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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 2 de febrero de 2023

Mar del Viento, Orilla del Laberinto - Capítulo 6

 

CAPÍTULO 6

 

 

—Admitiré que al principio estaba preocupada… —Youka hizo una pausa en su tejido. Taiki había crecido considerablemente desde su regreso a Houzan, las nyosen estaban ocupadas haciéndole nueva ropa y alargando las mangas y dobladillos de lo que ya tenía—. Sin embargo, parece que se ha encariñado con el Taiho de Kei.

Una de las otras mujeres que cosía a su lado se rio ligeramente y Youka le sonrió como respuesta. Nunca podría olvidar el rostro de Taiki cuando llegó corriendo al palacio, gritando que Keiki se había transformado para él; estaba tan emocionado por el paseo del día siguiente que no pudo dormir hasta la medianoche. Había sido más difícil aún meterlo a la cama al día siguiente, cuando había regresado con su pelo enmarañado por el viento.

—Parece que la Genkun no s equivoca —dijo una de las nyosen y todas rieron—. Incluso sorprendí al Taiho de Kei siendo como Taiki y tratándonos consideradamente. Nunca pensé que vería ese día.

—Es verdad. Aunque su ceño fruncido sigue igual.

Keiki había vivido entre las pendientes de Houzan por mucho tiempo y las nyosen no tenían piedad cuando el tema a discutir era su famosa actitud.

—¡Pides mucho!

—¡Claro!

El sonido de la plácida risa hacía eco a través del patio, seguido por el retumbar de ligeras pisadas en los caminos.

—Bienvenido de vuelta, joven señor.

—¡Hola!

Taiki entró al claro con su pelo despeinado y enmarañado que todavía formaba una sombra de color acero sobre su pálido rostro. El joven kirin era flanqueado por dos criaturas que iban a su lado con aire protector. Una era Sanshi y el otro era Hankyo, una poderosa criaturas parecida a un perro, era uno de los demonios shirei de Keiki.

—¿A dónde fuiste hoy?

—¡Keiki me llevó a Kazan! ¡Vimos muchas aves raras!

Youka no podía evitar sonreír al ver la gran sonrisa de Taiki. Contra todas las apuestas, parecía que se estaba llevando bien con el famoso Taiho solemne.

—Eso suena maravilloso.

—Mañana dice que me llevará al Mar Amarillo. ¡Me enseñará a apaciguar demonios!

—¡Oh! —dijo Youka sorprendida.

Hankyo rio con una voz profunda.

—No debes preocuparte. Estaremos con ellos.

—Ah, supongo que tienes razón.

Youka asintió, aunque en su corazón no estaba completamente despreocupada. Había poca necesidad de inquietarse con los formidables shirei de Keiki presentes, pero ella sabía que en el pasado algunos kirin perdieron sus vidas en el Koukai. Los demonios hambrientos no diferencian entre humanos y kirin.

—Bueno —dijo—, debes bañarte, es casi hora de cenar.

—Muy bien —respondió asintiendo. El kirin se dirigió a Sanshi y a Hankyo—: ¡Vamos!

Youka observó a Taiki correr con las dos criaturas antes de que pudiera apartar su tejido y levantarse. Su expresión era pensativa mientras se estiraba y se dirigía al laberinto.

  

 

—¿Pasa algo?

Youka llegó a la Pagoda del Loto Morado mientras Keiki bajaba del camino que venía de la Cueva del Loto Morado. El agua que salía del manantial en la cueva fluía colina abajo a través de un camino, llegando a la laguna de lotos en frente del palacio.

—¿Planea llevarse a Taiki al Koukai?

—Ah, eso —dijo Keiki, tocando su pelo mojado—. No hay nada de qué preocuparse. Mis shirei lo protegerán bien.

—Sí, pero…

Keiki rio irónicamente.

—Las nyosen consienten demasiado a Taiki.

—Taiki puede tener diez años, pero sigue siendo un kirin joven.

—Y, sin embargo, no tiene tiempo para disfrutar de la juventud —dijo Keiki, deteniéndose en la entrada de la pagoda mientras miraba la laguna—. Solo falta media luna antes del solsticio de verano.

Youka bajó la cabeza.

—Acabo de venir del Portón de las Virtudes —continuó el kirin—. Ya hay más de cincuenta hombres a caballo esperando allí a que se abra.

—¿Tantos?

Keiki asintió.

—Ya que el Portón de las Virtudes está en el lado de las montañas contrario al Reino de Tai, esperaba que no hubiera tantos, de hecho, se me había ocurrido la idea de que nadie ascendería esta temporada; no obstante, parece que ya hay muchos viajando hacia el portón, esperando que se icen las banderas de kirin.

