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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

lunes, 17 de julio de 2023

El Niño Demoníaco - Capítulo 8

 


CAPÍTULO 8

 

 

 

Para Hirose, el día siguiente, un sábado, era el último día de su formación docente. Después de que la reunión de la mañana en la oficina terminara regresó al salón de química, y un poco más tarde, Gotou también estuvo de regreso.

—Siete accidentes, ocho enfermedades fingidas —dijo Gotou suavemente, aunque eso fuera suficiente.

Al entrar a clase Hirose vio, incluyendo a Tsuiki y Gotanda, solo cinco estudiantes esperando adentro. Después de estar dos semanas a cargo de esa clase, esa era la escena de despedida.

  

 

La reunión acerca del plan de estudio estaba originalmente prevista para la tarde, pero fue postergada para el día siguiente.

Después del cuarto período de clase de ese día fue llevado a cabo, cuando Hirose regresó al salón de química, Gotou le preparó algo de café. Solo ellos dos, él y Gotou, chocaron los vasos y brindaron un poco.

La etapa de entrenamiento de Hirose ya había acabado.

—Señor Gotou —lo llamó Hirose mientras organizaba el escritorio—. Después, ¿estaría bien si me aparezco por acá de vez en cuando?

Gotou estaba parado frente al caballete. Hirose no sabían cuándo dejó de poner el pincel sobre la tela.

—No dudes en venir, o estarás despierto toda la noche.

—Está bien.

Gotou sonrió mientras se limpiaba las manos.

—Voy a una reunión. No sé si voy a estar de regreso de esta forma, solo para que sepas.

Hirose miró a Gotou al rostro.

—Me alegro de que hayas venido. Creo que fue bueno para Takasato. Cuida de ese chico.

Hirose asintió suavemente.

  

 

Después de terminar de escribir en su libreta de entrenamiento y de haberla revisado, la cerró. La libreta de entrenamiento estaba completamente llena, lo que lo hacía un poco raro. Ocho estudiantes murieron durante su período de entrenamiento.

Sintiendo una extraña sensación en el pecho, puso las manos sobre la libreta y miró al vacío. Justo entonces, tres estudiantes, entre los cuales estaba Hashigami, entraron repentinamente con voz alegre.

—¡Ah, todavía está aquí!

—¡Eso es genial!

No vio a Sakata o Tsuiki.

—¿Qué sucede? —preguntó Hirose. Los tres sacaron bolsas de comestibles de sus mochilas.

—Una despedida.

—Vamos a tener una fiesta de despedida.

Una vez dicho esto, rápidamente empezaron a limpiar las mesas y pusieron bebidas y cosas así. En poco tiempo, habían arreglado un poco de espacio.

—Maestro, ¿volverá? —preguntó Nozue.

—Si tienen alguna función para mí —respondió Hirose. Nozue frunció el ceño.

—Nuestra escuela casi nunca solicita a los recién formados.

—Sí, bueno, si no están solicitando, probablemente todavía pueda tomar los exámenes de empleo. Yo creo que usted los pasaría.

—Eso apesta.

Una sonrisa burlona apareció en el rostro de Hashigami.

—Bueno, primero, se tiene que graduar, ¿verdad? ¿Qué pasa si tiene que rehacer el año? Si eso pasa, entonces el siguiente año yo sería su kouhai[1].

—Eso solo si pasas —bromeó Nozue, quien después rio más bajo.

Hashigami levantó ligeramente la copa.

—Bueno, sin importar qué, apreciamos todo. Felicitaciones por terminar en período de entrenamiento a salvo.

Después de que Hirose riera secamente, Nozue dijo:

—Pero ¿realmente podemos decir que era seguro? ¿No estaba el entrenamiento lleno de altas y bajas? Se convirtió en el tema de conversación. Incluso Iwaki…

En medio de la frase, Nozue cerró rápidamente la boca, pero ya había bajado el estado de ánimo. Hashigami sonrió con ironía y dijo:

—Eh, evitemos ese tema.

—¡Cierto, cierto! —gritó Sugisaki.

—Oh, sí, tengo algo sin relación alguna. Hashigami, escuché que apareció ayer.

Nozue puso mala cara.

—¿Otra vez con esos rumores?

—No, es del fantasma de la mujer que buscaba el ki, del que Hashigami había comentado antes.

La mandíbula de Hashigami cayó.

—¿Apareció? ¿Dónde?

—En nuestra escuela. A la tarde, creo.

—¿De verdad?

Sugisaki asintió vigorosamente.

—Escuché que el que la vio fue uno de tercer año. Encontró a la mujer en el vestíbulo de entrada, que le preguntó: “¿Conoces el ki?”. Después, le preguntó si conocía a Haku o algo así.

—¿Haku qué?

Sugisaki se rascó la cabeza.

—Uh… me olvidé. Uno en el club de arte lo oyó de un senpai[2] —Sugisaki se inclinó hacia delante—. Pero oí que ki es el nombre de un animal. No es un oni.

Hashigami sonrió.

—¿Estás seguro de que no es alguien buscando un perro o algo así y que lo vino a buscar a la escuela?

Sugisaki frunció el ceño.

