CAPÍTULO
11
Hirose se despertó en la mañana por la sirena de una patrulla.
Podía oír el penetrante sonido de la sirena frente al complejo de apartamentos.
Cuando se sentó, Takasato, también despierto, se levantó. Los dos
intercambiaron miradas con ceños fruncidos. Todavía estaba oscuro dentro de la
habitación.
Hirose se paró y fue a la cocina a ver qué pasaba. Abrió la
ventana, dejando una pequeña abertura y espió al exterior. La patrulla estaba
estacionada frente al complejo de apartamentos, y varias figuras se movían en
direcciones aleatorias.
—¿…Qué sucede?
—No lo sé.
Por un instante, Hirose quiso salir
a echar un vistazo, pero cuando pensó en que iba a ser rodeado por la prensa,
se sintió mal y abandonó la idea. Las personas de aquí y allá comenzaron a
reunirse, y podía oír gritos de la conmoción. “La cosa no está tan fácil”,
pensó Hirose.
Cuando volvió a mirar, un gran tumulto de gente se había reunido
afuera. Un gran número de figuras que parecían ser curiosos miraban al
departamento. Él podía oír parte de sus conversaciones.
—Muertos… seis personas… reporteros.
Al oír esas voces, Hirose se puso totalmente pálido y se apresuró
a cerrar la ventana.
Takasato parecía inquieto.
—¿Qué pasó ahora?
Hirose forzó una sonrisa y sacudió la cabeza.
—No lo sé. Creo que lo averiguaremos en un rato. Aún es temprano.
Volvamos a dormir.
Después de que Hirose dijera esto,
Takasato se relajó sin preocupación. Tosió por un rato, y se sintió incómodo,
pero después de un rato, Hirose comenzó a escuchar el suave sonido de su
respiración. Probablemente estuviera cansado. La presión que tenía que soportar
era demasiada. Y lo mismo era para Hirose. ¿Tenía algo de fiebre? Su cuerpo se
sentía un poco lento. El frío del suelo se sentía bien bajo sus pies. Hirose se
sentó en la cocina por un momento, y disfrutó del frío.
Antes de que pasara una hora, el área
entera alrededor del complejo de departamentos había estallado por el clamor, y
poco después escucharon que llamaban a la puerta. Hirose se paró, abrió la
puerta solo un poco y se asomó. Un policía uniformado estaba de pie afuera.
—Por favor, abra la puerta —el oficial habló con firmeza. Hirose
sacó la cadena en silencio. El oficial de mediana edad entró y se paró en la
puerta mientras miraba la habitación.
—¿Qué sucedió? —preguntó Hirose. El oficial lo miró fríamente.
—Unos reporteros fueron asesinados, seis de ellos.
Hirose contuvo el aliento. Aunque ya lo había anticipado, no pudo
evitar sentir un choque cuando lo oyó por sí mismo de la boca de un policía. A
través de la puerta de vidrio podían ver que Takasato se había despertado.
—¿Oyó algo sospechoso anoche?
—No —Hirose sacudió la cabeza. El oficial giró hacia Takasato.
—¿Qué hay de ti?
—...No.
—¿Es así? —dijo el oficial mientras se giraba para irse. Mientras salía de
la habitación miró a Hirose.
—Si se le ocurre algo, háganos saber, por favor —el oficial dijo
esto mientras le entregaba una nota amenazante a Hirose—… No me importaría
renunciar.
Antes de que Hirose pudiera decir nada, el oficial había cerrado
la puerta. Con manos temblorosas, Hirose cerró la puerta.
Antes de que pasara media hora, se levantó un tumulto afuera. Los
dos se sentaron juntos detrás de la puerta de vidrio, mientras la conmoción
crecía más y más. Después de otra hora, alguien llamó a la puerta, o quizás
sería mejor describirlo como que alguien golpeó.
—¡Sal! ¡Sal y explícate!
Al oír a esta persona gritar furiosamente, Takasato se puso de pie
rígidamente. Inmediatamente después estallaron los abucheos.
Se enteraron de los detalles a la mañana siguiente.
Seis reporteros que habían estado montando guardia la noche
anterior habían sido asesinados. Todos parecían haber sido atacados por un
perro o algún animal similar. Algo similar a lo que había pasado en la casa de
Takasato, los policías y los de control animal habían comenzado a trabajar
juntos en un esfuerzo de atrapar a todos los perros callejeros.
Aún podía ver, vívidamente en su mente, los cuerpos desfigurados.
Si no fuera por la intervención de Takasato, lo mismo le habría pasado a
Hirose. Tan solo imaginarlo, hizo que a Hirose le recorriera escalofríos por
todo el cuerpo.
Los presentadores de noticias
hablaron más agresivamente que ayer. Hirose tenía miedo de que pudieran
mencionar que habían atrapado a alguna clase de hechicero o algo así, así que
apagó el televisor.
El incesante golpeteo a la puerta continuó. Alguien estaba
golpeando ferozmente la puerta y golpeando la ventana sobre el lavabo. Otros
gritaban condena, y a veces alguien gritaba: “¡Sal!”.
Antes del mediodía, las personas comenzaron a arrojar rocas que
resonaban cada vez que golpeaban la puerta y las ventanas. Después de eso, la
primera piedra, del tamaño de un puño, rompió la ventana y entró volando. El
piso de la cocina se volvió un tiradero de piedras, y algunas de ellas tenían
papeles pegados, uno de los cuales decía “¡Desaparezcan!”. Después de
ver ese papel, Hirose no se sintió con el humor de ver los otros.
Después de un rato, las piedras
dejaron de llegar desde la base del edificio, sino desde el pasillo. Unas pocas
piedras rompieron el vidrio del frente y volaron delante de sus rodillas.
Hirose no pudo aguantarlo más y levantó el teléfono. No salía ningún tono de
este. Hirose miró fijamente el teléfono. Seguramente la línea habría sido
cortada.
Pronto, también se arrojaron piedras desde el lado de la presa, y
también pudieron oír abucheos viniendo de esa dirección. Después de que las
ventanas que daban al balcón se hicieran añicos, las piedras entraron volando
una tras otra. Hirose tomó a Takasato y lo escondió en el baño. Los dos se
acurrucaron allí, sin decir nada, mientras oían los continuos ruidos de
destrucción.
La policía llegó allí alrededor de las 12:30, pero Hirose sintió
que fue un período de tiempo extremadamente largo.
—Ya pueden salir —oyeron que alguien
decía. Hirose abrió la puerta y vio a un hombre familiar de pie frente a la
puerta. Recordó que aquel era el detective que los recibió cuando fueron a
recoger los restos.
Fueron llevados a la estación de policía e interrogados como
víctimas de la violencia callejera. Cuando terminaron el papeleo, llegó Gotou,
apresurado con Totoki.
—¿Estás bien, Hirose? —preguntó Gotou tan pronto como entró en la pequeña habitación
en la que estaban sentados. Hirose puso los dedos frente a sus labios e hizo un
gesto con los ojos, a una silla junto a la ventana. Takasato se había dormido
apoyado sobre el marco de la ventana.
—¿Cómo está tu condición física? —preguntó Totoki, en voz baja—. Probablemente estás cansado.
Debe ser muy duro atravesar por todo esto.
Los otros dos asintieron. Gotou caminó hacia la ventana y miró a
Takasato.
—¿Ya han decidido quién será el tutor?
—No lo sé. No es momento de pensar en eso, ya que todos esos
familiares se han ido a casa. Tengo el presentimiento de que quedará
inconcluso.
Mirando a Takasato, Gotou murmuró:
—¿Qué pasará con este niño de ahora en adelante?
Hirose no respondió.
Cuando Takasato estaba viendo las noticias, dijo suavemente: “Pensé
que les había dicho que se detuvieran”. Estas no parecían considerar las
intenciones de Takasato. Tan solo llevaban a cabo su deber a sangre fría.
—Al menos, debería haber sido puesto bajo el cuidado de sus
familiares, llevado lejos, y quizás cambiándole el nombre, pero… ¿cambiaría su
situación actual?
Mientras esas cosas estuvieran con él, no importaba donde
estuviera Takasato. Creía que lo seguirían de cerca y tratarían de cumplir su
misión… Si eso era cierto, entonces no había esperanza de la cual hablar del
futuro de Takasato.
Hirose pensó en su idea original, de que esas cosas debían ser
separadas de Takasato. Estaba más condenado a ellas ahora más que nunca, pero
no sabía cómo hacerlo.
Gotou suspiró. Entonces miró a Hirose
y le dijo a Totoki con la mirada.
—Totoki dijo que los dejaría quedarse en su casa, así que vallan a
esconderse allí por el momento.
Hirose miró a Totoki.
—…Oh, no podemos.
Totoki sonrió relajadamente.
—Está bien. Por favor, quédense tanto como necesiten. Imagino que
necesitan algunas de sus cosas. Solo háganme saber e iré a buscarlas por ustedes.
—Pero, maestro Totoki…
Sonrió y guiñó el ojo como si dijera “No seas tonto”.
Hirose inclinó la cabeza en gratitud hacia Totoki. Mostrando que
había comprendido la totalidad de la situación y, sin embargo, estaba dispuesto
a extender la ayuda, haciendo sentir a Hirose extremadamente agradecido.
La casa de Totoki era un estudio situado cerca de la costa en la
parte nueva de la ciudad.
Después de que Totoki los llevara a su casa, les mostró los
alrededores y la disposición general del barrio. Incluso antes de irse cambió
los vendajes de Hirose.
—Realmente lamento todo esto —Hirose y Takasato hablaron al mismo
tiempo. Totoki se rio en voz alta.
