinó el Orden Terrenal para que la gente pudiera vivir felizmente.
Entonces, podría preguntarse uno, ¿por qué la gente se enferma y muere? ¿Por
qué los demonios atacan a la gente y los cataclismos toman tantas vidas? ¿Estas
cosas ocurren tras profundas consideraciones de los Cielos o simplemente las
ignoran? Sin importar la respuesta, todo esto va en contra de la bondad de
Tentei y ese es un hecho indisputable.
Taiki pensó un rato antes de asentir.
—En cualquier caso, es imposible para nosotros
entender las intenciones de los Cielos. Es suficiente para nosotros entender
que tal como hay muerte en oposición a la vida, hay cosas que se oponen al
Orden Celestial.
—¿Cómo luz y sombras?
—Sí, es una buena comparación. Nosotros, los kirin,
somos shinju que servimos al pueblo de los Doce Reinos y hay muchas
otras criaturas como nosotros que existen para hacer el bien. Sin embargo, hay
otras que solo existen para hacer daño.
—Te refieres a los demonios. Los que viven fuera del
Orden del cielo.
—Precisamente —dijo Keiki y volvió a sonreír.
—¿Así que escoges a criaturas que viven fuera del
orden y al apaciguarlos los dejas entrar?
—Así es. Para usar tu comparación, los demonios son
criaturas de las sombras. Para hacer buen uso de ellos, uno debe traerlos a la
luz, atándolos para que nunca regresen a la oscuridad de donde vinieron.
—Ya veo… pero ¿cómo?
Keiki volvió a suspirar.
—Nuevamente te digo, es difícil de explicar en
palabras. A decir verdad, ni yo mismo lo entiendo completamente. En parte es
algo relacionado con la fuerza de voluntad. Primero debes tener una firme
convicción de que el demonio que intentas apaciguar estará bajo tus órdenes.
Sin embargo, no es suficiente solo querer hacerlo.
Taiki sintió que había entendido perfectamente la
explicación de Keiki hasta ese momento, pero ahora, se observaba en él una
expresión de preocupación.
—Piénsalo de esta forma: los kirin tienen
poder. La grandeza de ese poder varía de kirin a kirin, pero es
un hecho que cada kirin lo posee.
—¿Es el poder que usan para transformarse?
—Así es, y debido a que es un poder, poco tiene que
ver con desear. No importa lo mucho que desees algo, si el poder que tienes es
insuficiente para alcanzarlo, no ganarás nada. A eso me refiero.
—Es parecido a la fuerza en tus brazos o la rapidez
de tus piernas.
—Sí, sí, eso es —dijo Keiki, aliviado de que su
pequeño amigo entendiera.
—¿Pero no es difícil mantener a los demonios atados a
la luz con tu poder? Es decir, ¿no tienes que concentrarte todo el tiempo? ¿Y
si tu poder se debilita?
Keiki volvió a suspirar.
—Lo siento —añadió Taiki.
—No, no te disculpes. Hay una explicación… aunque tal
vez sea más dura de lo que estás preparado para escuchar —Keiki bajó la voz—.
No te asustes, pero los shirei se comen a su kirin.
—¿Eh?
—Es decir que se comen el cadáver del kirin
después de su muerte. Los shirei se comen al kirin y hacen que el
poder del kirin sea suyo.
Taiki miró a Hankyo. La gigante cabeza del perro
demoníaco descansaba perezosamente sobre sus patas delanteras extendidas y
cuando Taiki lo miró a los ojos, la bestia apartó la mirada, aunque fue difícil
distinguir alguna emoción en su gesto.
Keiki sonrió.
—No te preocupes, Hankyo no te atacará. Los kirin
son criaturas de luz, los demonios son criaturas de las sombras. Si el kirin
no les da su poder, los shirei no podrán sobrevivir solos.
—Ah… vale…
—El kirin usa su poder para obligar al demonio
a que le sirva, casi podrías decir que el kirin lo saca a rastras de las
sombras y lo trae a la luz. Los demonios tienen poderes propios, así que sacar
a un demonio poderoso requiere usar una cantidad parecida de poder. Un demonio
puede juzgar el poder del kirin por la fuerza con la que el kirin
tira de él.
—¿Puede saberlo?
