Entrada destacada

El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 3 de febrero de 2023

Dios del Mar en el Mar del Este, Extenso en el del Oeste - Capítulo 32

 

CAPÍTULO 32

 

 

 

Rokuta se adentró debajo del palacio, en lugares reducidos aun para gatear. Respondiendo a sus reiteradas citaciones, Rikaku finalmente apareció. Todavía no estaba en condición para llevar a Rokuta en su lomo. En su lugar, Rokuta se agarró a su pelo gris oscuro y lo utilizó como un hombro donde apoyarse, ya que se encaminaban a través de túneles con poca luz.

Los túneles iban y venían dentro de la montaña, ramificándose varias veces en el proceso. Podrían desviarse en un abrir y cerrar de ojos. Rokuta perdió la cuenta de cuántos niveles habían descendido, y luego no pudo encontrar el camino que conducía más abajo. Desconcertado, apresuradamente intentó dar marcha atrás.

—¿Dónde estamos? —se preguntó en voz alta, en busca de sus propias huellas.

Pero había muchos lugares donde el agua que caía y se convertía en barro -lugares en los que sobresalían los cantos rodados que elevaban la tierra- lugares donde la luz era tan tenue que apenas podía ver una cosa: que era imposible continuar por ese camino.

—Youhi. ¿Puedes encontrar el camino hacia abajo?

Sombras parpadearon en el aire sombrío, seguidos por una respuesta de dolor.

—No está por ninguna parte… por aquí. De alguna manera… hemos entrado… en una cámara subterránea completamente diferente.

—Estamos en algún lugar debajo del palacio. ¿Puedes decir dónde?

—Perdóneme. No puedo pasar a través de las paredes o del piso.

Los shirei normalmente tenían los poderes del tonkou a su disposición. Utilizando el tonkou podían pasar ocultos a través de las venas de la tierra, las corrientes en el agua, y todo lo que estuviera impregnado por una veta de materia espiritual. Usando la presencia del kirin como una especie de faro, podían ir y venir a voluntad, incluso cuando estaban separados por miles de kilómetros.

Excepto que era casi imposible en su condición actual. Algunos kirin nacidos en el monte Hou podían hacer lo mismo. Por desgracia, Rokuta no era uno de ellos.

El agua subterránea se derramaba en los pasillos tallados en la roca. La única luz provenía de parches dispersos de mismo luminoso.

Rikaku sugirió en un hilo de voz:

—Tal vez si descansamos un rato.

Se apoyó contra la pared y cayó al suelo. El vértigo era insoportable. Simplemente caminaba con una mano en la pared, sentía como si se aferrara a la borda de un barco en un mar agitado. Su conciencia se desvanecía y volvía. Tuvo que usar lo que le quedaba de coraje para mantenerse en pie. El chal sobre su cabeza estaba empapado de sudor. Hacía tiempo se había desecho de todo lo demás que llevaba.

Echando otro vistazo a su alrededor no reveló nada que pudiera resultar útil en lo más mínimo. Agua goteando por el pasadizo convertía el polvo acumulado en barro y no conservaba una sola huella.

Rokuta se dejó caer sobre la espalda de Rikaku y respiró profundo. Un sonido cercano lo hizo mirar a su alrededor con un sobresalto. Aguzó el oído hasta que pudo percibir el sonido de su propia respiración.

—¿Hay alguien ahí?

La pregunta golpeó el aire vacío como un tambor. El silencio fluyó hacia atrás. Y entonces una pregunta similar vino de no muy lejos.

—¿Quién eres tú?

Rokuta examinó la pared de enfrente. La voz provenía de una estrecha grieta.

—Um, un niño perdido.

Mirando en la grieta reveló solo más oscuridad. A pesar de la grieta en sí no parecía ser muy profunda.

—¿Un niño perdido? ¿Qué estás haciendo, dando vueltas en un lugar como este?

—Yo, um, fui a dar un paseo… ¿Dónde está este lugar?

El hombre rio entre dientes. Había un toque de locura en su risa.

—Bienvenido al infierno.

—¿Quién eres tú?

—No seas grosero. ¿No conoces el nombre de tu señor?

Rokuta se estremeció.

El número de personas que podrían llamarse señor de ese palacio era muy pequeño. La imagen del anciano encadenado apareció en sus pensamientos.

—No creo que… ¿tú eres Genkai?

—Es, mi señor para ti. Todavía estoy lo suficientemente vivo para merecer un poco de respeto—. Una risa burlona se derramó a través de la grieta.

—He oído que Genkai… lo siento, mi señor, se encontraba en mal estado de salud.

Así que el otro viejo no era Genkai. ¿Quién le hizo esto?

—Mal de salud. No lo dudo. No he tenido nada de comer o beber en años.

—¿Nadie te trae la cena? ¿Eres un prisionero aquí?