Algunas personas pasaban muchas lunas y muchos años caminando alrededor de las Montañas Diamante. Si esperaban de esta forma, podían entrar el siguiente Día de Paso Seguro después de que se izaran las banderas de kirin. Esto se debía a que, con un caballo ordinario, no era posible llegar a los portones a tiempo para el Día del Paso Seguro si salía de casa después de que izaran la bandera. Una vez pasado el solsticio de verano, estas personas llegarían al Palacio Externo Hoto.

—Quería que el chico tuviera sus propios shirei para el solsticio.

Cada hombre que circulaba fuera de los cuatros portones estaba seguro de que estaba destinado para ser rey y a veces las cosas se les iba de las manos. No habría nada que temer si todos fueran personas lógicas y sensatas, pero muchos se embarcaban en el viaje a Houzan precisamente porque no lo eran; de allí la preocupación de las nyosen.

—No puedo alejarme por tanto tiempo de mi propio reino —añadió Keiki—. Hace poco ascendió la nueva emperatriz y Kei está lejos de estar tranquilo.

—Ha sido muy amable con nuestro Taiki, Taiho de Kei —dijo Youka, cambiando el tema.

Keiki frunció el ceño.

—Así debe ser, no sea que me acusen de hacerlo llorar nuevamente.

—Oh, ¿eso lo preocupaba? —rio Youka e hizo una reverencia—. Nuestro señor kirin está en sus manos.

—No permitiré que nada le suceda o las nyosen me gritarán hasta más no poder cuando me vean.

—Entonces aceptaré eso como una promesa.

  

 

—¿Qué piensas? —preguntó Keiki, ofreciendo una pequeña criatura a Taiki.

Estaban cerca de las fronteras del mar Amarillo, donde es difícil saber si se está en la falda de las Cinco Montañas o en el comienzo del desolado Koukai: una vasta y escarpada tierra donde lo único verde son unos cuantos arbustos que crecían pegados al suelo. La bestia que Keiki sostenía entre sus manos era como un conejo de orejas cortas o tal vez una gran rata flaca.

—¿Cómo dijiste que se llamaba? —preguntó Taiki mientras lo recibía cautelosamente—. ¿Jakko? ¿Hiso? —El pequeño demonio se sentó plácidamente en los brazos de Taiki. Podía sentir su corazón latiendo fuertemente bajo el suave pelaje.

—Jakko. —No fue Keiki sino el demonio quien respondió con una voz agitada. Keiki lo acababa de hacer su nuevo shirei.

Hiso es el nombre de esta especia de demonio —dijo Keiki al niño—. Significa “ratón volador”.

»Y el nombre de este es Jakko.

Taiki asintió mientras rascaba a Jakko bajo la barbilla.

—Encantado de conocerte.

El pequeño demonio no respondió, pero hizo unos sonidos.

—Parece que se le hace difícil hablar.

—Oh —dijo Keiki—. Los pequeños como este apenas pueden hablar, solo pueden recordar algunas palabras simples.

Taiki había visto a Jakko agachado bajo uno de los arbustos espinosos. Cuando el pequeño empezaba a correr, Keiki murmuró algo y entonces observó directamente a los ojos de la criatura cuando esta se había girado para verlo. Keiki había murmurado otra cosa y un segundo después, cuando dijo el nombre de la criatura, Jakko caminó dócilmente hasta los pies del kirin.

Así se apaciguaban. Era algo decepcionante para Taiki, que esperaba que fuera algo más elaborado o una ceremonia dramática.

—¿Siempre es así de fácil?

Keiki negó con la cabeza.

—Con uno así de pequeño, sí; pero los demonios más grandes no son fáciles de amansar. Una vez pasé más de medio día mirando fijamente a uno.

—¿Medio día? —dijo Taiki sorprendido. Keiki asintió mientras tomaba a Jakko en sus brazos. Después de darle a la criatura una ligera palmadita, la colocó en la espalda de Hankyo. Jakko se acurrucó en el pelaje de Hankyo y empezó a tirarle de una de sus orejas.

—De hecho, estoy hablando de Hankyo. No fue fácil de atrapar.

—¿De verdad?

Hankyo yacía plácidamente junto a un gran grupo de rocas, aparentemente indiferente, mientras el demonio pequeño se divertía halándole y mordiéndole las orejas.

—Cuando apaciguaste a Jakko parecía que solo lo estabas mirando fijamente.

Keiki sonrió ligeramente.

—Parece sencillo, ¿verdad? Pero la mirada es la parte más difícil. Es una lucha de voluntades. Si pierdes la concentración, el demonio romperá el contacto visual y huirá… o podría atacarte.

Taiki escuchaba atentamente.

