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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 2 de febrero de 2023

Mar del Viento, Orilla del Laberinto - Capítulo 9

 

CAPÍTULO 9

 

 

 

—¡Señor Gyousou! —gritó Risai sobre Hien, su antorcha echaba chispas que caían sobre las rocas mientras el tenba galopaba hacia el claro. La luz del amanecer empezaba a salir del horizonte.

—Señor Gyousou, encontré una cueva que creo que debe ver.

—¿Oh? —dijo y se levantó.

—Está cerca de un pantano no muy lejos de aquí. Había huellas de entrada y salida y sospecho que pueden ser de un sugu.

—¿Crees que es su guarida?

—Quizá.

—Vamos.

Risai levantó a Taiki y lo puso sobre la espalda de Hien mientras Gyousou montaba a Keito. En unos momentos ya estaban en camino.

  

 

La entrada de la cueva se había formado entre dos grandes peñascos en el borde de una gran extensión de pantano. Hierbas escasas se veían allí y aquí en el espacio abierto dividido por la oscuridad, también había arremolinados parches de lo que podía ser agua o barro muy mojado. Más cerca a la entrada de la cueva, donde el suelo se levantaba un poco, el terreno era más firme y seco, y con una escasa capa de hierba.

Por las luces de sus antorchas, los tres aventureros pudieron ver claramente las huellas que llevaban a la entrada de la cueva.

Gyousou hizo detenerse a Keito y comparó las huellas de él con las que habían encontrado. Cualquiera que fuera la criatura, tenía patas más grandes.

—Puede que no sea un sugu después de todo, ¿pero entonces qué es?

Risai desmontó y miró a la entrada de la cueva. Las paredes de la cueva estaban conformadas por rocas naturalmente apiladas, donde una piedra más ancha se curvaba sobre ellas, por lo que creaban una entrada tan alta como la general. Era menos parecida a una cueva y más como un agujero entre dos peñascos que formaban algún tipo de túnel. El túnel recorría una corta distancia entre las piedras y luego había una curva, por lo que no se podía ver más allá.

—Entré cuando estuve aquí antes y sé que es bastante profundo. ¿Lo exploramos?

—¿Y si encontramos un dragón?

—Dicen que hay un dragón durmiente en el fondo del Mar Amarillo.

Gyousou miró el túnel.

—Eso dicen, pero dicen muchas cosas.

—Aunque sí es un poco pequeño para ser un camino hasta el fondo del Koukai.

—Estoy de acuerdo. Pero ¿qué es?

Risai levantó una ceja.

—¿No quiere averiguarlo?

Sin responder, Gyousou se giró hacia Taiki.

—¿Mi señor?

—No… no lo sé.

—Entonces tal vez debamos echar un vistazo.

Risai ya había entrado a la cueva.

—Yo iré primero, señor Gyousou, el joven señor está en sus manos.

—Entendido.

Fue entonces que Taiki sintió un escalofrío de inseguridad. Miró a Gyousou.

—Um…

—¿Pasa algo?

Risai ya había doblado por la esquina.

Gyousou iba tras ella.

—Sigámosla. Quédese cerca de mí, mi señor.

—Bien.

  

 

Parecía que el túnel estaba dirigiéndose a la base de la colina rocosa sobre ellos. Estaba inclinado hacia abajo, doblándose y curvándose a medida que avanzaban. No había viento, pero la llama de la antorcha se movía, Gyousou lo consideró prueba de que había alguna corriente de aire pasando a través de la cueva. Aquí y allí, pasaron junto a grietas en las paredes rocosas, pero nada lo suficientemente grande para ser considerado una entrada.

—Es bastante largo. —La voz de Gyousou hacía eco.

Delante de ellos, Risai se detuvo.

—¡Es un túnel sin salida!

Delante de ella, el túnel se abría hacia una cámara más ancha sin ninguna salida aparente. Había una bajada de más o menos la altura de Taiki para pasar del túnel al suelo de la cámara.

Risai saltó para inspeccionar el espacio cavernoso. El suelo estaba lleno de rocas y peñascos de diferentes tamaños.

—Qué raro, no hay nada aquí.

—No, hay algo, se puede oler.

Taiki frunció el ceño. Sí que podía oler algo, como Gyousou había dicho. Era un olor que no le gustaba nada, pues causaba algo en su pecho que parecía miedo.

