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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

lunes, 17 de julio de 2023

El Niño Demoníaco - Capítulo 10

 


CAPÍTULO 10

 

 

 

Al día siguiente, un gran número de personas llegaron al vestíbulo del templo para enviar sus condolencias. Lo sorprendente era que como una docena de ellos eran estudiantes que se saltaron la escuela para ir al funeral. Todos eran de la clase 2-6, pero Sakata no estaba entre ellos. Ofrecieron incienso con torpeza y le dieron palabras de aliento a Takasato. El ánimo de Hirose, al ver esta supuesta reconfortante escena, era difícil de explicar.

Un sorprendente número de dolientes se presentó. La mayoría parecía no saber cómo se veía Takasato. Las personas se reunían en pequeños grupos aquí y allá en el vestíbulo del templo y en el patio, susurrando chismes. Sabía, por lo que escuchaba, que estaban allí simplemente porque querían echarle un vistazo al ángel de la muerte.

Debido a que fue un funeral con solo las cenizas de los difuntos no hubo procesión fúnebre. Después de que Takasato diera una expresión de gratitud, los invitados dejaron sus asientos en grupos. En ese momento, un ruido ensordecedor, que pareció mover la tierra, estalló en las cercanías. Todos los invitados reunidos en el vestíbulo viraron en dirección al ruido y vieron una densa nube de humo en la calle del templo. Todos comenzaron a hablar.

La puerta del templo había colapsado.

En un instante, se levantó un tumulto en el lugar. Hirose abandonó el vestíbulo principal y corrió hacia la puerta. La puerta pequeña y blanca, construida con el estilo del templo, se había caído. En medio de los montones de madera dispersa, teja y paredes de adobe, podía ver pies y manos de personas. También había sangre y el sonido de los gemidos… y cámaras.

Se dio cuenta inmediatamente que los miembros de la prensa que esperaban afuera habían sido enterrados. Mirando a su alrededor, vio a los afortunados que habían escapado ilesos, todos de pie, anonadados, mientras miraban los escombros.

¡Tontos!

Al oír eso, Hirose se dio la vuelta. Tres alumnos de la clase 2-6 se habían reunido frente al tumulto de gente.

—Después de causar tal conmoción, ¿realmente creían que iban a estar bien?

¡Sí! ¿Cómo pueden grabar cosas de una maldición? Es increíble.

Dieron vistazos alrededor y vieron a Takasato de pie con el rostro pálido.

Los reporteros frente a la puerta comenzaron a moverse. Algunos llamaron ambulancias y otros preguntaron si los videos habían seguido grabando.

—Ese chico les puso una maldición —dijo un hombre señalando a Takasato. Entonces, emergieron los sonidos de los obturadores de las cámaras.

Agitado, Takasato corrió hacia la pila de escombros y comenzó a mover los escombros. Algunos de la multitud se aproximaron a ayudar con el rescate. Movieron los escombros y sacaron a los heridos.

  

 

Fue como si todas las ambulancias de la proximidad hubieran sido llamadas. Unas pocas se apresuraron en llegar y se estaban llevando a los heridos. Hirose suspiró y se sacudió el polvo. Buscó a Takasato en la multitud y lo encontró en el vestíbulo principal, rodeado de estudiantes que habían ido a presentarle sus condolencias.

Hirose caminó hacia allí y oyó a alguien hablar gentilmente.

—Debes haberte asustado.

—Takasato, no te ves bien.

—Sí, deberías descansar en algún lugar.

—Esto debe ser duro para ti. Voy a averiguar si hay algún lugar para que descanses.

Al decir esto, uno de ellos se fue y habló con un monje mayor que estaba ayudando a uno de los heridos en la calle.

Hirose sabía lo que realmente sucedía… Solo lo estaban halagando.

Aquí, había una especia de maldición, y él usaba el miedo para mandar a quienes lo rodeaban. Un día, quienes los rodeaban levantaron la bandera de la rebelión y trataron de derrocar al rey y su reino de terror. Sin embargo, el rey no había sido derrocado. Dejó tres historias, pero no sufrió ni un rasguño, y después de ello, comenzó la purga. Aquellos que habían intentado derrocar su reinado de terror fueron castigados de una forma horrible, y el resto de ellos se convirtieron en sirvientes. Si una revolución era imposible, entonces, su única opción de vida era servirle. Tenían que evitar la infelicidad del rey y su furia. Si nunca lo desafiaban y siempre lo trataban con amabilidad, entonces no cometerían ningún error.

“Takasato estaba tan solo”, pensó Hirose. Cada parte de él estaba llena de soledad.

La sirena de la ambulancia se alejó a toda velocidad.

El incidente resultó con la muerte de nueve personas y veinte heridos. Las noticias de ese día difundieron repetidamente las imágenes del momento.

La puerta del templo que colapsaba repetidamente, y antes de que tuvieran tiempo de gritar, los que estaban debajo fueron aplastados. El instante fue como una torre de bloquecitos de juguete apilados tan altos que caen.

Cuando Hirose y Takasato regresaron al departamento esa noche, todo estaba silencioso. Ya no veía a los reporteros de antes reunidos. La tranquilidad reinaba en la calle frente al departamento. La pared de la casa de enfrente de ellos estaba dañada y fue cubierta por una sábana. Lo encontraron curioso mientras subían las escaleras. Entonces, Hirose se detuvo frente a la puerta de su departamento.

Una hoja de papel estaba pegada en la puerta con una palabra escrita: “Váyanse”. Hirose arrancó la hoja y abrió el cerrojo con las llaves en su mano.

  

 

Después de las noticias de la noche, supieron la razón por la cual no había ninguna persona fuera del complejo de apartamentos.

En el momento en el que colapsó la puerta del templo, ocurrió un accidente cerca del departamento de Hirose. Un auto sin control embistió al grupo de reporteros, con el resultado de dos muertos y cuatro heridos. Ya que el conductor era uno de los muertos, nadie supo por qué conducía así.

“Ya veo”, pensó Hirose. “¿Así que finalmente se asustaron?”.

Reportando acerca del colapso en el templo y la colisión del coche, un locutor dijo duramente: “Unos reporteros fueron víctimas mientras se encontraban cubriendo una noticia”, pero la noticia sería lo que se desparramó más tarde.

Después de ver las noticias, el rostro de Takasato se volvió pálido. Hirose se sintió mal por él. Su existencia había hecho que esas cosas horribles sucedieran. ¿Cuántas vidas se habían perdido por su culpa?

Hirose miró el perfil de Takasato con una compasión diferente a la expresada anteayer, y luego miró a la nada.

“Quizás”, pensó Hirose. “Quizás, sus intenciones fueron las de deshacerse de todos sus enemigos”. Sintió que seguía los pensamientos de un niño. Si ese era el caso, entonces nunca se detendrían. Probablemente mañana, otro grupo de reporteros vendrían y seguramente lo tratarían peor de que a los anteriores. ¿Qué les harían? ¿También se desharían de ellos?

Y entonces, sin que pasara mucho, ¿determinarían a todos los demás como enemigos? Si continuaban protegiéndolo sin restricciones, eventualmente terminarían por perder la forma y el lugar en el cual vivir.

—Takasato —dijo Hirose. Takasato lo miró—. Usemos esta oportunidad para pasear. —Hirose forzó una sonrisa—. No creo que seamos capaces de salir mañana.

  

 

No podían ver la luna. Sin ninguna luz de la calle, la parte superior de la presa estaba completamente oscura. El barro negro golpeaba contra la pared exterior de la presa.

¿Cómo era tu abuela? —preguntó Hirose mientras miraba el agua de abajo. A Takasato le resultó difícil esconder la expresión de preocupación cuando Hirose trajo eso a colación.

“…Es una trampa”.

Hirose miró el rostro de Takasato mientras murmuraba para sí: “Es una trampa. No caigas”.

Él inclinó la cabeza.

—Creo… que era normal, tan solo un poco estricta.

¿Estricta?

—Era una persona estricta en cuanto a disciplina. Porque hacía las cosas a la antigua… Recuerdo que tenía mucho que decir en cuanto a cómo manejábamos nuestros palitos o cómo nos sentábamos a comer.

¿Eh? Así de estricta ¿no?

Takasato sonrió.

—Mi abuela saba más miedo que mis padres. Esa vez, me pagó sin piedad.

Hirose lo miró.

¿Hablas de cuando desapareciste misteriosamente?

Takasato asintió y pareció estar sonriendo amargamente. Su expresión le dio tristeza a Hirose. No tenía idea de que caería en una trampa.

¿Cuál fue la razón? Recuerdo queella me preguntó quién había derramado el agua por todo el baño. , creo que fue eso. Mi hermano dijo que fui yo, pero yo no recordaba haber hecho eso, y dije que no lo hice.

—Entonces, ¿tu hermano era el verdadero culpable?

Takasato negó con la cabeza.

—No lo sé porque no vi nada. Si hubiera visto quien lo hizo le hubiera dicho. Desafortunadamente, no supe quién lo hizo, así que todo lo que pude decir fue que no había sido yo.

“Que interesante forma de pensar”, pensó Hirose. “¿No sospechaba ni un poco de su hermano, quien insistía en que había sido él?”.

¿Y entonces?

—Mi abuela también dijo que probablemente había sido yo. Me regañó. “¿Por qué no puedes disculparte sinceramente?”. Me mandó al patio y me dijo que hasta que no me disculpara no se me permitiría entrar. Era febrero y estaba nevando —Takasato sonrió y dijo—. Hacía frío afuera, pero sabía que yo no lo había hecho, así que no podía disculparme y decir que yo lo había hecho. Eso porque mi abuela siempre me advertía de que nunca debía mentir.

¿…Y? ¿Qué pasó después?

Takasato aún sonreía.

—Estaba desorientado. No sabía qué hacer. Estaba haciendo más y más frío y el sol ya casi se ponía. Realmente quería entrar, pero no podía mentir. Fue entonces que sentí la cálida brisa que soplaba hacia mí. Miré en esa dirección y vi aquel brazo.

Sonriente, Takasato miró a Hirose y comenzó a verse más vacilante.

¿…Qué sucede?

“Caíste en la trampa”. Hirose calló esas palabras.

Frente a los ojos de Hirose, Takasato se veía como un desafortunado e indefenso niño.

¿Odiabas a tu abuela?

—No —Takasato sacudió la cabeza.

¿No era estricta? Debes haberla odiado.

—Nunca pensé de esa forma. Tenía miedo de ser regañado por ella.

¿Incluso a pesar de que te hizo salir al jardín en pleno invierno por algo que no hiciste? Al menos debes haberla odiado en ese momento ¿verdad?

Takasato sacudió la cabeza. No parecía estar mintiendo ni engañando.

—Pero ¿qué podría haber hecho? Mi abuela no sabía quién lo había hecho, y mi hermano dijo que había sido yo, así que solo quedaba creerle…

¿No crees en realidad que haya sido tu hermano?

¿Por qué? Mi hermano dijo que yo lo había hecho.

¡Por eso! Tú no lo hiciste y tu hermano no te vio derramar nada de agua, ¿cierto? Pero estaba seguro de que tú lo habías hecho. ¿No crees que te estaba echando toda su culpa?

Takasato se quedó desconcertado, y luego preguntó:

—Ahora que lo menciona… supongo que es posible, ¿no?

Parecía que estaba llegando lentamente a esa conclusión.

Hirose suspiró. No parecía estar actuando, pero su reacción podía tener otro significado más profundo.

¿No estás enojado con tu hermano? —preguntó Hirose suavemente. Takasato sonrió. No estaba acostumbrado a sonreír, por lo que parecía inusualmente serio.

—Eso no significa que realmente lo haya hecho… Además, ya está en el pasado.

Viendo su sonrisa, Hirose entendió. La presa había caído en la trampa. Todo lo que tenía que hacer ahora era sellarla.

Hirose respiró suavemente, y le dijo lo más tranquilamente posible a Takasato.

—Eres tú, ¿no es cierto, Takasato?

Takasato parecía no entender lo que Hirose le quería decir. Hirose se lo repitió calmadamente.

—Eres tú.

¿…Qué hay conmigo?

—Tú eres el que lo está haciendo.

Takasato abrió bien los ojos y luego arrugó la frente.

¿Qué hice?

—La venganza. Tú eres quien la lleva a cabo.

Takasato se quedó mirando el rostro de Hirose. Sus ojos llevaban una mezcla de emociones.

—Creo que lo haces subconscientemente. A pesar de eso, creo que eres tú quien hace todo.

—…Estás equivocado —parecía perplejo. Sus expresiones y humos eran las de aluien que no entiende por qué Hirose salía con una cosa así.

—No estoy equivocado. Fuiste tú quien hirió a esas personas. Creo que subconscientemente querías vengarte de ellas. Y lo hiciste todo con ese poder que tienes.

¿Poder?

—Puede que sea un cliché llamarlo un poder mental. Es algún tipo de poder único, y exige venganza en nombre de tu conciencia.

Takasato sacudió la cabeza con vigor. No parecía molesto, solo un poco apenado.

—Odiabas tu hogar. Querías escapar a algún lugar. Tu subconsciente usó es poder e hizo que te desvanecieras a otra parte. De esa forma, es un poder tremendo. Te deshiciste de las personas que no te agradaban. Cada vez que te sentías solo llamadas a ese consuelo.

—Eso… no es posible.

Hirose sacudió la cabeza firmemente.

—Es solo que no lo sabes. No sabes que tienes ese tipo de poder. En algún lugar dentro tuyo odias a la gente que te lastima.

Takasato no respondió. Simplemente miraba a Hirose con los ojos bien abiertos. Se veía como un niño abandonado que no entendía totalmente la situación, por lo que sentía tristeza.

—Las personas son criaturas sucias. Crueles y sucias criaturas. Es solo por no ser animales salvajes que son tan viles y contaminadas. Las almas de las personas no están hechas de luz y vidrio, sino de ego y veneno. Nadie puede vivir como tú, donde no odies a nadie. Eso no es algo que las personas sean capaces de lograr. No puede haber una falta total de odio. De lo contrario, no es que no lo admitas. Solo que pretendes que no existe.

—…Eso no es cierto.

Hirose lo miró directamente.

—Entonces, ¿por qué le preguntaste e Hashigami el nombre de Tsuiki? Es porque querías venganza. En aquellos que salían con temas que no te agradan.

—No es cierto —Takasato levantó la mirada para verlo—. No le pregunté. No es que quisiera preguntarle por el nombre de Tsuiki. Alguien de tercer año estaba diciendo cosas extrañas, y solo quería saber a través de quién pasó.

—Takasato —suspiró Hirose mientras sacudía la cabeza—. Eso es una mentira, y no voy a caer en ella.

De la misma forma, también había una decepción personal en Hirose.

—Es cierto. Me preguntaba si los rumores de verdad ya se habían puesto tan extraños, así que…

—Takasato —Hirose lo interrumpió—. Basta. Debes entender que no puedo seguir con esto. Perderás lentamente tu propio balance y al mismo tiempo juntarás más enemigos. Y los enemigos que aparezcan serán peores que los anteriores.

Takasato sacudió la cabeza.

—Takasato. Los humanos no pueden vivir ordenadamente. Las personas no pueden vivir llorando por aquellos que han herido a otros o lamentándose por quienes han golpeado.

—Por favor, deténgase….

—Puedes golpearme. Puedes odiarme y gritarme. Tan solo deja de fingir que no sabes lo que sucede y basta de dominar tu ego.

Takasato bajó la cabeza.

—Deje de decir esas cosas, por favor.

—No cubras tus oídos.

¡Le ruego que se detenga, por favor!

¡Takasato!

¡Por favor, solo deténgase! —miró a Hirose con sinceridad—. Por favor, no muera.

Sonó totalmente sincero.

“¿Es que no puede admitirlo? ¿O no quiere?”.

Hirose palmeó el hombro de Takasato. Él aún tenía la cabeza gacha.

—…Volvamos.

  

 

Más tarde esa noche, Gotou llamó por teléfono pidiendo que Takasato pasara por la escuela al día siguiente. Su voz se oía rara. “¿Estaba ebrio?”. Pensó Hirose. Por supuesto, nunca lo había visto ebrio.

Al día siguiente, Takasato le pidió a Hirose que lo acompañara a la escuela. Eso lo sorprendió, ya que era la primera vez que Takasato le pedía algo, pero, aun así, asintió silenciosamente.

Cuando salieron, un asombroso número de periodistas estaban reunidos en la vereda del frente. Ni bien vieron a Takasato comenzaron a causar un gran alboroto. Antes de que entrara en el auto de Totoki, pudieron oír suficientes maldiciones como para inducir un dolor de cabeza.

  

 

Según las instrucciones, se dirigieron al salón de química, donde Gotou los estaba esperando. Cuando vio a Hirose levantó una ceja, pero no dijo nada.

—Takasato, me siento muy mal por pedirte que vengas hasta aquí.

—Está bien…

—Lo siento, pero ¿podrías dirigirte hasta la oficina del director? Él quiere hablar contigo.

Takasato miró el rostro de Gotou, pero no dijo nada. Luego miró a Hirose.

—Disculpe, maestro, ¿podría venir conmigo?

¿Yo?

Sorprendido, Gotou dijo:

—Oye, oye, no creo que el director tenga asuntos con Hirose.

Takasato miró a Gotou.

—Me siento un poco desamparado. Si el maestro Hirose no viene conmigo, no iré.

Anonadado, Gotou miró a Hirose, y Hirose le devolvió la mirada. Desconcertado, Gotou levantó el teléfono y marcó el interno. Le dijo a la persona del otro lado lo que Takasato le había dicho.

La otra persona no tuvo ninguna objeción. Vía teléfono, Gotou sirvió de intermediario entre la otra persona y Takasato, y finalmente, colgó el tubo. Tenía una extraña expresión en el rostro.

—Hirose, ve.

  

 

Llegaron a la oficina del director, y además del director estaban el subdirector, el decano y el decano de segundo año. Se veían algo infelices cuando vieron entrar a Takasato y luego a Hirose, entonces de una forma hosca, los invitaron a toma asiento.

—Bueno, joven Takasato.

¿?

—Primero, queremos decirte que lamentamos mucho tu pérdida. ¿Has decidido qué harás de ahora en adelante?

—No.

El director aclaró suavemente su garganta.

—Takasato, oí de tu profesor tutor que pensabas dejar la escuela, ¿eso es cierto?

—Sí.

El director asintió un par de veces, y luego dejó salir una sonrisa forzada, aunque no sabían qué significaba.

—Muchas cosas te han pasado recientemente, y han sido duras, ¿no es así? Y con la pérdida de tu familia, creo que necesitas tomarte un tiempo para ti. Creo que quisieras encontrar un lugar en el cual pensar en todo esto, de modo de que puedas aclarar tu mente, ¿verdad?

Hirose fijó sus ojos en el director.

—La escuela está dispuesta a aceptar tu notificación de retirada en cualquier momento.

Hirose se puso de pie.

¿Significa que quieren que se vaya?

El director posó su mirada en Hirose.

—Nadie dijo una cosa como esa. Por favor, tranquilícese.

El director miró a Hirose y luego a Takasato.

—Entonces, ¿qué es lo que piensas?

Takasato asintió, su rostro no mostraba ninguna expresión en particular.

—Cuando vuelva me encargaré de los trámites.

El director se veía claramente aliviado, entonces asintió.

—No te preocupes, no hay apuro. Por favor, ve abajo por el papeleo, y mándanoslo en alguna fecha posterior. Según la policía, necesitarás el permiso de un tutor, pero debido a tu condición actual, tus tutores no están presentes, así que eso no puede evitarse.

“Qué cruel”, pensó Hirose. Sabía por qué Gotou se había embriagado la noche anterior. La escuela quería deshacerse de Takasato, pero no podían pensar en una excusa, por lo que lo presionaban a que se fuera. La razón por la cual se lo pidieron en ese período fue porque Takasato no tenía ningún otro tutor que se pudiera oponer a las autoridades escolares. Él tendría un tutor en el futuro, pero para ese momento, la escuela ya habría aceptado su retiro. Estaban tratando de quitarse toda la responsabilidad antes del hecho, y era una forma realmente despreciable de hacerlo.

Sin embargo, no parecía que a Takasato le preocupara. Miraba hacia abajo sin expresión alguna, significando que ya lo había aceptado. El director sonrió mientras le daba consejos y advertencias vacías a un alumno que pronto ya no lo sería. Hirose se quedó cerca con los puños cerrados mientras lo oía.

Cuando estaba a punto de dejar la oficina, después de que la discusión terminara, el decano llamó con señas a Hirose. Hirose dejó de caminar, y Takasato hizo lo mismo.

—Hirose, pero por favor, espere un momento… Joven Takasato, puede retirarse —dijo el decano.

Takasato dijo:

¿No me puedo quedar?

Hirose miró con asombro a Takasato. El decano miró preocupado al director.

—En cualquier caso, retírese, por favor.

—No —su voz sonó firme y resuelta. Hirose estaba muy sorprendido mientras miraba el perfil de un Takasato resuelto.

El decano se acercó y tomó a Takasato por el brazo.

—En cualquier caso…

—Si me fuerza a irme, le voy a decir a los medios que me obligó a salir del colegio.

El decano retrocedió mientras miraba a Takasato. Takasato sonreía.

—También podría decirles que me amenazó.

Todos parecieron preocupados por un momento. Hirose estaba sin habla y absolutamente atónito. Su comportamiento solo podría describirse como un completo cambio. No era como el Takasato de antes.

—Hirose —dijo inquietamente el decano—. Acerca de este asunto…

—Me mantendré callado —escupió Hirose con indiferencia—. No vi ni oí nada cuando estuve aquí, incluyendo durante mi permanencia aquí como maestro estudiante. ¿…Es suficiente para usted?

Hirose los vio asentir y luego le pidió a Takasato que saliera. Ambos salieron juntos de la oficina.

En el camino de la oficina al salón de química, Hirose podría haber sido descrito como sorprendido en lugar de enojado. Tenía que detenerse a preguntar “¿Qué fue lo que pasó allí?”. Meditó sobre eso varias veces, y cuando estaban por subir las escaleras le dijo calmadamente:

—Takasato, tendrás que disculparme, pero dentro de poco deberé ir a mi universidad.

Takasato lo miró.

¿No puedo ir con usted?

—Lo siento, pero tengo que hablar algunas cosas con mi instructor del seminario…

—Por favor, lléveme con usted. Prometo que no me meteré en su camino.

Estaba tan insistente. Hirose entendió el por qué.

“…Estar cerca de Takasato aumentaba las probabilidades de mantenerse a salvo”.

“¿Cuándo discutí esto con Gotou?”.

—Por favor.

Hirose sintió profundas emociones mientras veía a Takasato, quien le devolvía la mirada.

—Mentí.

Takasato abrió bien los ojos.

—Perdóname. Era una mentira.

Miró hacia abajo con vergüenza.

—Takasato, gracias.

—…Yo mismo no lo entiendo —Takasato mantuvo la cabeza gacha—. No importa cuánto lo piense, no sé si soy yo quien lo está haciendo. Incluso más, no sé si estoy albergando todo este odio y pretendiendo que nada está mal.

Su voz sonaba temblorosa.

—Independientemente de si lo estoy haciendo o es otra persona, no sé cómo evitar que pase. Pero, si soy yo, entonces sé que probablemente no me hiera a mí mismo. Si hay otros protegiéndome, entonces tampoco me van a herir. Entonces…

“¿Por qué Takasato?”, pensó Hirose. “¿Por qué es Takasato quien ha de asumir este destino?”.

—Gracias. Bueno, volvamos al salón de Gotou. Probablemente haya caído en un pozo de odio a sí mismo.

  

 

Después de regresar al edificio de clases especiales, mientras caminaban por el vestíbulo, Hirose oyó que alguien lo llamaba. Se detuvo y miró a su alrededor. Takasato también se detuvo. Estaban frente al laboratorio de Ciencias de la Tierra.

—Hirose —la puerta del laboratorio estaba abierta, y la voz salía del interior. Sonaba a la de Gotou.

¿Señor Gotou?

¿Eres tú, Hirose? Lo siento, ¿podrías ayudarme a salir?

Hirose asomó la cabeza. Las persianas de las ventanas que daban al área de deportes, como las que daban al vestíbulo estaban bajas, y el salón estaba tan oscuro como la noche. Una figura estaba en cuclillas en el fondo del salón.

—Señor Gotou, ¿qué pasó?

Justo cuando Hirose entró en el saló la puerta se deslizó y se cerró detrás de él.

¡Maestro!

Oyó la voz desesperada de Takasato.

Hirose pasó frenéticamente la mano sobre la puerta que tenía una pequeña ventana de vidrio. No importaba cuánto tirara o sacudiera, la puerta no se movía, ni siquiera un poco. Oyó la voz de Takasato gritando desde el exterior.

Hirose siguió tratando de abrirla con todas sus fuerzas, mientras miraba a su alrededor en el salón. La figura del fondo se puso de pie. La única fuente de luz era la pequeña ventana de la puerta que Hirose estaba tratando de abrir. Con esa luz tan débil, no podía saber de quién era la figura.

La figura se movió de detrás de un escritorio a un pasillo, y luego se inclinó, apoyándose en sus manos. Hirose la miró, olvidándose de que tenía que abrir la puerta.

La figura se arrastró entre los enormes escritorios del laboratorio, en cuatro patas, y se acercó más. Los pasillos eran aún más oscuros que el resto del salón, y Hirose no podía ver claramente la figura. Solo podía oír los pasos descalzos. Hirose refregó sus ojos y miró nuevamente. La ensombrecida figura que estaba a medias en las sombras parecía haber hecho crecer nuevas extremidades hasta algún punto. Se arrastró lentamente con sus cuatro brazos y dos piernas. Emitía un ligero olor al mar.

“… ¿Así que tu ego no es capaz de perdonarme, Takasato?”.

La sombra se deslizó suavemente hacia delante. Cada vez que daba un paso, parecía tener otro par de miembros. Antes de que se diera cuenta, la sombra se había transformado en un ciempiés gigante.

—Si me matas estarás solo.

La sombra del ciempiés se deslizó fuera del pasillo. No estaba a más de dos metros de Hirose. Por la luz que entraba desde la ventana, pudo verlo brillar con el color de un pus con sangre.

—No tienes ningún lugar al cual ir. ¿Lo sabes?

Repentinamente, se paró, y la figura ya no parecía la de un humano. Sin pensarlo, Hirose se había apoyado en la esquina del salón. Cuando la sombra se paró, su altura era de más de dos metros, y sacudía su cuerpo como una serpiente que levantaba la cabeza. Casi podía ver el punto de su afilado hocico.

Esta era la forma del descuidado e ignorado ego de Takasato, que había sido distorsionado continuamente bajo el agua. “Por supuesto que es feo”, pensó Hirose. “Las personas siempre están haciendo crecer monstruos dentro de sus cuerpos”.

Su cuerpo se balanceaba mientras se aproximaba, emitiendo un débil y húmedo olor a mar. Abrió su mandíbula de pus sangriento. Bajo la tenue luz que venía de la ventana, las filas de sus dientes brillaron. De repente, apareció en la mente de Hirose la imagen de los cuerpos destrozados que vio en la casa de Takasato.

“¿…Así que era esto?”.

Hirose lo pensó calmadamente. En ese momento, la criatura se abrió paso y él sintió un golpe en su pecho. Luego golpeó su hombro, y un dolor lo atravesó. Hirose se apretó el hombro con la mano y lo sintió cálido.

Su fuerza se fue de sus rodillas, y se dejó caer en el lugar. Continuó avanzando hacia él con la fuerza del mar, cargado de pesadumbre. Hirose se mantuvo quieto y miró sus dientes. Justo entonces, oyó el ruido de un vidrio romperse, y la luz se filtró en la habitación.

  

 

La criatura se detuvo en alarma.

¡Maestro!

Al oír el llanto de Takasato, la criatura se agachó y le devolvió la mirada. Más allá de su cuerpo, Hirose podía ver las persianas del pasillo agitándose. En el instante en el que se filtró la luz del día, su figura emergió, y al mismo tiempo en que la luz se iba, volvió a su color original de sombra.

La figura de la criatura volvió a la vista de Hirose, estimulada por la luz repentina. Podía ver la silueta de Takasato enfrentando al monstruo.

¡Detente, por favor! —Takasato gritó con fuerza—. ¿Por qué estás haciendo esto?

El agazapado monstruo se arrastró sobre sus innumerables patas y se escondió en un lado. Ya no había nada que bloqueara la visión de Hirose. Podía ver claramente como Takasato lo enfrentaba, mirándolo con firmeza.

¡Esta persona no es mi enemigo! ¡Detente, por favor!

La criatura retrocedió. Retrajo su cuerpo y bajó la cabeza. Sus movimientos eran casi ridículos en cómo se parecían a los de un perro retado.

¿Qué eres? ¿Qué de mí eres exactamente?

Retrocedió su cuerpo aún más. El tamaño de la sombra continuó disminuyendo, eventualmente hasta parecerse a la figura de un animal.

—Si haz hecho todo esto por mí, entonces, ¡deberías ser castigado más que los otros!

Al ver a Hirose, Takasato corrió hacia él.

¿Está bien?

—…Sí —respondió Hirose, aunque su mirada continuaba en la sombra. Ahora parecía completamente la de un perro.

«Nosotros…» de repente, la sombra habló. Takasato dio media vuelta para mirar. «Nosotros tenemos el deber de protegerlo».

Era la voz profunda de un hombre. La sombra se redujo aún más.

¿…deber?

«Existimos solo para protegerlo».

¿Qué quieres decir?

«Así… fue… determinado».

Crac, crac, era el sonido de algo desmoronándose. La sombra ya no era más chica que el tamaño de un bebé.

¿Qué diablos significa?

Crac… Ese sonido fue la única respuesta que recibió Takasato. Ya no podían ver la sombra.

De repente, oyeron ruidos fuera del salón.

¡¿Takasato?!

Esta vez no había duda, era la voz de Gotou.

  

 

La puerta del salón se abrió sin esfuerzo. Unos diez profesores se habían reunido en el pasillo, incluido Gotou. Bajo la fuerte luz, pudieron ver innumerables cortes en el cuerpo de Takasato. La ventana rota en el pasillo no era simplemente de un marco de madera. Pedacitos rotos estaban esparcidos en el suelo y una silla había sido rota.

Gotou les dijo a los demás que le dejaran esto a él. Hirose alcanzó la ventana rota y subió las persianas. Nada además de lo normal podía verse en el salón.

  

 

—Oí que abrían la puerta del laboratorio de química —dijo Gotou preocupado. Estaban en la sala de espera de un hospital cercano a la escuela—. Miré afuera y vi en Takasato una expresión muy cambiada, mientras sacaba una silla del salón. Le pregunté qué pasaba, y dijo que habías sido atrapado en el laboratorio de al lado, así que corrí con él. La puerta no podía abrirse. Antes de que me diera cuenta de qué pasaba, Takasato había golpeado la ventana con la silla y saltado adentro. Iba a seguirlo, pero me dijo que no. El peligro estaba escrito en todo su rostro, por lo que cuando me lo dijo, no pude evitar retroceder tan valiente como creo que generalmente soy.

—Eh…

—Además, después de que Takasato entró, todo se volvió silencioso. Quería levantar las persianas para mirar adentro, pero apenas se movieron. Eran persianas simplemente, pero en ese momento eran inmovibles, como si estuvieran hechas de metal. Solo podía quedarme en el pasillo y esperar. ¿Qué más podía hacer?

Sonaba a que lo estaba rememorando. Hirose rio. Tan pronto como movió el pecho, sintió un dolor ardiente. Cuando lo cosieron le dieron anestésicos locales que deberían estar haciendo efecto, pero Hirose no creía que estuvieran haciendo mucho. Las lesiones por debajo de su clavícula y su hombro eran muy profundas, pero no llegaban al hueso. Las heridas parecían haber sido hechas con un cuchillo filoso, por lo que no tuvo alternativa que decir que fueron hechas como resultado de haber atravesado una ventana de vidrio, y el médico, ya un poco mayor, lo aceptó a medias. Quizás por le hecho de que Takasato había llegado al hospital con heridas de vidrio reales.

  

 

Después de que fueron tratados, volvieron a la escuela juntos y respondieron las preguntas del director. Hirose simplemente dijo que había sido encerrado en el laboratorio. No creyó que hubiera necesidad de elaborar nada.

Para cuando se terminó, era la hora del almuerzo. Ya que Totoki le dijo que los llevaría a casa después de la reunión del medio día, Hirose y Takasato volvieron al salón de química a pasar el tiempo. Gotou parecía no estar allí, pero en su lugar había cuatro estudiantes.