—Pondré la contestadora automática, así que no se preocupen por el
teléfono.
—Gracias.
—Si necesitan ropa o algo, busquen allí. Siéntanse como en casa.
—Pero…
—Está bien, no hay nada que temer —dijo sacando pecho. Les sonrió
a ambos, que tenían las cabezas gachas en humildad, y luego se fue del
departamento.
Era un apartamento cómodo y luminoso. Se encontraba en el cuarto
piso de un edificio de ocho pisos, y por el enorme balcón, uno podía ver el
mar. Hirose abrió bien la ventana. Habían estado atrapados tanto tiempo, tras
cortinas y ventanas cerradas, que esto se sentía muy bien. La brisa que soplaba
desde el mar crepuscular era muy refrescante. El verano estaba por terminar.
—¿No es lindo todo esto, Takasato? —dijo
Hirose.
Takasato asintió y sonrió levemente.
Se paró en el balcón y miró hacia el mar. No había dicho mucho desde esa
mañana. A Hirose le dolía el corazón al pensar en cómo se debería sentir
Takasato después de estas recientes muertes. Hirose se obligó a sonar más
alegre.
—Acá podemos comer apropiadamente. Después de que oscurezca,
salgamos y comamos algo.
Mientras decía eso, Hirose prendió el televisor justo para el
momento en el que se trasmite el noticiero de las seis. Un periodista, que
había sido enviado al hospital después de haber sido lastimado en el templo,
había muerto.
Justo cuando tomó el periódico, vio
la noticia de la muerte de Sakata.
—¿Sakata… murió?
Hirose levantó la mirada y vio que Takasato también miraba el
periódico.
—Así parece.
Por alguna razón, Hirose quiso contar las muertes desde su
entrenamiento como maestro, pero inmediatamente lo encontró absurdo y se olvidó
de ello. ¿Cuántas personas habían muerto a causa de ellos? Incluyendo aquellas
muertes en el pasado, lo encontró como un número bastante largo.
Repentinamente, Hirose pensó en algo y le preguntó a Takasato.
—Takasato, dijiste que podías sentirlos desde que eras pequeño,
¿no? ¿Eso era antes de que desaparecieras misteriosamente?
Takasato lo pensó un poco.
—…No me acuerdo bien, pero creo que fue después.
—¿Las heridas también comenzaron después?
—Eso creo.
—Me pregunto por qué —Hirose dobló el diario—. ¿Pudieron volver de
ese lugar contigo? ¿Murgen… es Haku Sanshi? Probablemente sea el brazo que
viste la primera vez. Ellos se unieron a ti cuando estuviste allá.
Takasato se veía preocupado cuando agachó la cabeza.
¿Qué había pasado en ese
año perdido? ¿Por qué Takasato había sido llevado a otro mundo? ¿Y cuál era la conexión con esos acompañantes
suyos? Además, ¿por qué había regresado? …Sus preguntas
eran interminables, pero, a menos que la memoria de Takasato fuera recuperada,
nunca sería capaz de conseguir las
respuestas.
—¿Qué soy? —Takasato
preguntó abatido.
Hirose no pudo evitar bajar la mirada. Aún no podía decirle a
Takasato que él era el Rey de Tai.
—¿Por qué fui yo el que desapareció? —Takasato
murmuró como si hiciera eco en los pensamientos de Hirose—. ¿Cuál es el
significado de mi existencia? ¿Por qué volví? ¿Fue mi propio dese? ¿O el de
alguien más…?
Takasato miró a Hirose.
—¿A qué lado pertenezco?
Por alguna razón, Hirose se puso nervioso.
—Por supuesto que perteneces a este lado —dijo apresuradamente. Al
oír esto, Takasato bajó la mirada.
—¿…De verdad?
—No es necesario que lo digan. No eres raro ni tampoco es tu
culpa. Entraste accidentalmente a ese mundo… o te arrastraron allí y por eso te
afecta el desastre. Eso es todo —Hirose lo dijo firmemente, pero Takasato no
parecía convencido.
—Si tan solo pudiera recordar más… —murmuró—. Si tan solo
recordara cómo regresar.
Hirose no respondió.
Esperaron hasta la noche antes de poder salir a comer. Cuando
volvían, decidieron caminar junto al mar. Caminar hacia la presa les tomó menos
de diez minutos. Esta área no era como la cercana al departamento de Hirose,
que estaba más cerca de la desembocadura del río. El agua aquí no se veía tan
sucia. Había un área debajo de la presa, lo suficientemente grande como para
ser llamada playa. El reflejo de la luna se asemejaba al reflejo de una uña
cortada en el resplandor, casi negro del agua.
—Ese reino al que fuiste, ¿dónde queda? —preguntó Hirose, mientras
caminaban por la playa. Takasato inclinó la cabeza—. Esas cosas probablemente
sean criaturas de ese lugar, y cuando volviste, por alguna razón, vinieron
contigo. Lo dijeron ellos mismos, así que debe ser verdad, ¿no te parece?
Takasato no respondió.
—No hay duda de que la devoción a un deber es buena, pero esto es
excesivo. Especialmente lo ocurrido últimamente… —Hirose sonrió con amargura.
Takasato se detuvo—. ¿Qué sucede?
Takasato frunció el ceño mientras pensaba en algo.
—¿…No te parece que va en aumento?
—¿Eh?
—Iwaki, los de mi clase, los reporteros… siento que sus métodos
se están volviendo más y más severos…
Hirose abrió más los ojos.
—Eso es cierto…
O podía decirse que lograban lo que querían a
cualquier costo. Incluso aunque todas las cosas terribles ocurrieran en torno a
Takasato, parecían ser simples accidentes. ¿Fue Gotanda quien dijo que estas
eran meras advertencias? Pero, recientemente, sus acciones estaban más allá de
las advertencias. Parecían más sanguinarios.
Hirose dijo lo mismo, y Takasato asintió con la cabeza.
—¿Cuánto tiempo durará? —murmuró Takasato—. ¿Cuántas víctimas más habrá?
—Bueno…
—Yo… —Takasato estaba a punto de decir algo, pero se detuvo.
Hirose lo animó a continuar, pero él sacudió la cabeza—. No es nada.
Hirose sospechó mientras miraba hacia el mar. Las olas se mecían
como una cuna.
“¿Por qué no podía decirlo?”, pensó.
No sabía por qué no podía preguntarle a Takasato “¿…Eres el Rey
de Tai?”. Sabía que simplemente lo haría sentir incómodo, pero no sabía por
qué se sentía así.
Hirose estaba mirando el mar cuando, de repente, enfocó la mirada
en lago. Una muy pequeña y débil luz parecía estar ahogándose bajo el agua.
—Takasato —Hirose le hizo señas—. ¿Qué es eso?
Takasato miró al mar y observó fijamente en dirección en la que
señalaba Hirose.
—Está tan lejos… no es muy grande, ¿verdad?
—¿Crees que sea… una noctiluca scintillans[1]?
Poco a poco, la luz se volvía más grande, mientras ellos la miraban
detenidamente. Cuando obtuvo el tamaño de una pelota de básquet, Hirose lo
notó.
—Se está acercando.
No era que se estaba agrandando, sino, que la luz se estaba
acercando a ellos. Se volvía más y más grande frente a sus ojos. Se movía a una
velocidad inusual, pero no tan rápida como un buque de alta velocidad.
De más cerca, la luz seguía siendo igualmente débil. Cuando estuvo
aún más cerca, pudieron ver finalmente que era un conjunto de cosas que
desprendían un resplandor fluorescente, al igual que la tenue luz de una
luciérnaga. La débil luz prosiguió hacia la costa.
—¡Corre, Takasato! —dijo Hirose. Sería mejor no permanecer ahí. Esas cosas venían
directas hacia la playa.
—Esto es malo, son demasiado rápidas…
Hirose agarró el brazo de Takasato.
—¡Takasato!
Takasato lo detuvo, cuando aún sostenía su brazo.
—Todo estará bien, porque ellos están aquí. Por favor, no se
aparte de mí.
Mientras Takasato decía esto, esas cosas se acercaban más y más,
con un diámetro que superaba los cinco metros, de un color blanco muy pegados
los unos a los otros. Se acercaban como el reflejo de una luz desplazándose por
el agua. Cuando llegaron a la costa se dejaron llevar hasta la playa.
Era un enjambre de humanos blancos. Las olas los dejaron en la
costa. Después de llegar a la costa, esas cosas que parecían ser cuerpo
ahogados permanecieron en la arena. La siguiente ola llegó y apiló cuerpos
sobre cuerpos.
—¿Son cadáveres? —preguntó
Hirose. Takasato sacudió la cabeza.
—No son cuerpos…
Definitivamente no eran cadáveres. Esas cosas en la costa
comenzaron a retorcerse convulsionadamente. Retorcieron sus cuatro extremidades
y golpearon la arena. Levantaron sus cabezas calvas como tortugas y miraron a
Hirose y Takasato.
Hirose tomó el brazo de Takasato y retrocedió.
Las olas traían esas cosas una y otra vez, y una y otra vez se
iban apilando unos sobre otros, levantando las cabezas. Los cuerpos cerosos,
que emitían un resplandor blanquecino, se arrastraban hacia delante, como si
fueran meras imitaciones. Se parecían a los cuerpos de los ahogados en plena
descomposición, mientras emanaban un olor espeso al salir del agua salada.
Hirose y Takasato los miraban atentamente mientras se alejaban,
hasta que terminaron apoyados contra algo sólido. Estaban de espaldas a la
parte inferior de la presa.
