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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

lunes, 17 de julio de 2023

El Niño Demoníaco - Capítulo 9

 


CAPÍTULO 9

 

 

 

Al día siguiente Hirose se despertó incluso antes de que fueran las seis en punto.

Tuvo una conversación con Takasato acerca de esto y aquello, y no se fue a dormir hasta las dos de la mañana. En total, durmió menos de cuatro horas. Hirose se sentó distraídamente y vio que Takasato ya se había levantado de la cama. No solo eso, sino que también se había puesto el uniforme de la escuela.

 —Takasato… estás…

—Me voy a la escuela.

—Pero… —comenzó Hirose.

—No me parece que haya nadie afuera. Puedo usar esta oportunidad para ir —Takasato sonrió levemente y se inclinó profundamente—. Muchas gracias por todo lo que ha hecho por mí.

Eso significaba que pretendía irse.

—Takasato —suspiró Hirose. Aunque la presencia de Takasato le había traído problemas, Hirose no quería que él regresara a esa casa y con esa madre—. Puedes volver, pero la situación no ha cambiado. Yo he sido marcado y si te vas, solo harías que me preocupara. ¿No te sentirías así?

Takasato bajó la cabeza y no respondió.

—O ¿extrañas tu casa? —preguntó Hirose. Takasato levantó la mirada con incertidumbre.

—No tengo hogar al cual regresar.

Hirose asintió.

—Incluso si volviera, no habría nadie para darme la bienvenida. En cuanto a mis padres y a mi hermano, sería mejor para ellos si yo no estuviera allí. ¿…no es igual para usted, maestro?

Hirose suspiró suavemente.

—La verdad, estoy algo irritado, pero no contigo. Sino con las personas que estuvieron esperando afuera y en la escuela —dijo Hirose mientras apoyaba la espalda contra la pared—. Pero no es por ti. No es mi deseo que te vayas de aquí. De hecho, me siento más seguro cuando puedo verte. Pero eso está fuera de mi propia voluntad. Si fuera tú, tampoco querría regresar a esa casa, por lo que sería difícil para mí tener que regresar.

Hirose lo miró.

—No creo que quieras regresar, ¿no? ¿No es por eso por lo que te quedas después de clases?

Después de que Hirose terminó, Takasato sacudió la cabeza suavemente.

—La razón por la que no quiero volver a casa… es diferente.

—¿Cómo diferente?

—Al ir a casa solo les causo problemas.

Hirose suspiró e intentó sacar el sueño de su cabeza.

—No entiendo bien lo que piensas. Quiero decir, por supuesto no creo que sea malo, pero me resulta difícil de entender.

Takasato ladeó la cabeza y bajó los ojos. Se veía como si estuviera eligiendo las palabras adecuadas.

—Sería mejor para mis padres y mi hermano si yo no estuviera allí. Ya que soy un chico dañino que da una mala sensación a la gente, que esté cerca de ellos solo les provocaría infelicidad. Sé que eso es lo que piensan, por eso creo que es un poco mejor si me quedo lejos de casa.

Hirose suspiró.

—¿Por qué deberían sentirse infelices? Si sabes que piensan así, ¿por qué no estás enojado?

—Porque… es la verdad.

—¿Qué quieres decir con la verdad?

Takasato estaba perplejo.

—Eso es lo que dice todo el mundo. Maestro, ¿no le parece que le doy a la gente una mala sensación?

Al Takasato preguntarle esto, Hirose estaba estupefacto.

—Nunca pensé eso.

—El maestro debe ser un tipo de persona diferente.

—Sí… puede ser —Hirose rio suavemente—. Tan solo quédate.

Después de decir eso, Takasato sacudió la cabeza.

—Creo que voy a dejar la escuela.

Hirose fijó la mirada en el rostro calo de Takasato.

—¿Por qué?

—He estado pensando que no ir a la escuela puede que sea mejor, porque las cosas malas pasan cuando estoy con otras personas, y todo el mundo tiene problemas. Aunque, nunca supe realmente qué hacer, cuando mi profesor de la primera etapa de secundaria me recomendó que tomara el examen para esta escuela, solo tomé su recomendación —Takasato lo dijo con una leve sonrisa—. Creo que tenía miedo. Ya que siempre he vivido mi vida sin un propósito, tenía miedo de perder el equilibrio. Era como si estuviera parado en el borde de un acantilado. Además, no tenía nada de qué agarrarme, tenía miedo de perder el equilibrio. Creo que quería tener la posición de un estudiante de secundaria.

—¿…Y entonces? —preguntó Hirose en voz baja. Había un tono mordaz en aluna parte de su voz.

—Quiero dejar la escuela e irme a casa. Trabajar con la gente no sería diferente a ir a la escuela, y causaría problemas a los de mi alrededor, pero creo que no habría problemas si lo hiciera por un corto periodo de tiempo. Pensándolo, podría estar cambiando de trabajo constantemente, creo que ese tipo de vida no es rara en lo absoluto…

Hirose no sabía cómo controlar su ira. Esta estaba dirigida a Takasato, pero no era Takasato quien la había provocado. Estaba enojado porque no podía entender por qué esa persona parada frente a él no podía vivir normalmente como la mayoría de la gente. Estaba más enojado porque Takasato simplemente aceptaba la realidad.

—¿Y entonces? ¿A qué te vas a aferrar? —estaba intentando barrer su punto de apoyo. Sabía que si no tenía nada a qué aferrarse seguramente caía.

—Quiero intentar ir al Monte Roraima.

Hirose se sentó frente a Takasato y lo miró. “Eso es absurdo”, pensó por un momento. “Para ver los extraños riscos de una montaña en América del Sur, ese es tu único deseo. Comparado a los deseos de muchas otras personas que se aferran sin rumbo a ciertas cosas. ¡Qué pequeño!”.

Takasato sonrió.

—Tonto, ¿no? Pero ese es el primer deseo que he tenido en toda mi existencia.

—Entonces ve —dijo Hirose despectivamente—. Ve y mira el Laberinto de Rocas, después de años de trabajo duro, y regresa completamente abatido cuando te des cuenta de que no es el Monte Hou.

Por un instante, Takasato pareció extremadamente herido.

—…perdóname. Fue un cruel arrebato de ira —Hirose se sintió avergonzado y no pudo evitar bajar la mirada. O quizás era que no podía ver directamente a Takasato—. ¿Puedes esperarme un segundo? También necesito salir.

Hirose se levantó y Takasato lo miró.

—Si quieres ir, entonces probablemente deberías ir a hablar con el señor Gotou. Iré contigo.

—¿Se sorprendió?

—No —Hirose sacudió la cabeza—. Creo que tan solo esperaba que pudieras vivir una vida pacífica. Espero que puedas recorrer el camino de una vida feliz. Pero, lo que es una vida feliz, realmente depende de la decisión personal de cada uno.

Hirose forzó levemente una sonrisa.

—Lo que me parece un poco lamentable es que no dejaste ir ese tipo de vida por cuenta propia, pero no podías evitar dejarla ir. Aunque, debido a eso, sigue adelante por el bien de tus deseos —dijo Hirose mientras abría la puerta del baño—. Si después de unos pocos años decides ir, házmelo saber… te mandaré un paraguas rojo.