—Sí, además, el demonio sabe que, si permite que lo
aten, entonces cuando el kirin muera ese poder será suyo; entonces, el
demonio puede decidir si le conviene ser un shirei.
—Eso… tiene sentido.
—Ningún demonio que es sacado de las sombras
exitosamente se negará a servir debido a que sabe que recibirá el poder del kirin
al final.
—Así que por eso es un pacto.
—Sí. Por otra parte, para poder sacar a una criatura
de las sombras a la luz y para asegurarse de que nunca volverá, necesitas una
cadena para atarlo y para protegerte.
—¿Protección para que pueda vivir en la luz?
—Sí, exacto, aprendes rápidamente. Sucede que el
nombre es tanto la cadena que ata al shirei al kirin como tu
protección. Cuando el kirin con pura fuerza de voluntad saca al demonio
y lee su nombre, lo dice en voz alta, haciendo al demonio su sirviente. Por su
parte, el demonio determina el poder del kirin y al recibir su nombre,
recibe el derecho a comer del cadáver del kirin. Este es el pacto de
apaciguamiento.
—¿Entonces cuando el kirin muere y los shirei
coman del cadáver, los demonios volverán a ser libres, pero con nuevos poderes?
—Sí, a cambio, mientras sirvan al kirin, nunca
se volverán contra su amo. Lo protegerán con sus propias vidas y nunca le harán
daño de ninguna forma.
Taiki miró cautelosamente a Hankyo. Al verlo allí
reposando bajo el sol, esa despreocupada criatura parecía increíblemente
poderosa para el chico. ¿Cómo podría controlar algo así algún día? Hankyo miró
en la dirección de Taiki y entonces abrió la boca.
—¡Ah!
Taiki retrocedió de un salto y Hankyo solo bostezó
elegantemente, mostrando sus formidables mandíbulas y sonrió.
—¡Hankyo! —Keiki llamó su atención, pero con una
sonrisa dibujada en sus labios. Entonces, se volvió hacia el joven kirin
nuevamente—. De hecho, los kirin adultos tienen más recursos a su
disposición que solo fuerza bruta. ¿Sabes algo de la adivinación, Taiki?
—¿Te refieres a leer el futuro?
—Esa es una forma de la adivinación. Cuando están
cazando a un gran demonio, los kirin pueden utilizar los poderes de la
adivinación, magia y geomancia. Sin embargo, estudiar dichas artes es un
proceso largo. Si le preguntas a las nyosen, ellas te ayudarán, pero
estos no son talentos que debes esperar aprender en espacio de días o incluso
años.
—Ya veo.
—Cuando usas la adivinación para cazar, escoges unos
días, escoges un lugar apropiado, escoges la dirección apropiada y entonces
escoges al demonio. En otras palabras, realizas todas las preparaciones
necesarias para asegurarte de que el demonio que intentas apaciguar sea más
débil, mientras tus poderes aumentan. Aunque esto no significa que no puedes
capturar a un demonio sin estas preparaciones. Es igual que las palabras que me
escuchaste decir a Jakko, de hecho, son menos útiles que la adivinación o que
la magia y pueden no ser usadas sin mayor problema. No obstante, a veces pueden
ayudar si uno las conoce. Una vez te acostumbres a usarlas, podrás usarlas de
la forma que quieras como parte del proceso y apaciguar sin ellas no será nunca
igual. Eso es todo.
—Así que… ¿No tengo que recordar las palabras?
—No, pero puedes hacerlo si así lo deseas, aunque el
beneficio es pequeño, es mejor que nada. Y hay otras preparaciones que puedes
hacer.
Keiki colocó sus manos en los hombros del joven kirin,
acomodando su postura.
—Primero, debes estar recto. Siempre. Recuérdalo.
—Está bien.
—El espíritu se divide en seiki, el espíritu
de la vida y shiki, el espíritu de la muerte. Las mañanas están llenas
de seiki, mientras que las tardes, shiki, por lo que es mejor
apaciguar demonios muy temprano por la mañana. El aire que respiramos por la
nariz es seiki, mientras que el aire que exhalamos por la boca es shiki.
Cuando respiras debes recordar hacerlo así, nunca al revés; así cuando exhales
hazlo suavemente. Es algo que debes practicar todos los días o sino no se
convertirá en un hábito.
—Inhalar por la nariz, exhalar por la boca. Entiendo.