Hirose jadeó mientras miraba a ambos lados. En la superficie de la
presa de azul oscuro encontró una grieta aún más oscura junto a su mano
derecha, pero completamente fuera de su alcance.
La conglomeración siguió avanzando, y los que estaban al frente ya
habían rodeado a Hirose y a Takasato.
—…Sanshi —Takasato dijo suavemente—. Sanshi.
El enjambre dejó de avanzar. En la
escasa distancia que separaba a Takasato y a Hirose de los otros, se formó un
remolino pequeño. Se hundió con la forma que hace un mortero y en el interior
vieron un dedo blanco. Una mano blanca apareció, como si intentara alcanzar el
cielo.
“…Esa mujer”.
Antes de que Hirose pudiera mirarlo detenidamente, la arena a su
alrededor comenzó a sacudirse. Se enturbió y arrojó hacia arriba dos sombras
negras. El par, una blanca y otra roja, se ubicaron entre Hirose… más bien,
entre Takasato y el enjambre.
La sombra blanca tenía los brazos y la cabeza de una mujer, y el
cuerpo inferior de una bestia blanca. La sombra roja, parecía un perro enorme.
El cuerpo de este no estaba cubierto de pelaje, sino que parecía envuelto en un
extraño líquido viscoso.
Hirose miró asombrado a las dos criaturas. Sus cuerpos estaban
agazapados como dos bestias amenazantes. Ellos eran quienes habían derramado
tanta sangre para proteger a Takasato.
El grupo de cuerpos sacudió enérgicamente la cabeza y abrieron sus
bocas, ya en descomposición. Ellos hicieron ademanes de estar tirando algo
arriba, y estar mirando al cielo nocturno, hablando con voces amontonadas.
…Taiho.
…Ren Taiho.
Llamaban a alguien con esas voces. Continuaron llamando
ruidosamente hacia el cielo oscuro de la noche
…Aquí.
…Aquí.
¡…Aquí!
De repente, el par rojo y blanco desapareció. Al mismo tiempo, el
grupo de cuerpos bajó la cabeza y comenzó a rasguñar la arena. Hirose y
Takasato estaban boquiabiertos, mientras todos se metían en la arena uno por
uno. Cuando el ruido cesó, lo único que quedó fueron los agujeros a su
alrededor.
Después de un tiempo, escucharon el sonido de las olas otra vez.
—¿Qué… fue eso? —Hirose finalmente lo soltó.
Todo lo que quedó en la playa fueron
los rastros de esas cosas desapareciendo de la vista. Ambos miraron a su
alrededor con timidez, pero no vieron nada. La playa regresó a la tranquilidad,
y la arena blanca pareció congelada. La fuerte esencia a agua de mar llegó
hasta ellos.
El olor a agua de mar.
Esas cosas habían llegado desde el mar, por eso, como olán era
inevitable, pero, aun así, eso había inquietado a Hirose. ¿No hubo un rumor
acerca de que en los pasillos de la escuela había huellas de lodo? Antes de que
se diera cuenta, Hirose ya había relacionado el olor al mar con el sentimiento
de incomodidad.
Hirose cayó de rodillas y cavó un poco en la arena. Cuando revolvió
la arena, el olor fue más fuerte.
Las cosas que vinieron del mar. Hirose levantó la mirada hacia
Takasato, que estaba de pie a su lado, y vio que él simplemente estaba
desconcertado, de pie. ¿Podría ser que estas extrañas cosas no tuvieran nada que
ver con Takasato?
—Takasato.
No fue hasta que Hirose lo llamó que Takasato se movió y lo miró.
—¿Qué fue eso?
Takasato exhaló un profundo suspiro y sacudió la cabeza.
—No lo sé.
Hirose miró a su alrededor una vez más. Innumerables hoyos se
habían abierto en la desolada extensión de la arena. Todo lo que sentía era el
cambio. Hirose sentía como si algo se bamboleara con fuerza. El malestar fluía
por sus venas. Ese sentimiento concordaba con el rugir del mar y con el
palpitar de su corazón, y continuó temblando en la tenue luz de la noche.
Hirose se despertó poco antes del día siguiente. Se irguió sobre
el futón que yacía en el suelo, y no vio a Takasato cuando miró hacia la cama
que estaba a su lado.
Echó un vistazo a la habitación, pero no vio señal de Takasato.
Encendió la luz del baño y el ventilador comenzó a girar sin hacer ruido
alguno. Hirose se levantó y se aproximó al balcón. Corrió las cortinas y vio a
Takasato de pie allí afuera. Estaba apoyado en la barandilla mirando hacia
abajo.
—¿Takasato? —lo llamó Hirose.
Takasato
se sobresaltó y levantó la cabeza. No fue hasta que Hirose lo volvió a llamar
que le devolvió con calma la mirada.
—¿Qué sucede? —preguntó Hirose. Takasato sacudió la cabeza y sonrió
débilmente.
—Buenos días.
—Sí —Hirose asintió mientras se aproximaba a la baranda. Al igual
que Takasato, miró hacia abajo—. ¿Pasa algo?
—No… solo pensaba que esto debe ser más alto que el techo de la
escuela… —dijo Takasato mientras sonreía. Luego entró a la habitación. Descontento,
Hirose lo siguió.
Después de entrar en la habitación, Hirose agarró el control
remoto y estaba a punto de encender el televisor cuando Takasato dijo:
—Creo que hay un incendio.
Hirose lo miró.
—¿…Qué?
Takasato se sentó con la cabeza gacha.
—El apartamento del maestro, ayer por la noche…
Hirose encendió el televisor inmediatamente. Todavía faltaba un
poco para las noticias del mediodía.
—¿Cuándo sucedió?
—En medio de la noche… quizás alrededor de las tres.
A pesar de ello, probablemente estuviera en el periódico de la
mañana. “¿Cuántas personas?”. Hirose se tragó esas palabras que estuvo a
punto de decir. Creyó que sería cruel hacerle a Takasato ese tipo de preguntas.
Prepararon solo café y tostadas para desayunar. Antes de que
comenzaran a comer, comenzaron las noticias en la televisión.
El fuego se inició poco antes de las tres en el departamento en
que Hirose y Takasato habían estado viviendo hasta ayer, y lo quemó hasta dejar
cenizas. El origen fue una explosión de gas en una habitación del primer piso.
Como resultado, murieron tres personas.
Hirose se descompuso un poco al ver las noticias.
“…Qué dura venganza”.
¿Había sido por las piedras lanzadas o por los trozos
de papel en la puerta? Por supuesto, él podría haber predicho todo esto, pero eso
no lo hacía sentir menos miserable.
Por cada persona que muere, un camino se cierra para Takasato.
Mientras más grande sea el disturbio, menor será la probabilidad de que
Takasato encuentre un lugar para vivir.
Hirose se sentía mal del estómago. ¿Cuál era la posibilidad de que
Takasato pudiera quedarse? ¿Cuán probable era que él pudiese vivir tranquilo y
en calma en este mundo?
—Lamento todos estos problemas…
—No es culpa tuya
¿Cuántas veces habían tenido esa misma
conversación?
Hirose miró a su alrededor. Ustedes, que dijeron que protegían a
Takasato, ustedes dos, uno blanco y el otro rojo, ¿no entienden que lo están
matando lentamente?
Takasato no pareció querer hablar en todo el día. Respondía cuando
se le preguntaba, pero no contaba como una conversación. Parecía que daba su
mejor esfuerzo por sonreír, pero sus esfuerzos no eran para nada fructíferos.
Gotou llegó en la tarde. Hirose le dejó todo el procedimiento post incendio a
él.
Esa tarde hubo otro incendio. El que los llamó para informarles
acerca de esto fue el detective de antes.
La mitad de la casa de Takasato
había sido quemada. Algunos estudiantes de la zona habían iniciado el incendio.
Un vecino vio a tres chicos salir corriendo de la casa. Fueron atrapados
inmediatamente y confesaron el motivo para iniciar el fuego… Se imaginaron que
mientras hubiera una casa allí, Takasato tendría un lugar al cual regresar.
Tenían miedo de que Takasato
regresara a su casa. Después de que vieron la noticia del incendio en el
departamento de Hirose, se les ocurrió que, si la casa de Takasato también se
quemaba, él no volvería.
Takasato no reaccionó cuando oyó esto. Y también le dejaron a
Gotou los procedimientos post incendio.
Hirose se despertó en medio de la noche. Algo lo había despertado.
Notó que Takasato lo miraba fijamente. Takasato se veía tan triste. Hirose
quería hablarle, pero estaba tan cansado que no era capaz de decir nada. Tal
vez, Takasato se dio cuenta de que Hirose abrió los ojos, por lo que agachó la
cabeza que lo miraba fijamente. “Le preguntaré qué le pasa cuando me levante
en la mañana”, pensó Hirose, mientras cerraba los ojos.
“…Quizá tan solo estoy soñando”.
Estaban a punto de apagar el televisor después de los programas de
la tarde y del mediodía, cuando los nuevos títulos aparecieron con las
noticias.
Hirose se puso de pie y Takasato gritó. El tema de la noticia era
que la escuela había colapsado repentinamente.
—Por favor, vaya a ver —Takasato miraba a Hirose—. Debido a que yo
no puedo.
Hirose asintió y salió corriendo de la habitación. Antes de llegar
al ascensor, sintió como si estuviera caminando sobre nubes.
Era lunes, era de día. Iba a haber un montón de estudiantes en la
escuela. Él corrió, con la esperanza de que… los miembros del salón de química
y los profesores… estuvieran bien. Antes de que la puerta del ascensor se
cerrara, rogó por aquello, y cuando el elevador descendió, recordó de pronto el
sueño que tuvo la noche anterior.