—¡No! Dicen que desapareció frente a los ojos del de tercer año.

—El de tercer año, ¿eh? ¿Quién es?

—Eso… no lo pregunté.

—¿Seguro de que no lo inventó?

—¡Te estoy diciendo que no! —justo cuando Sugisaki se estaba alterando, escucharon pasos apresurados fuera y la puerta se abrió. Era Gotou.

Justo cuando entró en la habitación, Gotou abrió la boca para hablar, pero al ver a los tres estudiantes allí, vaciló y la cerró.

—Hirose —lo llamó con gestos para que fuera al pasillo. Después de que Hirose saliera, Gotou cerró la puerta y bajó la voz—. Hirose, debes ir a casa.

Hirose abrió más los ojos.

—¿Señor Gotou?

—Ve a casa. El maestro Totoki te llevará.

—¿Qué pasó?

Gotou estaba claramente consternado.

—La sección deportiva.

—Señor Gotou.

Gotou le alcanzó el diario a Hirose, y habló en voz aún más baja.

—Es Takasato. Lo han expuesto. Y, lo que es más, esos imbéciles pusieron su verdadero nombre.

Hirose se quedó boquiabierto por el asombro, y luego cerró los ojos.

Sentía una ansiedad que no tenía lugar en su cuerpo.

“Esto da miedo”, pensó Hirose.

“Después de que se hayan esparcido los rumores acerca de Takasato, ¿qué clase de reacción tendrá la gente? …Además, ¿qué clase de cosas pasarán como resultado de las reacciones?”.

  

 

Después de que Totoki lo llevara de regreso a su casa, Hirose vio a tres hombres reunidos en el pasillo frente a su casa. Hirose caminó por el pasillo, diseñado como galería, y los tres hombres se giraron hacia él con miradas inquisitivas. Uno de ellos habló.

—¿Es usted la persona que vive aquí?

Hirose no respondió.

—¿Es usted por casualidad el maestro estudiante Hirose?

—Usted es Hirose, ¿no es cierto? Oiga, ¿podríamos hacerle un par de preguntas?

Hirose sacó las llaves en silencio. Ignorando a los hombres que se le acercaban y dirigiéndose a su casa, uno de ellos habló.

—Durante el accidente donde el estudiante llamado Takasato fue empujado, usted estaba cerca, ¿no es así? ¡Cuéntenos sobre eso!

Hirose empujó gentilmente al hombre de pie frente a él que le bloqueaba el paso.

—Por favor, hágase a un lado.

—Takasato fue el empujado hacia afuera, ¿no es así?

—Por favor, haga espacio.

—Solo será un minuto, ¿así que no piensa hablarnos? Si lo insiste no pondremos su nombre.

Hirose sacudió con fuerza la mano que le agarraba el brazo e insertó la llave en la cerradura. Abrió la puerta un poco y se deslizó hacia adentro, pero alguien lo había tomado por el brazo. Oyó el intermitente ruido del obturador de la cámara al sacar una foto.

—Alguien dijo que el joven Takasato maldice a las personas, ¿eso es cierto?

—¿Qué es lo que piensa del suicidio colectivo en relación a la maldición del joven Takasato?

—Solo necesitamos un minuto. Por favor, hable con nosotros.

—¿Sabe que no hay nadie en la casa de Takasato? ¿Sabe usted dónde está él?

Hirose colocó tanto las palabras como a los brazos que lo perseguían en el fondo de su mente, y entró a su casa. Tomó las manos de aquellos que estaban parados afuera, sosteniendo la puerta, tratando de abrirla de cualquier forma, y las empujó afuera, y entonces azotó la puerta. El sonido de las palmas llamando a la puerta continuó justo después. Giró dos seguros y aseguró la cadena. Entonces se apoyó contra la puerta y suspiró suavemente.

“No parece que sepan que Takasato está aquí”. Esto era algo digno por lo que sentirse feliz, aunque probablemente no pasaría mucho antes de que fuera divulgado. Él sabía que esas criaturas eran capaces de ellos. Sin embargo, era peligroso. Takasato era más peligros que cualquier víctima con la cual hubieran tenido que lidiar hasta ahora.

—¿Takasato?

Abrió la puerta de vidrio que daba a la habitación de seis tatamis y vio a Takasato encogido en una esquina como si huyera de algo. Esto le provocó un pequeño shock, ya que su postura lo hacía ver como un pequeño animal asustado.

Cuando Takasato oyó la puerta de vidrio abrirse, miró hacia él y pareció aliviarse, luego miró abajo disculpándose. Hirose se encogió y luego sacó una pequeña sonrisa.

—¿Tuviste que pasar a través de ellos? —preguntó Hirose.

Takasato sacudió la cabeza.

—No salgas por un tiempo. No estarás libre, pero es mejor que estar rodeado por esos tipos —dijo Hirose suavemente mientras se aflojaba la corbata. Takasato inclinó la cabeza profundamente.

—Lamento muchísimo ser una carga para usted…

—¿No te había dicho que no te disculparas todo el tiempo? —Hirose forzó una sonrisa—. La conmoción se esfumará pronto, ya que son muy volubles. Puede que sea un inconveniente por los próximos dos o tres días, pero piénsalo como un desastre natural y sopórtalo.