En esta área rocosa, Risai seguía adentrándose más y más. Taiki la vio agachándose junto a una piedra plana. Después de que su figura seguía alejándose cada vez más, Taiki empezó a sentir una fuerte ansiedad.

—¿Qué tenemos aquí? Hay otro agujero en el suelo.

—¿Dónde?

Gyousou levantó a Taiki en sus brazos y saltó hacia la cámara. Subieron por uno de los peñascos inclinados sobre el suelo hasta que pudieron ver el agujero por el que Risai estaba viendo.

Era muy oscuro, demasiado.

—Hay algo… aquí —susurró Taiki.

—¿Eh?

Gyousou y Risai se voltearon para ver al kirin. Taiki sintió un escalofrío en sus piernas. Su pulso se aceleró. El corazón le daba vueltas en su pecho.

—Volvamos… No es bueno. El agujero no es bueno.

—¿Qué pasa?

Taiki apretó la mano de Gyousou y estiró su otra mano para alcanzar a Risai.

—No me gusta.

Risai intercambió miradas con Gyousou y entonces sonrió, poniendo su mano en el borde del agujero.

—Solo quiero ver cómo es por dentro.

—No. ¡No lo hagas!

Taiki corrió hacia Risai para detenerla, pero en el momento en que puso un pie dentro, algo emergió de la oscuridad de las rocas y se puso en medio.

—¡No vayas más lejos!

—¡Sanshi!

La mano de Gyousou fue rápidamente a la empuñadura de la espada, pero cuando vio a Taiki correr hacia la nin’you, se relajó. Sus ojos pudieron verla: medio humana, medio bestia con una cola de lagarto. Esta era la nyokai de la que Taiki hablaba.

Risai también se sorprendió al ver a la nyokai blanca aparecer repentinamente en el medio de la cueva. Una mano todavía descansaba en el borde del agujero, miró a Taiki con intención de hablar, pero algo salió rápidamente de la oscura entrada y se envolvió en su brazo.

Risai no hizo ningún sonido. Fueron Gyousou y el joven kirin quienes gritaron.

—¡Risai!

Con la boca todavía abierta por la sorpresa, la general desapareció de cabeza en el agujero en el suelo de la caverna. Por un segundo, sus piernas patalearon en el aire, pero para el momento en que Taiki se había dado cuenta de lo que pasaba, Risai había desaparecido.

—¡Risai!

La única respuesta para el grito de Taiki fue un grito dentro del agujero.

  

 

Para ser un hombre grande, Gyousou podía moverse como el viento. En cuestión de segundos, ya había cruzado el resto de la caverna y había llegado al agujero que se había tragado a Risai. Solo la oscuridad era visible en la apertura.

—¡Señor Gyousou!

—Sanshi, si así te llamas, toma al joven señor y corre. Ponlo sobre Keito y vuelvan a Houzan.

Sanshi asintió, pero Taiki ya se había alejado de ella, dirigiéndose al general.

—¡No, Taiki! —Sanshi corrió tras él, atrapando al niño entre sus brazos.

—Pero Lady Risai… —dijo mientras señalaba el agujero, pero Gyousou lo detuvo con una mirada.

—Déjeme a Lady Risai a mí. Mi señor debe salir.

—¡No puedo!

Gyousou saltó al agujero sin responder. Taiki se escurrió de los brazos de Sanshi.

—¡Taiki!

El niño corrió por el agujero tan rápido como pudo, tan rápido que se tropezaba salvajemente mientras avanzaba. Sanshi se estiró para atraparlo, pero él apartó sus manos y acelerando, saltó al orificio oscuro detrás del general.

No puedo dejarlo ir, a Gyousou no.

  

 

Fue una caída profunda, pero de alguna forma, Sanshi logró ponerse en frente de Taiki para bloquearle el paso.

—Taiki.

—¡No! ¡No voy a huir de esto!

Sanshi iba a atrapar al joven kirin, pero sus brazos se apartaron.

¿Qué está pasando? ¿Por qué no puedo desobedecerlo?

Por un instante, Sanshi olvidó lo que pasaba a su alrededor y miró sus manos. Taiki era su amo, pero ahora mismo su seguridad es primordial. Tenía que llevárselo de este lugar, de este peligro, aunque no estaba segura de cuál era el peligro exactamente, a pesar de que eso significara ignorar sus deseos y utilizar la fuerza.