Se había olvidado de ello hasta ahora, y no estaba seguro de por
qué había pensado en ello. Pensándolo bien, no estaba en absoluto seguro de que
fuera un sueño. Reflexionó sobre ello, y cuando llegó al primer piso, Hirose
corrió hacia fuera del complejo de apartamentos y, por alguna razón, se volteó
para verlo. Era un edificio de ocho pisos y los cuatro balcones estaban
alineados frente al techo.
Repentinamente pensó en cuando vio a Takasato en el balcón el día
anterior.
“… ¿En qué estaría pensando en aquel momento?”.
Hirose comenzó a correr a un ritmo calmo mientras intentaba buscar
en su memoria, pero no podía.
Takasato había estado en el balcón mirando para abajo. En ese
instante sintió la misma insatisfacción que sintió en aquel momento.
La postura de Takasato al mirar hacia abajo, la línea de sus codos
desplegados desde sus tensos hombros. ¿Todo eso sugería algo?
“…Pensaba que esto debe ser más alto
que el techo de la escuela”.
Takasato no podía haber ido al techo
de la escuela. Probablemente lo estuviera imaginando en ese momento. Debió
haber estado pensando en alguno de los desafortunados estudiantes al estar tan
alto.
“…U otra cosa”.
Hirose chasqueó la lengua.
Algo lo hizo sentir incómodo, extremadamente incómodo. Un
sentimiento incómodo que lo estaba devorando.
Se
dio la vuelta y volvió corriendo al departamento. Tan pronto como decidió hacer
esto, la inquietud se apoderó de su mente. Hirose se olvidó de sus heridas y
corrió lo más rápido posible.
No vio a Takasato en la habitación. Hirose corrió hacia la
ventana. Al ver que la puerta del balcón estaba cerrada desde el interior no
pudo evitar suspirar de alivio.
—¿Takasato?
“Él debería estar aquí”.
Repentinamente, pensó en el techo, pero entonces recordó que
Totoki dijo que el techo del edificio era inaccesible.
Si ese era el caso, entonces, ¿a dónde había ido Takasato?
Luego pensó en las escaleras de emergencia. La salida de
emergencia estaba cerrada desde el interior, pero no había nada que detuviera a
uno de salir. Hirose se dio vuelta.
Corrió por el pasillo del cuarto piso y cuidadosamente, abrió la
puerta de la salida de emergencia. Una fuerte ráfaga de viento corrió. Takasato
no estaba en el rellano. Hirose abrió la puerta lo más silenciosamente que pudo
y se apoyó en la barandilla mientras miraba para arriba. En cuanto lo hizo, su
cuerpo se heló.
Hirose no pudo evitar gritar, pero se detuvo rápidamente. Sintió
un mareo intenso como si algo hubiera atravesado su garganta. Soltó el barandal
y corrió escaleras arriba. La escalera de metal sonaba con cada paso que daba.
Hirose se quitó los zapatos. Fue descalzo para minimizar el ruido de sus pasos,
y subió lo más rápido posible.
Fue toda una hazaña para Hirose subir cuatro pisos sin recuperar
el aliento. Hirose abogó por su cabeza mientras peleaba por subir los últimos
escalones. Entonces vio a Takasato, sosteniéndose del barandal del rellano
mientras miraba abajo.
La
barandilla era baja. Si Hirose hacía algún ruido sería suficiente para que
Takasato moviera su centro de gravedad. Hirose contuvo el aliento y amortiguó
sus pasos, rogando que Takasato no sintiera su presencia. Se agachó y cuando
subió la mitad de la escalera, Takasato dio un paso del otro lado de la
baranda.
Hirose contuvo los latidos de su corazón, sin recordar como
terminó subiendo el resto de la escalera. Cuando gritó lo suficientemente
fuerte como para frenar el aterrizaje y volver a sus sentidos, el cuerpo de
Takasato había caído al lado de la barandilla.
—¡Tú…! —Hirose
no sabía qué es lo que quería decir. Su mano derecha estaba aferrada al brazo
de Takasato. Y volvió en sí para darse cuenta de que fue él el que tiró de
Takasato hacia él.
—¿Por qué…?
No podía mover su mano derecha. Con su mano izquierda sopapeó la
cara que había caído y que lo miraba con los ojos bien abiertos. Él mismo
sintió que su reacción fue la de un niño que había perdido el temperamento.
Su furia golpeó al completamente indefenso Takasato, y luego se
aferró a él con fuerza. Hirose entendía sus sentimientos, los que lo hicieron
subir hasta acá, por lo que no podía dejar de ninguna manera que Takasato
saltase.
—Por favor, entienda —dijo Takasato en voz baja.
Hirose levantó la cabeza. Temblaba tanto que le castañeaban los
dientes.
—Esta era mi única opción.
—Tonterías.
Hirose levantó el cuerpo que estaba sobre el suyo. Agarró el brazo
de Takasato con la mano que aún estaba tiesa y tiró de él hacía sí.
—Maestro.
Había llegado a este punto y la calma voz de Takasato estaba
cargada de tristeza. Su voz le decía a Hirose que había tenido este pensamiento
antes de decidirlo.
Hirose se agarró de la puerta de emergencia, pero no se movió.
Entonces recordó que la puerta no podía abrirse desde el exterior, entonces
tomó aquel débil brazo y subió las escaleras.
—Maestro.
—Si saltas, yo también saltaré.
Estas fueron las palabras que salieron en el impulso. Tan crudas.
No pensaba que hubiera palabras más crudas que estas. En un instante, el brazo
que agarraba tiró, y entonces, obediente, Takasato siguió a Hirose para bajar
las escaleras.
Las piernas de Hirose estaban
temblando. Después de cada paso sentía como si sus rodillas fueran a colapsar.
Después de lograrlo, después de algunas dificultades en la bajada, Takasato lo
llamó nuevamente.
—Maestro…
Hirose sintió un cambio en su tono y lo miró con aprensión.
Simplemente vio a Takasato mirando el lugar en el que habían estado.
Allí había una mujer de pie.
Era una mujer joven, aproximadamente de unos veinte años, ¿o
quizás un poco más joven? Por un momento, pensó que alguien del octavo piso
había salido, pero no recordaba haber oído la puerta abrirse. La puerta estaba
hecha de un metal pesado. Dejando la puerta abierta, Hirose sabía que no había
forma de que se cerrara sin que hiciera ruido.
La mujer abrió su boca.
—No debe morir.
Hirose se giró para ver a la mujer.
—¿Quién eres?
La mujer no respondió a su pregunta.
—Si muere, él también morirá.
Antes de que Hirose pudiera preguntarle de nuevo quién era,
Takasato habló.
—¿Quién eres?
Ella no dijo nada, pero parecía triste.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Takasato—. Está bien. Por favor, dime lo que sepas.
¿Qué soy? ¿Qué sucede? ¿Qué son esas cosas que me siguen?
Ella parecía herida.
—Si no lo recuerdas, entonces es mejor que no lo sepas.
En cuanto dijo esto, puso su mano sobre la puerta de emergencia.
La puerta se abrió con su aparente poco esfuerzo.
—Aquí —Hizo un gesto al interior. Hirose estaba desconcertado,
pero agarró a Takasato nuevamente y subió las escaleras una vez más. La mujer
mantuvo la puerta abierta y esperó. Cuando ellos entraron, ella se hizo a un
lado para dejarlos pasar. Cuando pasaron junto a ella, sintieron el leve olor a
agua de mar.
Hirose cruzó la puerta y empujó a Takasato al interior.
Despreocupado por el sorprendido Takasato, Hirose cerró la puerta. El rostro
sorprendido de la mujer estaba frente a sus ojos.
—¿Quién eres? —Adentro,
el sonido chocó con la puerta detrás de ellos—. ¿Quién demonios eres?
Ella bajó la mirada, y luego la levantó.
—Soy Renrin. No puedo decir nada más que eso.
—¿Ese es tu nombre?
La mujer asintió.
—¿Qué diablos está pasando?
Ella sacudió la cabeza. Probablemente queriendo decir que no podía
decir más.
—¿Podrías, por favor, decirme si hay alguna forma
de salvarlo? —preguntó
Hirose. Ella respondió bajando la mirada. Hirose cerró los ojos y suspiró.
Ella murmuró en voz baja.
—…No sabía que las cosas llegarían a esto. Ellos solo entienden la
justicia. Por favor, perdónelos.
Hirose no pudo responder. No era capaz de entender claramente el
significado de sus palabras.
—¿…los?
—Haku Sanshi, Gouran.
Él sabía que ella se refería a esas criaturas.
—¿Qué son?
Ella sacudió la cabeza y no respondió a la pregunta de Hirose.
—Por favor, huya.
Hirose inclinó la cabeza en duda. Ella lo miró con seriedad.
—El Rey de En vendrá. Taiki perdió
su cuerno, y nada puede hacerse al respecto. Una gran calamidad ocurrirá. Por favor,
déjelo y huya.
Repentinamente, Hirose extendió el brazo. La mujer se alejó como
una tela ondeando al viento.
—¿Qué quieres decir con eso?
La mujer sacudió la cabeza.
—¡¿Qué demonios quieres decir con eso?!
Sacudió la cabeza una vez más, y luego se dio vuelta. Mientras se
ocultaba detrás de algo que no podía ser visto, su figura desapareció sin dejar
rastro.
Hirose vaciló por un minuto, pero finalmente decidió no ir a la
escuela. Incluso si corría hacia allá no habría mucho en lo que él pudiera ayudar.