Takasato asintió humildemente.

—Está bien —dijo.

Hirose se volvió intrigado, pero vio una extrema calma en su rostro.

—Creí que algo había pasado, porque justo antes del mediodía muchas personas se reunieron afuera. Cada vez que agarraban a alguien que vive por aquí le preguntaban acerca del maestro… No quería creer…

Hirose oyó su voz, aunque parecía tranquila.

—¿No querías creer que algo había pasado?

Takasato asintió.

—Bueno, ahora puedes ver que nada me ha pasado. En la escuela, incluso aunque hubo un pequeño accidente, todo está bien por allí. Además, mi entrenamiento terminó. Creo que tomaremos una pausa —después de decir esto, Takasato relajó su expresión con alivio.

—¿Son esos periodistas?

—…Probablemente.

Takasato inclinó la cabeza profundamente.

—Estoy realmente muy, muy arrepentido.

Hirose suspiró, y luego sacó el periódico que Gotou le había dado.

—Tu situación es más difícil que la mía.

Habría sido fácil evitar que Takasato supiera eso, pero pensó que no había necesidad de ello. Takasato necesitaba saber la verdad de lo que estaba pasando.

Takasato recibió el diario y lo miró. Naturalmente una página estaba dedicada al béisbol.

Takasato abrió el periódico. Después de dar vuelta a una página su mano se detuvo.

Era un gran artículo acerca de una secundaria privada maldita. Los incidentes relacionados con Iwaki y los siete que saltaron del edificio ocupaban tres páginas de puro título. Probablemente porque sentían que no había punto alguno en ocultarlo, el nombre de la escuela estaba impreso claramente en el interior. Estaba escrito en el diario que entre los dos accidentes se produjo otro: los inquietos estudiantes habían empujado a un compañero por la ventana, y el nombre entero de la víctima, Takasato, estaba impreso.

El informe del periódico criticó a la escuela por tratar de ocultar el incidente de un estudiante al ser empujado hacia fuera de la ventana, y analizando cuidadosamente la situación que lo rodeaba. En el supuesto del artículo, describía con detalle la experiencia de Takasato y su desaparición misteriosa, la exclusión por parte de sus compañeros, y también el rumor general de que podía maldecir a los otros.

El artículo también mencionaba el pasado de los accidentes que habían ocurrido, incluyendo la muerte de un estudiante en un viaje de campo la pasada primavera, una serie de graves accidentes que ocurrieron en torno a Takasato cuando estaba en primaria y en el primer ciclo de secundaria. El informe enumeraba meticulosamente y concluía con la especulación de que todo estaba relacionado con él.

Con una expresión rígida, Takasato dobló el periódico. No parecía tan preocupado como Hirose originalmente pensó que estaría.

—Takasato.

—Está bien —murmuró mientras su mirada permanecía en el suelo—. Estoy bien.

Hirose entendió la connotación de hacer hincapié en el tema. Pero ¿realmente estaría bien? Aquellos que habían informado eso, los que habían dado la información, y los que recolectaron la información.

Takasato miró a Hirose.

—Me voy a casa.

Hirose sacudió la cabeza. Podía imaginarse como la madre se comportaría después de leer el artículo.

—Si lo estás haciendo por respeto, no hay necesidad de ello —después de decir eso, Hirose miró al teléfono—. Pero sería mejor si los llamaras y les advirtieras de ser cuidadosos con aquellos que van por una entrevista… aunque probablemente ellos ya estén allí. Además, sería bueno que les dijeras que no revelen tu paradero.

Si supieran que Takasato estaba escondido allí, entonces aquellas personas serían aún más persistentes. Podría traerle perjuicios a Hirose, pero él no podía imaginarse qué le harían esas personas. Además, sabía aún menos, qué clase de venganza adoptarían ellos en repuesta a estas acciones.

Takasato asintió y dijo:

—Por favor, permítame —y levantó el teléfono. Marcó su número y esperó un momento. Mientras Hirose miraba, él colgó.

—¿No responden?

—No.

“Quizás”, supuso Hirose, “los medios hubieran bombardeado el teléfono con llamadas, por lo que la madre estaría ignorando firmemente el teléfono”. Eso fue lo que pensó.

  

 

No fue solo la casa de Takasato la que recibió atención especial. Cuando llegó la tarde, el teléfono de la casa de Hirose no dejó de sonar. La mayoría era para que Hirose confirmara que Takasato había sido empujado fuera de la ventana. Unas pocas fueron de la escuela, insistiendo en que no dijera nada. Cuando llegó la noche, la cinta del contestador automático también fue interrumpida por él.

  

 

El día siguiente era domingo, y la situación afuera no había cambiado. Debido a ello, solo podían malgastar el tiempo adentro. El día anterior había dejado la habitación con una determinación de vida o muerte para salir a comprar comestibles de la tienda, así no tener que salir para comer. Hirose miró la tele o leyó un libro mientras hablaba con Takasato.

Cuando salió de compras ayer, también trajo un cuaderno de bocetos y unas acuarelas. Takasato se sentó junto a la ventana con las cortinas cerradas y estuvo dibujando con un lápiz desde la mañana. A su lado estaba abierto el álbum de fotos del Macizo Guayanés.