Esa vez sonrió de verdad. Takasato pareció suspirar de alivio mientras sus labios agrietaban una sonrisa.

  

 

Aún era temprano, así que apenas había unas pocas personas en la escuela y la puerta aún no estaba abierta. Hirose y Takasato entraron en los terrenos de la escuela a través de la puerta trasera y se sentaron detrás del gimnasio, en un lugar donde no podían ser vistos.

Hablaron de cosas sin importancia mientras esperaron a que comenzara el día escolar, y cuando comenzó salieron del escondite.

Hirose palmeó el hombro de Takasato y lo envió al edificio de clases. ¿Qué pensarían los compañeros de Takasato cuando lo vieran? ¿Qué dirían? ¿Qué harían? La idea original de Hirose era acompañarlo hasta el aula, pero Takasato sacudió la cabeza y se negó. Su expresión era indiferente, como si fuera un mártir que había llegado a una conclusión.

Hirose siguió el camino de acceso al edificio de clases especiales, y evitó el contacto visual con los demás en su camino. Habían pasado dos semanas las suficientemente normales aquí, pero una vez pasado el período, la escuela volvió a ser un lugar extraño para él. Caminó por un pasillo poco transitado mientras pensaba en ello.

Cuando Hirose entró al salón de química, se encontró con un Gotou sentado y sorprendido.

—Sabes que tu período de entrenamiento terminó, ¿no es cierto? —preguntó Gotou. Hirose asintió.

—¿No había dicho que estaba bien si pasaba por aquí?

—Eso dije, pero no esperaba que vinieras esta mañana.

Hirose rio suavemente, y luego su expresión se tornó seria.

—Hoy soy guardaespaldas. El de Takasato.

—¿…es así?

—Le dije que pasara por acá después de clase. Hay algo que quiere discutir con usted, señor Gotou.

—¿Discutir? ¿Takasato conmigo?

—Por supuesto que, con usted, señor Gotou. Quiere hablar contigo acerca de dejar la escuela, así que naturalmente, con usted.

Al oír esto, Gotou abrió bien los ojos.

—¿Dejar la escuela? ¿Dejarla y hacer qué?

—Probablemente buscar un trabajo.

—¿Lo instigaste a eso?

—Por supuesto que no. Es algo que decidió por su cuenta.

—¿De verdad? —Gotou bajó la voz—. El número de asientos vacíos en mi clase continúa aumentando.

Hirose no dijo nada.

—¿No lo viste aún?

Sin entender, Hirose levantó la mirada. Gotou levantó la ceja.

—Hubo un informe acerca de Takasato esta mañana en el periódico. Aunque no mencionaron su nombre.

—¿De verdad…?

Hirose reflexionó sobre ello.

  

 

El timbre de alarma sonó, y Gotou salió para asistir a la reunión matutina. Cuando regresó tenía una expresión complicada.

—Veintiséis. ¿Cómo puede ser? Un gran número de asistencia, ¿no es así?

—¿Veintiséis están presentes?

—¡Sí! Me pregunto si todos se están sintiendo mejor después de haberse tomado el sábado libre. Bueno, definitivamente estoy agradecido.

—¿Cómo estuvo la situación en el aula?

La expresión de Gotou se tornó complicada de nuevo.

—Fue mayormente como de costumbre. Takasato está como solía estar, y el resto no actuó muy diferente a como solían antes del accidente. En otras palabras, algo como poner algo a una distancia segura no es mi preocupación.

Hirose ladeó la cabeza un poco.

—¿Fue como era antes?

—Puede que haya unas pocas diferencias, creo. Porque, cuando abrí la puerta del aula, vi a dos alejarse del escritorio de Takasato.

Un malestar golpeó a Hirose.

—¿De verdad?

Gotou agitó la mano.

—No parecía una pelea. A mí me pareció que estaban charlando.

Hirose pareció desconcertado.

—¿Charlando? ¿Con Takasato?

—No me preguntes. En un momento podrás preguntarle tú mismo. De cualquier forma, como lo vi, el estado de ánimo parecía estar calmado.

Hirose se quedó pensativo. Pensaba en esa peculiaridad. Era como hallar preguntas ridículas en un examen considerado muy difícil.

—Oh, está bien. ¿Oíste algo de la casa de Takasato? —preguntó Gotou. Hirose negó.

—No. Takasato planeaba contactarse con ellos ayer, pero no creo que nadie estuviese allí.

—Mmm —murmuró Gotou en voz baja—. La escuela a la que asiste el hermano de Takasato me llamó ayer a casa. Dijeron que faltó el viernes y el sábado sin anunciar nada. Querían preguntarme si sabía o no lo que estaba pasando.

—¿Eh?

—Oí que su padre se ausentó al trabajo sin permiso dos días seguidos. Después, creo que un compañero de trabajo que era de la escuela a la que va su hijo menor llamó para preguntar, pero la respuesta que obtuvo fue que el chico tampoco había asistido. Alguien quería contactarlos, pero no creo que hubiera alguien en casa, por eso me llamaron.

De pronto, Hirose fue alcanzado por una sensación desagradable.

Originalmente había pensado que nadie atendía al teléfono porque no había nadie en casa. Lo que la madre había dicho antes, había días en que tenían que cerrar las persianas. Hirose había pensado que se habían encerrado en la casa y que a propósito habían cortado todo contacto con el exterior. Sin embargo, ¿podía se que incluso el padre dejara de ir al trabajo?

—Iré a dar un vistazo después de que terminen las clases —dijo Hirose. Gotou lo miró sorprendido.

—¿Planeas pasar el resto del día escolar aquí?

—No puedo dejar la escuela cuando todavía se estén dictando clases porque hay muchos reporteros esperando en las puertas. En cualquier caso, quería ir con Takasato, por lo que no estaría fuera de mi camino.

  

 

Cuando Hashigami y los demás llegaron al salón de química durante el almuerzo y vieron a Hirose allí, se quedaron atónitos.

—¿Por qué el maestro Hirose está aquí?

El primero en hablar fue Hashigami. Hirose solo sonrió con ironía.

—Incluso nos tomamos la molestia de hacerle una fiesta de despedida. ¡Qué hombre ingrato!

—¡Sí! Justo me estaba poniendo sentimental al pensar “Ah, no veré más al maestro Hirose cuando abra esta puerta”.

Hirose le dio un codazo suave a Nozue que estaba poniendo cara de ansiedad.

—Tuve algunas diligencias, así que vine a la escuela esta mañana, pero esas hienas de afuera me impiden salir.

—Ah, ya veo —Nozue aplaudió ligeramente y dijo—: Cada vez que vengo y me voy de la escuela me llaman y se arrastran tras de mí. Creo que incluso hicieron una llamada a la casa de Tsuiki. Siguen diciendo: “Cuéntanos acerca el incidente que involucra al señor T y su caída”. Llamaron tres veces o más.

Hirose sonrió secamente.

—¿Quieres que te cuente cuántas veces llamaron a la casa del maestro estudiante A, quien fue herido en un sospechoso incidente?

Hashigami lo miró con simpatía.

—…qué terrible.

Nozue se inclinó hacia delante.

—¿También hay personas haciendo vigilancia en su puerta?

—El sábado y el domingo de la mañana a la noche hubo dos o tres dando vueltas.