Con nueva determinación, se movió para agarrarlo, pero Taiki fácilmente se alejó de ella. Nuevamente apartó las manos, estaba impresionada.

¿Por qué?

Taiki siguió corriendo sin mirar atrás. El espacio en el que habían caído era grande, una caverna real. La única luz llegaba de la antorcha que Gyousou había llevado. La había lanzado al suelo donde su brillo inestable solo profundizaba las sombras en la parte lejana de la gran cámara, haciéndole imposible juzgar cuál era el verdadero tamaño de la cueva.

Gyousou estaba de pie delante del niño, su espalda daba hacia el agujero del que habían llegado y sostenía la espada en su mano. Risai yacía sobre el suelo a una corta distancia de él. Algo la cubría, una oscuridad inmensa y sin forma.

Taiki lo miró con mucho esfuerzo. Parecía como una sombra y nada más, una gran masa de sombra. Entonces, parte de la oscuridad se levantó como un gran cuello y se dirigió a Risai.

¡Toutetsu!

Fue Sanshi quien gritó.

¿Cómo puede ser?

La nyokai estaba de pie con sus patas en tensión mirando al demonio. Este no era cualquier demonio, la fuerza de un toutetsu iba más allá de la comprensión. Era tan raro que se los viera, que se creía comúnmente que no eran más que mitos. Sanshi no podía proteger a su kirin de esto, no creía que nadie pudiera protegerlo.

Risai logró levantar la cabeza.

—¡Mi señor, debe irse!

—¡No puedo!

—¡El Reino de Tai lo necesita, mi señor! —gritó Gyousou—. ¡No debe morir aquí!

—¡No puedo huir! ¡No puedo abandonarte!

Un grito resonó por toda la cueva.

El oscuro cuello de la criatura golpeó a Risai en el suelo y entonces se dirigió a Gyousou.

Gyousou saltó para evitar el ataque del demonio y el cuello de sombras pasó justo por encima de su cabeza y entonces se levantó alto hasta el techo de la caverna.

La mente de Taiki se aceleraba.

Debo detenerlo. Esa cosa terrible… debo detenerlo. ¿Pero cómo lo haré?

Antes de que la idea llegara a su mente, su cuerpo ya empezaba a moverse.

La señal de la espada.

¡Rin, Byou, Tou, Sha, Kai, Jin, Retsu, Zen, Kyou!

Debo detenerlo.

La sombra detuvo sus movimientos instantáneamente.

Bien… ¿ahora qué venía?

Habría dado toquecitos a sus dientes, pero temblaban tanto que tenía miedo de morderse la lengua.

Un núcleo oscuro dentro de la misma oscuridad apareció para encararlo. Entonces, flotando cerca del suelo, vio dos brillantes ojos reflejando la luz de la antorcha.

Y esos fríos ojos se quedaron viendo los de él.

Uh.

—Corran. Todos. Ahora —No sabía por cuánto tiempo podría soportar esa terrible mirada, por cuánto tiempo podría aguantar al monstruo—. Sanshi, toma a Lady Risai.

—Taiki.

—¡He dicho que te la lleves!

Sanshi apretó los dientes. Nuevamente, no tuvo otra opción que obedecer. No podía ir en contra de las palabras de su amo. La nyokai corrió rápidamente hasta Risai, levantó su sangriento cuerpo en sus brazos y corrió mirando una última vez a Taiki, entonces salió por el agujero.

—Señor Gyousou, debe escapar ahora.

Sabía que Gyousou estaba en el suelo detrás de él en alguna parte, pero no pudo verlo. No podía correr el riesgo para resguardarse de que el general no estuviera herido. Todo lo que podía hacer era mirar a esos dos ojos rojos oscuros, del color de la sangre coagulada.

—¡Por favor!

—No puedo —dijo Gyousou con voz baja.

Taiki no podía malgastar nuevamente su energía para volverle a preguntar.

Por primera vez, se dio cuenta de que una simple mirada podía tener fuerza: la fuerza de su mirada empujando, la fuerza de su mirada siendo repelida.

El poder de sus miradas, del kirin y el toutetsu, llenó la caverna entera y el tiempo se detuvo.

  

 

Estoy sudando.