¿Dónde está el señor Gotou?

—En una reunión. Maestro, oí que se lastimó de nuevo —Nozue miró a Hirose. Hirose abrió la bata de laboratorio que Gotou le había prestado para mostrarle.

¿Lo cosieron?

—Parece que no será capaz de ir a las aguas termales durante algún tiempo.

—Por supuesto —dijo Nozue, mientras miraba a Takasato. Los otros hicieron lo mismo. Tsuiki era el único que miraba con frialdad a Takasato. Indiferente, Takasato llevaba las miradas de este grupo de personas.

—Eso es cierto —dijo Sugisaki—. ¿Lo escuchó, maestro? Algo le pasó a Sakata.

Los ojos de Hirose se abrieron bien mientras miraba a Sugisaki.

¿Qué?

Gotou no lo había mencionado.

—Ayer por la mañana se cayó de la plataforma del metro y fue golpeado por el tren que llegaba.

Hirose sabía que a su rostro se le había ido todo el color.

—Creo que se estaba salteando las clases y en su camino a algún lugar fue que pasó. El tren estaba disminuyendo la velocidad, por eso no perdió la vida, pero oí que sus heridas son tan serias que está en coma.

“…No fue Takasato”.

Un Hirose atónito miró a Takasato y vio su cara pálida y sus ojos, abiertos por la sorpresa.

Eso no tenía nada que ver con el ego de Takasato. Era el trabajo de unas criaturas que tenían un propósito diferente.

—Lo siento…

Takasato miró a Hirose con incertidumbre.

—No eras tú, lo siento.

¿Por qué Sakata? —murmuró Takasato—. ¿Quieres decir que no fue realmente un accidente?

Hirose sacudió la cabeza.

—Fue una venganza. No hay duda.

—…No había necesidad —Takasato se veía preocupado—. Solo necesitaban una pequeña excusa para llevar a cabo la venganza, pero no había razón alguna con Sakata.

“¿Por qué Sakata había sufrido el castigo?”. A primera vista, había sido un partidario de Takasato. No importaba como lo mirase, Hirose no encontraba una razón por la cual debiera sufrir la venganza, solo podía pensar en algo.

Nozue espetó.

¿Fue porque filtró la información?

Miró a Tsuiki.

¿Filtró? —Takasato miró a Tsuiki.

Hirose le preguntó a Tsuiki:

¿Tsuiki, le habías dicho eso a Takasato?

—No —Tsuiki endureció el rostro y sacudió la cabeza—. No se lo dije a nadie, no puedo dar a conocer nada que tenga que ver con Takasato.

Takasato giró hacia Hirose.

—Hay una posibilidad de que quien filtró toda tu información a la prensa haya sido Sakata.

Takasato abrió bien los ojos.

—Probablemente eso haya pasado. Porque no existe otro motivo por el cual Sakata tuviera que ser castigado. La persona que filtró tu paradero posiblemente haya sido él… No fuiste tú. Ni siquiera sabías de eso.

Hirose bajó la cabeza.

—Lamento haber dudado de ti.

Takasato sacudió la cabeza lentamente. Parecía como si estuviera teniendo problemas para mantener unida toda la cadena de acontecimientos.

Fue entonces que alguien llamó a la puerta del salón de química.

  

 

Cuando abrieron la puerta, vieron como a una docena de estudiantes, la mayoría de la clase 2-6, pero algunos eran de otras clases.

¿…qué sucede?

El alumno parado en el frente habló.

—Oímos que Takasato estaba aquí.

—Ah, sí… —Hirose señaló al interior. Takasato inclinó la cabeza y se asomó.

—Maestro Hirose, oímos que se lastimó. ¿Es cierto?

La ropa que llevaba esa mañana ya no podía usarse, por lo que se puso una bata de laboratorio directamente sobre su cuerpo vendado. Ya que los vendajes eran claramente visibles, Hirose tan solo asintió.

Se oyeron unos sonidos de desprecio de los estudiantes. Takasato y los que estaban adentro se pusieron de pie.

¿De qué se trata?

Uno de los estudiantes señaló a Takasato y dijo:

—Fue Hirose quien te escondió, ¿no es así? ¿No era Sakata uno de tus seguidores? ¿Por qué los maldijiste?

Otro tenía el rostro pálido y lleno de lágrimas.

—Mataste a tus padres, y estás matando a tus amigos. ¿Qué es exactamente lo que quieres que hagamos?

—No te importa si es amigo o enemigo, ¿o sí? Cuando llegue el momento, ¿nos matarás a todos? Matarás a cualquiera que te dé la gana, ¿verdad?

Insultos y gritos salieron del grupo.

Ellos habían expresado su lealtad en un intento de escapar a su maldición. Habían alagado al dios de la muerte en cada forma posible para poder salvarse. El que había consagrado eso… la mayor parte de su tiempo… fue Sakata. Pero Sakata fue castigado de todos modos. Incluso su familia, aquellos que se suponían eran sus primeros partidarios habían sido castigados.

¡Esperen! ¡Esto es un malentendido!

Había una razón para el ataque a Hirose, y Sakata no era exactamente una gran persona. Nadie en su familia era su amigo.

¡Cálmense! —gritó Hirose. Sus heridas lo quemaron inmediatamente, y no pudo evitar agacharse. Viendo esto, el grupo no pudo evitar enojarse. Al ver que estaban a punto de abalanzarse, Hirose levantó los brazos y bloqueó la puerta.

¡Corre, Takasato!

Los estudiantes de la primera fila empujaron a Hirose. Hirose ya no podía contenerlos y cayó. Ya no tenía fuerzas en su estado actual.

¡Alto! —gritó Hashigami—. ¿Conocen las consecuencias de sus acciones?

¡! —gritó uno.

—Si mata indiscriminadamente a sus amigos y enemigos, entonces, ¿por qué no podemos ser sus enemigos? Si tan solo Takasato no existiera…

Hashigami agarró un frasco que había en la mesa y lo lanzó. El frasco chocó con el vidrio y su marco. La ventana se rompió con el golpe, y el frasco terminó hecho trizas. El estridente ruido provocó que todos los estudiantes que se abalanzaban se detuvieran.

—Si tan solo Takasato no existiera, ¿qué? —Hashigami miró a todos los estudiantes—. Entonces, ¿qué? ¿Eh?

La agitación que había llenado el salón se apagó inmediatamente.

¿Realmente iban a matar a Takasato? ¿Podrían entonces dormir tranquilamente? ¿Durmiendo en un reformatorio o en una cárcel para menores?

¿Eres amigo de Takasato? —preguntó uno. Hashigami rio.