—El que pierde la concentración pierde la lucha. Si estás enfrentándote a un pequeño demonio que simplemente va a huir, no importa: pero si confrontas a uno grande, entonces el momento en que pierdas la concentración puede ser el momento en que pierdas la vida. Si sus ojos se encuentras y te das cuenta de que no puedes ganar, es mejor huir inmediatamente antes de que empiece. Por supuesto, será difícil huir de un demonio grande sin transformarte.

—Oh —dijo Taiki, mirando al suelo.

—No te preocupes —añadió rápidamente Keiki—. Tu nyokai te puede dar algo de tiempo.

—¿No es peligroso para ella?

Keiki rio.

—Si el demonio es tan poderoso que ni tu nyokai tiene una oportunidad, ella te lo dirá antes de empezar. Presta atención y serás capaz de verlo por ti mismo. Eres una bestia, después de todo, y puedes confiar en que tus instintos te advertirán de amenazas potenciales.

Taiki consideró eso por un rato y entonces sonrió.

—Es verdad, lo soy. Siempre se me olvida.

—No es algo que debas estar pensando todo el tiempo.

—Sí. ¿Y cómo se te ocurrió un nombre como Jakko?

Keiki miró al pequeño demonio en la espalda de Hankyo. Un demonio de ese tamaño era prácticamente inútil como shirei, probablemente lo dejaría libre para que jugara en el palacio.

—No escogí su nombre. Creo que… siempre fue suyo.

Taiki levantó la ceja.

—Después de mirarlo fijamente y que el demonio pierda, su voluntad se debilita y es en ese momento que puedes leer su nombre. Es difícil de explicar, pero es como si el nombre repentinamente apareciera en tu mente, como una burbuja que sale de la superficie de un lago oscuro. Lo llamas por su nombre y el demonio se acercará a ti. En este punto nunca volverá a atacar a su kirin y permanecerá como un fiel sirviente hasta que sea liberado al morir el kirin —dijo Keiki sonriendo forzadamente—. Respecto a la escritura, tan solo inventa unos caracteres que vayan con los sonidos del nombre.

—¿Pero no dijiste algo más? ¿Cómo un conjuro?

—Sí, pero no es absolutamente necesario hacerlo, es solo algo útil si sabes qué hacer.

—Está bien… —dijo Taiki, sentándose encima de una seca roca y rascándose la cabeza. Keiki se sentó a su lado.

—Para hacer un demonio tu shirei, haces un pacto con él, sería más apropiado decir que atamos al demonio.

—¿Atar?

Keiki asintió.

—Los demonios existen fuera del Orden Celestial y al atarlos, hacemos que sean parte de ese orden, sin posibilidad de irse nuevamente. Los que aceptan el acuerdo se vuelven tus shirei.

—No entiendo.

Keiki suspiró.

—Lo siento…

—No hay porqué pedir perdón —dijo Keiki rápidamente—. No es algo que esperaría que entendieras.

Ahora era el turno de Taiki para suspirar.

—Te lo explicaré. El Emperador de los Cielos creó el mundo y determinó el Orden Terrenal para que la gente pudiera vivir felizmente. Entonces, podría preguntarse uno, ¿por qué la gente se enferma y muere? ¿Por qué los demonios atacan a la gente y los cataclismos toman tantas vidas? ¿Estas cosas ocurren tras profundas consideraciones de los Cielos o simplemente las ignoran? Sin importar la respuesta, todo esto va en contra de la bondad de Tentei y ese es un hecho indisputable.

Taiki pensó un rato antes de asentir.

—En cualquier caso, es imposible para nosotros entender las intenciones de los Cielos. Es suficiente para nosotros entender que tal como hay muerte en oposición a la vida, hay cosas que se oponen al Orden Celestial.

—¿Cómo luz y sombras?

—Sí, es una buena comparación. Nosotros, los kirin, somos shinju que servimos al pueblo de los Doce Reinos y hay muchas otras criaturas como nosotros que existen para hacer el bien. Sin embargo, hay otras que solo existen para hacer daño.

—Te refieres a los demonios. Los que viven fuera del Orden del cielo.

—Precisamente —dijo Keiki y volvió a sonreír.

—¿Así que escoges a criaturas que viven fuera del orden y al apaciguarlos los dejas entrar?

—Así es. Para usar tu comparación, los demonios son criaturas de las sombras. Para hacer buen uso de ellos, uno debe traerlos a la luz, atándolos para que nunca regresen a la oscuridad de donde vinieron.

—Ya veo… pero ¿cómo?

Keiki volvió a suspirar.