Taiki no tenía idea de cuánto tiempo había pasado mirando fijamente a esos dos ojos. Podía sentir su sudor goteando desde su frente, corriendo por sus mejillas y amontonándose en el cuello de su camisa.

Inhaló profundamente por su nariz.

Exhalo por la boca y lo hago de nuevo.

Mi frente…

Un dolor pulsante se había apoderado del lugar entre sus cejas. Podía sentir algo duro y caliente allí, enterrado bajo su cráneo. Mientras pasaba el tiempo, el dolor aumentaba, era como ser tocado por metal caliente. Esperaba que fuera sudor lo que sentía caer de su frente y no…

Mis ojos…

Hacía tiempo había dejado de ver. Solo estaba mirando en la dirección de esa terrible fuerza, donde asumía que los ojos de su adversario estarían. Pero ahora estaba perdiendo incluso eso.

Tiempo…

¿Cuánto tiempo se había quedado allí? La pregunta aparecía dentro de él, pero no recordaba por qué debía importarle.

¿Cuánto… más?

¿Qué importaba cuánto tiempo llevaba allí? ¿Qué importaba cuánto tiempo más estaría allí?

Entonces, repentinamente, sintió una nueva forma de resistencia. Algo se interponía entre él y la fuerza del demonio que lo empujaba, algo como un velo o quizá era el mismo aire siendo atraído a la frontera de fuerza que conectaba sus ojos.

Tiempo…

¿Qué me importa qué hora es?

La resistencia se incrementaba y la mente torturada de Taiki se aceleraba. De las bóvedas de su memoria, recordó las palabras de Taiki.

¡Es por eso!

En el momento en que se dio cuenta, sintió como si su frente se abriera en dos. La caverna parecía llenarse de bruma, el aire que respiraba ardía en su garganta. La mirada del toutetsu arremetía contra él como un gran puño. No podía empujar más a la fuerza de esa terrible mirada, era como si una temible hora hubiese llegado.

El seiki se vuelve shiki.

—Señor Gyousou… —No sabía si Gyousou todavía estaba allí, si lo estaba, Taiki no sabía dónde—. Por favor, corre.

No puedo aguantarlo por más tiempo.

—Siento decir que no puedo —dijo la voz del general detrás de él—. No puedo mover mis piernas.

Los ojos del kirin se abrieron sorprendidos.

Su atención fallaba.

¡Está pasando! Se convierte en shiki.

—He sido herido. No puedo moverme. ¡Por favor, ayúdeme!

Y de repente, la concentración de Taiki estaba de vuelta, su voluntad se volvía a encender como una gran llama.

  

 

Los poderes que contendían en la caverna estaban balanceados una vez más, aunque más precariamente que antes.

¿Es sudor?

Algo caliente chorreaba por su frente.

Podía sentir a Gyousou quieto tras él.

No hay… otra forma.

Su oscuro enemigo no se movía, pero su mirada lo atravesaba, llenando su mente.

Me llevará.

Gyousou no se movía y Taiki tampoco.

Entonces, un nuevo pensamiento apareció en su mente.

Arrodíllate…

Arrodíllate ante mí…

De repente, la oscuridad se movió. No lo vio realmente, más bien lo sintió.

El poder que presionaba contra él se redujo. Pudo respirar profundamente por primera vez desde que la lucha había empezado.

Arrodíllate ante mí.

Podía sentir la fuerza del demonio debilitándose. Repentinamente, descubrió que podía parpadear, quitándose el sudor y aclarando su visión borrosa. Vio la forma entera de su oponente con un miembro sobre su cabeza como un arma. Mientras miraba, la oscura forma tembló y se encogió, hasta que lo que parecía como una infinita masa adoptó una forma concreta de oscuridad, aunque era lo suficientemente grande para llenar la caverna.

Taiki no sentía miedo. La rigidez desapareció de su cuerpo y podía sentir sus miembros como si fuera la primera vez.

—Arrodíllate.

La oscuridad se encogió aún más, cambiando en la forma de un gran buey.

Después un tigre.

Luego una gran águila.

Siguiendo con una serpiente gigante.

La criatura cambió de una forma a la otra, mostrando su increíble poder.

Al final, tomó la forma de un perro pequeño.

—Arrodíllate como mi shirei.