—Ahora, para evitar a un demonio, se debe caminar de una forma conocida
como uho.
»Es la forma en que caminan los reyes y nobles —Keiki empezó a pavonearse con un extraño movimiento rítmico, mostrándole los pasos a Taiki—. Si te encuentras con un demonio y quieres evitar hacer contacto visual con él, entonces puedes apretar los dientes de la parte derecha de tu mandíbula, conocida como tsuitenban o Martillo del Firmamento.
»Para concentrar tu espíritu puedes dar toquecitos en tus incisivos, tocando así el meitenko o Llanto de los Tambores Celestiales.
Taiki suspiró.
—No estoy seguro de poder recordar todo eso.
—No es tan difícil como piensas, aunque necesitarás
entrenamiento para que todas estas técnicas se vuelvan naturales para ti, si
les preguntas, las nyosen te ayudarán.
—Bien.
—Ahora, yo usé un conjuro de nueve palabras para
detener a Jakko. Primero junta tus manos.
Taiki cruzó sus dedos en la forma en que Keiki le
mostró.
—Esta es la Señal de la Espada. Verás, la espada
comienza en tu cintura, la desenvainas y cortas cuatro veces hacia arriba y
cinco veces hacia un lado.
Keiki tenía agarrado el brazo de Taiki y lo movía
acorde a las instrucciones.
—Entonces
dices: Rin, Byou, Tou, Sha, Kai, Jin, Retsu, Zen, Gyou.
—¡Oh! ¡No hay manera de que pueda recordar todo eso!
—Lo harás. Hay otras cosas, pero con algo de práctica
lo aprenderás enseguida. Cuando dibujes las líneas, dibújalas rectas en el
aire. Después dices otro conjuro cuando la voluntad de tu oponente se debilita,
pero para poder saber si es el momento, necesitas algo de conocimiento sobre
adivinación. Será suficiente que recuerdes lo siguiente…
»Shinchoku Meichoku, Tensei Chisei.
»Jinkun Seikun, Fuo Fudaku.
»Kimi Koubuku, Onmyou Wagou.
»Kyukyu Nyo Ritsurei.
Taiki miró al kirin mayor con una expresión de total desconcierto en su rostro. Keiki sonrió forzadamente.
—Kimi Koubuku significa que el monstruo se
somete, Onmyou Wagou significa que la luz y la oscuridad se unen y Kyukyu
Nyo Ritsurei significa que debe hacerse rápidamente según las leyes de
Tentei.
—Eh… está bien —dijo Taiki, intentando detener la
desesperación que crecía en su pecho.
—Entonces —Keiki continuó a pesar de la consternación
de su pupilo—, debes levantar la mano derecha sobre tu cabeza con la palma
hacia arriba para recibir la Voluntad Divina y con tu mano izquierda señalando
a tus pies debes llamar al demonio por su nombre. Algunas veces, solo los
sonidos se formarán en tu mente, otras veces, aparecerá el nombre completo con
sus caracteres. Como kirin, sabrás esa información instintivamente.
—Instintivamente… como transformarte, ¿cierto? —Taiki
dijo eso con un ligero suspiro y sus hombros caídos.
Keiki le dio una palmada en la espalda al joven kirin.
—Todavía tenemos algo de tiempo antes de que haya más
shiki. Encontraremos a un demonio pequeño y puedes empezar a practicar.
Taiki asintió, pero para cuando el día había
terminado, ningún demonio había caído bajo sus conjuros.
El solsticio de verano había llegado.
Sanshi intentaba levantar al chico de su cama, pues
Taiki se había quedado hasta tarde en el Mar Amarillo y no regresó hasta el
amanecer, tras lo cual se quedó dormido con un brazo alrededor de la nyokai,
indiferente al resto del mundo. Aunque estaba dudosa en cuanto a despertar al
niño, él sería quien lo lamentara si no lo hacía.
—Taiki, ¿estás despierto? —La voz de Youka resonó por
la habitación y las cortinas se levantaron. La nyosen se asomó y rio
suavemente—. Eso responde a mi pregunta —dijo sonriéndole a Sanshi—. Regresó
tarde anoche, ¿no? ¿Cómo les fue?
Sanshi negó con la cabeza.