—Nuevamente te digo, es difícil de explicar en palabras. A decir verdad, ni yo mismo lo entiendo completamente. En parte es algo relacionado con la fuerza de voluntad. Primero debes tener una firme convicción de que el demonio que intentas apaciguar estará bajo tus órdenes. Sin embargo, no es suficiente solo querer hacerlo.

Taiki sintió que había entendido perfectamente la explicación de Keiki hasta ese momento, pero ahora, se observaba en él una expresión de preocupación.

—Piénsalo de esta forma: los kirin tienen poder. La grandeza de ese poder varía de kirin a kirin, pero es un hecho que cada kirin lo posee.

—¿Es el poder que usan para transformarse?

—Así es, y debido a que es un poder, poco tiene que ver con desear. No importa lo mucho que desees algo, si el poder que tienes es insuficiente para alcanzarlo, no ganarás nada. A eso me refiero.

—Es parecido a la fuerza en tus brazos o la rapidez de tus piernas.

—Sí, sí, eso es —dijo Keiki, aliviado de que su pequeño amigo entendiera.

—¿Pero no es difícil mantener a los demonios atados a la luz con tu poder? Es decir, ¿no tienes que concentrarte todo el tiempo? ¿Y si tu poder se debilita?

Keiki volvió a suspirar.

—Lo siento —añadió Taiki.

—No, no te disculpes. Hay una explicación… aunque tal vez sea más dura de lo que estás preparado para escuchar —Keiki bajó la voz—. No te asustes, pero los shirei se comen a su kirin.

—¿Eh?

—Es decir que se comen el cadáver del kirin después de su muerte. Los shirei se comen al kirin y hacen que el poder del kirin sea suyo.

Taiki miró a Hankyo. La gigante cabeza del perro demoníaco descansaba perezosamente sobre sus patas delanteras extendidas y cuando Taiki lo miró a los ojos, la bestia apartó la mirada, aunque fue difícil distinguir alguna emoción en su gesto.

Keiki sonrió.

—No te preocupes, Hankyo no te atacará. Los kirin son criaturas de luz, los demonios son criaturas de las sombras. Si el kirin no les da su poder, los shirei no podrán sobrevivir solos.

—Ah… vale…

—El kirin usa su poder para obligar al demonio a que le sirva, casi podrías decir que el kirin lo saca a rastras de las sombras y lo trae a la luz. Los demonios tienen poderes propios, así que sacar a un demonio poderoso requiere usar una cantidad parecida de poder. Un demonio puede juzgar el poder del kirin por la fuerza con la que el kirin tira de él.

—¿Puede saberlo?

—Sí, además, el demonio sabe que, si permite que lo aten, entonces cuando el kirin muera ese poder será suyo; entonces, el demonio puede decidir si le conviene ser un shirei.

—Eso… tiene sentido.

—Ningún demonio que es sacado de las sombras exitosamente se negará a servir debido a que sabe que recibirá el poder del kirin al final.

—Así que por eso es un pacto.

—Sí. Por otra parte, para poder sacar a una criatura de las sombras a la luz y para asegurarse de que nunca volverá, necesitas una cadena para atarlo y para protegerte.

—¿Protección para que pueda vivir en la luz?

—Sí, exacto, aprendes rápidamente. Sucede que el nombre es tanto la cadena que ata al shirei al kirin como tu protección. Cuando el kirin con pura fuerza de voluntad saca al demonio y lee su nombre, lo dice en voz alta, haciendo al demonio su sirviente. Por su parte, el demonio determina el poder del kirin y al recibir su nombre, recibe el derecho a comer del cadáver del kirin. Este es el pacto de apaciguamiento.

—¿Entonces cuando el kirin muere y los shirei coman del cadáver, los demonios volverán a ser libres, pero con nuevos poderes?

—Sí, a cambio, mientras sirvan al kirin, nunca se volverán contra su amo. Lo protegerán con sus propias vidas y nunca le harán daño de ninguna forma.

Taiki miró cautelosamente a Hankyo. Al verlo allí reposando bajo el sol, esa despreocupada criatura parecía increíblemente poderosa para el chico. ¿Cómo podría controlar algo así algún día? Hankyo miró en la dirección de Taiki y entonces abrió la boca.

—¡Ah!

Taiki retrocedió de un salto y Hankyo solo bostezó elegantemente, mostrando sus formidables mandíbulas y sonrió.

—¡Hankyo! —Keiki llamó su atención, pero con una sonrisa dibujada en sus labios. Entonces, se volvió hacia el joven kirin nuevamente—. De hecho, los kirin adultos tienen más recursos a su disposición que solo fuerza bruta. ¿Sabes algo de la adivinación, Taiki?

—¿Te refieres a leer el futuro?

—Esa es una forma de la adivinación. Cuando están cazando a un gran demonio, los kirin pueden utilizar los poderes de la adivinación, magia y geomancia. Sin embargo, estudiar dichas artes es un proceso largo. Si le preguntas a las nyosen, ellas te ayudarán, pero estos no son talentos que debes esperar aprender en espacio de días o incluso años.

—Ya veo.

—Cuando usas la adivinación para cazar, escoges unos días, escoges un lugar apropiado, escoges la dirección apropiada y entonces escoges al demonio. En otras palabras, realizas todas las preparaciones necesarias para asegurarte de que el demonio que intentas apaciguar sea más débil, mientras tus poderes aumentan. Aunque esto no significa que no puedes capturar a un demonio sin estas preparaciones. Es igual que las palabras que me escuchaste decir a Jakko, de hecho, son menos útiles que la adivinación o que la magia y pueden no ser usadas sin mayor problema. No obstante, a veces pueden ayudar si uno las conoce. Una vez te acostumbres a usarlas, podrás usarlas de la forma que quieras como parte del proceso y apaciguar sin ellas no será nunca igual. Eso es todo.

—Así que… ¿No tengo que recordar las palabras?

—No, pero puedes hacerlo si así lo deseas, aunque el beneficio es pequeño, es mejor que nada. Y hay otras preparaciones que puedes hacer.

Keiki colocó sus manos en los hombros del joven kirin, acomodando su postura.

—Primero, debes estar recto. Siempre. Recuérdalo.

—Está bien.

—El espíritu se divide en seiki, el espíritu de la vida y shiki, el espíritu de la muerte. Las mañanas están llenas de seiki, mientras que las tardes, shiki, por lo que es mejor apaciguar demonios muy temprano por la mañana. El aire que respiramos por la nariz es seiki, mientras que el aire que exhalamos por la boca es shiki. Cuando respiras debes recordar hacerlo así, nunca al revés; así cuando exhales hazlo suavemente. Es algo que debes practicar todos los días o sino no se convertirá en un hábito.

—Inhalar por la nariz, exhalar por la boca. Entiendo.

—Ahora, para evitar a un demonio, se debe caminar de una forma conocida como uho.

»Es la forma en que caminan los reyes y nobles —Keiki empezó a pavonearse con un extraño movimiento rítmico, mostrándole los pasos a Taiki—. Si te encuentras con un demonio y quieres evitar hacer contacto visual con él, entonces puedes apretar los dientes de la parte derecha de tu mandíbula, conocida como tsuitenban o Martillo del Firmamento.

»Para concentrar tu espíritu puedes dar toquecitos en tus incisivos, tocando así el meitenko o Llanto de los Tambores Celestiales.

Taiki suspiró.

—No estoy seguro de poder recordar todo eso.

—No es tan difícil como piensas, aunque necesitarás entrenamiento para que todas estas técnicas se vuelvan naturales para ti, si les preguntas, las nyosen te ayudarán.

—Bien.

—Ahora, yo usé un conjuro de nueve palabras para detener a Jakko. Primero junta tus manos.

Taiki cruzó sus dedos en la forma en que Keiki le mostró.

—Esta es la Señal de la Espada. Verás, la espada comienza en tu cintura, la desenvainas y cortas cuatro veces hacia arriba y cinco veces hacia un lado.

Keiki tenía agarrado el brazo de Taiki y lo movía acorde a las instrucciones.

—Entonces dices: Rin, Byou, Tou, Sha, Kai, Jin, Retsu, Zen, Gyou.

—¡Oh! ¡No hay manera de que pueda recordar todo eso!

—Lo harás. Hay otras cosas, pero con algo de práctica lo aprenderás enseguida. Cuando dibujes las líneas, dibújalas rectas en el aire. Después dices otro conjuro cuando la voluntad de tu oponente se debilita, pero para poder saber si es el momento, necesitas algo de conocimiento sobre adivinación. Será suficiente que recuerdes lo siguiente…

»Shinchoku Meichoku, Tensei Chisei.

»Jinkun Seikun, Fuo Fudaku.

»Kimi Koubuku, Onmyou Wagou.

»Kyukyu Nyo Ritsurei.

Taiki miró al kirin mayor con una expresión de total desconcierto en su rostro. Keiki sonrió forzadamente.

Kimi Koubuku significa que el monstruo se somete, Onmyou Wagou significa que la luz y la oscuridad se unen y Kyukyu Nyo Ritsurei significa que debe hacerse rápidamente según las leyes de Tentei.

—Eh… está bien —dijo Taiki, intentando detener la desesperación que crecía en su pecho.