Lo que Takasato quería dibujar era el extenso escenario de la extraña formación rocosa. Quería esbozar algo parecido a las fotos de innumerables líneas, pero en algunas áreas los peñascos eran claramente diferentes. Se veía desorientado una y otra vez mientras seguía borrando lo esbozado. Como resultado, la superficie del papel se había vuelto difusa.

Hirose miró su dibujo mientras hablaba de cosas sin importancia. Las respuestas de Takasato siempre eran cortas, pero no era que no le importara Hirose. Hirose sentía como si le hablara a un perro o un gato, pero era bueno que Takasato respondiera todas sus preguntas.

Cuando le habló de la fiesta de despedida que los estudiantes que solían frecuentar el salón de química le prepararon, Takasato despegó la mirada del dibujo y sonrió diciendo:

—Sería grandioso si lo contrataran.

—Sí —respondió Hirose. Takasato conservó la sonrisa mientras sus ojos regresaban al dibujo. Los dos regresaron a lo que estaban haciendo.

—Oh, es cierto —Hirose recordó lo que Sugisaki había dicho—: ¿Qué crees que es ki?

Takasato levantó la mirada cuando se le preguntó eso, como si estuviera un poco desconcertado.

—¿Qué?

Takasato sacudió la cabeza con una sonrisa.

—¿Qué es?

—No lo sé. Es algún tipo de historia de fantasmas que se volvió popular últimamente —dijo Hirose, quien entonces luego procedió a contar la historia que Sugisaki les había contado. Era una pequeña e inofensiva historia de fantasmas, aunque pensó que era inusual que hubiera pensado en ella así—. Hashigami dijo que podía ser un oni, pero alguien dijo que podía ser el nombre de un animal.

La mirada de Takasato cayó como si pensara en algo.

—¿Es el nombre de algún tipo de animal? ¿O es el nombre de una mascota que le dieron los amos, como Mike o Tarou?

—Mmm… —Hirose ladeó la cabeza—. No pregunté eso.

Takasato descansó el lápiz contra su mentón.

—¿Podría ser ki?

—¿Hmm?

—Un kirin[3] macho.

Hirose respondió con una pregunta:

¿Kirin? ¿Con un cuello largo?

Takasato rio suavemente.

—Es una bestia de la leyenda china. No estoy seguro si ki son los machos y rin las hembras, o viceversa, porque algunos libros lo tienen de otra forma…

Hirose tomó el diccionario y buscó kirin.

Kirin… Ah, según este, lo que dices está bien. Ki son machos y rin son hembras. Aparecen antes de la llegada de un sabio. ¿Es como un unicornio chino?

—Solo tiene un cuerno. También se lo llaman kakutan[4].

—Ya veo. Tu memoria es impresionante.

—Por alguna razón… —Takasato sonrió forzadamente.

—Entonces, ¿qué es Haku? ¿Sabes?

—¿Haku?

—Eso es todo lo que él sabía, Haku algo.

Takasato lo pensó por un momento, y luego murmuró:

—Haku Sanshi…

—¿Haku Sanshi?

—Haku… San… shi —Takasato escribió los caracteres de ello en un espacio en blanco del papel, y luego su mano se detuvo.

—¿Qué pasa? —preguntó Hirose.

Takasato sacudió la cabeza. Algo lo estaba haciendo sentir inseguro.

—¿Qué es Haku Sanshi? —Hirose lo buscó en el diccionario, pero no lo encontró.

—No lo sé.

Hirose miró a Takasato con sorpresa.

—¿No lo sabes?

—Yo… no estoy seguro. Las palabras llegaron a mi mente…

Takasato parecía bastante confundido.

—…es raro, pero últimamente siento como si estuviera a punto de recordar algo…

—¿De ese tiempo?

—Eso creo.

Habían pasado siete años desde que Takasato había regresado. Por siete años, Takasato no había podido recordar esas memorias.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de caer por la ventana, cuando quisieron que me inclinara y me disculpara.

Hirose lo recordó. Fue la primera vez que vio a Takasato mostrando una expresión firme. “¡No!”, había gritado.

—No sé por qué, pero sentí que era algo que no podía hacer.

Hirose vio como Takasato se conmovía.

—Dije que no podía hacerlo. De hecho, antes de eso, pensé que si me disculpaba todo podría estar bien, entonces lo hice, pero en el momento en el que me vi forzado a agacharme contra el suelo, se sintió como que era algo que simplemente no podía hacer.

—Takasato, eso… Todos tienen algo llamado dignidad, y las personas son criaturas que entienden la desgracia —Takasato interrumpió firmemente a Hirose.

—No, no era vergüenza ni arrepentimiento. Era una incapacidad de poder hacerlo. En mi corazón pensaba que no había manera de arrodillarme y pedir perdón.

Takasato se detuvo ahí. Parecía que había cerrado su boca porque estaba algo avergonzado por haber revelado algo profundo que sentía.

—¿Es así? En ese momento, me pareció que estabas atónito.

Takasato asintió.