—Tan solo odio a la gente estúpida.

—…Más te vale que recuerdes esto.

—Oh, lo haré. Porque salvé todas sus vidas.

Los estudiantes miraron a Takasato, que estaba parado junto a la pared, y luego a Hashigami. Cada uno de ellos pareció discrepar.

En medio de todo esto, Takasato abrió la boca.

—Estoy dejando la escuela.

Todos giraron para ver a Takasato.

—Quiero irme. Vine aquí para dar la notificación oficial.

Hubo un momento de silencio, y entonces alguien comenzó a reír.

Una risa histérica infectó a los de su alrededor, y continuaron riendo hasta que los profesores que oyeron el estruendo llegaron allí.

  

 

Cuando Totoki los dejó frente al departamento, había aún más personas esperándolos. Se abrieron paso entre la multitud de micrófonos y gastaron mucha energía en llegar hasta las escaleras. Cuando las subieron, ninguno los siguió, pero algunas piedras volaron de algún lugar. Las rocas tamaño nuez rebotaron en el pasillo haciendo estrepitosos ruidos.

Había un enorme pedazo de papel pegado en la puerta.

La palabra advertencia, escrita una y otra vez con una pequeña escritura, llenaba la totalidad del enorme papel. Cuando Hirose alargó la mano para desgarrar el papel, otra piedra vino volando y los sonidos de burlas estallaron detrás de ellos. Hirose renunció a destrozar el papel y se refugiaron adentro.

  

 

Los programas de entrevista de las tres de la tarde hablaron de lo mismo. Los medios de comunicación llegaron a un consenso gradualmente, a que Takasato era un enemigo. Todos los presentadores reportaban historias criticándolo sin piedad.

¿Cómo sería de ahora en adelante? Hirose miró a Takasato mientras abría su cuaderno de bosquejos. Si los medios lo etiquetaban como un enemigo, entonces eventualmente se convertiría en un enemigo de la humanidad. Esto era innegable. Había perdido a sus tutores y su estatus como estudiante. ¿Sería capaz de encontrar un lugar que le diera trabajo? ¿Cuánto pasaría hasta que todo se tranquilizara? ¿Cuánto, antes de que la gente se olvidara de todo esto?

Hirose miró a Takasato. Su pincel se deslizó por el cuaderno de bosquejos. Estaba mirando fijamente el cuaderno como la primera vez que Hirose lo vio pintar, pero la tranquilidad y la sinceridad presentes anteriormente eran completamente diferentes a las que se sentían ahora. Él sabía que había cosas muy perturbadas en el estado de ánimo de Takasato.

Coloreó el Laberinto de Rocas, lo había pintado con verde. Era un verde profundo, como si los riscos estuvieran cubiertos de musgos. Takasato coloreó la pintura rápidamente y se hundió en una profunda concentración. Miró fijamente la imagen y ladeó la cabeza muy ligeramente.

¿…Qué sucede?

—Algo no está bien…

A pesar de eso, ese trabajo era muy importante para Takasato. Hirose sonrió gentilmente y, luego, repentinamente se sintió incómodo. ¿Qué clase de persona era este niño sentado frente a él? La sombra que había atacado a Hirose dijo que era su deber proteger a Takasato. Los castigos no dependían del deseo de Takasato, tampoco eran llevados a cabo por su subconsciente. La grotesca criatura había utilizado una lógica grotesca para proteger a Takasato. Sin embargo, ¿por qué cargaban con la responsabilidad de protegerlo? Además, ¿de dónde salieron?

¿…Es usted enemigo del rey?

Pensó en esa voz que había oído. ¿Quién era el rey? ¿Era Takasato? Si era así, ¿por qué era llamado un rey?

—Takasato —lo llamó y este levantó la mirada—. Si alguien te llamara rey, ¿qué es lo que llega a tu mente?

¿…Rey? —Takasato repitió la palabra, y pareció hundirse en sus pensamientos—. Taiou[1].

Hirose se sentó y sus heridas le provocaron dolor.

¿Taiou? ¿Qué es?

Desconcertado, Takasato sacudió la cabeza.

—No… no estoy seguro.

¿Cómo se escribe?

—El tai como en antai (paz)…

“…Taiou, Rey de Tai”. Hirose murmuró para sí.

¿Taiou es un nombre? ¿O un título?

Takasato frunció el ceño asombrado y miró su dibujo detenidamente. Parecía que buscaba algo fuertemente mientras sus ojos vagaban por la superficie del dibujo.

¿Tiene algo que ver con tus recuerdos perdidos?

—Creo… que sí.

—Ya que la estas recordando, esta palabra debe tener un profundo significado para ti. ¿Puedes pensar en otra cosa? Cualquier cosa estaría bien.

Takasato sacudió la cabeza.

—No lo sé.

—Pensemos en un juego de asociación de palabras —Hirose agarró un pedazo de papel junto a su mano—. Es como cuando estábamos hablando de Houzan, Mt. Hou. Pareces recordar más palabras que imágenes visuales. Intenta decir todas las palabras que llegan a tu mente.

—Pero…

—Bueno, no tienes que pensar en el rey si no quieres… Cierto, desaparición misteriosa. Si alguien saca el tema de la desaparición misteriosa, ¿en qué piensas?

—Memoria.

Hirose lo escribió rápidamente.

¿Luego?

—Vaguedad. Malestar. Incidente. Herejía. Extranjero. Alien. Pérdida… Brazo. Perturbación.

Kirin.

—Pintura de un kirin. Buen augurio, kakutan, cuerno, Confucio, transformación, selección, rey, pacto.

Cuando Confucio se encontró con el cadáver de un kirin en un campo lloró y dijo: “Mi camino ha terminado”. Hirose entendió hasta ese punto, pero la asociación después de eso estaba cifrada para él.

¿Qué son esas?

Takasato sacudió la cabeza.

—No lo sé. Tan solo dije lo que llegó a mi mente…

—Mmm —Hirose asintió y continuó—. Haku Sanshi.

—Agua, mujer, protección, Ayakashi[2].

Después de preguntar esto, Hirose abrió bien los ojos.

“¿…Cómo la había llamado Takasato?”.

Hirose buscó en su memoria. Era el nombre de una ninfa, el nombre de una ninfa del mar. “Es cierto, era una sirena. Habían atrapado una sirena y le habían dado un nombre. Dios, ¿cuál era…?”.

Takasato se sorprendió a sí mismo al murmurar:

—Murgen.

“¿A esa mujer se la llamó Haku Sanshi?”.

—Maestro, esto…

Hirose lo detuvo.

—No te preocupes, continúa… Mt. Hou.

Takasato cerró los ojos.