Taiki levantó una mano hacia el techo para recibir la Voluntad Divina. Y entonces, así como así, la fuerza que lo empujaba con su mirada se detuvo. La resistencia en el aire desapareció y algo lo recorría. El gran poder salía invisible de sus manos, tirando de la cosa hacia él, atándola.

—Los demonios se someten y hay armonía entre la luz y la oscuridad.

De su palma salió el sonido del agua desbordándose, recorriéndolo hasta su nuca.

El sonido se revolvía dentro de él, formando figuras en su mente.

Una persona. Jugando. Emergiendo. En el viento. Una bandera ondeando. Un látigo golpeando, agua arremetiendo. Desbordándose.

—¡Rápidamente de acuerdo con las leyes!

Entonces, todas las sensaciones se unieron en un pensamiento, una palabra: la orgullosa inundación.

—¡Ven a mí, Gouran!

El perro se acercó a él, sus bordes se difuminaban y cambiaban mientras se movía. Mientras se acercaba, Taiki pensó que el perro le recordaba a un shiba inu[1] y la oscuridad alrededor del perro se empequeñeció, cambiando su pelaje a uno fino y marrón.

Me gustaría que fuese un cachorro, un cachorro de patas blancas.

Y la criatura cambió para convertirse exactamente en eso.

Para cuando se sentó a los pies de Taiki, el perro era prácticamente igual a los que conocía de su hogar en Hourai.

—Gouran.

Se dobló para tocarlo y el cachorro se levantó para saludarlo moviendo la cola. Cuando estiró la mano, su cálida lengua lamió la punta de sus dedos. Entonces, Taiki lo levantó y le dio un abrazo. La fuerza se fue de sus rígidas piernas y Taiki se sentó exhausto sobre el suelo.

  

 

—No soy… no soy…

No soy humano.

No era ni persona ni bestia, hacía parte de algo más grande, algo de mayor poder, algo que se extendía hasta las fronteras de este mundo. Podía sentirlo en todo su cuerpo.

No soy humano.

Por primera vez, supo que era el kirin.

Realmente no soy… yo.

Finalmente entendió lo que significaba ser un kirin y ser parte de los mismos Cielos. ¿Cómo podía seguir entendiendo la Voluntad del Cielo? ¿Cómo podía seguir ejerciéndola? Se dio cuenta de que hasta ahora una parte de él no quería creer. No quería aceptar que era algo más que el chico ordinario que siempre pensó que era.

Pero ahora lo sé.

La criatura que era superaba las fronteras de su yo como lo había entendido. Estaba directamente conectado con los Cielos y a través de esa conexión, un gran poder fluía al pequeño caparazón que era su cuerpo.

—No lo puedo creer… —dijo una voz rasposa de algún lugar tras él, trayendo a Taiki de vuelta al presente. No estaba solo en la caverna.

El kirin se dio la vuelta para ver al señor Gyousou sentado sobre un gran peñasco, atónito.

—No creí que fuera posible incluso para un kirin apaciguar a un toutetsu.

Taiki se levantó de forma inestable. Sus piernas todavía temblaban y le era difícil caminar.

—¿Estás bien? Estás herido…

—No, estoy bien.

Con Gouran entre sus brazos, Taiki se sentó frente a Gyousou. La antorcha se había extinguido hace tiempo, pero una tenue luz entraba a la caverna por un agujero en las rocas del techo, liberando a la cueva de su completa oscuridad.

Taiki examinó al general intentando determinar la gravedad de sus heridas, pero no parecía haber problemas.

—¿No estás herido? ¿Te rompiste algo?

Gyousou negó con la cabeza.

—No, no estoy herido —Su mirada roja todavía estaba calmada y pensativa—. Le pido disculpas por mi mentira.

Taiki quedó boquiabierto cuando se dio cuenta de lo que Gyousou había hecho.

  

 

Cuando Taiki le gritó que corriera, Gyousou había evaluado la situación en un segundo.

No debo moverme de este lugar.

De haberse movido, se habría arriesgado a desconcentrar a Taiki y en el momento en que eso pasara, todo estaría perdido. No podía permitir que el kirin sintiera la más mínima distracción o el más mínimo alivio cuando su cuerpo y mente luchaban contra un toutetsu.

Así que Gyousou permaneció allí, petrificado mientras observaba.