—En ese momento en el que pensé una cosa así, casi me acordé de alguien. Esa línea de pensamiento arrebató mi atención…

—¿Quién era?

—No lo sé. Se sintió como una sombra. Sabía que era una persona, pero no sabía qué clase de persona era… —Takasato suspiró—. Y luego, cuando miré el álbum del Macizo Guayanés, las imágenes me dieron la sensación de ya haberlas visto antes… Como Houzan.

—¿Houzan?

—Yogomi, Artemisa princeps, Mt. Hou[5]. Esas palabras simplemente aparecieron en mi mente, pero no sé qué son.

Hirose caminó hasta el estante y sacó un mapa. ¿Existía tal montaña? ¿Estaba en Japón o en algún otro lugar? Pero después de buscarlo un rato no encontró una montaña con ese nombre.

La mirada de Hirose cayó sobre el cuaderno de bocetos. La extraña vista que él había dibujado con innumerables trazos, que era Mt. Hou, un lugar que guardaba relación con el año perdido de Takasato.

  

 

Fue entonces cuando la campana que se suponía había dejado de sonar sonó una vez más.

Hirose miró hacia la cocina por un momento y luego apartó la vista. El sonar de la campana continuó y con ello, Hirose oyó que lo llamaban.

—¡Maestro!

Hirose se incorporó.

—¡Maestro Hirose!

Se oía como un alumno llamándolo, y además de su voz, podía oír la de otros, como si conversaran con la persona que había hecho sonar la campana.

Hirose se paró, caminó al vestíbulo de entrada y abrió cautelosamente la puerta.

—Oh, así que está en casa —el que estaba hablando era Sakata, y detrás de él había un puñado de hombres ansiosos que comenzaron a hacerle preguntas. Hirose quitó la cadena y abrió la puerta.

—Entra —instó Hirose, y sin siquiera mirar a las personas de afuera, cerró inmediatamente la puerta.

—Sorprendente, ¿no? —dijo Sakata mientras se quitaba los zapatos. Su tono conllevaba cierta emoción.

—Si sientes tanta envidia puedes unirte. Así que, ¿qué pasa? —preguntó Hirose mientras entraba en la habitación.

—Solo me preguntaba dónde estaría Takasato. Fui a su casa y… —Sakata se detuvo cuando vio a la persona en cuestión dentro de la habitación y no pudo evitar abrir la boca por el asombro. Takasato asintió ligeramente la cabeza.

—Ta… —Sakata estaba a punto de decir el nombre de Takasato cuando Hirose lo detuvo. Sakata se quedó desconcertado. Hirose miró hacia la puerta.

Hirose cerró la puerta de cristal.

—Perdón, pero ¿podría mantener el hecho de que él se encuentra aquí como un secreto?

—No hay problema, pero ¿por qué está Takasato aquí?

—Es una larga historia. Le pedí a sus padres que me permitieran cuidarlo por ahora.

—¿Oh?

Sakata miró a Takasato. Las manos de este descansaban sobre la portada de un álbum cerrado que veía con la cabeza gacha.

Sakata se sentó junto a él.

—Takasato, no has ido a la escuela en algún tiempo… Estaba tan preocupado.

Takasato miró el rostro de Sakata, carente de expresión alguna, y no respondió.

—Llamé a tu casa. Incluso fui personalmente, pero no había nadie. Las persianas de tormenta también estaban cerradas. Pensé para mis adentros, ¿dónde podría estar?

Takasato no dijo nada en absoluto, simplemente frunció un poco el ceño. Sakata no prestó mucha atención a su reacción.

—Ah, Takasato, no sé si sabes quién soy yo. Nunca hemos estado en la misma clase.

—No lo sé —fue una respuesta extremadamente corta.

—Ya me parecía que no sabrías. Soy Sakata. Siempre he querido conocerte y hablarte.  Takasato, las cosas que están sucediendo ahora, deben ser difíciles para ti, ¿no? Aunque yo estoy a tu lado.

Sakata abrió la boca y comenzó a hablar incesantemente. Takasato difícilmente respondía. No era sino hasta que Sakata le hacía una pregunta directa que él le daba una breve respuesta, aunque cuando no había preguntas, permanecía en silencio. A lo largo de la conversación se limitó a mirar a Sakata, inexpresivo.

Hirose tenía un extraño presentimiento. El rostro de Takasato se veía ahora como se vio cuando lo conoció por primera vez. Era como si la sonrisa y la conversación con Takasato nunca hubiera ocurrido.

“¿…quién dijo que Takasato carecía de emociones?”.

Hirose laminó complicados pensamientos mientras miraba el perfil estático de Takasato. ¿Era casi como había transcurrido su vida? Sin decir nada, mirando a la nada. Y, aun así, nadie entendía a Takasato, nadie le prestaba atención. Considerando estas dos, ¿cuál era la causa y cuál el efecto? ¿Se había aislado del mundo, o el mundo lo había aislado?

—En cuanto a Iwaki, bueno, sembramos lo que cosechamos —continuó Sakata sin detenerse—. Fue por haberte golpeado. Eso estuvo más allá de la línea. ¿Y qué había dicho? “Si tienes el valor para maldecirme, ¡hazlo!”. Nunca debió dudar de ti. Y como resultado, lo que le pasó fue lamentable, pero en realidad, se lo buscó él mismo.