No era como si el pudiera ayudar a cada uno. Por ello, no podía dejar a
Takasato a un lado.
—Por favor, entienda —repitió Takasato—. Los que iniciaron el
fuego en mi casa son unos niños.
—Silencio —Hirose agarró a Takasato por el brazo y no lo soltó.
—Aún estaban en la escuela primaria.
Hirose lo ignoró. Este era su ego. Él lo entendía.
—¿Qué ella no había dicho que no debías morir?
—¿Quién era ella?
Al escuchar que Takasato le preguntaba esto, eso surgió en la
mente de Hirose.
“¿Cómo era que ella conocía a
Takasato? ¿Cómo conocía a Haku Sanshi?”. Hirose recordó a Sugisaki mencionar el nombre de
Haku Sanshi.
“¿Era Renrin la mujer que aparecía en
las historias de fantasmas?”.
Entonces había una incoherencia. “¿Por qué ella estaba buscando
un kirin? ¿Por qué buscaba a Haku Sanshi? ¿Cómo supo Takasato que ella
buscaba a alguien?”.
…Naturalmente, debía haber una
conexión entre Takasato y la mujer.
—Renrin, dijo.
Takasato lo miró.
—¿Renrin?
—Ella también dijo que Haku Sanshi y Gouran solo entendían la
justicia, y pidió que los perdonáramos. También quería que yo huyera. “El
Rey de En está viniendo, huya”, dijo. Taiki perdió su cuerno y nada puede
hacerse al respecto.
Takasato abrió bien los ojos, y luego bajó la mirada, como si
pensara en algo. “Éxito”, pensó Hirose. Al menos había tenido éxito en
distraer a Takasato.
Fue
entonces cuando el teléfono sonó. Se dirigió inmediatamente a la contestadora.
Después del mensaje pregrabado de Totoki, Hirose oyó la voz de alguien a quien
quería oír urgentemente. Levantó el tubo del teléfono.
—¡¿Señor Gotou?!
Takasato levantó la cabeza y miró a Hirose.
La inusual voz de Gotou venía del teléfono.
—¿Viste las noticias? —comenzó Gotou.
—Sí, pero no podría haber sido de ninguna ayuda allí.
—Muy cierto.
—¿Se encuentra bien?
—¡Soy uno de los buenos que casi muere! Yo no
estuve de acuerdo con la directiva del director y salí a comer, por eso sobreviví.
Hirose suspiró del alivio y se encontró sin palabras que decir.
—La escuela está en un terrible
estado. El patio está hundido y los edificios colapsaron, pero todavía no está
muy claro el alcance de los daños. La mitad del edificio principal permanece
intacta. Totoki está ileso.
Hirose asintió. Podía oír el ruido de las sirenas y la gente
gritando del otro lado del auricular.
—No sé nada más. De cualquier forma, las líneas telefónicas están
muy ocupadas, por lo que colgaré por ahora. Me pasaré por allí por la noche, o
te llamaré.
Diciendo esto, Gotou colgó el teléfono.
—¿Maestro Gotou está bien? —Takasato leía el rostro de Hirose.
—Sí, y Totoki también.
Después de que Hirose dijera esto, encendió la televisión. Una
vista desde un helicóptero enfocaba la escuela.
El patio estaba bastante hundido, y los edificios que lo rodeaban
habían colapsado como si hubieran caído hacia ese poso. La destrucción era
impresionante.
Takasato se quedó sin aliento. Hirose dijo con firmeza.
—Ni lo pienses.
—Pero…
—Pero nada —su tono permaneció firme—. Muchas personas murieron
allí. A simple vista parece trágico, pero aquellos que van a morir no tienen
otra opción más que morir. Su significado no es diferente al de la muerte de
una persona. No se puede consolar por la muerte de sus hijos con decir que
muchos otros estudiantes también murieron, ¿verdad?
Takasato bajó la cabeza, al parecer, sin aceptar todo esto. Hirose
sabía que sus palabras no eran más que sofistería.
Este era un desastre enorme que ocurrió debido a una sola persona,
una gran catástrofe que salió de un pequeño problema similar a una caída.
Hirose buscó en su memoria intentando recordar cuándo comenzó todo. Por lo
menos, Takasato había pasado mucho tiempo en paz… mucho más pacífico comparado
a la situación actual… mientras era ignorado por aquellos que lo rodeaban. “¿Cómo
fue que las cosas llegaron hasta este punto?”.
“¿Era esto? ¿Era esta la gran
calamidad de la que la mujer estaba hablando?”.
“De cualquier forma”, pensó Hirose, “esto
no era culpa de Takasato. Nadie tenía el derecho de negarle su existencia, ni
colocar el peso de la responsabilidad de estas desgracias sobre sus hombros, y
mucho menos, que se expiara con su muerte”.
—¿Cómo va la solución de tu misterio? —Hirose
miró a Takasato, cuyos ojos estaban cerrados—. ¿No quieres recordar? Había
muchas pistas importantes en lo que dijo esa mujer.
Takasato sacudió la cabeza. ¿No sabía? ¿O era que ya no le
importaba de ninguna manera?
—Creí que querías recordar. ¿No habías dicho que pensabas que
había una promesa que no debías olvidar?
Takasato no respondió.
—Renrin, Gouran, Rey de En, Taiki, son todo un montón de palabras
que no conozco. ¿Podrías explicármelas?
Takasato bajó la cabeza y respondió las preguntas acosadoras de
Hirose abatido.
—No lo sé…
—Piensa. Deberías saberlo —Hirose abrió el cuaderno de bosquejos y
le acercó un lápiz a Takasato—. Ella mencionó a Haku Sanshi y a Gouran. ¿Gouran
es el nombre del grifo? ¿Crees que sea el kirin?
—No estoy seguro…
Hirose sabía que Takasato no quería pensar en eso, y no pudo sino
suspirar. Si quería ponerle un fin a la situación, la forma más segura sería la
de consentir las acciones de Takasato. Si Takasato desapareciera de la Tierra,
los desastres, cada vez más grandes, probablemente se detendrían. Sin embargo,
Hirose no podía consentir con base a este razonamiento.
Tenía que desviar la atención de Takasato a otra cosa. Sin
importar qué, Hirose tenía que encontrar una forma de salvar a Takasato antes
de que apresurara una conclusión.
Hirose apagó el televisor y le pidió
a Takasato que levantara la cabeza. Finalmente dijo lo que había sido incapaz
de decir por tanto tiempo.
—…Creo que tú eres el Rey de Tai.
Takasato abrió los ojos y miró a Hirose.
—¿Qu…?
—Haku Sanshi me preguntó: “¿Es usted enemigo del rey?”.
Si ellos te están protegiendo, entonces, tú eres el rey, y ¿no es el Rey de Tai
ese rey?
Los ojos de Takasato se abrieron por un momento, no dijo nada.
—¿Estoy en lo cierto, Rey de Tai?
—No —dijo reflexivamente—. No soy el Rey de Tai.
—Takasato —No puede ser. Hirose le explicó cuidadosamente el
proceso por el cual llegó a esa conclusión, pero Takasato aún sacudía la
cabeza.
—No, estoy absolutamente seguro de que no lo soy.
—¿Por qué?
Takasato sacudió la cabeza con obstinación.
—No lo sé. Tan solo sé que no está bien.
—Entonces, ¿quién demonios eres? ¿No es ese el tan renombrado
pacto? Te están protegiendo a cambio de algo.
—No es eso —declaró con impaciencia—. No soy el Rey de Tai. No soy
yo. Él…
Takasato se interrumpió de repente.
Takasato lo tomó por el brazo y lo miró a la cara.
—¿Él…?
Takasato estaba anonadado.
—¿Takasato?
Takasato miraba fijamente a la nada, y entonces giró lentamente
hacia Hirose.
—Él es
mi amo.
—¿Amo?
—¿Cómo pude haberme olvidado…?
Takasato se puso de pie y caminó hacia la ventana. Hirose lo
agarró del brazo rápidamente.
—No voy a morir —Takasato miró a Hirose con los ojos perdidos en
sus pensamientos—. Le prometí mi lealtad al rey. Juré no abandonarlo ni
desobedecer su mandato real.
—¿…Lo recuerdas ahora?
Takasato sacudió la cabeza, y una leve y triste sonrisa se dibujó
en su rostro—. Eso es todo lo que recuerdo… Pero es suficiente.
Su expresión era firme estando junto a la ventana. Puso la mano
sobre el cristal y miró el mar.
—Pero juré nunca dejar su lado.
Fue una promesa hecha en aquel año perdido. ¿Era esa la promesa
que nunca debió olvidar?
—Debo regresar al lado del rey —el sentido de
urgencia de Takasato hizo que Hirose lo mirara—. Necesito encontrar la manera
de volver.
—¿Qué clase de
promesa fue esa? —Hirose no sabía por qué, pero
sentía que fue acorralado hasta una esquina sin lugar a donde ir—. ¿No rompiste
la promesa al regresar aquí al dejar el lado del Rey de Tai?
Hirose seguí y seguía. Cuanto más decía peor se sentía.
—Quizás te dejó ir, o tal vez huiste de él… Debes haber huido,
sino Sanshi y ellos no estarían aquí. Te persiguieron hasta acá, ¿no es así? Es
lo mismo que con la mujer Renrin. Estás siendo perseguido por el mundo del que
escapaste.
Takasato sacudió la cabeza con sorpresa.
—No puede ser.
—¿Por qué?