Y mientras se sentaba allí viendo al niño y preguntándose cómo exactamente Taiki empujaba al demonio en la oscuridad, Gyousou entendió lo que niño quería decir antes cuando habló de “presencia”. No podía haber otro nombre para ese poder que llenaba la caverna mientras el kirin y el demonio luchaban.

Para su sorpresa, Gyousou se quedó inmóvil por la admiración. Si ese pequeño niño no se hubiera interpuesto entre él y el toutetsu, la sola fuerza de la presencia de Gouran habría tragado vivo al general. Y si Taiki hubiese dudado, seguramente Gyousou habría muerto hace mucho junto a él. Mientras la consciencia de esto se asentaba, se sentía tan abrumado que no podía correr o moverse, así que solo se había sentado a admirar la muestra de poder que se llevaba a cabo ante él.

—Gracias por salvarme.

Taiki negó con la cabeza.

—No, gracias a ti, señor Gyousou. Eres increíble.

—Guarde sus cumplidos para usted mismo, se lo merece —respondió Gyousou con una sonrisa. Con un gesto paternal apartó el pelo de Taiki y limpió su sudor—. Eso fue impresionante. El Reino de Tai está bendecido al tener a un kirin de su rango.

Taiki miró al hombre que lo miraba de vuelta.

Un kirin. Soy un kirin.

La mano del general en su cabeza era amable y se sentía muy cómodo al saber que este hombre era su amigo.

Si tan solo el señor Gyousou fuera el rey…

  

 

—Por Tentei, ¿qué ha pasado?

Teiei iba y venía consternada, se mordía ansiosamente las uñas. Youka estaba junto a ella con su cara tan pálida como la nieve.

—¿Lady Risai no ha despertado todavía?

El sirviente negó con la cabeza y siguió de pie en silencio. No había nada más que pudiera hacer.

Sanshi había regresado al amanecer, llevando a la general inconsciente entre sus brazos con su cuerpo lleno de horribles heridas. La nyokai dejó a Risai y desapareció sin dar ni una palabra de explicación. Solamente eso era suficiente para darle pesadillas al sirviente de Risai, pero además las nyosen lo habían regañado desde el mediodía y ya se acercaba la noche y su señora todavía no despertaba.

—¡Se le confió nuestro señor a Lady Risai y aún así ella ha regresado sin Taiki! ¡Pensé que era una mujer de palabra! —El sirviente se postró ante la enfurecida nyosen, pero la ira de Teiei no disminuía—. Si llegara a pasar lo peor… ni tú ni tu general vivirán un día más.

Las otras nyosen acababan de entrar y le rogaban a Teiei que cesara su diatriba cuando una conmoción se desató en la parte más lejana del campamento.

—¿Qué sucede?

Teiei se giró y una de las otras mujeres señaló a la distancia.

—¡Es un sugu! ¡Y miren!

—¡Señor Gyousou!

El sugu galopaba a través del claro con su pelaje brillando bajo la luz del sol y su larga cola levantada como un látigo. Un tenba los seguía cerca. Uno de los seguidores de Risai gritó:

—¡Hien!

Las dos bestias saltaron sobre una tienda cercana de un solo brinco, aterrizando silenciosamente sobre la hierba ante la pequeña multitud. Un grito se escuchó cuando vieron a Gyousou sobre Keito y al chico que llevaba en sus brazos.

—¡Gyousou! —Teiei se abrió paso a empujones a través de la barrera de curiosos y corrió hasta el sugu—. ¿Qué ha pasado? ¿Qué significa…?

Gyousou le hizo un gesto de silencio, pero cuando se detuvo, empezó a gritar nuevamente.

—Taiki, ¿está…?

—Durmiendo, sí. No deseo despertarlo —dijo Gyousou calmadamente.

Algo más aplacada, Teiei se acercó más. Ninguna de las heridas que temía o las cicatrices que había imaginado eran visibles, el niño dormía pacíficamente en brazos de Gyousou. Finalmente, toda la tensión escapó de sus hombros.

—Entonces… está bien.

Gyousou desmontó con el kirin en sus brazos.

—Lo llevaré al palacio.

—Antes de eso, explícame qué ha sucedido. Debemos escuchar una explicación antes de decidir si serás bienvenido a estas montañas nuevamente.

Gyousou rio.

—No temas, el joven señor solo está cansado. Se durmió tan pronto como lo subí en la espalda de Keito.