—Entonces —Keiki continuó a pesar de la consternación de su pupilo—, debes levantar la mano derecha sobre tu cabeza con la palma hacia arriba para recibir la Voluntad Divina y con tu mano izquierda señalando a tus pies debes llamar al demonio por su nombre. Algunas veces, solo los sonidos se formarán en tu mente, otras veces, aparecerá el nombre completo con sus caracteres. Como kirin, sabrás esa información instintivamente.

—Instintivamente… como transformarte, ¿cierto? —Taiki dijo eso con un ligero suspiro y sus hombros caídos.

Keiki le dio una palmada en la espalda al joven kirin.

—Todavía tenemos algo de tiempo antes de que haya más shiki. Encontraremos a un demonio pequeño y puedes empezar a practicar.

Taiki asintió, pero para cuando el día había terminado, ningún demonio había caído bajo sus conjuros.

  

 

El solsticio de verano había llegado.

Sanshi intentaba levantar al chico de su cama, pues Taiki se había quedado hasta tarde en el Mar Amarillo y no regresó hasta el amanecer, tras lo cual se quedó dormido con un brazo alrededor de la nyokai, indiferente al resto del mundo. Aunque estaba dudosa en cuanto a despertar al niño, él sería quien lo lamentara si no lo hacía.

—Taiki, ¿estás despierto? —La voz de Youka resonó por la habitación y las cortinas se levantaron. La nyosen se asomó y rio suavemente—. Eso responde a mi pregunta —dijo sonriéndole a Sanshi—. Regresó tarde anoche, ¿no? ¿Cómo les fue?

Sanshi negó con la cabeza.

El joven kirin había vagado por el Mar Amarillo toda la noche, pero no había podido atrapar a un solo demonio. Aunque Keiki y las nyosen habían usado la adivinación para ayudarle a prepararse, ningún demonio lo miró a los ojos sin huir rápidamente. Aunque no lo decían, tanto Keiki como Sanshi sabían que al niño le faltaba fuerza de voluntad.

—Ya veo. Entonces debe estar decepcionado, pero, aunque me duela hacerlo, debe levantarse.

Sanshi asintió y sacudió al niño por los hombros nuevamente.

—Taiki…

Youka abrió las cortinas dejando entrar la luz.

—Taiki, debes levantarte. El Taiho de Kei volverá a casa pronto.

—¿Mm? —Taiki se movió finalmente. Rodó por la cama y empezó a roncar nuevamente.

—Ah, la tranquilidad de la juventud —dijo una voz más allá de las cortinas y Youka y Sanshi se volvieron rápidamente hacia la fuente.

—¡Genkun!

Gyokuyou se rio con su profunda y benevolente voz.

—No hay necesidad de despertarlo.

—Sí, déjalo dormir —dijo una voz tras ella—. Regresó muy tarde para ser despertado tan temprano. —Era la voz de Keiki que iba tras el Alto Oráculo.

—No, no se puede —dijo Youka rápidamente—. ¡Señor Taiki, debes levantarte!

—Por favor, déjalo descansar —dijo Keiki nuevamente, pero nadie podía detener a Youka.

—Si lo hiciera entonces después él estaría muy decepcionado.

Junto a ella, Sanshi también asintió. La nyokai sabía por qué Taiki no había podido dormir al regresar, aunque sabía que estaba muy exhausto. Lo sacudió firmemente.

—Taiki. ¡Taiki!

Después de la tercera sacudida, Taiki finalmente abrió los ojos. Parpadeó tras ver la brillante luz y entonces, un momento después, bajó de la cama de un salto.

—¿El Taiho ya se fue?

Sanshi acarició su pelo despeinado.

—Sigue aquí, allí, junto a la puerta.

Taiki parpadeó nuevamente, notando finalmente a los adultos que lo miraban en su habitación y que apenas podían contener la risa. Sus mejillas se sonrojaron y bajó la cabeza.

—Lo siento… ¡Buenos días!

  

 

—Debo disculparme con la Genkun y el Taiho. Usualmente no es así.

Sonriendo, Gyokuyou tomó el té que Youka le ofreció y siguió mirando a Keiki.

—Parece que se ha encariñado con usted. ¡Eso me complace!

Keiki frunció el ceño y no dijo nada.

—¿Y pudo ayudarlo, Taiho de Kei?

Youka rio nerviosamente y Keiki suspiró.

—No estaba dentro de mi poder hacerlo. Lo siento.

—Mmm —dijo Gyokuyou pensativa—. Entiendo que sea difícil enseñarle algo que usualmente se nace sabiendo, pero se ha hecho algo de progreso. Es todo un logro que hable tan amablemente, Taiho.

Keiki frunció aún más el ceño y Gyokuyou rio. Tras él, Taiki entraba apresuradamente a la habitación, Sanshi iba junto a él, arreglando su ropa.

—Siento haberlos hecho esperar.