—¿De verdad? —preguntó Takasato calmadamente, aunque su temperamento estaba resuelto.

—¡Eso es lo que estoy diciendo! Aquellos que prueben las habilidades de Takasato están mal.

—No había razón por la cual Iwaki debería haber muerto. Sin importar qué clase de persona era, eso no debió pasarle a nadie.

Sakata estaba un poco sorprendido por la intensidad de Takasato. Después de parpadear un rato, forzó una sonrisa rápidamente.

—Bueno, cada uno de nosotros tiene un tiempo de vida. Iwaki murió porque estaba al final de la suya, así que no tienes que culparte a ti mismo.

Takasato bajó la cabeza y no respondió.

Sakata no tomó las palabras a pecho, e inmediatamente continuó con lo suyo. El contenido de su discurso incluía mayormente hablar de cómo los demás eran tontos y desinteresados. Era debido a que eran tontos que cuando veían a alguien de una inteligencia inusual lo marcaban como hereje. Y los que menospreciaban a los herejes no sabían en realidad que eran sus existencias las que debían ser desdeñadas. Sakata repitió discursos como ese una y otra vez.

A Hirose lo invadió un malestar y una inquietud difícil de describir. No tenía manera de saber qué era lo que pasaba por la cabeza de Sakata. Las reiteradas expresiones de la filosofía de Sakata, que parecían estar bien, pero eran en realidad incorrectas, hicieron sentir a Hirose inevitablemente infeliz. Al mismo tiempo, sintió una enorme molestia. Sintió como si pudiera ver a habitación vacía de colores y de bloques transparentes, y los que rodeaban a Sakata se desmoronaban lentamente.

  

 

Después de mucho tiempo, no parecía que Sakata fuera a cerrar la boca. Basado en sus propias experiencias, debatiría hasta el fin del mundo la estupidez de la humanidad.

Hirose, ya inestable, trató de ser indirecto en su insistencia para que Sakata se fuera, pero Sakata no captaba en absoluto las intenciones de Hirose… o quizás solo pretendía no escucharlas. Cuando el color del crepúsculo era claro en el exterior, Hirose finalmente decidió usar palabras más firmes.

—Sakata, vamos a cenar pronto.

Sakata sonrió y dijo:

—¿Oh? Ustedes sí que comen temprano.

—No solemos cocinar, así que vamos a necesitar más tiempo para prepararla. Así que…

—Ah, no se preocupen por mí. Hagan lo suyo. Yo ceno tarde.

Hirose suspiró.

—Eso no está bien. No podríamos estar a gusto si tu tan solo nos vieras comer.

—Bueno, entonces, cuando ustedes coman, yo esperaré afuera.

—Si haces eso entonces será tarde para cuando tengas que ir a tu casa.

—Está bien, no me importa pasar aquí la noche. Mis padres no tendrán problema con ello.

Hirose suspiró nuevamente.

—No tengo un futón extra, y la habitación es muy chica.

—Estaré bien si me quedo en la cocina. No importarme donde duermo es mi especialidad —rio Sakata.

Conteniendo su enojo, dijo:

—Lo siento, pero ¿podrías ir a tu casa?

Por un segundo Sakata dejó de sonreír. Miraba extrañado a Hirose.

—¿Estoy estorbando?

La reacción automática de Hirose era decir no, pero sorpresivamente la reprimió.

—…las cosas están hechas un desastre en este momento.

—Oh, entiendo —dijo Sakata fríamente. Entonces se paró y saludó, levantando la mano a Takasato—. Bueno, me iré, aunque es una lástima. Volveré para ver cómo estás.

Hirose suspiró profundamente.

—Sakata, por favor, no vuelvas aquí. Conoces la situación de aquí afuera.

Por un momento pareció que Sakata estaba a punto de decir algo, pero simplemente murmuró mmm. Se apresuró en darse vuelta y caminó al vestíbulo de entrada. Después de dirigirle a Hirose una mirada siniestra, se fue. Hirose exhaló un profundo respiro al cerrar la puerta.

Cuando Hirose regresó a la habitación, solo vio a Takasato que lo miraba con asombro. Hirose sonrió con ironía.

—Lo siento, no podía aguantarlo más.

Takasato sonrió suavemente.

—Yo tampoco.

—Hay todo tipo de persona en este mundo —suspiró Hirose con incertidumbre mientras se apoyaba contra la estantería.

Takasato asintió.

—Los hay, ¿no es así?

Las personas como Sakata deprimían a Hirose. En tiempos como ese, tenía un profundo deseo de volver a ese otro lugar.

—Creo que me he convertido en un ermitaño.

Sin entender, Takasato ladeó la cabeza mientras lo miraba.

—Probablemente fue en la secundaria. Tenía un sueño… el de huir a alguna montaña y esconderme. Cultivar una pequeña porción de tierra y vivir una vida autosuficiente.

Takasato rio.

—Sé a lo que se refiere.

Hirose sonrió secamente.