—¿Prisionero? ¿Llamas a esto una prisión? Sería más exacto decir que me arrojaron aquí. Arrojado al infierno y olvidado. Nadie ha venido una sola vez para ver cómo estoy.

Rokuta tragó. Los señores provinciales eran inmortales. Hasta que sus nombres fueran eliminados del Registro de Inmortales, la muerte solo podía provenir de una decapitación o desmembramiento. Cualquier lesión más leve se curaría con el tiempo. La mera negligencia no era suficiente. El kirin y los emperadores no eran diferentes.

—No he escuchado el sonido de una voz humana en mucho tiempo.

—Increíble —Rokuta murmuró para sí mismo.

Genkai dejó de reír.

—¿Cuántos años llevo aquí? ¿Qué va a hacerme exactamente? Codiciaba la posición del Señor Provincial para sí mismo. Pero no soy el emperador. Los señores provinciales son nombrados por el emperador. No es una posición que pueda otorgar por la bondad de mi corazón. Seguramente tú lo entiendes.

Aferrándose a la pared de piedra, los dedos de Rokuta se estrecharon.

—No querrás decir que… ¿quieres decir Atsuyu?

No parecía posible. El ministro fue tan ampliamente elogiado por su humanidad, su compasión por el hombre común. Kouya había dicho lo mismo. Consideraba a Atsuyu como su benefactor, Atsuyu lo había rescatado cuando Rokuta no había podido. Ese mismo Atsuyu, que afirmaba estar actuando por el bien común y de acuerdo con el rumbo no podría haber encarcelado cruelmente a Genkai allí.

—Por supuesto que me refiero a ese pequeño bastardo —Genkai respondió sin vacilar, sin hacer ningún esfuerzo para ocultar el odio en su voz—. No es como que decidí un día dejar de ser el Señor Provincial. Tan pronto como lo rechacé, él insistió en que me convirtiera en el emperador. Bueno, no es que ese pensamiento nunca se me hubiera cruzado por la mente, pero eso depende de la Voluntad Divina. Eso no iba a pasar. Dijo que yo era un cobarde y un tonto que no tenía aspiraciones imperiales. Yo estaba contento de congraciarme con el emperador, halagar y engatusar a mis superiores para mantener mi trabajo y mi vida durante unos años más.

Él debía estar refiriéndose al emperador Kyou. Rokuta había oído que Genkai no había aparecido en público desde la época del emperador Kyou.

—¡Por supuesto me gané el favor todo lo que pude! Me ordenaron arrestar a vasallos corruptos y cortar las insurrecciones de raíz y lo hice tal como me dijeron. Si yo no mataba suficientes plebeyos, sería mi cabeza la que cortaran.

»Cuando no alcancé mi cuota de ejecuciones, fui acusado de ser perezoso. Incluso fui acusado de albergar traición en mi corazón. La única manera de demostrar mi fidelidad al trono era matar a más inocentes. Por cierto, ¿ya se murió?

—¿El emperador Kyou? Por supuesto. Se dice que recibió su recompensa en proporción directa al número de los llamados traidores que mató.

—Te lo juro, no era más que eso. Créeme. —Las protestas de Genkai se desbordaron con amargura—. Atsuyu dijo que no estaba calificado para ser el Señor Provincial y me arrojó aquí. ¿Cómo crees que se convirtió en Ministro en Jefe del Rikkan? Debido a que yo elegí al primer ministro. Soy el Señor Provincial, después de todo. Atesoro a la provincia de Gen más que el emperador.

—Bajo el dominio despótico del emperador Kyou, vendiste a tus propios súbditos y dices apreciar a tu estado por encima de todo.

—¿Qué otra cosa podía hacer?

—Es por eso por lo que Atsuyu te desprecia, ¿verdad? No importa cuántas veces te lo advirtió, solo te lavaste las manos y dijiste que no tenías otra opción. No querías oprimir al pueblo. Solo cumplías órdenes.

—Sí, exactamente.

—Nunca tomaste una postura y le reprochaste al emperador. Cuando Atsuyu te pidió entregar las riendas del gobierno, te quejaste de que el emperador te lo había ordenado. Y por eso terminaste siendo arrojado a un lugar como este.

Eso es a lo que se redujo todo, pensó Rokuta para sí mismo.

Atsuyu concluyó que Genkai no era competente para gobernar, en el fondo, no tenía los mejores intereses hacia su pueblo, y por eso lo encerró en esa prisión.

Cuando el emperador Kyou se apartó del rumbo, el único camino viable a seguir para los hombres de conciencia era el de contraatacar. Excepto que Genkai seguía al emperador Kyou y persiguió a su pueblo para salvar su propio pellejo. Tuvo que ser encerrado por el bien de sus súbditos. En ese momento, durante el reinado del emperador Kyou, Atsuyu inventó la historia de que el Señor Provincial había caído enfermo y tuvo que tomar el control provisional del gobierno. Rokuta entendía todo eso.