Keiki puso su té en la mesa, se levantó e hizo una reverencia.

—Taiki, debo despedirme.

El chico miró al kirin mayor con los ojos rojos y empañados en lágrimas.

—¿De verdad te vas a casa?

—No es bueno para mí estar lejos de mi reino por más tiempo. Siento no haber podido ayudarte más.

—No, lo siento… no fui muy buen estudiante.

Keiki negó con la cabeza.

—Ese no fue el caso.

—Bueno, entonces cuídate.

—Te deseo lo mejor, Taiki.

—Gracias.

Taiki miró al kirin mayor como si se estuviera conteniendo de decir algo. Keiki puso su mano sobre la cabeza de Taiki.

—Sé paciente. Los kirin somos criaturas del Cielo, Tentei te ayudará. Espero que conozcas a tu rey pronto. Cuando desciendas a tu reino natal, encontrarás a Kei justo en frente del Mar del Vacío. Estoy seguro de que nos volveremos a encontrar.

Taiki agarró la manga de la túnica de Keiki.

—¿De verdad lo crees?

Keiki sonrió. Era claro que el chico ya pensaba en volverlo a ver.

—Lo prometo. Cuando desciendas, seré el primero en ir a celebrar la ocasión.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Taiki.

—¡Bien!

Keiki había planeado quedarse hasta que el joven kirin pudiera apaciguar al menos a un shirei o al menos hasta que se hubiera acostumbrado a su tarea de recibir a los aspirantes que ascendieran, pero no pudo ser así. Las noticias de problemas en casa le hicieron darse cuenta de que había estado ausente de su reino por mucho tiempo y prometió que regresaría con su rey para el solsticio de verano.

—¿Por dónde te irás de la montaña?

—Por el camino que pasa frente a la Pagoda de la Tortuga Blanca.

—Me gustaría acompañarte al menos hasta allí.

Keiki sonrió.

—Claro, ¿quieres que llame a Hankyo y a Jakko?

—Por favor.

Gyokuyou se levantó y miró a ambos kirin.

—¿Te has vuelto amigo de los shirei del Taiho de Kei, Taiki?

—Jugué bastante con Hankyo.

—Eso está bien —respondió, colocando su mano sobre el hombro del pequeño kirin y mirando a Keiki—. Estoy complacida con su progreso, Taiho de Kei. Parece que ha aprendido el delicado arte de ser amable.

—Pero —dijo Taiki mirando a Gyokuyou—. El Taiho de Kei ha sido amable desde el comienzo.

Gyokuyou y Youka intercambiaron miradas. Ambas sintieron la sinceridad en las palabras del joven kirin.

—¿Eso crees?

—Absolutamente.

Gyokuyou sonrió por la certeza de sus palabras mientras una expresión de extrema incomodidad se pintaba en la cara de Keiki. Todas las nyosen en la habitación, incluida Youka, aguantaron las ganas de reír.

  

 

Por supuesto, ninguna de las nyosen, ni siquiera el Alto Oráculo Gyokuyou podría haber sabido de las terribles consecuencias de la reciente amabilidad de Keiki. Fue esta extraña amabilidad la que llevó al Rey Glorioso, la Emperatriz Jokaku, a perder el camino.

Pero esa es otra historia.

  

 

Taiki estaba casi siempre de un humor sombrío en los días que siguieron a la partida de Keiki, pero pronto descubrió que no había tiempo para eso. Desde el día siguiente al solsticio de verano, el camino que da al Palacio Externo Hoto estaba lleno de nyosen yendo y viniendo. Una tremenda cantidad de incienso era ofrecida y todas las nyosen estaban usando sus túnicas de colores más brillantes. Las decoraciones del palacio e incluso los accesorios de Taiki eran más elegantes que lo normal.

  

 

Taiki estaba de pie sobre una de las curvas paredes rocosas cerca del shashinboku. No importaba cuántas veces lo experimentara, le seguía pareciendo muy raro que el viento oliera como flores en los pasajes del laberinto, pero como agua de mar sobre las rocas.

Algo se acercaba desde el sudoeste. Podía sentirlo.

Recordó el Mar Amarillo como lo había visto cuando se subió a la espalda de Keiki. Houzan era una montaña de extrañas formaciones y sus formas entrelazadas y cubiertas de musgo se extendían hasta el pie de la montaña. Aunque el laberinto formado por esas paredes curvadas parecía complejo, en realidad había solo un camino relativamente recto desde el pie de la montaña hasta el Palacio Externo Hoto. Por muchos centenares de lunas, incontables viajeros han pasado por allí y habían dejado su marca en la superficie rocosa, una marca que era distinguible de las rocas a su alrededor.