—Pero incluso si es profundo en las montañas, aún tendría que comprar las tierras. E incluso si tuviera un campo, no significa necesariamente que habría cosecha para todo el año. Pensé que aun así sería mejor ahorrar algo de dinero primero. Tenía que unirme a la sociedad, trabajar duro, y ahorrar dinero suficiente. Pero entonces, esa meta era tan grande y estaba tan lejos, así que al final, la abandoné.

—Debería ir al sur.

—¿Al sur?

—Un lugar que es cálido todo el año. No en las montañas de Japón, sino en algún lugar dentro de las selvas tropicales. Tiene que ser un lugar en donde pueda encontrar comida en todas partes.

Hirose se sorprendió.

—Los náufragos describen en las novelas que todos terminan en alguna isla del sur, porque si terminaran en alguna isla del norte, no habría historia que contar.

—Tiene razón.

Takasato rio suavemente, y luego miró el álbum de fotos en sus manos.

—Creo que Venezuela estaría bastante bien.

—¿Auyantepui[6]?

—Hay un anciano llamado Laime viviendo en la base de la montaña Auyantepui, la cual es parte del Macizo Guayanés. Es un hombre blanco de Letonia. Vive una vida simple de auto abastecimiento allí y lo llaman el ermitaño.

—Roraima.

—¿Roraima? Debería instalarse del otro lado del anciano Laime y convertirse en el Ermitaño de Roraima.

Eso estaría más allá de la imaginación. Establecerse donde se sintiera como en un denso bosque significaba que no tendría que lidiar con los juicios de los demás. Hacer un espacio en la selva y plantar unas bananas para vivir podría ser bastante bueno.

—Aunque, si realmente tuviera que elegir, me gustaría vivir en la cima…

—Es fácil decir, pero realmente es frío en la cima de la montaña, porque la elevación está cerca de los tres mil metros. No creo que sea adecuado para el cultivo allá arriba.

—El cultivo puede que sea un problema, pero algo podría hacerse respecto al frío, ya que la luz del sol es tan intensa.

—¿Qué es lo que piensas acerca de recolectar cristales en el Valle de los Cristales y venderlos?

Takasato sonrió.

—No, no lo toleraría y, además, el primero problema sería tener que bajar la montaña para vender los cristales. Los acantilados son de ochocientos metros de altura, ¿sabe?

—Entonces, ¿qué hay de esto? El Laberinto de Rocas sigue sin ser explorado, ¿verdad? Podemos encontrar a alguien que nos apadrine con la condición de que hagamos un mapa detallado del laberinto. Entonces tendríamos mucho tiempo libre. Es como matar dos pájaros de un solo tiro.

—…eso suena bien.

—Eso es lo que estoy diciendo —Hirose se rio tranquilamente con Takasato por un rato.

—Aunque ¿cómo haríamos el mapa? Puede, incluso, que nos perdamos antes del tercer día.

—Creo que tendríamos que construir una pequeña choza afuera del laberinto y luego midiéndolo, comenzamos con el exterior y entrando lentamente.

—Tiene aproximadamente tres kilómetros de largo y más de miles de kilómetros y medio de ancho.

—Podríamos mover la pequeña choza mientras exploramos. Las rocas en el laberinto son realmente grandes, ¿no es así? No puedo decir cuán grande son con solo ver las fotografías, pero probablemente sean tan grandes como edificios. Además, las rocas han sido erosionadas hasta adoptar formas inusuales. Apuesto a que, si solo miramos, podríamos encontrar rocas con las que podríamos hacernos casas, justo como las de Capadocia[7].

La famosa región de Turquía con los peñascos de formas extrañas y las ciudades subterráneas era también uno de los lugares a los que Hirose deseaba ir.

—Podríamos nombrar las rocas mientras exploramos, tal y como las personas nombraron las estrellas.

Takasato sonrió.

—¿Necesitaríamos llevar una brújula?

—Sí, brújula y soga. Probablemente también encontremos un uso para la tiza.

—Pero llueve mucho allí, y se cubre con la niebla por largos períodos de tiempo.

—Entonces paraguas y botas son una necesidad.

Takasato rio ligeramente.

—¿Un paraguas?

—Sí, el relámpago es realmente aterrador, así que no puedes llevar uno con estructura metálica. Con un paraguas en la mano y la soga en la otra, es como un cuento de hadas, ¿verdad?

—Un paraguas rojo estaría mejor.

—¿Rojo? —preguntó Hirose, y Takasato asintió y rio.

—Rojo. Los colores de las rocas son tan oscuros, así que tendremos que usar un paraguas rojo. Una densa neblina en medio de un laberinto de rocas del tamaño de edificios, y luego, agréguele un paraguas rojo, ¿no es aún más un cuento de hadas?

Hirose rio.

—Entonces llevaré uno amarillo.

  

 

Hirose y Takasato comieron y rieron juntos mientras sacaban ideas graciosas. Para la noche, ya habían elaborado completamente los planes para una vida de reclusión.

 


 


 


Ella abrió la ventana.

Era una ventana en el tercer piso, y asomándose por ella podía ver muy claramente los edificios de la escuela, que juntos se veían como un gran barco negro. La razón por la que pensó que se veía como un barco era porque le recordaba a un petrolero que había visto en un viaje de estudio cuando estaba en la escuela primaria.