—No pude haber dejado el lado del rey voluntariamente.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Hirose estaba señalando a Takasato, aunque no sabía por qué se sentía tan
fuerte como para actuar de esa manera—. Te han perseguido hasta aquí, y es por
eso por lo que tantas cosas extrañas suceden a tu alrededor. Están intentando
destruir tu base aquí, para que no puedas permanecer más aquí.
Takasato inclinó la cabeza y miró incómodo a Hirose.
—¿Por qué dice eso? Sanshi y los otros
dijeron que estaban protegiéndome, ¿no es así?
Hirose no habló. Era cierto. Sanshi y Gouran solo estaban
protegiendo a Takasato, con una devoción al borde de la locura. No era lealtad
a Takasato, sino lealtad al rey. El rey les había encomendado proteger a
Takasato.
—¿Por qué Sanshi me preguntó si yo era enemigo del rey?
Takasato ladeó la cabeza.
—…No lo sé.
Si el rey y Takasato tenían una relación amo sirviente, entonces
naturalmente sus intereses serían concordantes. ¿Habrían supuesto que los
enemigos de Takasato serían también enemigos del rey?
—¿…Iwaki era enemigo del Rey de Tai?
Si el Rey de Tau era un rey de aquel lugar, entonces el Iwaki de
acá no podría ser su enemigo. Ni Iwaki ni ninguno del resto de los estudiantes
eran enemigos del Rey de Tai.
“…Ah, entonces…”.
Hirose exhaló un profundo suspiro. Entonces fue por eso que Renrin
dijo que “solo entiende la justicia”. No tenían idea de que ninguna
persona de aquí podría ser considerada enemiga del rey. Solo podían
considerarlos enemigos de Takasato, por lo tanto, enemigos del rey, y se
deshicieron de ellos.
—Qué absurdo…
Era un malentendido. Todo, desde el comienzo era solo un gran
malentendido.
—Completamente absurdo.
Takasato miró en silencio a Hirose.
Gotou llegó después de la caída de la noche. Suspendida sobre el
mar, estaba la luna cual cicatriz de plata. El viento soplaba fuerte, y las
nubes comenzaban a amontonarse con velocidad.
—¿Señor Gotou, cuál es la situación de la escuela?
Gotou hizo una mueca.
—Todos los que estaban en el patio murieron.
Takasato cerró los ojos como si él mismo hubiera sido herido.
—El edificio de clases y el edificio de clases especiales están
casi completamente destruidos. Quienes estaban en el edificio de actividades y
en el gimnasio para orientación están todos bien.
—¿Qué hay de Hashigami?
—Él
está bien.
—¿Nozue y Sugisaki? ¿Qué hay de Tsuiki?
Gotou sacudió la cabeza.
—Aún no han sido encontrados. No
sabemos si están vivos o muertos. De cualquier forma, se está llevando a cabo
una desesperada operación de rescate, pero parece que se acerca un tifón. Si no
tenemos suerte, tendrán que suspender las labores de rescate esta noche.
Gotou sonrió amargamente y mencionó
que no había habido pronóstico meteorológico de ningún tifón. Sus ojos estaban
llenos de fatiga.
En la televisión estaban mostrando
imágenes de la escuela destrozada. Los periodistas probablemente estuvieran
sobre un helicóptero. Bajo las brillantes luces, los escombros proyectaban
sombras gruesas a medida que la escena giraba. La operación de rescate
continuaba a pesar del fuerte viento. Los edificios que daban al patio habían
colapsado. La mitad del edificio de clases había sido destruido, y un tercio
del edificio de clases especiales había colapsado. Los lugares donde estaban
ubicados el salón de la clase 6 y el salón de química habían sido derribados,
como pisoteados. El techo del nivel superior había caído al suelo, y los
escombros sobresalían de pequeñas grietas. Las partes que quedaban apenas
mantenían su forma original.
Aún había una pequeña posibilidad de que los estudiantes presentes
en el edificio de clases estuvieran vivos. Las condiciones del salón de química
eran un poco mejores, pero los estantes del interior estaban llenos de
productos químicos.
Las imágenes en la televisión cambiaban mientras iban pasando los
nombres de las víctimas. Primero, una larga lista de aquellos que resultaron
con heridas leves, luego, una más corta con heridos de gravedad, y finalmente
la lista más corta con aquellos que murieron. Sin embargo, el número de
personas excedía los treinta, y el número de desaparecidos sobrepasaba tres
veces el de fallecidos.
Hirose gimió. No había lugar a duda, la razón de esto se debió al
acoso a Takasato. La mitad del edificio principal se había ido. La oficina del
director se había convertido en parte de los restos, un gran número del comité
directivo, incluyendo al director y al subdirector, habían estado allí por una
reunión matutina.
Sin embargo, muchos estudiantes que
murieron en este accidente quedaron envueltos sin ninguna razón. Una gran
cantidad de vidas se perdieron debido a una ciega y estúpida aceptación. Las
cosas no habían llegado tan lejos como para recurrir a una venganza tan severa.
Esas cosas lo habían intensificado como si les hirviera la sangre.
O quizás algo había cambiado la situación…
Hirose,
atónito, miraba la pantalla fijamente cuando Takasato caminó hacia la ventana y
se quedó mirando hacia afuera. Afuera, las nubes bajas se movían a una
velocidad vertiginosa.
—¿Takasato?
Takasato dio un salto cuando Hirose lo llamó por su nombre. Caminó
hacia la ventana y colocó su mano sobre el cristal.
—¿Qué sucede?
Takasato abrió la ventana. En ese momento una cálida y húmeda
brisa sopló, y el aire en la habitación se humedeció. En el húmedo viento que
casi chorreaba agua, Hirose oyó un sonido.
Levantó las orejas. Había extractos de un sonido débil en el
viento que soplaba. Sonaba tan distante. Era una débil llamada traída por el
viento desde muy lejos.
—¿…Qué es eso?
Takasato se concentró en escuchar el sonido. Las nubes se movían
rápidamente desde el mar. Hirose seguía intentando escuchar el sonido, y oyó un
ruido atrayente.
Hirose se volteó para ver a Takasato. Algo lo estaba llamando. El
sonido provenía del otro lado del mar, o quizás desde el fondo de este. El
llamado continuó sin interrupciones.
Gotou se puso aprensivo.
—¿Escuchan… algo?
Takasato se dio vuelta repentinamente. Corrió desde la ventana
como si fuera a dejar la habitación. Hirose lo siguió y lo tomó por el brazo en
la entrada.
—No salgas.
Takasato luchó contra la toma de Hirose.
—Están llamando.
—Es el sonido del viento.
Takasato abrió la puerta y el fuerte
viento sopló en el interior, rugiendo desde la puerta hasta la ventana. El
viento llevaba el sonido con él.
—Me están llamando.
Hirose sostuvo el brazo de Takasato y se acercó a la puerta con la
intención de cerrarla. Takasato lo detuvo.
—Debo ir.
—Es solo el viento.
Takasato sacudió la cabeza.
—Es solo el sonido de las líneas de tensión o algo.
—Es una voz, y me está llamando.
—Son las olas que chocan.
Takasato torció el brazo con fuerza y se libró de la toma de
Hirose.
—¡Takasato, no es una voz!
Las ráfagas de viento aumentaron. Takasato salió por la puerta y
esta se cerró detrás de él.
—¿…Hirose?
Hirose se había quedado mirando la puerta como si hubiera sido
atrapado por alguna clase de hechizo, cuando Gotou lo llamó.
—Hey, Hirose. ¿Qué está pasando?
Hirose corrió hacia la puerta de entrada y gritó:
—¡Por favor, quédate aquí!
—¿Quédate aquí? ¡Hey, Hirose!
Hirose corrió. Cuando llegó al ascensor vio que este ya estaba
bajando. Corrió hacia las escaleras y bajó volando por ellas. Después de salir
del complejo de departamentos miró a su alrededor.
Debido a sus heridas, le tomó un tiempo llevarlo a cabo. No veía a
Takasato.
“¿…Dónde se habrá ido?”.
La voz que llamaba a Takasato era una pista muy
importante. Hirose corrió hacia el agua. Las fuertes ráfagas seguían soplando
desde el mar. Sabía que algún tipo de fuerza estaba saturando la atmósfera.
Para el momento en el que Hirose llegó al muelle, trotando y
corriendo por turnos, el viento era tan fuerte que casi lo derribaba. La lluvia
comenzaba a mezclarse con este, y sus gotas finas se sentían como agujas
penetrando su piel.
Hirose corrió por el muelle, mirando por todos lados y por la
playa. No podía abrir bien los ojos debido al viento. Colocó su brazo frente a
su cara mientras buscaba en la playa alguna señal de una persona. Cuando hubo
recorrido tanto como sus pies se lo permitieron, vio finalmente una silueta en
la playa.
Saltó desde el muelle y luchó contra la arena y el viento mientras
corría. Se agarró de Takasato que permanecía de pie en la orilla.
Takasato quedó desconcertado.
—Maestro.
—¿Qué está pasando?
Takasato trató de librarse de la mano de Hirose.
—Por favor, regrese a la sala.
—Tú eres quien debería regresar. Aquí es muy peligroso.
Las olas chocaban, levantando la bruma alta en el aire.
—No es seguro, por eso debe regresar.
—Entonces, tú vienes conmigo.
Hirose
tiró del brazo de Takasato, se resbaló por la lluvia. Takasato sacudió la
cabeza.
—Se lo ruego, por favor, regrese al departamento. Tengo que
averiguar por qué me está llamando.
En silencio, Hirose tiró del brazo de
Takasato. No estaba tirando muy fuerte, pero el fuerte viento proveniente del
mar lo estaba ayudando.
—¡¿Por qué tantas buenas personas tuvieron
que morir?!