—¡Pero han tardado tanto! Te pedí que lo trajeras para el mediodía. No puedes esperar que esté complacida.

—Lo siento —Gyousou miró alrededor—. Pero quizá sería mejor que lo llevara ahora pues no deseo despertarlo. Puedo darte explicaciones mientras caminamos.

Al escuchar el tono conspirativo en la voz de Gyousou, Teiei miró alrededor. Había varios curiosos de otros campamentos que fueron a ver qué traían los cazadores y ahora estaban reunidos cerca, mirando fijamente al general y a la nyosen. Teiei asintió.

—Sí… quizá sea lo mejor.

Teiei le hizo un gesto a las otras nyosen y entonces se dio la vuelta y se dirigió a las puertas del palacio. En un momento, la puerta se abrió y Gyousou entró al Palacio Houro.

—Ahora darás tus explicaciones —dijo Teiei mientras caminaban por los retorcidos pasajes del laberinto.

—Apaciguar lleva su tiempo.

Teiei se sorprendió. Se escuchó un murmullo entre las nyosen que caminaban tras ellos.

—¿Apaciguar? ¿Taiki?

—El joven señor me dijo que no tenía shirei.

—Sí, es verdad, pero no es…

—Por supuesto que no se lo diré a nadie. No querría que alguien pudiera pensar menos de Tai por culpa mía. Sin embargo, parece que no debo temer pues nuestro señor ha tomado un shirei.

La mirada de Teiei pasó del hombre sonriente al kirin durmiente.

—¿Cómo pasó?

—Retó a un demonio y ganó, aunque la lucha duró desde el amanecer hasta hace una hora.

Teiei suspiró profundamente. Esta noticia era un alivio en varios niveles.

—Ya veo. No lo sabía… perdóname si hablé demasiado.

—No hay problema.

Teiei miró al chico en los brazos del guerrero. Debe estar muy cansado y su rostro mientras dormía estaba pálido, pero esto no era de gran preocupación. Una buena noche de descanso lo curaría.

Si puede apaciguar, seguramente podrá transformarse.

Finalmente, el Señor de Houzan estaba completo. Taiki sería liberado de todas sus preocupaciones y las nyosen serían liberadas de tener que consolarlo cada vez que fallara.

—Son realmente buenas noticias.

—No has escuchado toda la historia. Parece ser que no se debe menospreciar a un kirin negro ya que pudo apaciguar a un toutetsu

Teiei se detuvo inmediatamente como si hubiera chocado con una pared.

—¿Qué has dicho?

—Dije que tomó a un toutetsu.

—¡Es imposible! —Un chillido se escuchó de las nyosen tras ellos.

Era realmente imposible. Los toutetsu no eran shirei. No estaban en el mismo nivel que los demonios ordinarios que los kirin típicamente apaciguaban.

—Yo también me sorprendí —dijo Gyousou bajando la mirada hacia el niño que dormía profundamente con su rostro inexpresivo—. Aunque todos los astros estuvieran alineados, es una proeza que pocos kirin pueden realizar. Temo por su futuro.

—¿Disculpa?

—Te pido disculpas si sueno descortés, pero te aseguro que no le deseo ningún mal, es solo que posee un poder tan grande pero no sabe utilizarlo… es una combinación peligrosa —Teiei frunció el ceño ligeramente—. Tal vez este éxito le dé la confianza que necesita —Continuó Gyousou—. Creo que su fuerza apareció de un deseo muy fuerte de protegerme, sin embargo, si no puede utilizar su fuerza sin alguien a quien proteger, temo que le haga más daño que bien.

—Sí, eres sabio —dijo Teiei suavemente.

—Posee un poder tremendo pero su voluntad es débil. Quizá sea su falta de confianza o tal vez haya otra razón… En cualquier caso, ansío ver su progreso con alegría e inquietud.

—Espero que tus miedos sean infundados.

—Comparto tu esperanza. Y al mismo tiempo, aunque sea impropio decirlo como habitante de Tai, creo que sería mejor para mi señor quedarse en Houzan todo el tiempo que pueda.

Teiei miró fijamente a Gyousou. Este era un hombre que entendía cómo funcionaban las cosas. Era lamentable que la revelación no se diera para él.

Gyousou posó sus ojos sobre el niño.

—Es una criatura fabulosa. Siento no poder estar aquí para cuando libere su poder.

 

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