No sabía por qué, pero le había tenido miedo. Del mismo modo, ver los edificios de la escuela durante la noche era un poco aterrador. Mucho había pasado recientemente, rumores inquietantes rondaban por la escuela secundaria, pero incluso antes de los rumores, ella había tenido miedo de la escuela… de los edificios de la escuela.

Ella sabía que, del otro lado de la ventana, se podía ver el edificio principal que albergaba las salas del cuerpo docente. En ese momento, las ventanas de la escuela estaban con las persianas cerradas, pero cuando las persianas no estaban cerradas, podía incluso distinguir los colores de las tazas de té sobre la mesa junto a la ventana.

Allá arriba podía ver el edificio de clases del cual algunos se habían suicidado saltando, y junto a ese estaba el edificio de clases especiales. Asomándose por debajo de la sombra de ese edificio estaba otro.

Ella se inclinó junto a la ventana y observó los atemorizantes edificios por un rato. Incluso a pesar de encontrarlos atemorizantes y desagradables, por alguna razón, si no los veía por un momento antes de irse a dormir, no podría descansar. Ella sentía que era la necesidad de asegurarse de estar completamente segura de que no era algo de que estar atemorizada, era simplemente una escuela envuelta por la noche.

Descansó su mentón sobre sus manos y su línea de visión arrasó los edificios.

Repentinamente levantó la frente y se asomó por la ventana con las manos apoyadas en el alféizar.

Parece que había algo moviéndose en los edificios de la escuela. No podía decir qué era porque estaba demasiado lejos. Abrió el cajón del escritorio y sacó un par de binoculares que compró cuando se unió al club de observación de aves.

Mirando a través de los binoculares vio la figura de una persona.

Según las chicas de su escuela, los estudiantes de esta era sus objetos de anhelo. Por un tiempo, había sido popular entre las chicas más valientes entrar a hurtadillas en esa escuela por la noche y deslizar cartas de amor en los casilleros de los chicos de quienes estaban enamoradas. El establecimiento de esta actividad fue posible ya que el edificio de clases estaba frecuentemente en uso. Los estudiantes ocasionalmente olvidaban cerrar las ventanas del primer piso. Sin embargo, había algunas chicas poco afortunadas que habían sido capturadas por el guardia de seguridad, por lo que eventualmente eso se detuvo.

La razón por la que pensó en ello fue porque la figura era de una mujer. Ella se preguntaba: ¿podría ser que alguien continuara haciendo eso? Inmediatamente pensó en el otro rumor que se había difundido por su escuela.

Sus manos temblaron al sostener los binoculares. La mujer estaba deambulando del otro lado de la ventana. Descubrió a través de los binoculares que la ventana daba a un pasillo.

Se estremeció mientras dejaba los binoculares. En un tiempo tan corto, no había sido capaz de inspeccionar la escena por completo. Regresó la mirada inmediatamente, por ahora veía algo moverse en el techo del edificio de clases. Eso la atrajo, y levantó los binoculares para inspeccionar el techo.

Había un animal en el techo que parecía un perro. ¿Cómo podía haber un perro en el techo de la escuela? El techo había sido el funesto escenario del incidente que envolvía a siete estudiantes que habían saltado a sus muertes. Que ese perro estuviera vagando por allí estaba más allá de la lógica y la inquietaba.

Con los binoculares, barrió el campo de visión sobre la escuela. Por alguna razón sentía que si no veía la escuela entera una vez no sería capaz de calmarse. Observó a través de los binoculares a un lado y vislumbró el edificio de aulas especiales. Vio una sombra oscura en el segundo piso, una sombra que parecía pertenecer a una enorme vaca negra. Mirando más al lado pudo ver las ventanas del edificio de clases. En ese momento le pareció ver algo que se arrastraba por las paredes. Se veía como una sanguijuela de un rojo oscuro con un cuerpo tan largo como alta era la ventana. La criatura se arrastraba por debajo como una babosa. Al mirar por arriba de ella, pasó a ser consciente de que unas pocas sanguijuelas ocupaban el borden del techo, y mirando abajo, vio varias de ellas revolcándose en la base del edificio.

En el patio parecía haber enanos negros caminando. Volviendo al área de deportes, vio amebas gigantes que se aferraban a la tierra.

“¿Qué son esas cosas?”. Ella bajó los binoculares. “¿Qué demonios está pasando en esa escuela?”.

Justo cuando estaba a punto de cerrar la ventana por el miedo, notó repentinamente el brillo de una estrella fugaz. Persiguió la luz con los ojos y se dio cuenta de que no era para nada una estrella fugaz. Aturdida, su quijada cayó.

Era una bestia parecida a un ciervo. Lo que no era parecido a un ciervo era su cuerpo, que brillaba tenuemente. Sin saber desde dónde había volado, lo vio aterrizar suavemente sobre el techo del edificio de clases. Ya lo suficientemente desconcertada, no estaba asustada. Por el contrario, toda la incomodidad que sintió anteriormente había desaparecido.

La bestia desapareció muy rápidamente, pero no antes de llenarla con una calma excepcional mientras ella cerraba lentamente la ventana.


 

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