—No tiene sentido pensar en ello.
—¿Qué demonios sucede? ¿Por qué se derramó tanta sangre? ¡No puedo pasarlo por alto!
Hirose ya no quería que continuase,
pero tampoco podía dejar a Takasato allí. No era porque fuese peligroso. Hirose
había llegado a esta conclusión: con Haku Sanshi y los otros a su alrededor, no
importaba lo que sucediera. Ellos protegerían a Takasato. Hirose sabía en su
interior que algo más lo inquietaba, que no le permitía liberar a Takasato.
Se aferró aún más a Takasato. Si lo dejaba ir, algo terrible
pasaría. Esta sensación se hizo más y más fuerte.
Mientras se aferraba desesperadamente al brazo de Takasato, se oyó
repentinamente una voz.
—Por favor, suéltelo y huya.
Se dio vuelta para ver de dónde provenía la voz. El viento sopló
la lluvia hacia su rostro. La mujer estaba de pie allí.
—Tú…
Ella le hablaba a Hirose.
—Por favor, huya, el Rey de En llegará dentro de poco.
—¿Qué significa?
Ella negó con la cabeza. Su largo pelo flameaba con el viento.
—Va a haber una inundación. El rey está cruzando, por lo que es
inevitable. Por favor, déjelo y corra a un lugar elevado.
—Basta de tonterías.
—Por favor —cuando la mujer terminó de hablar torció el cuerpo.
Solo podía describirse como una torsión. De repente, se distorsionó y su figura
entera se desdibujó y mezcló. Esa mezcla se alargó y comenzó a brillar. Era
como si algo se diera vuelta de adentro para fuera. Entonces, apareció la forma
de una bestia.
Su visión estaba nublada por la lluvia y el viento. El débil
resplandor se agregaba a la poca visibilidad, pero, aun así, podía decir que
era una bestia con un pelaje dorado y un lomo de colores intrincados. Sus
piernas terminaban en pesuñas, como un caballo, y tenía una melena dorada.
La bestia parecía estar queriendo
decirle algo a Takasato mientras lo miraba, y suavemente se levantó del suelo y
se elevó al cielo. Voló surcando el mar como si no sufriera los efectos del mar
y el viento, y desapareció como si se hubiera cubierto por las cortinas de la
lluvia.
Los dos permanecieron en silencio por un rato. No fue hasta que el
viento se puso más fiero y los presionó que volvieron en sí. ¿Qué había sido
eso? Cuando se dio vuelta para preguntar eso, vio que Takasato también estaba
anonadado.
—Takasato —lo llamó Hirose, pero él no le respondió. Hirose lo
volvió a llamar, más fuerte esta vez, pero Takasato permaneció en silencio.
Estaba mirando en dirección en la que había desaparecido la bestia cuando sus
labios se movieron.
—Recuerdo.
Takasato sonrió.
—Ya… recuerdo —murmuró, y luego cerró los ojos con fuerza—. No soy
una persona.
Lo dijo como si finalmente hubiera encontrado la felicidad.
—¿Takasato…?
Por fin se dio vuelta para mirar a Hirose.
—Taiki es mi nombre. Taiki… el kirin del Rey de Tai.
—¿…Qué estás diciendo?
Takasato sonrió cálidamente y miró a Hirose.
—No soy una persona, soy un kirin.
—Deja de decir tonterías —la emoción que surgió de Hirose fue ira.
“¿Cómo podía aceptar eso?”. Impulsivamente, Hirose habló toscamente—.
Eres una persona.
No sabía por qué, pero Hirose se sentía enojado. Era incapaz de
mantener la calma.
Takasato sacudió la cabeza con tranquilidad.
—Soy un kirin. El Rey de Tai es mi amo. Haku Sanshi es una nin’you
enviada por Renrin para unirse a mí aquí, y ella y Gouran eran responsables de
mi protección.
—Ren… rin.
Takasato asintió.
—Hay doce gobernantes y doce kirin. Renrin es el kirin
del Rey de Ten, y el Rey de En tiene a Enki.
—Eso es una tontería —Hirose no pudo dejar de gritar—. ¡Eso es
estúpido! ¡Eso no puede ser!
Takasato estaba mirando a Hirose.
—¿Un kirin? ¿Una bestia? ¿Tú? ¿Qué no tienes el cuerpo de un humano? ¿Qué no
tenías padres? Las personas no pueden da a luz a un animal. Eso es imposible.
—Soy un taika.
—¿Taika…? —Hirose preguntó desconcertado. Takasato asintió.
—Nunca fui una criatura que perteneciera aquí. Caí en este mundo
por error y crecí en el útero de una persona… Eso es un taika.
—No puede ser —la actitud fría de Hirose puso triste a Takasato—.
Si dices que eres un kirin, entonces transfórmate para mí.
Takasato sacudió la cabeza.
—Perdí mi cuerno, por eso no puedo. También es por eso por lo que
no puedo regresar por mí mismo.
La palabra regresar atravesó el corazón de Hirose.
—¿Regresar…?
Takasato asintió.
—Tengo que regresar. Tengo que volver
a ayudar a mi rey. Debido a mi pérdida de memoria he malgastado una cantidad
alarmante de tiempo.
—No… vas a regresar, ¿verdad? —Hirose
sintió como si fuera perseguido por algo. Se negaba a ser capturado. Para
escapar, Hirose solo podía seguir hablando—. Eres una persona. No importa lo
que fueras antes. Eres solo una persona ahora. Naciste en este mundo y vives
aquí. Incluso si regresa allí, terminarás volviendo aquí. Tú… volverás.
Takasato sacudió la cabeza.
—No voy a volver. Este fue un accidente.
Hirose abrió la boca, quería gritarle, pero no sabía qué decir.
—Esto no puede ser.
Estas palabras carecían de determinación. Sabía que solo estaba
siendo insistente.
—Tengo que regresar.
—¿Cómo?
—Vendrán a buscarme.
Las finas gotas de la tormenta golpeaban con fuerza el cuerpo de
Hirose, cayendo sobre la ropa pegada a su piel. Las altas olas golpeaban la
playa y caían a los pies de Hirose.
—¿…El Rey de En?
Takasato asintió.
—Sí. Ella dijo que el Rey de En aparecería y causaría una
inundación. Por favor, regrese al apartamento.
Takasato señaló la orilla, pero
Hirose no se movió ni un centímetro. No podía moverse. Que Takasato regresara a
ese otro mundo era bueno para Takasato, y también para este mundo. Era lo que
Takasato había estado deseando, y probablemente este mundo esperara lo mismo.
Dado que así era, entonces, ¿no debería Hirose mirarlo con una sonrisa?
A pesar de pensar eso en su mente, Hirose no había sido capaz de
darse cuenta y aún no se movía. Más allá del viento y la lluvia que soplaba y
lo golpeaba, se quedó fijo en el lugar.
—Por favor.
Hirose aún era incapaz de moverse.
Para evitar los golpes del viento y la lluvia agachó la cabeza y se dio cuenta
que, en algún punto, las olas habían alcanzado sus pies. El rocío del mar
proveniente de las olas humedecía sus ojos… Fue entonces cuando sintió una
presencia detrás de él.
Se dio vuelta, el rostro de una persona estaba justo detrás del
suyo. Sorprendido, gritó y saltó al lado de Takasato. Era una blanca cabeza
calva… Era el rostro de unos de esos cadáveres que vieron un día anterior.
Antes de que se diera cuenta, la multitud de cadáveres se había deslizado
detrás de él.
La única diferencia entre esa noche y esta era que esta vez, el
grupo de estos había surgido desde el muelle. Caminaron lentamente con posturas
decaídas. Cuando alcanzaron a Hirose y a Takasato se inclinaron con la cabeza
hacia abajo y extendieron los brazos. Se arrastraron en cuatro patas como
tortugas que saltan a las bravas olas, y regresaron al mar. En poco tiempo la
multitud entera había desaparecido por las olas.
Hirose exhaló un profundo suspiro. Luego miró casualmente a su alrededor,
y a la distancia vio, a través de la bruma, una gran bestia moviéndose. Su
tamaño era tan grande como el de una vaca, pero no podía decir con claridad
como se veía la bestia. Miró a su alrededor reflexionando y vio que en algún
punto la playa se había convertido en un revoltijo de animales misteriosos. Sus
formas perdían sus definiciones debido a la lluvia y la oscuridad, todas y cada
uno de los cuerpos eran terriblemente deformes. Repentinamente, Hirose agarró a
Takasato por el brazo y tiró de él en un intento por huir, pero Takasato fue
más rápido.
—Maestro.
—¡Corre!
—…No hay necesidad. Son inofensivos. Ellos también están
regresando.
Por alguna razón, esas palabras
hicieron un corte profundo en el corazón de Hirose. Impulsivamente, tiró de
Takasato con todo su cuerpo.
—¡Maestro! —Takasato luchó fuertemente en un intento por permanecer donde
estaba—. ¡Por favor, suélteme!
Hirose tiró del brazo de Takasato sin decir palabra. Takasato
perdió el balance y cayó al suelo. Hirose lo levantó y comenzó a correr hacia
el muelle. Tropezó un poco y notó muy cercano el olor a agua de mar, más fuerte
que el que traía el viento.
“…El olor a agua de mar”.
Hirose se detuvo, y dio un salto hacia atrás con cautela. Una
sombra roja pasó frente a sus pies. Fue un milagro que pudiera esquivar ese
ataque.
La cabeza de la bestia roja salió de
la arena. Hirose quiso moverse para atrás, pero algo lo retuvo en ese lugar.