—¡Wah! Eso apesta…

Justo entonces, una persona raramente vista allí entró.

—¿Eh? ¿Qué es lo que está haciendo aquí el maestro?

Era Tsuiki.

Hashigami acercó una silla plegable para él.

—Ha pasado tiempo, Tsuiki. ¿Cómo has estado?

—Sí, estoy bien —se sentó en la silla que Hashigami desplegó para él. Nozue puso un vaso con café frente a él.

—No has disfrutado un servicio como este en un tiempo.

—Gracias —dijo Tsuiki, quien luego miró a Hirose—. Takasato apareció.

—Así parece —Hirose asintió vagamente. Nozue se inclinó hacia delante de nuevo.

—Así que finalmente apareció, ¿eh? ¿Cómo fue?

—Se sintió raro —dijo Tsuiki desinteresadamente.

—¿Raro? ¿Por el señor T?

—Por supuesto que por Takasato. Todos en el aula dieron un giro de 180° respecto a su actitud con Takasato. Es por eso por lo que fue raro.

Hirose preguntó:

—Esta mañana el señor Gotou dijo que Takasato fue rodeado por un grupo de gente, ¿eh?

—Fue como dijo. Cuando los que originalmente no se habían preocupado mucho por Takasato cuando lo vieron se reunieron a su alrededor y se disculparon por las cosas que pasaron. Todo pareció jugar el papel de un mal drama adolescente.

Nozue se burló de ello.

Oh, Takasato, estábamos equivocados. Fue todo un malentendido. Todos somos buenos compañeros, ¿verdad?… ¿Sonó así?

Tsuiki rio.

—Probablemente muy parecido. Me pregunto si ahora son amigos y si están almorzando juntos. ¡El número de personas también comenzó a aumentar esta mañana! No sé por qué, pero es inquietante de ver.

Hirose frunció el ceño. No podía entender por qué hubo tal cambio.

—¿Es porque ahora reconocen al señor T como una persona muy especial?

Tsuiki miró a Nozue inquisitivamente.

—Eso es lo que está diciendo Sakata. Sigue anunciando que el señor T es una persona muy especial, así que todos deben mostrarle el respeto debido. Incluso presentó un discurso al respecto el otro día —dijo Nozue.

Tsuiki suspiró cansadamente.

—Ese tipo es un bicho raro. Cuando el almuerzo comenzó fue en busca de Takasato como si fuera cercano a él. No creo que nadie esté influenciado por Sakata, pero, de cualquier forma, verlo me da una mala espina.

Después de decir esto, Tsuiki miró a Nozue.

—Aunque el punto de Nozue es bastante realista. Era como si todos realmente lo respetaran.

Hirose, una vez más se hundió en sus pensamientos. ¿Cuál era el verdadero significado detrás de todo esto? ¿Podía creer que la influencia de Sakata era tan grande, y si ese no fuera el caso, qué causaría el cambio de actitud?

—Oh, cierto, maestro —Nozue levantó la mirada—. Creo que hay un reporte acerca de Takasato en el periódico de hoy.

—Sí, es oí.

—También oí que en el reporte de los deportes del sábado incluían su nombre completo.

Hirose asintió.

Tsuiki repentinamente espetó:

—¿Creen que haya sido Sakata el que lo filtró?

Todos los presentes miraron a Tsuiki.

—Después de la escuela, el martes, vi a Sakata sentado en un restaurante con un tipo que se veía como reportero. Realmente parecía a gusto hablando sin parar. No pude oír de qué estaban hablando exactamente, pero tanto entonces como ahora, lo oigo nombrar a Takasato.

  

 

Takasato llegó al saló de química no mucho después de que terminaran las clases. Primero saludó y entonces entró. Usando un tono plano, simplemente dijo:

—Me gustaría dejar la escuela.

La actitud de Gotou fue igualmente franca.

—¿Qué pretendes hacer después de abandonarla?

—Voy a trabajar.

—¿Ya encontraste un lugar?

—No, aún no.

Gotou lo miró con sinceridad en su mirada.

—Si un poco de distancia no es un problema para ti, yo te ayudaré a estar atento. Ya que te preparaste, ¿por qué al menos no terminas septiembre?

Después de decir esto, Takasato saludó inclinando la cabeza.

—Muchas gracias.

La discusión terminó de esa forma.

  

 

Cuando fue tiempo de irse, se protegieron viajando con Totoki. Al principio, Takasato lo rechazó educadamente, pero dio su consentimiento cuando Totoki le dijo:

—Mira a los periodistas reunidos frente a la puerta de la escuela, si no me permites que te lleve, voy a llamar a Gotou.

La puerta de la casa de Takasato estaba firmemente cerrada. Quizás nadie estuviera en casa. No parecía haber periodistas cerca. Hirose salió del auto y le agradeció a Totoki. Miró el buzón en la puerta de metal de la entrada lleno de diarios que salían de su estrecha abertura.

Takasato desbloqueó la puerta desde el exterior. Todas las persianas de tormentas estaban bajas. A simple vista parecía que nadie estaba en la casa.

Takasato tocó el timbre, pero no hubo respuesta desde el interior. Lo hizo sonar un par de veces más, pero la casa se mantuvo en silencio.

—Parece que realmente no hay nadie en casa —dijo Hirose. Takasato asintió. Con una expresión aprensiva en el rostro, sacó la llave de su maletín. Abrió la puerta y colocó la mano en la puerta de vidrio.

—Volví —dijo mientras abría la puerta.

La entrada que Hirose había visto antes era totalmente silenciosa y carente de presencia alguna. Las flores en el estante del zapatero ubicadas en la parte posterior de la habitación ya estaban secas. Entonces, un sorpresivo olor llegó a ellos.

—¿Hueles algo raro? —preguntó Hirose. Takasato parecía desconfiado—. ¿Qué crees que sea?

—¿El olor?

—Sí, huele a algo podrido.

Con eso, Takasato inhaló una bocanada de aire y se estremeció al abrir bien los ojos.

—No puede ser…

Los latidos de su corazón comenzaron a sonar como el tic-tac de un reloj. Hirose puso un pie dentro del vestíbulo, y al hacerlo, el espeso olor se volvió más evidente.

—¿…madre?

Después de que Takasato abrió la puerta de papel que estaba directamente frente a ellos ese horrible olor se volvió más fuerte. La situación estaba más allá de lo usual. Hirose trató de detener a Takasato, quien se estaba quitando los zapatos para entrar corriendo.

—Deberías quedarte aquí.

Takasato sacudió la cabeza y entró a la habitación. Hirose lo siguió. Después de abrir la puerta corrediza, a la derecha de la habitación, se vio el pasillo. La atmósfera dentro aún era densa y emanaba un hedor pegajoso.

—Takasato, es mejor que no entres —Hirose agarró el brazo de Takasato para detenerlo mientras este se lanzaba al pasillo—. Llamemos a la policía. Será mejor esperar a que lleguen aquí antes de que hagamos algo.

—¡Pero…! —un Takasato con el rostro pálido sacudió la cabeza. De repente oyeron un sonido débil proveniente de algún lugar, como si algo raspara contra la estera del tatami.