—Riscos, Roraima, Guyana[3], tierra natal… Árbol, Hourokyuu.

Hirose le alcanzó el cuaderno de notas, y él escribió los caracteres de Hourokyuu, Palacio Hourou.

—…Rey.

Inmediatamente Takasato repitió:

—Rey de Tai.

Luego cerró los ojos.

—Pacto, kirin, doce reyes.

¿Doce reyes?

Por alguna razón, Takasato parecía a punto de llorar.

—En doce reinos, doce reyes.

Al decir esto, miró a Hirose.

—Rey de Tau es un título. El rey de Taikyokukoku es el Rey de Tai.

Después de que hablara, escribió los caracteres para Taikyokukoku, el Lejano Reino de Tai. Hirose miró fijamente las palabras.

¿Y luego?

Takasato se cubrió el rostro.

—No lo sé, no puedo pensar en nada más…

Hirose miró por encima del cuaderno de notas. Las memorias perdidas de Takasato. Los fragmentos de un año. Su desaparición misteriosa de hace siete años, y entonces… Hirose no podía evitar sonreír con ironía mientras pensaba en eso. “Que tonta imaginación que tengo. Pero si los monstruos son reales, entonces no importa que tan tonto sea esto”.

Takasato desapareció hace siete años, y pasó un año en otro mundo donde había doce reinos y doce reyes, de los cuales el Rey de Tai era uno. El rey y el kirin estaban unidos por un pacto. El Palacio Hourou se ubicaba en los extensos riscos del Mt. Hou.

“…Tú eres el Rey de Tai”.

Si Haku Sanshi era en realidad esa mujer, el kirin debía ser ese monstruo. ¿Acaso no había dicho el kirin que tenía un deber? Si ese era parte del pacto, entonces la única persona que recibiera protección debía de ser el rey.

Sin embargo, por alguna razón, Hirose no se atrevía a decirlo en voz alta.

Hirose no tenía forma de analizar sus propios sentimientos y no pudo evitar sentir consternación. Takasato quería recordar lo que había pasado, y también debía querer oír algo relacionado con lo ocurrido. Pero entonces, ¿por qué Hirose no podía decir nada?

Hirose estaba confundido, pero, aun así, no era capaz de decirle a Takasato lo que estaba pensando.

 





 

Él estaba de pie en la agradable noche. Era pasada la medianoche, y un gran grupo de gente estaba reunida en la carretera. Abajo, en la pared cercana, donde se había colocado una sábana azul, las personas habían acumulado una gran cantidad de ramos de flores.

Todos y cada uno de ellos miraban con resentimiento al departamento de enfrente. Estaba especialmente molesto cuando miraba las ventanas oscuras. Su amigo había sido aplastado hasta la muerte bajo la puerta del templo. “Nunca te perdonaré”, pensó. El niño que a simple vista parecía gentil e inofensivo. El niño que usaba extraños poderes para controlar a quienes lo rodeaban con terror.

No podía permitirse que el niño siguiera viviendo sin afrontar las consecuencias. La justicia no lo permitiría.

Él era un representante de la justicia, y cargaba un arma más poderosa que una espada. La maldad debe ser expuesta y denunciada. Aunque había libertad de prensa, el niño había estado utilizando métodos sucios para obstruir ese derecho. Él no podía permitir que algo así ocurriera.

Encendió un cigarrillo. Cuando puso el paquete en su bolsillo, notó que un fotógrafo caminaba fuera del grupo tambaleando hacia un callejón.

“Está cansado”, pensó. “Todos aquí están cansados”.

Miraba fijamente a la ventana del segundo piso y, colocado en la puerta, se podía ver algo blanco. Había sido puesto ahí por un residente del edificio. Todos los presentes sabían quién había puesto el papel ahí, pero nadie iba a dar esa información. Sabía que quien había tirado la piedra era un padre que vivía en la casa de enfrente de la pared de al lado. Pero no planeaba decírselo al niño.

Tiró la colilla del cigarrillo junto a sus pies y la apagó con la punta de su zapato. Miró a su alrededor y casualmente vio que el número de seis personas más que se habían reunido aquí y allá ya se había reducido a la mitad. “Un montón de personas sin paciencia”, murmuró para sí. Planeaba hacer vigilancia toda la noche. Alguien iba a venir mañana en la mañana para reemplazarlo. Antes de eso, tenía que vigilar con el fin de evitar que el niño escapara.

Un hombre que estaba parado cerca entró en una puerta cercana. Él vio la mirada del hombre cuando entraba. En la penumbra, parecía que había sido atraído desde el interior. “Probablemente necesitaba mear”, pensó. “Algunos no tienes modales”.

Se puso en cuclillas, descansando la espalda contra la pared. Su baja espalda y sus piernas sonaron. Se sentó allí y encendió otro cigarrillo. En algún punto, el sonido continuo de murmullos se había detenido.

Oyó el sonido de alguien siento retorcido hasta la muerte, proveniente de algún lugar. Justo cuando giraba la cabeza en dirección al sonido, vio a un reportero de una revista entrar al callejón. Vio los pies del periodista escondidos en el callejón. Una ligera brisa traía con ella un desagradable olor. Debía ser el olor del lodo en la desembocadura del río, quizás con un poco de sangre.

Miró distraído y, lentamente acabó su cigarrillo. Cuando las cenizas llegaron hasta la colilla, lo apagó en el asfalto. En ese momento, le pareció oír unos gritos lejanos y miró a su alrededor desconcertado. Fue entonces que se dio cuenta de que era la única persona que quedaba en la calle esa noche.

Se puso de pie y caminó dos o tres pasos a su izquierda, y luego a su derecha. Asomó el cuerpo para mirar la calle, pero no había señal de nadie. Las casas se alineaban como ruinas. Quería buscar al hombre que había traspasado la puerta. Ya se había ido hace bastante tiempo. Si se quedaba dormido en el jardín de alguien, probablemente tendría otra queja.

Cuando estaba a punto de moverse, oyó otro ruido, esta vez más cerca de él. Era el ruido del roce de una tela. Él se asomó y vio algo moviéndose detrás de la sábana azul de la pared. Cuando enfocó su mirada, el movimiento se detuvo, y las cosas retomaron su calma anterior.

Él se paró más cerca de la sábana. Era una simple sábana usada para cubrir una parte rota del muro. Pasó la esquina de la sábana y descubrió que los ramos de flores depositados junto al muro no eran crisantemos, sino caléndulas.

“…Es la flor que las ancianas ofrecen en los altares budistas”.

    Lo pensó alegremente mientras mostraba una sonrisa forzada. Sacó la sábana de la esquina mientras sonreía. El agujero en el muro tenía la forma de una serpiente.


 

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