Ya que solo había una ruta para llegar a Houzan, los aspirantes tenían que escoger el camino correcto al entrar al laberinto. Numerosos pasajes convergían en ese punto a través del Mar Amarillo. Como los pasajes de las montañas, estos también habían sido caminados por miles. Donde el camino era rocoso, las pisadas habían expuesto y corroído la piedra; donde había acantilados, apoyos para los pies habían sido esculpidos directamente en la roca. En las áreas más húmedas, habían lanzado piedras donde pisar sobre los pantanos y a través de los ríos, mientras que señales de piedra fueron construidas a través del desierto. Aquí y allí había puentes hechos de árboles caídos que cruzaban las pequeñas grietas; los árboles habían sido talados por los caminantes para formar estrechos caminos entre los densos bosques.

Estos caminos se extendían a través del Koukai en cuatro direcciones, cada uno hacia uno de los portones, el Portón de las Virtudes en el sudoeste se había abierto y cerrado en el solsticio de verano. Taiki se preguntaba dónde estarían los viajeros ahora.

Su viaje no sería sencillo hasta el pie de la montaña, pues el Mar Amarillo estaba lleno de demonios y bestias predadoras. Debido a que los viajeros atravesaron la puerta el mismo día, era usual que formaran una caravana, así sus números los ayudarían a protegerse contra los peligros del camino. Taiki había escuchado que incluso había nacido una nueva ocupación para ayudar a las caravanas de aspirantes: mercenarios que eran contratados para hacer de guardaespaldas y proteger a los grupos de peregrinos.

—No puedo creer que pronto estarán aquí —murmuró el joven kirin. Se sentó con las piernas contra su pecho y su barbilla sobre las rodillas.

—No estés nervioso —dijo Sanshi calmadamente.

—Sé que no debo, pero…

No son nervios, pensó, parece más como una premonición.

Cuando jugaba afuera o cuando las nyosen le enseñaban adivinación básica y miraba al sudoeste, podía sentir algo apretando su pecho. Entonces, recordaba que en esa dirección estaba el Portón de las Virtudes y un repentino escalofrío lo atravesaba y le aceleraba el pulso.

No era una buena premonición. No podía evitar pensar que lo que sea que venía le quería hacer daño.

—No estoy seguro de si podré hacer esto.

—Claro que podrás.

Eso fue todo lo que Sanshi dijo. El viento en sus oídos era más fuerte que sus palabras.

—¿Crees que el rey vendrá entre ellos? —preguntó.

—Quién sabe.

—No lo creo.

—¿Tal vez quieras que no haya rey?

—Sí…

Sanshi miró a su amo sentado sobre la roca, todavía se apretaba las rodillas contra el pecho. ¿Estaba molesto por tener que dejar Houzan si el rey llegaba? ¿O quizá tenía miedo de que sus propias habilidades como kirin fueran puestas a prueba y fallara? En cualquier caso, Sanshi era capaz de sentir el nerviosismo de Taiki desde que el solsticio llegó. Algunas veces, era tan tangible que le dolía físicamente estar con él.

Aquellos que ascendieron a la montaña lo hicieron porque sintieron que poseían las cualidades necesarias para ser rey o porque aquellos a su alrededor les dijeron que las poseían y por esta razón era posible que el futuro rey estuviera entre los que ascienden. Y, sin embargo, algunas veces, ninguno de los que subían eran adecuados para ser reyes; y otras veces, un rey que era escogido no era merecedor de ese rango o tenía alguna debilidad trágica.

Quizá, pensó la nyokai, tiene miedo de escoger al rey.

Escoger a un rey era decidir el futuro de un reino entero y cómo ese rey viviera su vida afectaría directamente el destino del kirin. Si e rey se alejaba del camino, es el kirin quien sufre las consecuencias. Cuando los reyes erran el camino, su kirin cae enfermo, esta enfermedad es conocida como shitsudou o Pérdida del Camino, y una vez que el kirin cayera enfermo, poco se podía hacer para curarlo. El rey tenía la vida del kirin en sus manos y eso era ciertamente algo de qué alarmarse.

—De todas formas, el rey no vendrá tan pronto —dijo Taiki para sí mismo.

Sanshi permaneció callada.

No tiene shirei y no sabe transformarse, por eso no cree completamente que sea un kirin. Era fácil entender su falta de confianza y era difícil criticarlo por querer evitar la responsabilidad.

—El Taiho de Kei lo… —Taiki quitó los ojos del sudoeste y miró a Sanshi—. Lo dijo, ¿cierto? Que Tentei me ayudará.

Taiki miró al cielo y aunque su rostro llevaba la inocencia de un niño, reveló también su decisión.

—Sí.

El viento que soplaba sobre las paredes rocosas era cálido y rápido.

 

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