—¿Qué es eso? —preguntó Takasato mientras giraba la cabeza para escuchar. Entonces corrió hacia la parte posterior del pasillo—. ¡Madre! —gritó. Repentinamente oyeron un ruido que parecía ser el de un objeto pesado balancearse. Hirose y Takasato se miraron, y el primero en bajar por el pasillo fue Hirose.

—¡Takasato! ¿Estás aquí?

El pasillo estaba cubierto por una leve capa de polvo. El ruido continuó oyéndose desde el final del pasillo. Con cada paso más el hedor se hacía más persistente. Incluso si respiraban por la boca, el repugnante olor llegaba a sus gargantas.

Hirose siguió el ruido hasta el final del pasillo. A un lado, no muy lejos del frente del pasillo, había una ventana de vidrio, y al otro lado una puerta de papel. Las persianas de tormenta no estaban bajas y solo cubrían una parte de las cortinas. La luz del sol se filtraba hasta el pasillo a través de las delgadas cortinas.

Hirose se paró en frente y se asomó cuidadosamente a la habitación más cercana. Lo primero que vio fueron dos habitaciones al estilo japonés que se veían juntas como una sala de estar occidental. El ruido se oyó nuevamente desde el final de la casa.

Allí el pasillo se separaba hacia la izquierda y derecha. A la derecha había un baño, pero el sonido provenía de la izquierda.

Después de ir a la derecha, Hirose puso la mano en la puerta corrediza de papel.

—¿Es esta? —Hirose se había cubierto la boca con un pañuelo, por lo que su voz era apagada.

Takasato respondió aturdido:

—Es la habitación de mis padres.

Hirose abrió la puerta suavemente. Antes de que tuviera la oportunidad de abrirla completamente, algo voló hacia su cara y lo hizo retroceder. Algo había salido volando desde la grieta entre la puerta y la pared. Instantáneamente Hirose levantó las manos como una autodefensa, y luego se dio cuenta de que era un enjambre de bichos.

—¿…qué es eso? —preguntó Takasato. Hirose siguió los insectos que volaban alrededor de él con la mirada.

—Moscas…

Había un olor espeso en el interior. Nuevamente, Hirose puso la mano en la rendija que ya había abierto, y la abrió completamente. Una vez abierta vio una habitación de 4,5 tatamis de ancho. Las persianas de tormenta tampoco habían sido cerradas, y aunque las cortinas estuvieran cerradas, una tenue luz llenaba la habitación. Había un jarrón con flores sobre un estante, y también había un estante. Otra habitación se ubicaba de forma contigua, la cual también estaba llena de luz.

Hirose no sabía cómo se veía esa habitación, pero pudo ver una alfombra tirada sobre el tatami. Y un horrible color se había dispersado sobre la alfombra y un enjambre de moscas se arremolinaba en torno a ella.

Takasato gritó de angustia mientras entraba a la habitación. Hirose quiso detenerlo, pero ya era demasiado tarde.

Takasato se quedó parado frente a la puerta semiabierta y miraba la habitación, lleno de terror. Hirose se quedó en estado de shock mirando la alfombra, tratando de encontrar alguna pista en los colores de la podredumbre encontrada.

  

 

En la habitación encontraron los cuerpos de los padres de Takasato, y en otra habitación encontraron el cuerpo de su hermano. Parecía que habían sido atacados mientras dormían. Por la postura en la que murieron parecía que habían querido saltar fuera de las mantas. No había duda de que fue una muerte violenta.

Una gran cantidad de gusanos sobre la alfombra se había comido bastante de los cuerpos como para revelar partes de los huesos. Fue a fines de verano y la temperatura era cálida, por lo que el grado de descomposición estaba bastante avanzado. E incluso Hirose no podía saber, ya que los cuerpos estaban en una posición natural, si había sido suicidio o un accidente.

Los oficiales de policía llamaron a Hirose. Takasato miraba al espacio como si estuviera en estado catatónico. Los oficiales pedían que Takasato identificara los cuerpos. Pero no había mucho con qué confirmar. Lo único era un anillo de oro en la mano de uno de los cuerpos que estaba más allá del reconocimiento. Takasato respondió:

—Creo que es el anillo de bodas de mi madre.

  

 

Ambos fueron a la estación de policía a declarar. Debido a que la casa de Takasato había estado cerrada el hedor a decadencia era especialmente fuerte. No había forma de que alguien se quedara allí mucho tiempo.

Cuando regresaron, los llevaron en una patrulla. Los alrededores de la jefatura de policía estaban llenos de periodistas, por lo que un policía de buen aspecto, vestido de civil, los llevó hasta la patrulla en la puerta trasera. Tomó una tela y la usó para cubrir el rostro del silencioso Takasato de cabeza gacha, y les dijo a los reporteros reunidos frente a la puerta:

—Por favor, recuerden que es un menor —fue bien intencionado, pero, aun así, Takasato parecía un criminal siendo escoltado por la policía.

Tan solo había dos o tres reporteros frente al departamento. El resto de ellos probablemente estaría frente a la estación de policía o en la casa de Takasato. Hirose dejó que lo atraparan con el fin de dispersar su atención. Takasato utilizó esa oportunidad para escabullirse adentro.

  

 

Como si se hubiera vuelto catatónico, Takasato no dijo nada. Aparte de sentarse a su lado y hacerle compañía, a Hirose no se le ocurrió qué más hacer.

Gotou fue a verlo cuando ya era de noche. Al ver que Gotou venía, Takasato hizo una profunda reverencia. Aparte de eso, se mantuvo en silencio.

—Esto debe ser duro para ti, Takasato —dijo Gotou. Takasato no dijo nada. Gotou lo miró con una expresión de dolor, y luego se giró para hablar con Hirose—. ¿Te dijo la policía cuándo murieron?

—Dijeron que probablemente durante la noche, hace tres días.

—¿Fue un accidente?

Hirose sacudió la cabeza.

—Ahora es asesinato. Los cuerpos están en un estado terrible.

Hirose no dijo nada más. Los cuerpos que él mismo había visto parecían como si alguien, de mente enfermiza, los hubiera rasgado hasta que ya no parecieran personas. Cuando vio los cuerpos no estuvo en un pequeño shock. Aunque fueron llamados cuerpos, se los describiría mejor como los confusos restos de una arcilla hecha de carne humana.

—Hubo un investigador que dijo que los cuerpos parecieron haber sido desgarrados por animales salvajes o algo así. Para una descripción más detallada deberíamos esperar a que la autopsia termine.

—¿Entonces es así? —Gotou murmuró para sí, mientras buscaba alrededor de su cintura. Pero no había ninguna toalla en su cintura porque vestía un traje que raramente se ponía. Irritado, Gotou se limpió las manos en los pantalones—. ¿Sus padres y su hermano eran su única familia? ¿Qué hay de sus familiares?

—Creo que todos los familiares viven demasiado lejos. Takasato mismo tampoco parece estar muy seguro ya que no parece estar muy en contacto con ellos.

Gotou asintió.

—¿Y el funeral?

—Se lo va a dejar a la policía. Oí que hay cierta comunicación entre una casa fúnebre y la policía, así que, a través de la policía, la casa fúnebre se va a encargar de todo. De cualquier manera, la autopsia tomará todo el día de mañana. El velorio y el funeral no tendrán lugar hasta pasado mañana como muy temprano.

—Ya veo —Gotou asintió.

—Y afuera está igualmente silencioso.

—Sí, de alguna forma.

Los periodistas no sabían que Takasato estaba allí.

Gotou miró a Takasato.

—¿Takasato, vas a tomarte algún tiempo libre de la escuela a partir de mañana?

Takasato levantó la mirada. Simplemente asintió en silencio.

—Ofrezco mis condolencias desde el fondo de mi corazón. Mantente equilibrado.

Takasato le respondió a Gotou con un asentir de la cabeza, sin expresión alguna.

  

 

Después de que Gotou se fuera, Takasato abrió finalmente la boca. No fue hasta entonces que Hirose entendió que Takasato no había estado alterado por la pérdida de su familia. Takasato le preguntó:

—¿Fue por culpa mía?

Hirose no fue capaz de responder en ese instante.

Al hablar de quienes habrían herido a Takasato, no había quienes hubieran hecho más que su propia familia, y por las represalias, la madre de Takasato debía ser la primera víctima. Nunca podrían haberla pasado por alto. La única razón por la cual habían esperado hasta ahora era debido a ciertas circunstancias. Aunque la familia de Takasato eran sus enemigos, Takasato los necesitaba. Eran capaces de protegerlo y garantizas sus necesidades básicas. Sin embargo, ahora, ya no eran esenciales… y eso se debía a Hirose.

Ahora que Hirose lo pensaba. Fue hace tres noches, el día en el que los estudiantes habían saltado del techo de la escuela. Esa noche Hirose había oído una voz.

¿Eres enemigo del rey?

Recordaba haber respondido algo, pero no había podido recordar qué era exactamente. Fue entonces cuando lo hizo. “No”, Hirose había respondido.

“No soy un enemigo”.

La familia de Takasato murió esa noche. ¿Había alguna relación para esta coincidencia? ¿Habían aceptado el hecho de que Hirose no era un enemigo, haciendo la existencia de su familia innecesaria, por lo que procedieron a su eliminación? ¿Podría eso explicarlo todo?

Entonces… Hirose miró a Takasato quien lo miraba.

“…entonces, ¿el rey?”.

Mirando los impotentes ojos de Takasato, Hirose sacudió la cabeza.

—Al menos, sin importar cómo pasó, no es tu culpa —no importaba si los atacantes eran esas criaturas—. Porque tú eres su víctima.

—¿…de verdad?

Hirose asintió con decisión.

—Takasato, esto no sucedió por ti.

Takasato agachó la cabeza. Estuvo anonadado por un rato, pero finalmente comenzó a llorar.

  

 

La mañana siguiente, Hirose fue despertado por alguien que llamaba a la puerta.

Aun medio dormido, quitó la cadena de la puerta y la abrió. Un micrófono saltó en frente de él.

El pasillo fuera de su casa estaba lleno de personas.

—Escuchamos que el joven Takasato está aquí.

Hirose cerró la puerta de golpe. Del otro lado podía oír las voces como tormenta.

—¡Déjenos hablar con Takasato!

Un Takasato similarmente despierto estaba mirando a través de la puerta de vidrio abierta. Hirose pensó: “Lo descubrieron. ¿Fue la policía? ¿O alguien más lo hizo? ¿Continuará por mucho tiempo?”.

Una vez que el teléfono comenzó a sonar, casi como que no se detuvo. De acuerdo con el plan, la policía iba a llamar, por lo que Hirose no podía desconectarlo. Se cubrió la cabeza sin saber qué hacer. Para tapar el ruido del exterior prendió la televisión. Casi todos los programas matutinos hablaban de lo mismo.

—Habiendo sido dejado, ahora reside en la casa de un maestro estudiante —detrás de la reportera que daba los detalles de la noticia con una severa expresión, estaba el edificio del departamento de Hirose. Impaciente, Hirose cambió de canal, pero el resultado fue el mismo, veía su nombre otra vez.

En medio de las interminables llamadas por teléfono por información, comenzó a recibir un puñado de llamadas diferentes. Estaban esas de los amigos del colegio, conocidos, personas de la secundaria, incluyendo a Gotou, y a la madre de Hirose.

La madre de Hirose lo culpó por haber sido atrapado en todo esto por el rechazo a la supervisión de sus padres y por vivir solo.

—Fuiste televisado mientras abrías la puerta. De cualquier forma, deberías volver a casa inmediatamente.

—Ahora no puedo —dijo Hirose, y su madre contestó.

—Al menos deshazte de ese chico. Él no es tu responsabilidad. Te arrastró hasta su maraña, e incluso pasaron tu nombre en el reportaje.

Hirose colgó el teléfono.

El propietario y algunos de los vecinos también llamaron. Muchos para quejarse. Decían: “¿Cómo se supone que vivamos así? ¡Encuentre una forma de deshacerse de los reporteros!”. Incluso recibió llamadas de completos desconocidos: una mujer que no lo culparía si echaba a Takasato de la casa, un hombre que quería asustarlo diciendo que esconder a Takasato sería recompensado con un castigo divino, y, además, personas que expresaban simpatía, aliento, sospechas, críticas y culpas hacia Takasato.

Algunos de los estudiantes de la clase 2-6 también llamaron. Todos ellos dieron palabras de condolencia y de aliento.

—Desde que él era chico, ha sido constantemente seguido por una serie de muertes y accidentes. Algunos dicen que está maldito, y fue por eso por lo que la relación padres e hijo se deterioró —esto fue lo que dijo un reportero en un programa del mediodía. Hirose apagó la televisión. Sin embargo, después de haberlo hecho, Hirose cayó preso de una inquietud, de que algo imprevisto sucedería porque no sabía lo que estaba pasando afuera. Lo soportó por un momento, pero llegó hasta el punto de que no pudo más, así que prendió la televisión nuevamente. Y lo repitió varias veces.

Cuando llegó la tarde las personas del barrio comenzaron a pasarse por allí. La mayoría iba para pedirle a Hirose que pensara una forma de deshacerse de los medios de comunicación, pero hubo una mujer que fue a insistir diciendo que un accidente que sucedió a su hijo en la escuela y que seguramente tenía que ver con Takasato.

La policía llamó para decir que la autopsia no había estado libre de problemas y que probablemente deberían esperar hasta mañana en la tarde antes de que los cuerpos fueran devueltos. Hirose llamó a la funeraria y les explicó la situación. Posteriormente desconectó el timbre y el teléfono para que no sonaran más.

Durante ese tiempo, Takasato estuvo sentado con la cabeza gacha. De vez en cuando miraba a Hirose como si quisiera hablarle, pero se detenía y no decía nada.

Esa noche, cuando finalmente estuvo tranquila alrededor del edificio, se inclinó profundamente hacia Hirose.

—Estoy realmente apenado de haberle causado tantos problemas.

Hirose pensó: “Takasato siempre se está disculpando”.

—No es culpa tuya —dijo Hirose. Takasato negó en silencio—. No me causas ningún problema.

Takasato rio suavemente, y luego suspiró con una expresión severa.

—Sé que mi existencia no es nada más que una molestia, pero le temo a la muerte.

—Takasato —dijo Hirose confortablemente. Takasato sonrió débil e inmediatamente bajó la vista.

—Sé que hubiera sido mejor si yo nunca hubiera vuelto, pero sería genial si pudiera regresar —dicho esto, Takasato hizo una profunda reverencia—. Por favor, perdóneme, no sé cómo regresar.

Hirose suspiró. Él sabía bien lo que Takasato estaba pensando. “Este no es su mundo. Él debería estar viviendo en otro mundo, por eso le cuesta encajar en este”.

—No tienes que disculparte. Los que están causando problemas son los medios y los mirones, no tú.

Aunque esto fue lo que dijo Hirose, sabía que no era increíblemente persuasivo. “Si no hubiera tenido nada que ver con Takasato, no habría sido envuelto en nada de esto”. Ese era un pensamiento que tenía que resolver. Hirose pensó: “Takasato se culpa a sí mismo, pero él tampoco podía abandonarlo de esa forma”.

El aire acondicionado estaba prendido, pero la atmósfera en la sala aún estaba pesada y húmeda. Hirose dijo:

—¿Por qué no abrimos la ventana un poco?

Takasato se puso de pie. Apartó la cortina un poco y abrió la ventana. Unas voces se vinieron del exterior.

—¿Eres Takasato?

Hirose saltó y corrió a la ventana. Del otro lado de la ventana había un hombre parado en la presa con una cámara. Hirose tomó a Takasato por el brazo y lo sacó de la ventana. Escuchó los obturadores de la cámara cerrarse, y cuando cerró las cortinas se oyó otra voz.

—¡No puedo creer que hayas maldecido a tus padres hasta la muerte!

El rostro de Takasato se volvió pálido. Hirose le dio unas palmaditas en el hombro de un Takasato que ya se había cubierto el rostro. Se culpó a sí mismo por no ser capaz de hacer nada más por Takasato.

  

 

La tarde siguiente, los cuerpos les fueron devueltos después de la autopsia. Cuando la policía supo lo que pasó, envió una patrulla a buscarlos.

—¿Determinaron la causa de las muertes?

Quien preguntó eso fue Takasato. El oficial de policía que estaba con ellos ladeó la cabeza y dijo:

—Acerca de eso… creo que llegaron a la conclusión de que fue producto del ataque de un animal. Creo que te darán una explicación más detallada en un rato, pero creo que dijeron que los mató un perro o un animal de ese estilo.

Parecía estar desconcertado.

—Sin embargo, no se hallaron huellas de ningún animal dentro de la casa, y todas las puertas y ventanas estaban cerradas desde el interior. No pudimos hallar ningún hueco ni abertura lo suficientemente grande como para que ese gran animal pasara.

Fueron llevados a una universidad donde escucharon al hombre a cargo de la autopsia darles los detalles.

—A partir de las marcas dentales se puede determinar el tamaño de la mandíbula. Y por el tamaño de la mandíbula pudimos determinar que este animal es mucho más grande que un perro, quizás un tigre o un león, o un animal parecido.

El forense inclinó la cabeza en duda.

—Le pedí a un especialista que viniera y echara un vistazo, pero descubrió que las marchas de dientes no perteneces a un felino. En cierta forma, se parecen al de un can. Los resultados no son concluyentes. Ahora le toca a la policía investigar para resolver este caso.

El forense mostró al de desconcierto.

  

 

Los restos fueron enviados al crematorio para ser cremados. No tenía sentido preservar los cuerpos ya que no tenían la forma original. Fue de esta forma en la que cargó con las cenizas de tres personas de vuelta a casa.

La funeraria hizo los arreglos, tanto para el velorio como para el funeral en el tempo cerca de la casa en la que vivían. Con el objetivo de dar cabida a la investigación, Takasato no podía quedarse en su casa por el momento. Yendo al templo en un coche que pertenecía a la funeraria, vio a la prensa frente a la puerta del templo y un grupo de dolientes esperando dentro del vestíbulo principal del templo.

Los dolientes eran en su mayoría familiares que habían viajado desde muy lejos. Ya que no tenía mucho contacto con ellos, Takasato tuvo que preguntarles sus nombres y la relación de parentesco que tenían.

En ese punto, no había nada más que Hirose pudiera hacer por él, así que se sentó en una esquina del vestíbulo y esperó. Un grupo del personal de la escuela llegó, incluyendo a Gotou, y poco a poco el lugar comenzó a tener más actividad.

No mucho después de que Gotou y los otros llegaran, comenzó a haber cierta fricción entre los invitados. La pregunta era: ¿Quién iba a adoptar a Takasato? Al comienzo, todos se distanciaban y se oponían a adoptarlo, pero entonces, pensaron en el hecho de que como toda esa área estaba bajo un fuerte desarrollo durante los últimos años, el precio de la propiedad estaba en medio de un gran aumento. La familia de Takasato había sido una familia de granjeros hasta la generación de sus abuelos, y más o menos poseía una gran extensión de tierras cultivables. Después de que sus abuelos fallecieron todas fueran vendidas o arrendadas. Las tierras vendidas probablemente se hubieran convertido en activos circulantes, mientras que las arrendadas podrían convertirse en dinero. Esto era en lo único que pensaban. “Supongo que podría adoptarlo”. Comenzaron una discusión plena. Takasato, sin expresión alguna, vio como la discusión se llevaba a cabo frente a sus ojos.

Hirose ya no lo pudo aguantar y salió a caminar al patio. La brisa de la noche era fría y refrescante. Gotou lo siguió.

—Quiero decir… qué insoportable.

—Sí…

Gotou se sentó junto a la torre del campanario.

—Primero lo rechazaban y ahora están peleando por él. Observa, cuando se enteren de los rumores volverán a rechazarlo.

Gotou lo dijo en broma, pero a Hirose le resultó difícil reírse.

—Quizás.

—¿…qué sucede? Parece que tú fueras el más herido por todo esto.

Hirose no respondió.

Las personas no son animales salvajes, y es por eso por lo que son tan impuras, tan feas.

—¿Qué te pasa? ¿Eh?

—…Fui con Takasato a la cremación.

Gotou lo miró.

—Esperamos a que los restos se redujeran a cenizas. Takasato está de luto y yo me preocupo por los dolientes. ¿…Por qué actúan así?

—Hirose —suspiró Gotou.

—Es lo mismo con los de afuera. ¿Hay quienes estén felices por los rumores de la maldición? ¿Por qué no lo entienden? Si están asustados deberían mantenerse lejos. Tienen más de una excusa para ignorar su existencia o cortar contacto. ¿Por qué se involucran? ¿Por qué no pueden dejarnos en paz?

Gotou no respondió. Una vez que las palabras salieron, Hirose no pudo contenerse.

—Vivimos porque nacimos. No podemos abandonar nuestra existencia, por eso trabajamos duro para vivir. No es como si nos gustara como están las cosas. No podemos entender el razonamiento de los otros. El mundo que la gente creó para sí es incómodo. Pero no es como si pudiéramos irnos, si quisiéramos…

—Hirose —dijo Gotou para reconfortarlo, pero Hirose lo ignoró.

—De verdad, habría sido mejor si nunca hubiéramos vuelto, pero lo hicimos. ¿Cómo sería si pudiéramos volver? Pero no sabemos cómo. Este mundo no tiene sentido y está lleno de crueldad. No hay forma en la que podamos integrarnos.

—Hirose —dijo firmemente y le sonrió con amargura—-. Te digo, Hirose, será mejor que no utilices la palabra nosotros.

—¿Por qué?

—Por cómo lo veo, Takasato y tú no son tan similares. Es por eso.

Hirose levantó una ceja.

—No lo entiendo.

—No creo que Takasato y tú estén en la misma categoría. Para mí, el cariño que sientes por Takasato no es muy bueno.

—Señor Gotou.

—Justo después de que te involucraste con Takasato te volviste más y más pesimista. Es así como lo siento.

—Eso es por todo lo que ha estado pasando.

—Sí, puede ser. O quizás todo esté en mi cabeza. Pero estoy seguro de que en el pasado no hubieras dicho tan fácilmente que no puedes integrarte. Solía resultarte difícil hablar de estas cosas.

Hirose se impuso.

—No tiene nada que ver con Takasato. En verdad, siempre me he sentido así.

Gotou exhaló un profundo suspiro.

—Comenzó cuando estaba en la primera secundaria.

Después de un rato, Gotou dijo:

—Había una chica que les dijo a sus compañeras que era un bebé abandonado.

Hirose no entendió a lo que se refería. Gotou rio.

—Ella insistía en que era un bebé abandonado y que sus padres no era sus verdaderos padres. Pero de hecho se parecía mucho a ellos. A pesar de eso, mantuvo su palabra hasta la graduación —Hirose escuchaba sin entender. Gotou lo miró y dijo—. Escucha, en ocasiones todos sentimos que este no es el lugar al que pertenecemos. Siento como si todos hubieran dicho alguna vez: quiero irme a casa. También dicen que no hay lugar al cual puedan volver. Eso es porque todos quieren escapar de este mundo.

Gotou miró sus manos entrelazadas sobre sus rodillas.

—Este no es mi verdadero mundo. Esta no es realmente mi familia. Estos no son mis padres…

Hizo una pausa por un minuto.

—Supones que si pudieras huir de este mundo encontrarías otro donde te sintieras cómodo. Crees que hay un mundo perfecto en el que sería feliz, uno preparado especialmente para ti, que se ajusta a tus necesidades, que puedes disfrutar como una pintura… No existe tal cosa. Nada como eso existe.

—Señor Gotou.

—Ese es un cuento de hadas, Hirose. A veces hay dificultades en la vida, y todos quieren escapar. Lo entiendo. Sé lo que se siente querer escapar a un cuento de hadas. De esa forma no ser un estorbo para los demás, y no digo que sea malo pensar así. Pero hay que vivir la realidad. Hay que enfrentarla y comprometerse en algún punto. Incluso si la fantasía parece inofensiva, hay que deshacerse de ella algún día.

Para Hirose, esta posición era aterradora.

—…Pero sé que no es un sueño.

—Y esa chica realmente creía que era un bebé abandonado —Gotou bajó la mirada—. Antes dijiste que no sentías resentimiento hacia las otras personas, ¿verdad? Que nunca quisiste que nadie desapareciera.

—Yo… dije eso.

—Creo que es mentira. Sueñas con volver a ese mundo para sentirte mejor, para así no sentir nada contra los demás. Eso son dos caras de la misma moneda, Hirose.

—¿…Dos caras? —Hirose levantó las cejas. Recordaba que Gotou le había dicho algo similar anteriormente. Gotou asintió.

—El frente y el reverso. Hay algo más en tu mente. ¿Quiero volver porque no pertenezco a este mundo? Si lo piensas de otra forma, quiere decir que quieres que desaparezca todo.

Hirose abrió los ojos.

—Haz a todo el mundo y a las personas en él desaparecer. Haz que se desvanezca todo lo que no sea de tu sueño. ¿Eso es lo que significa? —Gotou lo miraba—. ¿Cuál es la diferencia entre desear que alguien desaparezca y soñar un mundo en el que no esté? Son dos lados de la misma moneda. Entiendes lo que te digo, ¿no es así?

“No quiero entender”, pensó Hirose. “No quiero entender tu razonamiento”.

Hirose negó con la cabeza.

—No es un sueño. Estoy absolutamente seguro de que vi ese lugar.

—Es un sueño —afirmó Gotou. Hirose le frunció el ceño.

—Entonces, ¿qué hay con Takasato? Si es tan solo un sueño, entonces, ¿a dónde fue ese año? ¿Qué fue lo que hizo? ¿Qué comió para mantenerse vivo? Cuando volvió estaba más alto, ¿cómo pasó?

Gotou asintió.

—Yo no creo en ese mundo ni en el alma inmortal. Del mismo modo en el que no creo en la desaparición misteriosa ni nada parecido. Es innegable que Takasato haya desaparecido cuando era chico, pero no desapareció misteriosamente. En realidad, cosas similares suceden todo el tiempo. Simplemente creo que Takasato fue secuestrado y pasó el año donde quiera que fuera llevado. Simplemente no lo recuerda.

Hirose creyó encontrar un hueco en su argumento.

—¿Qué hay con esas cosas? ¿Qué son esas cosas que siempre están a su lado? ¿Es solo casualidad que todos a su alrededor mueran?

Hirose lo dijo con aire triunfante, y Gotou asintió en silencio.

—Es tan solo eso, Hirose. Es ahí donde Takasato deja de ser comprensible. No importa cuánto se intente negar con mi lógica, aún hay partes de él que no entiendo. Es por eso por lo que digo que Takasato es un tipo de persona diferente.

—Pero…

—En lo que respecta a tus sueños, puedo refutarlos hasta el cansancio. No puedo probarte que fue solo un sueño, pero tampoco puedes tú probar que no lo fue, ¿verdad? Es aquí donde Takasato y tú difieren. No dejes que Takasato te lleve por el mal camino. Puedes simpatizar, pero no tengas la ilusión de que son compatriotas.

—Un agradable… sueño…

—No puedo refutar el sueño de Takasato. Por la forma en la que veo, has perseguido ese sueño sin descanso. Estás dejando que Takasato lleve la carga de tus propios sueños y pidiéndole que pruebe en tu lugar la existencia de ese mundo. Esto no te hace ningún bien, Hirose.

Hirose se quedó mirando a Gotou, sin habla.

—Las personas son sucias y viles criaturas. Ese es nuestro destino como humanos. Una vez que nacemos humanos, no hay escapatoria a ese destino. No existe nadie sin un ego, y nadie sin egoísmo.

Hirose bajó la cabeza para pensar. “Él tampoco me entiende. No es el amigo que pensé que era. Este hombre es tan solo otra persona de este mundo después de todo”. Gotou no podía entender a Hirose, y Hirose tampoco lo entendía a él.

“Esto está demasiado lejos”, pensó Hirose. “¿Por qué ese mundo está tan lejos? Si tan solo pudiera volver. Tengo tantos deseos de ir, volver al paraíso lleno de pétalos blancos…”

“Son dos caras de la misma moneda”, oyó la voz de Gotou.

“… ¿Por qué quiero volver?”.

Porque, al fin y al cabo, no hay nadie en este mundo que pudiera entender a Hirose. Por eso quería desaparecer de ese mundo.

“… ¿Significa que quiero morir?”.

Él no quería morir, tan solo quería volver.

“…Si vuelvo la gente de allá, ¿será capaz de entenderme?”.

“Sí”, pensó.

“…Por delante y por detrás”.

Siempre pensó que si dejaba este lugar, que si encontraba un mundo en donde se sintiera cómodo, que si fuera capaz de vivir en un mundo donde las personas lo entendieran, todo encajaría.

“Quiero volver. Este no es mi mundo. Porque nadie me entiende… Desaparecer. Todo se resolvería si este mundo desapareciera. Los que me comprender están en el otro mundo”.

“… ¿Dónde está la diferencia? ¿En qué sentido son diferentes?”.

Hirose se quedó pensando.

Derramó lágrimas de fracaso.

—Hirose. Por favor, no nos rechaces —dijo Gotou firme.

Hirose no pudo responder.

—Las personas como personas son así de viles.

Hirose bajó la cabeza por un largo tiempo murmurando para sí, cuando repentinamente comenzó a sentir una duda. Era una duda muy pequeña, tan pequeña que no podía expresarla en palabras. Se sentía como un malestar. ¿Hacía que sintiera malestar? Presionó su mano contra la frente y comenzó a pensar.

 

 



 


Ella se levantó al acabar la noche. Descansaba en un futón mientras ordenaba sus pensamientos pacientemente y se preguntaba por qué se había despertado.

Parpadeó lentamente y sintió oír un ruido. Lo extraño era que ella no era para nada perezosa. Miró el despertador junto a su almohada y vio que no había dormido ni dos horas. A su lado, vio a su esposo durmiendo boca arriba en el futón.

Suspiro suavemente. Por un momento no pudo volver a dormirse. No podía deshacerse de sus malestares. ¿Qué les pasaría ahora? Es debido a ese niño…

Cuando nació era tan lindo. Era el hijo mayor que todos querían. La suegra era una mujer muy estricta y no trataba a los niños muy bien. Por alguna razón, era especialmente fría con el niño. A pesar de eso, el niño no creció para ser especialmente terco, sino bastante gentil. Era inteligente, pero también sencillo y obediente. Aunque aún era chico, él ya había entendido que su relación con su abuela no era muy buena. Cuando su madre se escondía para llorar, él iba a su lado para reconfortarla con sus pequeñas manos.

“…Fue por la desaparición misteriosa”.

Fue dejada sola con su segundo hijo, que era un año menor al primero. ¿Cuánta tristeza sintió entonces? Debido a los métodos de crianza de su suegra fue llevado lentamente hacia el mal camino. Era un poco engañoso y bueno para leer las expresiones de la gente. Mas seriamente, tenía una naturaleza violenta. Aunque como madre nunca pudo ocultar el amor por él, ya que, fue ella quien lo dio a luz. A pesar de eso, cuando descubrió que su primer hijo había desaparecido, sabía en su corazón que prefería que hubiera sido el otro.

El niño volvió, pero no recordaba lo que le había pasado. Ella agotó todos los métodos tratando de ayudarlo a recuperar la memoria de ese año, pero la memoria del niño se resistía. La discordia entre los dos comenzó ahí. Al principio, su segundo hijo fue lastimado, y luego un accidente le pasó al niño del vecino. Medio año después de su regreso, ella comenzó a pensar en ese extraño suceso, y no solo ella, sino casi todos los vecinos. Después de un año, eso ya se conocía. Todos en el barrio les dieron la espalda, y la comunicación con los vecinos se volvió gradualmente difícil.

Fue entonces cuando oyó los rumores de la maldición. Otros se mantenían alejados de él, y maltrataban a su segundo hijo. Cuando estuvieron en el mismo año escolar solo su segundo hijo sufrió un severo acoso. En la secundaria baja, su segundo hijo fue golpeado por sus compañeros, y salió con un tímpano roto. Cuando se reunió con los padres de esos niños, antes de que pudiera decir algo, dijeron: “Es por su hermano, que hiere a tantos otros niños”. Ella se tragó su ira. Tenía que. El acoso no acabó, pero si, de verdad hubiera una maldición, habría sido mejor que él fuera la víctima… también calló esas palabras.

Sin embargo, su hijo mayor era definitivamente listo. Sus notas y su comportamiento eran definitivamente mejores que en el segundo hijo. El segundo recibió una incontable cantidad de supervisión. En el tercer año de la secundaria baja cuando se les aconsejó acerca de a qué secundaria deberían ir, el maestro le sugirió al segundo que eligiera aquella con los niveles más bajos, mientras que al mayor se lo alentó a que asistiera a una prestigiosa escuela en los suburbios.

“…Sucederá de vuelta”, pensó para sí.

Otro moriría por el niño. ¿Cuántos esta vez?

Mientras yacía de lado con el rostro cubierto, oyó un ruido junto a su almohada. Sonaba a una respiración. Levantó la cabeza para ver junto a la almohada, pero todo lo que pudo distinguir en la oscuridad era el papel blanco de la puerta corrediza. No vio nada más. Cuando apartó la mirada oyó la respiración de nuevo. Se parecía mucho al sonido de la respiración de un perro fiero.

Se sentó y giró hacia el área junto a la almohada. Ahora podía oír claramente una respiración larga y áspera. Miró atenta a su alrededor, pero no vio nada. Se levantó queriendo prender la luz. Cuando levantó la mano para tocar el interruptor de luz sintió como si algo le agarrase de la pierna y tirara de ella. El pie que le había agarrado dolía como si fuera la arteria.

—¿Qué sucede? —preguntó su marido medio dormido. Estaba tan preocupada que no fue capaz de responderle a su esposo.

Quería confirmar que había sido herida, pero vio que ya había perdido su tobillo. Fue entonces que supo la cantidad de dolor no era proporcional a la severidad de la herida.

Buscó su tobillo, pero mientras corría su área de visión se encontró con oscuridad solamente. Trató de gritar, pero todo lo que le salió fueron jadeos espásticos.

—¿Qué es? —su marido finalmente se movió y abrió los ojos. Justo entonces algo se movió en la oscuridad y se precipitó al cuello de su esposo, algo por debajo de las sábanas. Su esposo también gritó y rodó fuera del futón al tatami. Después, un fuerte y marcado crujido, un brazo cayó en el tatami, y lo siguió el sonido de gotas de agua caer sobre un paraguas. Probablemente fuera el sonido de la sangre salpicar sobre alguna superficie.

La criatura de la sombra persiguió a su esposo. Ella miró en estado de shock. Algo envolvió a su marido, haciendo que gritara repetidas veces, cada uno más débil que el anterior, mientras se sumaban más crujidos.

Cuando la sombra se levantó, finalmente vio la forma de su esposo. Su abdomen había sido masticado. La barriga por la que se había preocupado repetidas veces se había convertido en un hueco. Aun así, su cuerpo seguía convulsionando.

La sombra giró hacia ella.

“…Lo sabía”.

Murmuró para sí.

Sabía que un día sería asesinada por el niño. Sentía que sería cuestión de tiempo.

“…Porque siempre quise matar a ese niño”.

La sombra se aproximó a ella. Ella cerró lentamente los ojos, y su visión se volvió negra.

      O quizás, fue que la sombra la había cubierto.



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