El joven kirin había vagado por el Mar
Amarillo toda la noche, pero no había podido atrapar a un solo demonio. Aunque
Keiki y las nyosen habían usado la adivinación para ayudarle a
prepararse, ningún demonio lo miró a los ojos sin huir rápidamente. Aunque no
lo decían, tanto Keiki como Sanshi sabían que al niño le faltaba fuerza de
voluntad.
—Ya veo. Entonces debe estar decepcionado, pero,
aunque me duela hacerlo, debe levantarse.
Sanshi asintió y sacudió al niño por los hombros
nuevamente.
—Taiki…
Youka abrió las cortinas dejando entrar la luz.
—Taiki, debes levantarte. El Taiho de Kei volverá a
casa pronto.
—¿Mm? —Taiki se movió finalmente. Rodó por la cama y
empezó a roncar nuevamente.
—Ah, la tranquilidad de la juventud —dijo una voz más
allá de las cortinas y Youka y Sanshi se volvieron rápidamente hacia la fuente.
—¡Genkun!
Gyokuyou se rio con su profunda y benevolente voz.
—No hay necesidad de despertarlo.
—Sí, déjalo dormir —dijo una voz tras ella—. Regresó
muy tarde para ser despertado tan temprano. —Era la voz de Keiki que iba tras
el Alto Oráculo.
—No, no se puede —dijo Youka rápidamente—. ¡Señor
Taiki, debes levantarte!
—Por favor, déjalo descansar —dijo Keiki nuevamente,
pero nadie podía detener a Youka.
—Si lo hiciera entonces después él estaría muy
decepcionado.
Junto a ella, Sanshi también asintió. La nyokai
sabía por qué Taiki no había podido dormir al regresar, aunque sabía que estaba
muy exhausto. Lo sacudió firmemente.
—Taiki. ¡Taiki!
Después de la tercera sacudida, Taiki finalmente
abrió los ojos. Parpadeó tras ver la brillante luz y entonces, un momento
después, bajó de la cama de un salto.
—¿El Taiho ya se fue?
Sanshi acarició su pelo despeinado.
—Sigue aquí, allí, junto a la puerta.
Taiki parpadeó nuevamente, notando finalmente a los
adultos que lo miraban en su habitación y que apenas podían contener la risa.
Sus mejillas se sonrojaron y bajó la cabeza.
—Lo siento… ¡Buenos días!
—Debo disculparme con la Genkun y el Taiho. Usualmente no es así.
Sonriendo, Gyokuyou tomó el té que Youka le ofreció y
siguió mirando a Keiki.
—Parece que se ha encariñado con usted. ¡Eso me
complace!
Keiki frunció el ceño y no dijo nada.
—¿Y pudo ayudarlo, Taiho de Kei?
Youka rio nerviosamente y Keiki suspiró.
—No estaba dentro de mi poder hacerlo. Lo siento.
—Mmm —dijo Gyokuyou pensativa—. Entiendo que sea
difícil enseñarle algo que usualmente se nace sabiendo, pero se ha hecho algo
de progreso. Es todo un logro que hable tan amablemente, Taiho.
Keiki frunció aún más el ceño y Gyokuyou rio. Tras
él, Taiki entraba apresuradamente a la habitación, Sanshi iba junto a él,
arreglando su ropa.
—Siento haberlos hecho esperar.
Keiki puso su té en la mesa, se levantó e hizo una
reverencia.
—Taiki, debo despedirme.
El chico miró al kirin mayor con los ojos
rojos y empañados en lágrimas.
—¿De verdad te vas a casa?
—No es bueno para mí estar lejos de mi reino por más
tiempo. Siento no haber podido ayudarte más.
—No, lo siento… no fui muy buen estudiante.
Keiki negó con la cabeza.
—Ese no fue el caso.
—Bueno, entonces cuídate.
—Te deseo lo mejor, Taiki.
—Gracias.
Taiki miró al kirin mayor como si se estuviera
conteniendo de decir algo. Keiki puso su mano sobre la cabeza de Taiki.
—Sé paciente. Los kirin somos criaturas del
Cielo, Tentei te ayudará. Espero que conozcas a tu rey pronto. Cuando
desciendas a tu reino natal, encontrarás a Kei justo en frente del Mar del
Vacío. Estoy seguro de que nos volveremos a encontrar.
Taiki agarró la manga de la túnica de Keiki.
—¿De verdad lo crees?
Keiki sonrió. Era claro que el chico ya pensaba en
volverlo a ver.
—Lo prometo. Cuando desciendas, seré el primero en ir
a celebrar la ocasión.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Taiki.
—¡Bien!
Keiki había planeado quedarse hasta que el joven kirin
pudiera apaciguar al menos a un shirei o al menos hasta que se hubiera
acostumbrado a su tarea de recibir a los aspirantes que ascendieran, pero no
pudo ser así. Las noticias de problemas en casa le hicieron darse cuenta de que
había estado ausente de su reino por mucho tiempo y prometió que regresaría con
su rey para el solsticio de verano.
—¿Por dónde te irás de la montaña?
—Por el camino que pasa frente a la Pagoda de la
Tortuga Blanca.
—Me gustaría acompañarte al menos hasta allí.
Keiki sonrió.
—Claro, ¿quieres que llame a Hankyo y a Jakko?
—Por favor.
Gyokuyou se levantó y miró a ambos kirin.
—¿Te has vuelto amigo de los shirei del Taiho
de Kei, Taiki?
—Jugué bastante con Hankyo.
—Eso está bien —respondió, colocando su mano sobre el
hombro del pequeño kirin y mirando a Keiki—. Estoy complacida con su
progreso, Taiho de Kei. Parece que ha aprendido el delicado arte de ser amable.
—Pero —dijo Taiki mirando a Gyokuyou—. El Taiho de
Kei ha sido amable desde el comienzo.
Gyokuyou y Youka intercambiaron miradas. Ambas
sintieron la sinceridad en las palabras del joven kirin.
—¿Eso crees?
—Absolutamente.
Gyokuyou sonrió por la certeza de sus palabras
mientras una expresión de extrema incomodidad se pintaba en la cara de Keiki.
Todas las nyosen en la habitación, incluida Youka, aguantaron las ganas
de reír.
Por supuesto, ninguna de las nyosen, ni siquiera el Alto Oráculo
Gyokuyou podría haber sabido de las terribles consecuencias de la reciente
amabilidad de Keiki. Fue esta extraña amabilidad la que llevó al Rey Glorioso,
la Emperatriz Jokaku, a perder el camino.
Pero esa es otra historia.
Taiki estaba casi siempre de un humor sombrío en los días que siguieron
a la partida de Keiki, pero pronto descubrió que no había tiempo para eso.
Desde el día siguiente al solsticio de verano, el camino que da al Palacio
Externo Hoto estaba lleno de nyosen yendo y viniendo. Una tremenda
cantidad de incienso era ofrecida y todas las nyosen estaban usando sus
túnicas de colores más brillantes. Las decoraciones del palacio e incluso los
accesorios de Taiki eran más elegantes que lo normal.
Taiki estaba de pie sobre una de las curvas paredes rocosas cerca del shashinboku.
No importaba cuántas veces lo experimentara, le seguía pareciendo muy raro que
el viento oliera como flores en los pasajes del laberinto, pero como agua de
mar sobre las rocas.
Algo se acercaba desde el sudoeste. Podía sentirlo.
Recordó el Mar Amarillo como lo había visto cuando se
subió a la espalda de Keiki. Houzan era una montaña de extrañas formaciones y
sus formas entrelazadas y cubiertas de musgo se extendían hasta el pie de la
montaña. Aunque el laberinto formado por esas paredes curvadas parecía
complejo, en realidad había solo un camino relativamente recto desde el pie de
la montaña hasta el Palacio Externo Hoto. Por muchos centenares de lunas,
incontables viajeros han pasado por allí y habían dejado su marca en la
superficie rocosa, una marca que era distinguible de las rocas a su alrededor.
Ya que solo había una ruta para llegar a Houzan, los
aspirantes tenían que escoger el camino correcto al entrar al laberinto.
Numerosos pasajes convergían en ese punto a través del Mar Amarillo. Como los
pasajes de las montañas, estos también habían sido caminados por miles. Donde
el camino era rocoso, las pisadas habían expuesto y corroído la piedra; donde
había acantilados, apoyos para los pies habían sido esculpidos directamente en
la roca. En las áreas más húmedas, habían lanzado piedras donde pisar sobre los
pantanos y a través de los ríos, mientras que señales de piedra fueron
construidas a través del desierto. Aquí y allí había puentes hechos de árboles
caídos que cruzaban las pequeñas grietas; los árboles habían sido talados por
los caminantes para formar estrechos caminos entre los densos bosques.
Estos caminos se extendían a través del Koukai en
cuatro direcciones, cada uno hacia uno de los portones, el Portón de las
Virtudes en el sudoeste se había abierto y cerrado en el solsticio de verano.
Taiki se preguntaba dónde estarían los viajeros ahora.
Su viaje no sería sencillo hasta el pie de la
montaña, pues el Mar Amarillo estaba lleno de demonios y bestias predadoras.
Debido a que los viajeros atravesaron la puerta el mismo día, era usual que
formaran una caravana, así sus números los ayudarían a protegerse contra los
peligros del camino. Taiki había escuchado que incluso había nacido una nueva
ocupación para ayudar a las caravanas de aspirantes: mercenarios que eran
contratados para hacer de guardaespaldas y proteger a los grupos de peregrinos.
—No puedo creer que pronto estarán aquí —murmuró el
joven kirin. Se sentó con las piernas contra su pecho y su barbilla
sobre las rodillas.
—No estés nervioso —dijo Sanshi calmadamente.
—Sé que no debo, pero…
No son nervios, pensó, parece más como una
premonición.
Cuando jugaba afuera o cuando las nyosen le
enseñaban adivinación básica y miraba al sudoeste, podía sentir algo apretando
su pecho. Entonces, recordaba que en esa dirección estaba el Portón de las
Virtudes y un repentino escalofrío lo atravesaba y le aceleraba el pulso.
No era una buena premonición. No podía evitar pensar
que lo que sea que venía le quería hacer daño.
—No estoy seguro de si podré hacer esto.
—Claro que podrás.
Eso fue todo lo que Sanshi dijo. El viento en sus
oídos era más fuerte que sus palabras.
—¿Crees que el rey vendrá entre ellos? —preguntó.
—Quién sabe.
—No lo creo.
—¿Tal vez quieras que no haya rey?
—Sí…
Sanshi miró a su amo sentado sobre la roca, todavía
se apretaba las rodillas contra el pecho. ¿Estaba molesto por tener que dejar
Houzan si el rey llegaba? ¿O quizá tenía miedo de que sus propias habilidades
como kirin fueran puestas a prueba y fallara? En cualquier caso, Sanshi
era capaz de sentir el nerviosismo de Taiki desde que el solsticio llegó.
Algunas veces, era tan tangible que le dolía físicamente estar con él.
Aquellos que ascendieron a la montaña lo hicieron
porque sintieron que poseían las cualidades necesarias para ser rey o porque
aquellos a su alrededor les dijeron que las poseían y por esta razón era
posible que el futuro rey estuviera entre los que ascienden. Y, sin embargo,
algunas veces, ninguno de los que subían eran adecuados para ser reyes; y otras
veces, un rey que era escogido no era merecedor de ese rango o tenía alguna
debilidad trágica.
Quizá, pensó la nyokai, tiene miedo
de escoger al rey.
Escoger a un rey era decidir el futuro de un reino
entero y cómo ese rey viviera su vida afectaría directamente el destino del kirin.
Si e rey se alejaba del camino, es el kirin quien sufre las
consecuencias. Cuando los reyes erran el camino, su kirin cae enfermo,
esta enfermedad es conocida como shitsudou o Pérdida del Camino, y una
vez que el kirin cayera enfermo, poco se podía hacer para curarlo. El
rey tenía la vida del kirin en sus manos y eso era ciertamente algo de
qué alarmarse.
—De todas formas, el rey no vendrá tan pronto —dijo
Taiki para sí mismo.
Sanshi permaneció callada.
No tiene shirei y no sabe transformarse,
por eso no cree completamente que sea un kirin. Era fácil entender
su falta de confianza y era difícil criticarlo por querer evitar la responsabilidad.
—El Taiho de Kei lo… —Taiki quitó los ojos del
sudoeste y miró a Sanshi—. Lo dijo, ¿cierto? Que Tentei me ayudará.
Taiki miró al cielo y aunque su rostro llevaba la
inocencia de un niño, reveló también su decisión.
—Sí.
El viento que soplaba sobre las paredes rocosas era
cálido y rápido.


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