Eran las pálidas manos blancas de la mujer, que salían de la arena.
“…No puedo detener a Takasato”.
Pensó
en eso sin esperanza. “No puedo poner en peligro a Takasato. No puedo
herirlo. No puedo interponerme en su camino”. Si Takasato quiere ir, Hirose
no podía hacer otra cosa más que dejarlo ir en silencio. De otra forma, se las
tendría que ver con la venganza.
Con la mitad de su cuerpo saliendo de
la arena, la mujer sostuvo las piernas de Hirose. Ni siguiera podía pensar en
sacudirla, ya que ni siquiera era capaz de esquivarla. La bestia roja emergió
por completo de la arena. Sus garras podían fácilmente rasgar a Hirose, y su
mandíbula podría masticarlo con mayor facilidad de lo que sería soplar polvo.
—Gouran —una voz sonó firme. Antes de que Hirose se diera cuenta,
Takasato se había puesto entre él y las criaturas—. Basta. Él no es un enemigo.
La bestia roja sacudió la cabeza con indecisión.
—Sanshi, tú también. Suéltalo. No hay necesidad para esto.
Sin embargo, las manos que sostenían los pies de Hirose no lo
soltaron. La bestia roa llamada Gouran también se puso en posición para atacar
y enseñó sus filosos dientes.
—Esta persona no es un enemigo. Él ha estado ayudándome. Deberían
entender eso, ¿no es cierto?
Después
de un rato, las manos que lo sostenían soltaron a Hirose. Hirose sacudió las
manos y retrocedió un par de pasos. Podía ver claramente a la llamada Sanshi y
a la criatura llamada Gouran confundidos. La bestia aún crujía los dientes.
—Gouran, para —comandó nuevamente Takasato, y luego se arrodilló.
Se acercó al animal—. ¿Qué pasó?
¿Ya no puedes diferenciar entre el bien y el mal?
El cuerpo de Gouran retrocedió un poco y bajó la cabeza. Estiró la
cabeza ensangrentada bajo la mano de Takasato, y Takasato puso gentilmente su
mano sobre esta. Gouran se acercó y Takasato abrazó la extraña bestia.
Sanshi salió de la arena y bajó profundamente la cabeza. La cabeza
de Sanshi estaba frente a Hirose. Cuando se dio cuenta de que bajaba la cabeza
frente a él, se sorprendió.
Takasato miró a Hirose. Era, sin lugar a duda, su figura abrazando
a la bestia. La imagen dejó mudo a Hirose.
Hirose era diferente a Takasato. Gotou lo había dicho. Para ese
momento, Hirose ya lo había aceptado silenciosamente en su mente. Sin embargo,
nunca había imaginado que, la diferencia… entre aquellos que pertenecían a este
mundo y aquellos que pertenecían a otro… fuera tan grande.
Ahora entendía por qué se sentía tan incómodo. Tenía miedo de
confirmar esta diferencia. Esa era la verdadera razón detrás de su
comportamiento que ni siquiera Hirose había comprendido.
Antes de que se diera cuenta la marea había llegado a sus pies. La
espuma de las olas se llevaba la arena bajo sus pies.
Takasato se puso de pie y miró directamente a Hirose. Las
criaturas blanca y roja desaparecieron debajo de la lluvia.
—Por favor, corra a un lugar más alto.
Hirose no podía moverse. Simplemente susurró:
—¿…no tienes nada que te una a este mundo?
Takasato miró a Hirose, estuvo a punto de decir algo, pero bajó la
cabeza.
—…pero, de todas formas, tengo que regresar.
—No vayas —espetó Hirose—. ¿Por qué deberías volver? No tienes que
hacerlo.
Takasato sacudió la cabeza.
—Ya… no hay lugar para mí en este mundo.
—Si necesitas un lugar, yo te haré uno… no vayas.
Takasato sacudió la cabeza al igual que antes.
—¿Entonces, qué hay de mí? —Hirose extendió la mano y la lluvia golpeó la mano extendida.
Tanto sus brazos como sus piernas temblaban por el frío—. Takasato, ¿qué hay de
mí?
—Ya no puedo seguir arrastrándolo a esto.
Hirose agarró el brazo de Takasato con su mano ya extendida.
—¿Tan solo vas a dejarme atrás…?
Takasato
abrió bien los ojos. La cara de Hirose se contraía. “Takasato se dio cuenta”,
pensó. “Descubrió mi ego contaminado”.
Miró a Hirose por un rato, luego cerró los ojos y suspiró con
tristeza. El viento rasgó su profunda tristeza en mil pedazos.
Hirose
ya no podía controlar su expresión. “Las personas, como personas, están así
de contaminadas”. Hirose, que agarraba a Takasato, lo agarró más
firmemente.
—¡…No puedo volver! Pero ¿tú sí vas a dejarme atrás y a regresar por tu cuenta? —Cerró los ojos. El viento sopló su pelo húmedo contra sus ojos—.
¡¿Vas a regresar por tu cuenta, Takasato?!
“…Entiendo”.
Esto lo dijo Takasato. Gotou le había dicho antes
a Hirose que él probablemente entendiera a Takasato. Él era capaz de
entenderlo. Hirose era, probablemente, la única persona que entendiera a
Takasato. Y ahora, Takasato era la única persona que entendía a Hirose.
—Solo tú puedes ser llevado de regreso a tu tierra nativa.
Hirose había perdido la suya, pero él estaba atado a esta. El
solitario compatriota para un extranjero que únicamente podía recordar su
tierra natal.
—Entonces, ¿qué hay de mí? Me
quedaré aquí solo. ¿Qué hay de mí?
Hirose reveló la verdad. Ya no tenía palabras para cubrir lo que
su corazón realmente pensaba.
—¡¿Por qué solo tú?!
Hirose quería salvarlo. Él realmente quería salvarlo. Quería que
Takasato fuera capaz de llegar a tener un futuro en paz, y él hizo todo lo
posible para que así fuera. Su mente era inamovible ahora, pero algo, enterrado
muy profundo en su corazón, sentía una gran envidia hacia Takasato, lo que lo
trajo de vuelta a su propio mundo.
“Las personas, como personas, están así de contaminadas”.
Las fuerzas abandonaron el brazo de Hirose. Takasato llevó la mano
que Hirose liberó para cubrir su rostro.
Aquel, cuyo corazón era tan puro como el de Takasato no podía
entender. Incluso Hirose siempre había querido volver.
Takasato se cubría el rostro con una
mano y con la otra señalaba a un costado. Hizo un gesto hacia la costa como una
orden para Hirose.
—Por favor, vaya.
—Takasato.
Takasato levantó la cabeza y miró seriamente a Hirose.
—Por favor, vaya. Porque usted es humano.
Hirose bajó la cabeza.
…Él lo sabía. Hirose no había sido elegido. Sin duda, era debido a
que era tan impuro que nunca podría ser elegido.
Takasato le dio un empujón al inmóvil Hirose. Por su insistencia,
Hirose comenzó a caminar. Provenientes del mar, el viento y la lluvia también
parecían estar empujando su espalda.
No quería que lo enviaran al departamento. Si no podía volver,
entonces quería que todos estuvieran juntos.
De alguna forma u otra, todos eran
diferentes. Aquellos con defectos físicos o con un déficit mental, todos de
alguna forma estaban desviados de la norma. El que era diferente tenía sueños
de su ciudad natal, sueños tontos y vacíos, y, sin embargo, dulces al mismo
tiempo.
—Quiero regresar —murmuró Hirose una vez más, pero no fue más que
una queja. Sin embargo, para Takasato, era un derecho que podía reclamar con
cuerpo y alma. Él tenía un mundo al cual regresar, y Hirose no.
Takasato no era una persona, pero para Hirose, eso no era
importante. Takasato siempre había sido diferente, y Hirose nunca podría ser
del mismo tipo que era él. Solo podía ser una persona. Por ello, Takasato pudo
ser elegido, pero Hirose no podía. Takasato podía volver, pero Hirose estaría
atrapado en este mundo por siempre. No había otros mundos al cual Hirose
pudiera regresar.
Desde lo alto de la presa, parecía como si Takasato velara por
Hirose. Hirose se detuvo. Takasato señaló detrás de Hirose.
Hirose empezó a moverse arrastrando los pies. No tenía las
energías para correr. Ya no le importaba si vivía o moría. Cuando sus piernas
estuvieron débiles y sus rodillas estuvieron a punto de fallar, un suave viento
lo empujó por la espalda y una débil voz se oyó.
—…Por favor… vaya a las montañas.
Hirose miró atrás. Takasato lo estaba mirando. Hirose vio su
contorno de pie, dando la espalda a las agitadas olas. Takasato gritó lo mismo
una vez más.
Él asintió.
Takasato bajó profundamente, muy profundamente la cabeza.
Hirose asintió de nuevo. Luego se echó a trotar bajo la lluvia que
mojaba la superficie de la carretera. El viento soplaba, y con su empujón,
Hirose finalmente comenzó a correr.
…Ese día, la inundación que afectó al
vecindario se tragó el barrio entero y dio lugar a más de doscientos muertos y
decenas de desaparecidos.
En los pocos días posteriores, se les prohibió a las personas
acercarse a la costa en días de fuertes ráfagas de viento, ya que los cuerpos
de las profundidades llegaban a las costas.
Después de cinco días, diez días, la larga lista de desaparecidos
se aclareció, mientras que la de muertos siguió creciendo. Sin embargo, después
de un mes, aún había un nombre en la lista.
Después de la temporada de tifones y entrando en temporada de las
heladas, ese nombre permaneció.
…Solo había una
persona.

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