Pero ¿y por qué el otro prisionero?

Cuando Genkai finalmente terminó su soliloquio, Rokuta dijo:

—Si tengo suerte, voy a volver y te ayudaré.

Es decir, si la insurrección era sofocada y el emperador reinante ganaba.

Rokuta respiró, regañó a sus piernas que no cooperaban y se puso de pie. Mientras se alejaba, la voz áspera de Genkai lo persiguió.

—Lo sé. Todo lo que Atsuyu realmente quería era ser el Señor Provincial.

Rokuta se detuvo, pero no se dio la vuelta.

—Necesitaba una excusa, esto es todo. Cualquier cosa para justificar mandarme lejos y encerrarme aquí abajo —Rokuta podía oírlo rechinar los dientes—. ¿Atsuyu te dijo alguna vez acerca de su habilidad con el arco?

—No.

—Nunca perdió, incluso en el festival Tsuina[1]. Pues bien, una vez perdió.

Genkai se rio entre dientes, una especie de risa retorcida. Sin idea de a dónde iba esta historia, Rokuta se quedó allí y escuchó.

—Perdió una vez, Atsuyu se lo atribuyó al criado que había preparado la diana. Tras haber invocado a los dioses y expulsado a los malos espíritus, la diana se atrevió a inclinarse hacia un lado. Insistió en que la brujería era la causa de su propio error y el pobre hombre fue ejecutado.

Rokuta frunció el ceño.

—Atsuyu fue un niño precoz, capaz de cualquier cosa que se propusiera. Era exigente, empático, e inteligente. Él tenía un defecto en su carácter. Nunca podía admitir que se había equivocado, admitir que él podía cometer un error.

Genkai rio de nuevo.

—Después de la muerte del emperador Kyou, ¿por qué no fue al Shouzan y Enki sondeó su alma de acuerdo con la Voluntad Divina? Nunca podría hacer eso. ¿Y si él no pasaba la prueba? Incluso la posibilidad de fracaso era una vergüenza que no podía imaginar sufrir.

—Pero…

—Pero qué, ¿su coraje? ¿Sus grandes habilidades y logros? Pues bien, eso es algo fácil de lograr cuando tus pecados siempre perteneces a otra persona, cuando la culpa siempre cae sobre la cabeza de alguien más. Nunca ha admitido equivocarse sobre cualquier cosa. No hay fin para ese tipo de coraje.

Rokuta bajó la mirada a sus pies, con lágrimas en los ojos. Al escuchar a Genkai, sintió las dudas que brotaban en su corazón.

Ese prisionero.

—Se cree que es perfecto, como ves. Quiere creer que es así, por lo que ignora a alguien injustamente herido. Para ocultar las cicatrices que ha infligido, las hace desaparecer. Ese es el tipo de hombre que es.

Las piernas de Rokuta temblaban mientras se alejaba. Esta vez no se detuvo.

Atsuyu afirmaba que se había sublevado por el bien de las personas. Había sabiduría en sus palabras, y por eso Rokuta no se había resistido a convertirse en su rehén. Pero ¿había olvidado que aquellos que predican la justicia, los más ruidosos, son los menos propensos a ser justos?

La defensa de la justicia es lo que la gente hacía como una cuestión de rutina. Los emperadores, gobernantes y reyes nunca enviaron soldados a la guerra sin reivindicar que la justicia estaba de su lado. Pero era una virtud hueca. Y las personas sufrían en nombre de la justicia.

Una guerra civil solo hará que se sufra más, le dijo Rokuta a Atsuyu una y otra vez.

¿Por qué seguía diciendo que todo era por el pueblo e insistía en aumentar los ejércitos, sin importar qué? Si él realmente estaba poniendo primero a las personas, ¿por qué los militares siempre tenían prioridad?

Tal vez el vacío de esa virtud explicaba la extraña sensación de impotencia que sentía Rokuta cada vez que intentaba señalarle esto a Atsuyu.

—Atsuyu… —dijo Rokuta en voz alta.

Ese prisionero.

—¿Se suponía que iba a ser el doble de cuerpo de Genkai?

Mandando a Genkai lejos y dejando a un doble en su lugar, escondido justo por debajo del Palacio Interior.

“Detente”, el anciano había llorado una y otra vez.

O eso era lo que Rokuta pensaba que estaba diciendo. Atsuyu contrató al anciano para sentarse en esa celda sin luz y pretender ser Genkai. Pero el actor se cansó de interpretar ese papel.

“Quiero parar”. Eso es lo que quería decir. “Déjame salir de aquí”.

En su lugar había estado encadenado y detenido, le cortaron la lengua para evitar que dijera demasiado.

—Maldita sea, Atsuyu.

Rokuta sentía como si el sonido de la voz de Genkai fuera a seguirlo a todas partes.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario