CAPÍTULO
8
Para Hirose, el día siguiente, un sábado, era el último día de su
formación docente. Después de que la reunión de la mañana en la oficina
terminara regresó al salón de química, y un poco más tarde, Gotou también
estuvo de regreso.
—Siete accidentes, ocho enfermedades fingidas —dijo Gotou
suavemente, aunque eso fuera suficiente.
Al entrar a clase Hirose vio, incluyendo a Tsuiki y Gotanda, solo
cinco estudiantes esperando adentro. Después de estar dos semanas a cargo de
esa clase, esa era la escena de despedida.
La reunión acerca del plan de estudio estaba originalmente
prevista para la tarde, pero fue postergada para el día siguiente.
Después del cuarto período de clase
de ese día fue llevado a cabo, cuando Hirose regresó al salón de química, Gotou
le preparó algo de café. Solo ellos dos, él y Gotou, chocaron los vasos y
brindaron un poco.
La etapa de entrenamiento de Hirose ya había acabado.
—Señor Gotou —lo llamó Hirose
mientras organizaba el escritorio—. Después, ¿estaría bien si me aparezco por
acá de vez en cuando?
Gotou estaba parado frente al caballete. Hirose no sabían cuándo
dejó de poner el pincel sobre la tela.
—No dudes en venir, o estarás despierto toda la noche.
—Está bien.
Gotou sonrió mientras se limpiaba las manos.
—Voy a una reunión. No sé si voy a
estar de regreso de esta forma, solo para que sepas.
Hirose miró a Gotou al rostro.
—Me
alegro de que hayas venido. Creo que fue bueno para Takasato. Cuida de ese
chico.
Hirose asintió suavemente.
Después de terminar de escribir en su libreta de entrenamiento y
de haberla revisado, la cerró. La libreta de entrenamiento estaba completamente
llena, lo que lo hacía un poco raro. Ocho estudiantes murieron durante su
período de entrenamiento.
Sintiendo una extraña sensación en el
pecho, puso las manos sobre la libreta y miró al vacío. Justo entonces, tres
estudiantes, entre los cuales estaba Hashigami, entraron repentinamente con voz
alegre.
—¡Ah, todavía está aquí!
—¡Eso es genial!
No vio a Sakata o Tsuiki.
—¿Qué sucede? —preguntó Hirose. Los tres sacaron bolsas de
comestibles de sus mochilas.
—Una despedida.
—Vamos a tener una fiesta de despedida.
Una vez dicho esto, rápidamente empezaron a limpiar las mesas y
pusieron bebidas y cosas así. En poco tiempo, habían arreglado un poco de
espacio.
—Maestro, ¿volverá? —preguntó Nozue.
—Si tienen alguna función para mí —respondió Hirose. Nozue frunció
el ceño.
—Nuestra escuela casi nunca solicita a los recién formados.
—Sí, bueno, si no están solicitando, probablemente todavía pueda
tomar los exámenes de empleo. Yo creo que usted los pasaría.
—Eso apesta.
Una sonrisa burlona apareció en el rostro de Hashigami.
—Bueno, primero, se tiene que graduar, ¿verdad? ¿Qué pasa si tiene
que rehacer el año? Si eso pasa, entonces el siguiente año yo sería su kouhai[1].
—Eso solo si pasas —bromeó Nozue, quien después rio más bajo.
Hashigami levantó ligeramente la copa.
—Bueno, sin importar qué, apreciamos todo. Felicitaciones por
terminar en período de entrenamiento a salvo.
Después de que Hirose riera secamente, Nozue dijo:
—Pero ¿realmente podemos decir que era seguro? ¿No estaba el
entrenamiento lleno de altas y bajas? Se convirtió en el tema de conversación.
Incluso Iwaki…
En medio de la frase, Nozue cerró rápidamente la boca, pero ya
había bajado el estado de ánimo. Hashigami sonrió con ironía y dijo:
—Eh, evitemos ese tema.
—¡Cierto, cierto! —gritó Sugisaki.
—Oh, sí, tengo algo sin relación alguna. Hashigami, escuché que
apareció ayer.
Nozue puso mala cara.
—¿Otra vez con esos rumores?
—No,
es del fantasma de la mujer que buscaba el ki, del que Hashigami había
comentado antes.
La mandíbula de Hashigami cayó.
—¿Apareció? ¿Dónde?
—En nuestra escuela. A la tarde, creo.
—¿De verdad?
Sugisaki asintió vigorosamente.
—Escuché que el que la vio fue uno de tercer año. Encontró a la
mujer en el vestíbulo de entrada, que le preguntó: “¿Conoces el ki?”.
Después, le preguntó si conocía a Haku o algo así.
—¿Haku qué?
Sugisaki se rascó la cabeza.
—Uh… me olvidé. Uno en el club de arte lo oyó de un senpai[2] —Sugisaki se inclinó hacia delante—. Pero oí que ki es el nombre de un
animal. No es un oni.
Hashigami sonrió.
—¿Estás seguro de que no es alguien buscando un perro o algo así y
que lo vino a buscar a la escuela?
Sugisaki frunció el ceño.
—¡No! Dicen que desapareció frente a los ojos del de tercer año.
—El de tercer año, ¿eh? ¿Quién es?
—Eso… no lo pregunté.
—¿Seguro de que no lo inventó?
—¡Te estoy diciendo que no! —justo
cuando Sugisaki se estaba alterando, escucharon pasos apresurados fuera y la
puerta se abrió. Era Gotou.
Justo cuando entró en la habitación, Gotou abrió la boca para
hablar, pero al ver a los tres estudiantes allí, vaciló y la cerró.
—Hirose —lo llamó con gestos para que fuera al pasillo. Después de
que Hirose saliera, Gotou cerró la puerta y bajó la voz—. Hirose, debes ir a
casa.
Hirose abrió más los ojos.
—¿Señor Gotou?
—Ve a casa. El maestro Totoki te llevará.
—¿Qué pasó?
Gotou estaba claramente consternado.
—La sección deportiva.
—Señor Gotou.
Gotou le alcanzó el diario a Hirose, y habló en voz aún más baja.
—Es Takasato. Lo han expuesto. Y, lo que es más, esos imbéciles
pusieron su verdadero nombre.
Hirose se quedó boquiabierto por el
asombro, y luego cerró los ojos.
Sentía una ansiedad que no tenía lugar en su cuerpo.
“Esto da miedo”, pensó Hirose.
“Después de que se hayan esparcido los rumores acerca de Takasato,
¿qué clase de reacción tendrá la gente? …Además, ¿qué clase de cosas pasarán
como resultado de las reacciones?”.
Después de que Totoki lo llevara de regreso a su casa, Hirose vio
a tres hombres reunidos en el pasillo frente a su casa. Hirose caminó por el
pasillo, diseñado como galería, y los tres hombres se giraron hacia él con
miradas inquisitivas. Uno de ellos habló.
—¿Es usted la persona que vive aquí?
Hirose no respondió.
—¿Es usted por casualidad el maestro estudiante Hirose?
—Usted es Hirose, ¿no es cierto? Oiga, ¿podríamos hacerle un par
de preguntas?
Hirose sacó las llaves en silencio. Ignorando a los hombres que se
le acercaban y dirigiéndose a su casa, uno de ellos habló.
—Durante el accidente donde el estudiante llamado Takasato fue
empujado, usted estaba cerca, ¿no es así? ¡Cuéntenos sobre eso!
Hirose empujó gentilmente al hombre de pie frente a él que le
bloqueaba el paso.
—Por favor, hágase a un lado.
—Takasato fue el empujado hacia afuera, ¿no es así?
—Por favor, haga espacio.
—Solo será un minuto, ¿así que no piensa hablarnos? Si lo insiste
no pondremos su nombre.
Hirose sacudió con fuerza la mano que le agarraba el brazo e
insertó la llave en la cerradura. Abrió la puerta un poco y se deslizó hacia
adentro, pero alguien lo había tomado por el brazo. Oyó el intermitente ruido
del obturador de la cámara al sacar una foto.
—Alguien dijo que el joven Takasato maldice a las personas, ¿eso
es cierto?
—¿Qué es lo que piensa del suicidio colectivo en relación a la
maldición del joven Takasato?
—Solo necesitamos un minuto. Por favor, hable con nosotros.
—¿Sabe que no hay nadie en la casa de Takasato? ¿Sabe usted dónde
está él?
Hirose colocó tanto las palabras como a los brazos que lo
perseguían en el fondo de su mente, y entró a su casa. Tomó las manos de
aquellos que estaban parados afuera, sosteniendo la puerta, tratando de abrirla
de cualquier forma, y las empujó afuera, y entonces azotó la puerta. El sonido
de las palmas llamando a la puerta continuó justo después. Giró dos seguros y
aseguró la cadena. Entonces se apoyó contra la puerta y suspiró suavemente.
“No parece que sepan que Takasato
está aquí”. Esto era
algo digno por lo que sentirse feliz, aunque probablemente no pasaría mucho
antes de que fuera divulgado. Él sabía que esas criaturas eran capaces de
ellos. Sin embargo, era peligroso. Takasato era más peligros que cualquier
víctima con la cual hubieran tenido que lidiar hasta ahora.
—¿Takasato?
Abrió la puerta de vidrio que daba a la habitación de seis tatamis
y vio a Takasato encogido en una esquina como si huyera de algo. Esto le
provocó un pequeño shock, ya que su postura lo hacía ver como un pequeño animal
asustado.
Cuando Takasato oyó la puerta de vidrio abrirse, miró hacia él y
pareció aliviarse, luego miró abajo disculpándose. Hirose se encogió y luego
sacó una pequeña sonrisa.
—¿Tuviste que pasar a través de ellos? —preguntó Hirose.
Takasato sacudió la cabeza.
—No salgas por un tiempo. No estarás libre, pero es mejor que
estar rodeado por esos tipos —dijo Hirose suavemente mientras se aflojaba la
corbata. Takasato inclinó la cabeza profundamente.
—Lamento muchísimo ser una carga para usted…
—¿No
te había dicho que no te disculparas todo el tiempo? —Hirose forzó una
sonrisa—. La conmoción se esfumará pronto, ya que son muy volubles. Puede que
sea un inconveniente por los próximos dos o tres días, pero piénsalo como un
desastre natural y sopórtalo.
Takasato asintió humildemente.
—Está bien —dijo.
Hirose se volvió intrigado, pero vio
una extrema calma en su rostro.
—Creí que algo había pasado, porque
justo antes del mediodía muchas personas se reunieron afuera. Cada vez que
agarraban a alguien que vive por aquí le preguntaban acerca del maestro… No
quería creer…
Hirose oyó su voz, aunque parecía tranquila.
—¿No querías creer que algo había pasado?
Takasato asintió.
—Bueno, ahora puedes ver que nada me
ha pasado. En la escuela, incluso aunque hubo un pequeño accidente, todo está
bien por allí. Además, mi entrenamiento terminó. Creo que tomaremos una pausa
—después de decir esto, Takasato relajó su expresión con alivio.
—¿Son esos periodistas?
—…Probablemente.
Takasato inclinó la cabeza profundamente.
—Estoy realmente muy, muy arrepentido.
Hirose suspiró, y luego sacó el periódico que Gotou le había dado.
—Tu situación es más difícil que la mía.
Habría sido fácil evitar que Takasato supiera eso, pero pensó que
no había necesidad de ello. Takasato necesitaba saber la verdad de lo que
estaba pasando.
Takasato recibió el diario y lo miró. Naturalmente una página
estaba dedicada al béisbol.
Takasato abrió el periódico. Después de dar vuelta a una página su
mano se detuvo.
Era un gran artículo acerca de una secundaria privada maldita. Los
incidentes relacionados con Iwaki y los siete que saltaron del edificio
ocupaban tres páginas de puro título. Probablemente porque sentían que no había
punto alguno en ocultarlo, el nombre de la escuela estaba impreso claramente en
el interior. Estaba escrito en el diario que entre los dos accidentes se
produjo otro: los inquietos estudiantes habían empujado a un compañero por la
ventana, y el nombre entero de la víctima, Takasato, estaba impreso.
El informe del periódico criticó a la escuela por
tratar de ocultar el incidente de un estudiante al ser empujado hacia fuera de
la ventana, y analizando cuidadosamente la situación que lo rodeaba. En el
supuesto del artículo, describía con detalle la experiencia de Takasato y su desaparición
misteriosa, la exclusión por parte de sus compañeros, y también el rumor
general de que podía maldecir a los otros.
El artículo también mencionaba el pasado de los accidentes que
habían ocurrido, incluyendo la muerte de un estudiante en un viaje de campo la
pasada primavera, una serie de graves accidentes que ocurrieron en torno a
Takasato cuando estaba en primaria y en el primer ciclo de secundaria. El
informe enumeraba meticulosamente y concluía con la especulación de que todo
estaba relacionado con él.
Con una expresión rígida, Takasato dobló el periódico. No parecía
tan preocupado como Hirose originalmente pensó que estaría.
—Takasato.
—Está bien —murmuró mientras su
mirada permanecía en el suelo—. Estoy bien.
Hirose entendió la connotación de hacer
hincapié en el tema. Pero ¿realmente estaría bien? Aquellos que habían
informado eso, los que habían dado la información, y los que recolectaron la
información.
Takasato miró a Hirose.
—Me voy a casa.
Hirose sacudió la cabeza. Podía imaginarse como la madre se
comportaría después de leer el artículo.
—Si lo estás haciendo por respeto, no hay necesidad de ello
—después de decir eso, Hirose miró al teléfono—. Pero sería mejor si los
llamaras y les advirtieras de ser cuidadosos con aquellos que van por una
entrevista… aunque probablemente ellos ya estén allí. Además, sería bueno que
les dijeras que no revelen tu paradero.
Si supieran que Takasato estaba escondido allí, entonces aquellas
personas serían aún más persistentes. Podría traerle perjuicios a Hirose, pero
él no podía imaginarse qué le harían esas personas. Además, sabía aún menos,
qué clase de venganza adoptarían ellos en repuesta a estas acciones.
Takasato asintió y dijo:
—Por favor, permítame —y levantó el teléfono. Marcó su número y
esperó un momento. Mientras Hirose miraba, él colgó.
—¿No responden?
—No.
“Quizás”, supuso Hirose, “los
medios hubieran bombardeado el teléfono con llamadas, por lo que la madre
estaría ignorando firmemente el teléfono”. Eso fue lo que pensó.
No fue solo la casa de Takasato la que recibió atención especial.
Cuando llegó la tarde, el teléfono de la casa de Hirose no dejó de sonar. La
mayoría era para que Hirose confirmara que Takasato había sido empujado fuera
de la ventana. Unas pocas fueron de la escuela, insistiendo en que no dijera
nada. Cuando llegó la noche, la cinta del contestador automático también fue
interrumpida por él.
El día siguiente era domingo, y la
situación afuera no había cambiado. Debido a ello, solo podían malgastar el
tiempo adentro. El día anterior había dejado la habitación con una
determinación de vida o muerte para salir a comprar comestibles de la tienda,
así no tener que salir para comer. Hirose miró la tele o leyó un libro mientras
hablaba con Takasato.
Cuando salió de compras ayer, también trajo un cuaderno de bocetos
y unas acuarelas. Takasato se sentó junto a la ventana con las cortinas
cerradas y estuvo dibujando con un lápiz desde la mañana. A su lado estaba
abierto el álbum de fotos del Macizo Guayanés.
Lo que Takasato quería dibujar era el extenso escenario de la
extraña formación rocosa. Quería esbozar algo parecido a las fotos de
innumerables líneas, pero en algunas áreas los peñascos eran claramente
diferentes. Se veía desorientado una y otra vez mientras seguía borrando lo
esbozado. Como resultado, la superficie del papel se había vuelto difusa.
Hirose miró su dibujo mientras hablaba de cosas sin importancia.
Las respuestas de Takasato siempre eran cortas, pero no era que no le importara
Hirose. Hirose sentía como si le hablara a un perro o un gato, pero era bueno
que Takasato respondiera todas sus preguntas.
Cuando le habló de la fiesta de despedida que los estudiantes que
solían frecuentar el salón de química le prepararon, Takasato despegó la mirada
del dibujo y sonrió diciendo:
—Sería grandioso si lo contrataran.
—Sí —respondió Hirose. Takasato
conservó la sonrisa mientras sus ojos regresaban al dibujo. Los dos regresaron
a lo que estaban haciendo.
—Oh, es cierto —Hirose recordó lo que Sugisaki había dicho—: ¿Qué
crees que es ki?
Takasato levantó la mirada cuando se le preguntó eso, como si
estuviera un poco desconcertado.
—¿Qué?
Takasato sacudió la cabeza con una sonrisa.
—¿Qué es?
—No lo sé. Es algún tipo de historia de fantasmas que se volvió
popular últimamente —dijo Hirose, quien entonces luego procedió a contar la
historia que Sugisaki les había contado. Era una pequeña e inofensiva historia
de fantasmas, aunque pensó que era inusual que hubiera pensado en ella así—.
Hashigami dijo que podía ser un oni, pero alguien dijo que podía ser el
nombre de un animal.
La mirada de Takasato cayó como si pensara en algo.
—¿Es el nombre de algún tipo de animal? ¿O es el nombre de una
mascota que le dieron los amos, como Mike o Tarou?
—Mmm… —Hirose ladeó la cabeza—. No pregunté eso.
Takasato descansó el lápiz contra su mentón.
—¿Podría ser ki?
—¿Hmm?
—Un kirin[3] macho.
Hirose respondió con una pregunta:
—¿Kirin? ¿Con un cuello largo?
Takasato rio suavemente.
—Es una bestia de la leyenda china. No estoy seguro si ki
son los machos y rin las hembras, o viceversa, porque algunos libros lo
tienen de otra forma…
Hirose tomó el diccionario y buscó kirin.
—Kirin… Ah, según este, lo que dices está bien. Ki
son machos y rin son hembras. Aparecen antes de la llegada de un sabio.
¿Es como un unicornio chino?
—Solo tiene un cuerno. También se lo llaman kakutan[4].
—Ya veo. Tu memoria es impresionante.
—Por alguna razón… —Takasato sonrió forzadamente.
—Entonces, ¿qué es Haku? ¿Sabes?
—¿Haku?
—Eso es todo lo que él sabía, Haku algo.
Takasato lo pensó por un momento, y luego murmuró:
—Haku Sanshi…
—¿Haku Sanshi?
—Haku… San… shi —Takasato escribió los caracteres de ello en un
espacio en blanco del papel, y luego su mano se detuvo.
—¿Qué pasa? —preguntó Hirose.
Takasato sacudió la cabeza. Algo lo estaba
haciendo sentir inseguro.
—¿Qué es Haku Sanshi? —Hirose lo buscó en el diccionario, pero no
lo encontró.
—No lo sé.
Hirose miró a Takasato con sorpresa.
—¿No lo sabes?
—Yo… no estoy seguro. Las palabras llegaron a mi mente…
Takasato parecía bastante confundido.
—…es raro, pero últimamente siento como si estuviera a punto de
recordar algo…
—¿De ese tiempo?
—Eso creo.
Habían pasado siete años desde que Takasato había regresado. Por
siete años, Takasato no había podido recordar esas memorias.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes de caer por la ventana, cuando quisieron que me
inclinara y me disculpara.
Hirose lo recordó. Fue la primera vez que vio a Takasato mostrando
una expresión firme. “¡No!”, había gritado.
—No sé por qué, pero sentí que era algo que no podía hacer.
Hirose vio como Takasato se conmovía.
—Dije que no podía hacerlo. De hecho, antes de eso, pensé que si
me disculpaba todo podría estar bien, entonces lo hice, pero en el momento en
el que me vi forzado a agacharme contra el suelo, se sintió como que era algo
que simplemente no podía hacer.
—Takasato, eso… Todos tienen algo llamado dignidad, y las personas
son criaturas que entienden la desgracia —Takasato interrumpió firmemente a
Hirose.
—No, no era vergüenza ni arrepentimiento. Era una incapacidad de
poder hacerlo. En mi corazón pensaba que no había manera de arrodillarme y
pedir perdón.
Takasato se detuvo ahí. Parecía que
había cerrado su boca porque estaba algo avergonzado por haber revelado algo
profundo que sentía.
—¿Es así? En ese momento, me pareció que estabas atónito.
Takasato asintió.
—En ese momento en el que pensé una cosa así, casi me acordé de
alguien. Esa línea de pensamiento arrebató mi atención…
—¿Quién era?
—No lo sé. Se sintió como una sombra. Sabía que era una persona,
pero no sabía qué clase de persona era… —Takasato suspiró—. Y luego, cuando
miré el álbum del Macizo Guayanés, las imágenes me dieron la sensación de ya
haberlas visto antes… Como Houzan.
—¿Houzan?
—Yogomi, Artemisa princeps, Mt. Hou[5].
Esas palabras simplemente aparecieron en mi mente, pero no sé qué son.
Hirose caminó hasta el estante y sacó un mapa. ¿Existía tal
montaña? ¿Estaba en Japón o en algún otro lugar? Pero después de buscarlo un
rato no encontró una montaña con ese nombre.
La mirada de Hirose cayó sobre el cuaderno de bocetos. La extraña
vista que él había dibujado con innumerables trazos, que era Mt. Hou, un lugar
que guardaba relación con el año perdido de Takasato.
Fue entonces cuando la campana que se suponía había dejado de
sonar sonó una vez más.
Hirose miró hacia la cocina por un
momento y luego apartó la vista. El sonar de la campana continuó y con ello,
Hirose oyó que lo llamaban.
—¡Maestro!
Hirose se incorporó.
—¡Maestro Hirose!
Se oía como un alumno llamándolo, y además de su voz, podía oír la
de otros, como si conversaran con la persona que había hecho sonar la campana.
Hirose se paró, caminó al vestíbulo de entrada y abrió
cautelosamente la puerta.
—Oh, así que está en casa —el que estaba hablando era Sakata, y
detrás de él había un puñado de hombres ansiosos que comenzaron a hacerle
preguntas. Hirose quitó la cadena y abrió la puerta.
—Entra —instó Hirose, y sin siquiera mirar a las personas de
afuera, cerró inmediatamente la puerta.
—Sorprendente, ¿no? —dijo Sakata mientras se quitaba los zapatos.
Su tono conllevaba cierta emoción.
—Si sientes tanta envidia puedes unirte. Así que, ¿qué pasa?
—preguntó Hirose mientras entraba en la habitación.
—Solo me preguntaba dónde estaría Takasato. Fui a su casa y…
—Sakata se detuvo cuando vio a la persona en cuestión dentro de la habitación y
no pudo evitar abrir la boca por el asombro. Takasato asintió ligeramente la
cabeza.
—Ta… —Sakata estaba a punto de decir el nombre de Takasato cuando
Hirose lo detuvo. Sakata se quedó desconcertado. Hirose miró hacia la puerta.
Hirose cerró la puerta de cristal.
—Perdón, pero ¿podría mantener el hecho de que él se encuentra
aquí como un secreto?
—No hay problema, pero ¿por qué está Takasato aquí?
—Es una larga historia. Le pedí a sus padres que me permitieran
cuidarlo por ahora.
—¿Oh?
Sakata miró a Takasato. Las manos de este descansaban sobre la
portada de un álbum cerrado que veía con la cabeza gacha.
Sakata se sentó junto a él.
—Takasato,
no has ido a la escuela en algún tiempo… Estaba tan preocupado.
Takasato miró el rostro de Sakata, carente de expresión alguna, y
no respondió.
—Llamé a tu casa. Incluso fui personalmente, pero no había nadie.
Las persianas de tormenta también estaban cerradas. Pensé para mis adentros,
¿dónde podría estar?
Takasato no dijo nada en absoluto, simplemente frunció un poco el
ceño. Sakata no prestó mucha atención a su reacción.
—Ah, Takasato, no sé si sabes quién soy yo. Nunca hemos estado en
la misma clase.
—No lo sé —fue una respuesta extremadamente corta.
—Ya me parecía que no sabrías. Soy Sakata. Siempre he querido
conocerte y hablarte. Takasato, las
cosas que están sucediendo ahora, deben ser difíciles para ti, ¿no? Aunque yo
estoy a tu lado.
Sakata abrió la boca y comenzó a hablar incesantemente. Takasato
difícilmente respondía. No era sino hasta que Sakata le hacía una pregunta
directa que él le daba una breve respuesta, aunque cuando no había preguntas,
permanecía en silencio. A lo largo de la conversación se limitó a mirar a
Sakata, inexpresivo.
Hirose tenía un extraño presentimiento. El rostro de Takasato se
veía ahora como se vio cuando lo conoció por primera vez. Era como si la
sonrisa y la conversación con Takasato nunca hubiera ocurrido.
“¿…quién dijo que Takasato carecía de emociones?”.
Hirose laminó complicados pensamientos mientras miraba el perfil
estático de Takasato. ¿Era casi como había transcurrido su vida? Sin decir
nada, mirando a la nada. Y, aun así, nadie entendía a Takasato, nadie le
prestaba atención. Considerando estas dos, ¿cuál era la causa y cuál el efecto?
¿Se había aislado del mundo, o el mundo lo había aislado?
—En cuanto a Iwaki, bueno, sembramos lo que cosechamos —continuó
Sakata sin detenerse—. Fue por haberte golpeado. Eso estuvo más allá de la
línea. ¿Y qué había dicho? “Si tienes el valor para maldecirme, ¡hazlo!”.
Nunca debió dudar de ti. Y como resultado, lo que le pasó fue lamentable, pero
en realidad, se lo buscó él mismo.
—¿De verdad? —preguntó Takasato calmadamente, aunque su
temperamento estaba resuelto.
—¡Eso es lo que estoy diciendo! Aquellos que prueben las
habilidades de Takasato están mal.
—No había razón por la cual Iwaki debería haber muerto. Sin
importar qué clase de persona era, eso no debió pasarle a nadie.
Sakata
estaba un poco sorprendido por la intensidad de Takasato. Después de parpadear
un rato, forzó una sonrisa rápidamente.
—Bueno, cada uno de nosotros tiene un tiempo de
vida. Iwaki murió porque estaba al final de la suya, así que no tienes que culparte
a ti mismo.
Takasato bajó la cabeza y no respondió.
Sakata no tomó las palabras a pecho, e inmediatamente continuó con
lo suyo. El contenido de su discurso incluía mayormente hablar de cómo los
demás eran tontos y desinteresados. Era debido a que eran tontos que cuando
veían a alguien de una inteligencia inusual lo marcaban como hereje. Y los que
menospreciaban a los herejes no sabían en realidad que eran sus existencias las
que debían ser desdeñadas. Sakata repitió discursos como ese una y otra vez.
A Hirose lo invadió un malestar y
una inquietud difícil de describir. No tenía manera de saber qué era lo que
pasaba por la cabeza de Sakata. Las reiteradas expresiones de la filosofía de
Sakata, que parecían estar bien, pero eran en realidad incorrectas, hicieron
sentir a Hirose inevitablemente infeliz. Al mismo tiempo, sintió una enorme
molestia. Sintió como si pudiera ver a habitación vacía de colores y de bloques
transparentes, y los que rodeaban a Sakata se desmoronaban lentamente.
Después de mucho tiempo, no parecía que Sakata fuera a cerrar la
boca. Basado en sus propias experiencias, debatiría hasta el fin del mundo la
estupidez de la humanidad.
Hirose, ya inestable, trató de ser indirecto en su insistencia
para que Sakata se fuera, pero Sakata no captaba en absoluto las intenciones de
Hirose… o quizás solo pretendía no escucharlas. Cuando el color del crepúsculo
era claro en el exterior, Hirose finalmente decidió usar palabras más firmes.
—Sakata, vamos a cenar pronto.
Sakata sonrió y dijo:
—¿Oh? Ustedes sí que comen temprano.
—No solemos cocinar, así que vamos a necesitar más tiempo para
prepararla. Así que…
—Ah, no se preocupen por mí. Hagan lo suyo. Yo ceno tarde.
Hirose suspiró.
—Eso no está bien. No podríamos estar a gusto si tu tan solo nos
vieras comer.
—Bueno, entonces, cuando ustedes coman, yo esperaré afuera.
—Si haces eso entonces será tarde para cuando tengas que ir a tu
casa.
—Está bien, no me importa pasar aquí la noche. Mis padres no
tendrán problema con ello.
Hirose suspiró nuevamente.
—No tengo un futón extra, y la habitación es muy chica.
—Estaré bien si me quedo en la cocina. No importarme donde duermo
es mi especialidad —rio Sakata.
Conteniendo su enojo, dijo:
—Lo siento, pero ¿podrías ir a tu casa?
Por un segundo Sakata dejó de
sonreír. Miraba extrañado a Hirose.
—¿Estoy estorbando?
La reacción automática de Hirose era decir no, pero
sorpresivamente la reprimió.
—…las cosas están hechas un desastre en este momento.
—Oh, entiendo —dijo Sakata fríamente. Entonces se paró y saludó,
levantando la mano a Takasato—. Bueno, me iré, aunque es una lástima. Volveré
para ver cómo estás.
Hirose suspiró profundamente.
—Sakata, por favor, no vuelvas aquí. Conoces la situación de aquí
afuera.
Por un momento pareció que Sakata
estaba a punto de decir algo, pero simplemente murmuró mmm. Se apresuró
en darse vuelta y caminó al vestíbulo de entrada. Después de dirigirle a Hirose
una mirada siniestra, se fue. Hirose exhaló un profundo respiro al cerrar la
puerta.
Cuando Hirose regresó a la habitación, solo vio a Takasato que lo
miraba con asombro. Hirose sonrió con ironía.
—Lo siento, no podía aguantarlo más.
Takasato sonrió suavemente.
—Yo tampoco.
—Hay todo tipo de persona en este mundo —suspiró Hirose con
incertidumbre mientras se apoyaba contra la estantería.
Takasato asintió.
—Los hay, ¿no es así?
Las personas como Sakata deprimían a Hirose. En tiempos como ese,
tenía un profundo deseo de volver a ese otro lugar.
—Creo que me he convertido en un ermitaño.
Sin entender, Takasato ladeó la cabeza mientras lo miraba.
—Probablemente fue en la secundaria. Tenía un sueño… el de huir a
alguna montaña y esconderme. Cultivar una pequeña porción de tierra y vivir una
vida autosuficiente.
Takasato rio.
—Sé a lo que se refiere.
Hirose sonrió secamente.
—Pero incluso si es profundo en las montañas, aún
tendría que comprar las tierras. E incluso si tuviera un campo, no significa
necesariamente que habría cosecha para todo el año. Pensé que aun así sería
mejor ahorrar algo de dinero primero. Tenía que unirme a la sociedad, trabajar
duro, y ahorrar dinero suficiente. Pero entonces, esa meta era tan grande y
estaba tan lejos, así que al final, la abandoné.
—Debería ir al sur.
—¿Al sur?
—Un lugar que es cálido todo el año. No en las montañas de Japón,
sino en algún lugar dentro de las selvas tropicales. Tiene que ser un lugar en
donde pueda encontrar comida en todas partes.
Hirose se sorprendió.
—Los náufragos describen en las novelas que todos terminan en
alguna isla del sur, porque si terminaran en alguna isla del norte, no habría
historia que contar.
—Tiene razón.
Takasato rio suavemente, y luego miró el álbum de
fotos en sus manos.
—Creo que Venezuela estaría bastante bien.
—¿Auyantepui[6]?
—Hay un anciano llamado Laime viviendo en la base de la montaña
Auyantepui, la cual es parte del Macizo Guayanés. Es un hombre blanco de
Letonia. Vive una vida simple de auto abastecimiento allí y lo llaman el
ermitaño.
—Roraima.
—¿Roraima? Debería instalarse del otro lado del anciano Laime y
convertirse en el Ermitaño de Roraima.
Eso estaría más allá de la imaginación. Establecerse donde se
sintiera como en un denso bosque significaba que no tendría que lidiar con los
juicios de los demás. Hacer un espacio en la selva y plantar unas bananas para
vivir podría ser bastante bueno.
—Aunque, si realmente tuviera que
elegir, me gustaría vivir en la cima…
—Es fácil decir, pero realmente es frío en la cima de la montaña,
porque la elevación está cerca de los tres mil metros. No creo que sea adecuado
para el cultivo allá arriba.
—El cultivo puede que sea un problema, pero algo podría hacerse
respecto al frío, ya que la luz del sol es tan intensa.
—¿Qué es lo que piensas acerca de recolectar cristales en el Valle
de los Cristales y venderlos?
Takasato sonrió.
—No, no lo toleraría y, además, el primero problema sería tener
que bajar la montaña para vender los cristales. Los acantilados son de
ochocientos metros de altura, ¿sabe?
—Entonces, ¿qué hay de esto? El Laberinto de Rocas sigue sin ser
explorado, ¿verdad? Podemos encontrar a alguien que nos apadrine con la
condición de que hagamos un mapa detallado del laberinto. Entonces tendríamos
mucho tiempo libre. Es como matar dos pájaros de un solo tiro.
—…eso suena bien.
—Eso es lo que estoy diciendo —Hirose se rio tranquilamente con
Takasato por un rato.
—Aunque ¿cómo haríamos el mapa? Puede, incluso, que nos perdamos
antes del tercer día.
—Creo que tendríamos que construir una pequeña choza afuera del
laberinto y luego midiéndolo, comenzamos con el exterior y entrando lentamente.
—Tiene aproximadamente tres kilómetros de largo y más de miles de
kilómetros y medio de ancho.
—Podríamos mover la pequeña choza mientras exploramos. Las rocas
en el laberinto son realmente grandes, ¿no es así? No puedo decir cuán grande
son con solo ver las fotografías, pero probablemente sean tan grandes como
edificios. Además, las rocas han sido erosionadas hasta adoptar formas
inusuales. Apuesto a que, si solo miramos, podríamos encontrar rocas con las
que podríamos hacernos casas, justo como las de Capadocia[7].
La famosa región de Turquía con los peñascos de formas extrañas y
las ciudades subterráneas era también uno de los lugares a los que Hirose
deseaba ir.
—Podríamos nombrar las rocas mientras exploramos, tal y como las
personas nombraron las estrellas.
Takasato sonrió.
—¿Necesitaríamos llevar una brújula?
—Sí, brújula y soga. Probablemente también encontremos un uso para
la tiza.
—Pero llueve mucho allí, y se cubre con la niebla por largos
períodos de tiempo.
—Entonces paraguas y botas son una necesidad.
Takasato rio ligeramente.
—¿Un paraguas?
—Sí, el relámpago es realmente aterrador, así que no puedes llevar
uno con estructura metálica. Con un paraguas en la mano y la soga en la otra,
es como un cuento de hadas, ¿verdad?
—Un paraguas rojo estaría mejor.
—¿Rojo? —preguntó Hirose, y Takasato asintió y rio.
—Rojo. Los colores de las rocas son tan oscuros, así que tendremos
que usar un paraguas rojo. Una densa neblina en medio de un laberinto de rocas
del tamaño de edificios, y luego, agréguele un paraguas rojo, ¿no es aún más un
cuento de hadas?
Hirose rio.
—Entonces llevaré uno amarillo.
Hirose y Takasato comieron y rieron juntos mientras sacaban ideas
graciosas. Para la noche, ya habían elaborado completamente los planes para una
vida de reclusión.
Ella abrió la ventana.
Era una ventana en el tercer piso, y asomándose por ella podía ver
muy claramente los edificios de la escuela, que juntos se veían como un gran
barco negro. La razón por la que pensó que se veía como un barco era porque le
recordaba a un petrolero que había visto en un viaje de estudio cuando estaba
en la escuela primaria.
No sabía por qué, pero le había tenido miedo. Del mismo modo, ver
los edificios de la escuela durante la noche era un poco aterrador. Mucho había
pasado recientemente, rumores inquietantes rondaban por la escuela secundaria,
pero incluso antes de los rumores, ella había tenido miedo de la escuela… de
los edificios de la escuela.
Ella sabía que, del otro lado de la ventana, se podía ver el
edificio principal que albergaba las salas del cuerpo docente. En ese momento,
las ventanas de la escuela estaban con las persianas cerradas, pero cuando las
persianas no estaban cerradas, podía incluso distinguir los colores de las
tazas de té sobre la mesa junto a la ventana.
Allá arriba podía ver el edificio de
clases del cual algunos se habían suicidado saltando, y junto a ese estaba el
edificio de clases especiales. Asomándose por debajo de la sombra de ese
edificio estaba otro.
Ella se inclinó junto a la ventana y observó los atemorizantes
edificios por un rato. Incluso a pesar de encontrarlos atemorizantes y
desagradables, por alguna razón, si no los veía por un momento antes de irse a
dormir, no podría descansar. Ella sentía que era la necesidad de asegurarse de
estar completamente segura de que no era algo de que estar atemorizada, era
simplemente una escuela envuelta por la noche.
Descansó su mentón sobre sus manos y su línea de visión arrasó los
edificios.
Repentinamente levantó la frente y se asomó por la ventana con las
manos apoyadas en el alféizar.
Parece que había algo moviéndose en los edificios de la escuela.
No podía decir qué era porque estaba demasiado lejos. Abrió el cajón del
escritorio y sacó un par de binoculares que compró cuando se unió al club de
observación de aves.
Mirando a través de los binoculares vio la figura de una persona.
Según las chicas de su escuela, los
estudiantes de esta era sus objetos de anhelo. Por un tiempo, había sido
popular entre las chicas más valientes entrar a hurtadillas en esa escuela por
la noche y deslizar cartas de amor en los casilleros de los chicos de quienes
estaban enamoradas. El establecimiento de esta actividad fue posible ya que el
edificio de clases estaba frecuentemente en uso. Los estudiantes ocasionalmente
olvidaban cerrar las ventanas del primer piso. Sin embargo, había algunas
chicas poco afortunadas que habían sido capturadas por el guardia de seguridad,
por lo que eventualmente eso se detuvo.
La razón por la que pensó en ello fue porque la figura era de una
mujer. Ella se preguntaba: ¿podría ser que alguien continuara haciendo eso?
Inmediatamente pensó en el otro rumor que se había difundido por su escuela.
Sus manos temblaron al sostener los binoculares. La mujer estaba
deambulando del otro lado de la ventana. Descubrió a través de los binoculares
que la ventana daba a un pasillo.
Se estremeció mientras dejaba los binoculares. En un tiempo tan
corto, no había sido capaz de inspeccionar la escena por completo. Regresó la
mirada inmediatamente, por ahora veía algo moverse en el techo del edificio de
clases. Eso la atrajo, y levantó los binoculares para inspeccionar el techo.
Había un animal en el techo que parecía un perro. ¿Cómo podía
haber un perro en el techo de la escuela? El techo había sido el funesto
escenario del incidente que envolvía a siete estudiantes que habían saltado a
sus muertes. Que ese perro estuviera vagando por allí estaba más allá de la
lógica y la inquietaba.
Con los binoculares, barrió el campo
de visión sobre la escuela. Por alguna razón sentía que si no veía la escuela
entera una vez no sería capaz de calmarse. Observó a través de los binoculares
a un lado y vislumbró el edificio de aulas especiales. Vio una sombra oscura en
el segundo piso, una sombra que parecía pertenecer a una enorme vaca negra.
Mirando más al lado pudo ver las ventanas del edificio de clases. En ese momento
le pareció ver algo que se arrastraba por las paredes. Se veía como una
sanguijuela de un rojo oscuro con un cuerpo tan largo como alta era la ventana.
La criatura se arrastraba por debajo como una babosa. Al mirar por arriba de
ella, pasó a ser consciente de que unas pocas sanguijuelas ocupaban el borden
del techo, y mirando abajo, vio varias de ellas revolcándose en la base del
edificio.
En el patio parecía haber enanos negros caminando. Volviendo al
área de deportes, vio amebas gigantes que se aferraban a la tierra.
“¿Qué son esas cosas?”. Ella bajó
los binoculares. “¿Qué demonios está pasando en esa escuela?”.
Justo cuando estaba a punto de cerrar la ventana por el miedo,
notó repentinamente el brillo de una estrella fugaz. Persiguió la luz con los ojos
y se dio cuenta de que no era para nada una estrella fugaz. Aturdida, su
quijada cayó.
Era una bestia parecida a un ciervo. Lo que no era parecido a un
ciervo era su cuerpo, que brillaba tenuemente. Sin saber desde dónde había
volado, lo vio aterrizar suavemente sobre el techo del edificio de clases. Ya
lo suficientemente desconcertada, no estaba asustada. Por el contrario, toda la
incomodidad que sintió anteriormente había desaparecido.
La bestia
desapareció muy rápidamente, pero no antes de llenarla con una calma
excepcional mientras ella cerraba lentamente la ventana.

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